Continuacion del anterior posteo, aca paso link para los que no lo vieron: 577 secretos, PASAJES y CORTADAS de la Ciudad de Bs. As. I Pasaje caminito De apenas 100 metros de longitud, es peatonal y de ella se pueden decir tantas cosas, que merece un capítulo aparte. Es un Museo al aire libre, una calle tan pequeña como particular, en la que no hay puertas. Hay algunas ventanas, algún balcón lleno de plantas y de ropas colgadas para secar al sol. Sus paredes pintadas de diferentes colores nos recuerdan a Venecia. En ellas hay todo tipo de murales, cerámicas y distintos adornos. Al principio era simplemente un ramal del Ferrocarril, llena de tierra, yuyales y piedras. Al lugar se lo llamaba -la curva-, la que luego se convirtió en un caminito o pasaje que acortaba distancias. El pasaje Caminito mantiene su trazado sinuoso debido a que sigue el cauce de un arroyo que fluyó hasta principios del siglo XX y desembocaba en el Riachuelo. La zona era conocida popularmente como "Puntín" —diminutivo de puente, en dialecto genovés— y hasta 1920 por la calle pasaba el tren que iba a Ensenada, pero cuando el ferrocarril se desmanteló, se convirtió en un basural. En la década de 1950, un vecino decidió limpiar y recuperar el terreno, por lo que convocó en su ayuda al pintor boquense Benito Quinquela Martín. Fue justamente el pintor quien bautizó la calle de 100 metros como Caminito, por el famoso tango de Gabino Coria Peñalosa y Juan de Dios Filiberto y decoró los muros del pasaje Caminito en 1957 y les otorgó el colorido que lo hizo famoso en el mundo, pero desde entonces varias capas de pintura cubrieron su superficie. La casa en la que vivió y murió Filiberto, en la calle Magallanes, muy cerca de Caminito, será expropiada para poner allí un Museo del Tango, de acuerdo a una ley votada por la Legislatura. Pasaje Roverano Eliot Ness no hubiera desentonado como habitué del restaurante Ley Seca. Claro que tendría que haber cambiado Chicago por estas latitudes, más precisamente por el pasaje Roverano, en la Avenida de Mayo 560, barrio de Montserrat. La curiosa denominación de la casa de comidas identifica a uno de los locales tradicionales del pasaje, que conecta la avenida con la calle Hipólito Yrigoyen. La planta baja es una galería. Menudean en ella los negocios de confección de tarjetas personales y sellos, y cerrajerías. Este edificio de oficinas fue construido a comienzos del siglo XX, en el año 1918 por Francisco Roverano, con todo el lujo de la época y con materiales importados de Europa. Reemplazó a uno anterior que databa del año 1878 -previo al momento de la apertura de la Avenida de Mayo en el año 1898 -. Entonces, sólo contaba con dos plantas que se demolieron para erigir esta construcción de nueve pisos con dos subsuelos que hay ahora. Hay que destacar de modo especial las esporádicas apariciones en el edificio, en la década del 30, de Antoine de Saint-Exupéry. El autor de El Principito trabajaba para la Compañía Aérea Nacional, que tenía sede en el segundo piso, y pasaba a buscar las sacas de correo para hacer de cartero aéreo, en su monoplano, entre la Capital y la Patagonia. En su largo historial, el edificio concebido casi a finales del siglo XIX -que fue la primera casa privada de la avenida- alberga hechos curiosos: según una versión, hacia 1920 un grupo de anarquistas alquiló una dependencia para sus reuniones en uno de los subsuelos, pero fueron desalojados a los dos meses por no pagar la renta, lo que podría catalogarse como una previsible postura de raíz ideológica.En 1970, en una de sus oficinas se concretó el encuentro de Ricardo Balbín con el delegado de Perón, Jorge Daniel Paladino, para lanzar la alianza bautizada La Hora del Pueblo. La peluquería del local que está sobre la Avenida es centenaria. Primero sus dueños eran los hermanos Smiriglio, y actualmente es propiedad de la familia Romano. Como se dijo, una singularidad que no posee ningún otro sitio de la ciudad derivó de la autorización oficial dada a los propietarios, en 1915, para efectuar una comunicación entre el edificio y la estación Perú del subte A, que aún se conserva: desde cualquiera de los dos ascensores que hay en cada piso (ocho, actualmente) y desde la planta baja se accede a la estación. El encargado del Roverano, Mario Villalba, destaca la utilidad de esto en los días de lluvia. "Quienes tienen oficina o gente que está de paso, que quiere tomar el subte, simplemente bajan y así