"Buenos Aires es la otra calle, la que no pisé nunca; es el centro secreto de las manzanas, los patios últimos; es lo que las fachadas ocultan; es mi enemigo, si lo tengo; es la persona a quien le desagradan mis versos (a mí me desagradan también); es la modesta librería en la que acaso entramos y hemos olvidado; es esa racha de milonga silbada que no reconocemos y que nos toca; es lo que se ha perdido y lo que será; es lo ulterior; lo ajeno, lo lateral, el barrio que no es tuyo ni mío, lo que ignoramos y queremos."
Así se refería a nuestra ciudad Jorge Luis Borges, gran caminante y conocedor de los rincones olvidados de Buenos Aires y acaso de los pasajes que, justamente, avanzan hacia ese centro secreto de las manzanas
Pasaje Sarmiento. Está en el barrio de Balvanera y tiene los elementos de un jardín andaluz
Según la definición del Diccionario de la Real Academia Española, un pasaje es un sitio o lugar donde se pasa. Paso público entre dos calles, algunas veces cubierto.
En nuestra Ciudad hay más de cien pasajes, se calculan que hay 577 pasajes y cortadas, llenos de magia e historia; son de diversos estilos, los hay afrancesados, de estilo italianizante y otros que son, como la Ciudad, eclécticos. Algunos construidos entre 1880 y las primeras décadas de este siglo. Los que pensaban que un pasaje era eso y nada más, olvidan los pormenores de su clasificación. En cuanto a su diseño, los pasajes pueden tener, entre otras, la forma de L, U, ser pasantes (cuando atraviesan la manzana) o terminar en cul de sac (callejón sin salida). En lo que se refiere a su accesibilidad, los pasajes pueden ser peatonales, vehiculares y peatonales; privados de acceso restringido o de acceso libre, o sea, integrados a barrios de acceso totalmente público, sino también -y principalmente- los pasajes situados dentro de conjuntos habitacionales, muchos de ellos privados y de circulación restringida.
La historia cuenta que los pasajes surgieron como producto de la especulación de la tierra. Estos proyectos privados consistentes en la subdivisión de amplios terrenos fueron destinados a la renta a partir de 1880, cuando la ciudad vivió un proceso de transformación sin precedentes. La densidad habitacional empujó esta oportunidad para los inversores que optimizaron la subdivisión de grandes terrenos construyendo calles semipúblicas.
Sin embargo, en el imaginario colectivo de los porteños, el significado de pasaje es más amplio: esconde tiempo y leyendas; sugiere intimidad, pero es público; es casi un lugar mágico.
Despues de buscar arduamente no encontre ningun post que ilustre esta peculiar caracteristica urbana de la ciudad vinculada a sus pasajes y cortadas, por eso me propuse colgar este post para que me ayuden a iluminar esta faceta aun un poco oculta incorporandele algun detalle del mismo, alguna historia, alguna leyenda urbana que le de color o alguna hecho veridica. Siempre me intereso investigar un poco al respecto a partir de un par de historias que escuche por ahi, que pienso compartir con ustedes, y si me ayudan podemos enriquecer aun mas las mismas si cuelgan fotos de pasajes de los barrios en donde viven haciendo mas interesante esta propuesta.
Si esto crece el dia de mañana podemos abrir una pagina web que ilustre con fotografias esta caracteristica particular de nuestra ciudad, sumando las de otras ciudades del pais si esto se amplia. Mi objetivo es la de hacer algun dia un documental contando las anecdotas que las rodea, etc.....
Pero bueno, espero que les guste....
Pasaje Sarmiento:
El pasaje Sarmiento (foto que ilustra el comienzo de esta nota) está situado en Rivadavia 2645/73 y como es pasante -de acceso restringido-, ingresa en las profundidades de la manzana y también tiene su dirección en Bartolomé Mitre 2646/74.
Si bien fue construido en 1893 por la Sociedad La Argentina, su aspecto actual se debe a una refacción de 1944, promovida por los hermanos Coton -entonces propietarios- que, como buenos sirios le pidieron al constructor que remodelara el pasaje con los elementos propios de un jardín árabe.
Arcos de medio punto, mayólicas con imágenes de toreros y bailes sevillanos, canteros tupidos de plantas y agua; agua que cae por la boca de un león azul y agua estancada: entrar en el pasaje Sarmiento es como asomarse a la bella Andalucía.
Pasaje Colombo
A pocas cuadras, en Rivadavia 2451, el pasaje Colombo es un ejemplo de una calle interior en forma de L, y por esta razón, tiene ingreso por dos calles:Av. Rivadavia 2431 y por Azcuénaga.
Si bien fue construido por la compañía de seguros La Edificadora como parte de un proyecto inmobiliario, la empresa quebró y en 1890 un comerciante de apellido Colombo lo adquirió y le dio su nombre actual.
Es preciso franquear un gran portón de hierro para ingresar en el pasaje, de ornamentación sencilla, pero destacable. Al contrario de lo que muchos piensan cuando observan el portón, no es una pieza de antaño, sino de una incorporación reciente que respeta el estilo del conjunto.
Al Fondo tiene una torrecita con techo a dos aguas, coronada por una lanza. Allí funciona la portería.
Una amplia vereda de circulación conduce a los visitantes por las distintas viviendas -50 unidades adentro del pasaje y 30 afuera- muchas de las cuales todavía tienen en su puerta -y muy reluciente- un llamador de bronce en forma de mano.
Tanto el pasaje Sarmiento como el Colombo fueron incluidos dentro de las Areas de Protección Histórica (APH) para resguardar su futuro.
En su libro Buenos Aires, ciudad secreta, (editorial Sudamericana) Germinal Nogués cuenta que "de las 577 cortadas que integran el mapa de Buenos Aires, muchas no son más que simples calles que nacen y mueren en un centenar de metros", y recuerda la famosa cortada Carabelas "por la concurrencia a sus bodegones de noctámbulos de prestigio".
La mala vida es el rótulo del que se salvan sólo unas pocas cortadas: "Reñidero mistongo de curdas y cafañas, de viviyos de grupo y vivos de veras, la cortada es el último refugio de los cañas y la cueva obligada de las barras nocheras" (Carlos de la Púa).
Acaso por la intimidad categórica que generan, tanto cortadas como pasajes eran lugares en los que chorreó sangre y se robaron besos; un foco de la clandestinidad ciudadana que quedó impresa en las letras de tangos.
Pasaje de la Piedad
Uno de los más antiguos de Buenos Aires y el único en forma de U, el pasaje de la Piedad alberga 144 unidades habitacionales y muestra una escala monumental. La Piedad se construyó en la década final del siglo último; es peatonal, vehicular y hasta que concluyan el portón de hierro, de acceso libre.
Fue construido por Arturo Gramajo, y por deseo de su esposa María Adela Saraza de Atucha, entre los años 1888-1900, en tierras heredadas por ella y que habían sido adquiridas por su padre, Jorge Atucha, en fracciones durante los años 1853, 1854 y 1857.
Desde Bartolomé Mitre el pasaje penetra en la manzana y rápidamente la calle interior se pierde en la primera curva generando la expectativa del transeúnte que no puede vislumbrar qué hay más allá. Acaso gobernada por su Sherlock Holmes interior, la gente ingresa en el pasaje en el que, misteriosamente, los ruidos se aplacan.
"La mejor fachada, la más rica volumétricamente se puede ver sólo desde adentro. Una loggia y el trabado del revoque delinean el estilo italianizante de este segmento del pasaje", explica María Marta Lupano, que realizó una investigación especial sobre el pasaje de la Piedad.
Las farolas con su respectivos brazos forjados contribuyen a imprimirle al sitio un aire enrarecido, una pincelada ocre de tiempos lejanos.
"Al pasar la segunda curva se observa una insinuación de la corriente francesa en las claves antropomorfas de la ornamentación, las ménsulas muy trabajadas y las mansardas; este quiebre con estilo italianizante hace pensar en un largo proceso de construcción", destaca Lupano.
Una antigua placa sobre la esquina señala que por ahí salían los carruajes y, en el horizonte del pasaje, la iglesia de la Piedad tiene la palabra.
Porque está implícito en el nombre, un pasaje es un paso, hace referencia al tránsito, pero sin embargo, ¿quién va a entrar en una cortada si no tiene algo que hacer allí?
Acaso por esa razón un pasaje sea un espacio íntimo, recóndito y familiar; un recoveco en el corazón de la ciudad en donde la tranquilidad todavía es posible.
Las tres casas ubicadas al fondo, con sus porches, elegantes puertas de madera y columnas, redondean el encanto único de este lugar construido en 1890 y cuyos departamentos fueron los que inauguraron la modalidad de alquilar viviendas en Buenos Aires.
Pasaje Bollini
Por la epidemia de cólera, 300 inmigrantes que ocupaban un "asilo provisional" en el barrio de Palermo, fueron trasladados en 1874 a terrenos de la quinta Bollini, que se extendía desde Chavango (primer nombre de la avenida Las Heras), a la altura de Sánchez de Bustamante, hasta la actual calle Paraguay.
Fue un hecho desencadenante en la historia del pasaje Bollini, porque esos europeos y sus descendientes dieron forma a la zona. Vivían en casas precarias, levantadas por ellos mismos, y explotaban pequeñas chacras, lo que derivó en la venta ambulante de frutas y hortalizas. Al formalizarse en puestos, dio lugar a que también fuera conocido como Calle de la Feria.