evitan mojarse. Se suman muchos turistas que en el Obelisco hacen la combinación para dirigirse a distintos lugares", comenta. Pasaje San Lorenzo Entre las calles Balcarce y Defensa, se halla el Pasaje San Lorenzo, pasaje éste por donde corría uno de los terceros por los que desaguaban las aguas de las lluvias que se abatían sobre la ciudad de Buenos Aires. Pero volvamos al Pasaje San Lorenzo; en su número 380 se levanta la casa más angosta de Buenos Aires. Su frente tiene 2,50 metros de ancho y 13 metros de profundidad. Se calcula que es de principios del siglo XIX, y junto con la casa de María Josefa Escurra, en Alsina 455/63, son los dos únicos ejemplos de arquitectura civil de ese tiempo. Pues bien... afectos a los mitos, los porteños comenzaron a hacer correr la historia de que esta casa "mínima" era en realidad la "casa del esclavo liberto", y ubicaban en ella a un ex esclavo de Urquiza, quien al ser dada la ley de la libertad de vientres en 1813, durante las sesiones de la Asamblea del año XIII, pasó a ser liberto. Su ex amo le habría otorgado un pequeño lugar en donde vivir, y ese sería el origen de la casa "mínima". Pero esto no tiene asidero real, ni hay forma de poder comprobarlo. La realidad es bien diferente. Si bien la casa es realmente de la primera mitad del siglo XIX, la misma es en realidad un espacio residual de las edificaciones de la manzana que quedó luego de sucesivas reformas de las mismas. El arquitecto José María Peña, director del Museo de la Ciudad, ha investigado en el Catastro Beare quién fue el dueño del predio en donde se halla la hoy llamada casa "mínima", descubriendo que perteneció a un pariente homónimo de él mismo: el Dr. José María Peña. El mismo, durante el siglo XIX fue subdividiendo la propiedad, quedando este espacio residual que con el tiempo se transformó en una pequeña, "mínima", casa. En los años ´60 del siglo XX, la casa fue comprada por un tal Silvio Bassi, quien devino en anticuario, y en el principal propagador del mito de la "casa del esclavo liberto", transformando así el lugar en un sitio de visita obligada para todos los turistas atraídos hasta allí por la fama de la casa y por la información errónea que transmitían los guías de turismo de la ciudad. Pasaje San Carlos Es uno de los pasajes más antiguos del damero porteño. San Carlos fue el primitivo nombre de la calle Don Bosco y del templo que se erige en la manzana contigua, consagrado a San Carlos Borromeo y donde los sacerdotes salesianos instalaron también la primera Escuela de Artes y Oficios para niños. En 1865, Juan Francisco Tarragona adquiere un sector de la amplia quinta que perteneciera a Juana Isidora González, que se extendía desde la calle Victoria (hoy Hipólito Yrigoyen) hasta Rivadavia, prolongándose al oeste hasta más allá de la contemporánea José Mármol. El límite este de la misma formaba un estrecho callejón que recién en 1889 fue ensanchado para dar origen a la calle Estebarena, más tarde Artes y Oficios y finalmente Quintino Bocayuva. Precisamente con la subdivisión de esta quinta nacerá el Pasaje San Carlos en el Nro. 151 de aquella arteria, entre Don Bosco e Hipólito Yrigoyen, de acceso exclusivamente peatonal, enmarcado entre las ochavas de dos edificios gemelos. Lamentablemente, uno fue modificado por la "pasión posmodernista", deformando salvajemente la integridad arquitectónica del pasaje. En sus aproximados 50 metros, que se internan en la manzana -sin salida- se alinean unas quince casas, con numeración de 1 al 70; sus frentes conservan el aspecto de Buenos Aires del siglo XIX. El toque que le brindan los antiguos faroles, las alargadas ventanas con altas persianas y adornados balcones, producen la sensación de trasportarnos en el tiempo. Los rayos de sol, que a la hora de la siesta caen perpendiculares, marcan profundas e inmóviles sombras sobre su calle central, acentuando una atmósfera de sociego y calma perpetua. Carlos Borromeo -que le diera el nombre al pasaje, al templo y también a la zona durante un largo tiempo- nació en Lombardía (Italia) en el año 1538; fue ordenado sacerdote a los 25 años, alcanzando con el tiempo el arzobispado de la ciudad de Milán. Durante su gestión produjo profundas reformas en las costumbres del clero, ganándose elogios y también hostilidades de quienes se sintieron afectados, a tal punto que durante una misa fue herido por una bala de arcabuz. Hoy la entrada al pasaje se encuentra cerrada por una reja de agudas lanzas, señal de una época de inseguridad y temor. El negocio de antigüedades de la esquina sur le agrega una nota más de pintoresquismo, convirtiendo al sector en un territorio de fantasías que nos transporta a épocas pretéritas. Pasaje Dellepiane También pueden acercarse al Pasaje Dellepiane, entre Viamonte y Tucumán, a la altura de Avenida Córdoba al 1600. No encontre ningun detalle mas en internet, aun que parezca mentira, pero queria agregar la foto del lugar y una pequeña descripcion, porque es un pasaje bastante conocido... Pasaje Corina Kavanagh El Pasaje Corina Kavanagh quedó delimitado a raíz de la construcción del edificio Kavanagh. Fue proyectado por el Estudio de Arquitectos Sepra e inaugurado en 1935. Es escalonado en terrazas, cuenta con 33 pisos, 105 departamentos y tiene 120 metros de altura. Fue el primero en hormigón armado y el más alto al momento de su construcción. Hoy, para mirar de frente a la iglesia del Santísimo Sacramente, la única alternativa es pararse en el pasaje Corina Kavanagh, que también pertenece al edificio. Esto se debe a que el altísimo edificio, fue construido justamente, con la intención de que obstruyese la visión de la iglesia, mandada a construír por la señora Mercedes Castellanos de Anchorena; esta mujer de la aristocracia decía que si ella vivía en un palacio, su Dios también merecía uno. Se terminó en 1916; lo diseñaron los arquitectos franceses Coulomb y Chauvet. Las malas lenguas dicen que Corina Kavanagh, mujer que pertenecía a una familia adinerada pero no patricia, lo hizo construir para vengar un romance no aceptado entre una de sus hijas y un joven de la familia Anchorena, uno de los apellidos más ilustres de la Argentina. Contrariada por la oposición de los Anchorena, Corina, algo resentida, quiso ensombrecer una hermosa obra arquitectónica que también hoy deleita a los turistas y transeúntes que pasean por Retiro: la iglesia del Santísimo Sacramento, que los Anchorena habían construido hacia 1920 para utilizarla como sepulcro familiar. El único pedido que les hizo a los arquitectos Gregorio Sánchez, Ernesto Lagos y Luis María De la Torre fue que el edificio, cuya entrada principal se encuentra en Florida 1065, tapara la basílica. Hoy, para mirar de frente a la iglesia, la única alternativa es pararse en el pasaje Corina Kavanagh, que también pertenece al edificio. Venganza consumada. Pasajes Salala, Pescadores y General Gerónimo Espejo. Originados en el fraccionamiento de la manzana original donada por la familia Flores. Las parcelas resultantes fueron vendidas con el fin de obtener fondos para la construcción del templo actual. Pasaje Pescadores Una de las primeras decisiones que tomó el padre Feliciano de Vita al hacerse cargo de la parroquia en 1881 fue construir un nuevo templo, ya que algunas fisuras estructurales amenazaban con el derrumbe del existente. Este cura de origen napolitano, regordete y de voz ronca, supo despertar en la población local el deseo de construirlo. Movilizó a todos, vendió solares aledaños para obtener fondos y propició la formación de una comisión para la obra del templo. Pasaje Gerónimo Espejo: Algunas antiguas viviendas que se han conservado le dan ciertas características particulares que los hacen ideales para la reunión de artesanos, anticuarios y artistas populares que se dan cita aquí los fines de semana para exponer y vender sus cosas. General Gerónimo Espejo (1801-1889): militar y escritor que combatió en Chacabuco, Cancha Rayada, Maipú, en la toma de Lima en 1821 y en la guerra con el Brasil. Autor de "Apuntes históricos sobre la expedición libertadora del Perú" y "Recuerdos históricos. San Martín y Bolívar. Entrevista de Guayaquil". Salala: localidad del norte chileno donde las fuerzas del Ejército de los Andes (columna de Cabot) batieron a las fuerzas realistas el 12 de febrero de 1893. Pescadores: combate librado el 27 de noviembre de 1820 entre tropas realistas al mando del coronel Valdés y fuerzas patriotas lideradas por el coronel Juan Pascual Pringles. Pasaje Salala: Ahora otro pasaje hermoso del cual no encontre mas que estas fotos, viene sin la historia pero deleitense con las imagenes: Pasaje Togneri: (Privado) El Togneri está en Humberto 1º al 2700. PASAJE RUSSEL: En la esquina de Russel y Borges,es una casa de color blanco, con la característica construcción mediterránea comparte el paisaje urbano y la heterogeneidad de otras intervenciones arquitectónicas que juegan en la armoniosa conjunción de lo antiguo y lo moderno. los misteriosos hechos registrados en el pasaje Russel ya forman parte del territorio de lo inexplicable. De acuerdo con los hechos, reconstruidos en la zona por un cronista de «El Angelito», varias personas –circunstanciales visitantes del pasaje en cuestión– fueron allí víctimas de improperios, y/o maldiciones. Concretamente, aseguran haber sido puteados.Formuladas en forma estentórea, y por diferentes voces -en todos los casos denunciados- las imprecaciones fueron cometidas, una y otra vez, amparándose sus autores en el más hermético de los anonimatos. Entre Gurruchaga y Thames, cerca de la placita Cortázar desde el 4900 al 5100, están las dos cuadras del pasaje Russel. Lejos del mundanal ruido –al 1900 de la calle Borges- sus pintorescas construcciones, aun recicladas, conservan retazos de historia pasada. Destaca, 4900 una casa colonial con enormes ventanas de rejas verdes. La casa de la columna en la puerta; la del Angelito, y la de la veleta negra con forma de navío, también tienen lo suyo. Más para el lado de Borges hay una con ventanitas como de cuento infantil. En la del 5000, llaman la atención los fondos de un garaje con frente por Costa Rica. Sus antiguos muros y granes ventanales están hoy poblados de modernos e incomprensibles grafiti. Teoría Escuchada en un bodegón cercano, tiente tanta sustentación como este malhadado asunto. Al parecer, hace mucho tiempo, en una de las casitas del pasaje, vivió un inmigrante irlandés llamado Brian Russel. Especie de inventor trasnochado, Russel no era otra cosa que un asocial. Se dice que jamás salía a la calle. Que era muy mal hablado y de pésimo carácter. Tras fracasar en varios proyectos, el tipo un día la pegó. Diseño un juguete para niños que -aunque no para él- con el tiempo, generaría fortunas: el yo-yo. Su creación trascendió y tanto, que terminó no sabemos cómo, cediendo su apellido al pasaje. Sería entonces, de acuerdo al testimonio de un fantasioso vecino que rogó no ser identificado, el fantasma de aquél innovador ermitaño el autor de los atentados auditivos. Vaya a saber uno porqué, se resiste a dejar el pasaje, y de vez en cuando, manda alguna de las suyas. Pasaje del Correo En Vicente López 1661 , el Pasaje Suizo -que la gente del barrio conoce como Pasaje del Correo- es uno de esos añorados rincones urbanos, construido en la década del 20, por el inmigrante italiano Felipe Restano. Actualmente, conserva el encanto que caracteriza a los pasajes de París o Milán. Consta de 21 viviendas unifamiliares, con entradas independientes que dan al pasaje un ingreso principal por Vicente López y que en la actualidad, la mayoría se han convertido en restaurantes. Pueden apreciarse pequeños balcones franceses adornados con macetas y las farolas originales de hierro completan el arreglo y otorgan al lugar su estilo original La antigua construcción se extiende sobre una planta de unos 25 metros de frente por aproximadamente 70 de fondo. Originariamente el pasaje fue construido para vivienda, pero con el tiempo comenzaron a levantarse en la zona edificios de departamentos y el pasaje fue poblado. Le llamaban Pasaje del Correo porque donde hoy está Scuzi, era la oficina del Correo, que daba a la calle. Pasaje Santos Discépolo Este pasaje, que une las esquinas de Lavalle y Callao con Corrientes y Riobamba, fue testigo de un movimiento cultural emblemático. En 1981, época de la dictadura militar, un grupo de autores, directores y actores daba origen a Teatro Abierto, con el objetivo inicial de demostrar la existencia del teatro argentino. El grupo inició sus funciones en el teatro El Picadero, ubicado en el Pasaje, con la abrumadora participación de un público ávido de espacios de encuentro. Esta respuesta masiva provocó un fuerte impacto en las esferas oficiales y a una semana de iniciado el ciclo, desconocidos colocaron tres bombas incendiarias en el teatro. Dos días después, Teatro Abierto se recomponía e iniciaba sus funciones en otra sala. Espero que les haya gustado, en el anterior post no dejaron aun ningun comentario, espero que en este sean un poco mas benevolentes, costo bastante armarlo, seria como una pequeña consideracion de cariño, gracias hasta el proximo... Fuentes: La Nacion Pagina 12 Clarin GCBA conozcabuenosaires
577 secretos, PASAJES y Cortadas de la Ciudad de Bs. As. II
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