El legendario Pasaje Bollini, cuya memoria encierra en sus dos cuadras de espaldas al Hospital Rivadavia –desde Pacheco de Melo al 2800 hasta la misma altura de French– tanto míticas historias de cuchilleros como interminables noches de música y diversión a fines de los años 80. Jorge Luis Borges recreó esas antiguas historias de malevos en su libro Evaristo Carriego y también homenajeó al pasaje en su poema “La Cortada Bollini”. Actualmente, además de cenar o almorzar en algunos de los restaurantes que lo rodean, se pueden pasar muy buenos momentos en el elegante café La Dama de Bollini, donde se organizan encuentros poéticos, recitales de boleros, tango o jazz y muestras de plástica y pintura.
Pasaje Rue des Artisans
Situado en Libertad 1240 y Arenales 1239, tuvo en sus inicios forma de L, pero debido a desavenencias familiares, se levantó un paredón que los separa y además conservan dos estilos diferenciados: Italiano y Parisino. Construido en 1887. Pertenece a la tipología de los pasajes comerciales y fue elegido por cuatro galerías de arte y dos de decoración: el diseño gana terreno entre los tolditos.
"La onda es más decontracté, tipo Nueva York", describe María Quesada, de la galería Dharma.
El Pasaje Rivarola
El recorrido puede continuar en las cercanías, más precisamente en los cien metros que unen las calles Bartolomé Mitre con Tte. Gral. Juan D. Perón, entre Talcahuano y Uruguay. El Pasaje Rivarola, construido en los inicios de la década del 20 por la firma Petersen, Thiele y Cruz, una muestra antológica de la arquitectura secreta de Buenos Aires. Como en un efecto de espejo, muestra a lo largo de su única cuadra frentes idénticos. Cada fachada, desde las vidrieras de los locales y las entradas de los edificios hasta las cúpulas de las esquinas y los balcones, tiene su correspondiente réplica en la vereda de enfrente. Es réplica de una calle francesa
Un verdadero hallazgo que pocos porteños conocen y que vale la pena recorrer. En sus veredas abundan las casas de instrumentos musicales y las imprentas, pero el local que más llama la atención es una antigua relojería conocida como “La Chacarita de los relojes”. Visitada por coleccionistas de todo el mundo, es un auténtico santuario en cuya vidriera yacen apiladas y colgadas piezas oxidadas de todos los tiempos, variedad y orígenes.
A la simetría se la califica muchas veces como sinónimo de aburrido, pero para mí este no es el caso: el Pasaje Rivarola es una calle de sólo una cuadra en el centro de Buenos Aires y todo es perfectamente simétrico: cada vereda es el espejo exacto de la de enfrente y la cuadra entera está coronada por 4 cúpulas idénticas.
En la década del 40 se llamaba Pasaje la Rural
Pasaje Butteler
No posee la belleza de los céntricos De la Piedad o Rivarola, pero el pasaje Butteler, enmarcado entre la avenida La Plata y las calles Cobo, Senillosa y Zelarrayán, en el límite de Parque Chacabuco y Boedo, exhibe características únicas entre las 40 configuraciones barriales de este tipo existentes en el radio capitalino. Parece haber sido concebido por Kafka y Borges, por lo que tiene de laberíntico y conjetural.
El pasaje Butteler es en realidad una manzana -de no más de 70 casas, la mayoría bajas y algunas que conservan la fisonomía del pasado-, pero de sólo dos calles en diagonal que forman una equis, de modo que aquéllas se convierten en cuatro callejuelas, todas con el mismo nombre, Azucena Butteler, según una ordenanza que data de 1911, poco después de su inauguración.
Explicar la numeración de las viviendas, unas 70, es un verdadero desafío. Veamos: progresan linealmente, en sentido contrario al de las agujas del reloj, desde la esquina de avenida La Plata y Zelarrayán, del 0 al 98, pero sólo se ven estos números en las casas situadas a la derecha.
Al llegar a Zelarrayán y Senillosa, después de haber transitado por los dos primeros brazos de la equis, la numeración recomienza en la vereda opuesta y en sentido inverso, con los impares, por lo cual el 5 puede quedar enfrente del 88. El recorrido completo, pues, termina dando la dislocante sensación de que el pasaje se inicia y finaliza en el mismo lugar.
Es también el único pasaje con plazoleta. El pequeño paseo de forma rectangular y con juegos infantiles se llamó originalmente Butteler, pero fue rebautizado Enrique Santos Discépolo en 1972. En su centro hay un busto del autor de "Cambalache", emplazado en 1982, obra del artista Domingo Páez Torres. Poco después de su inauguración, el vandalismo hizo de las suyas, por lo que debió ser retirado para restaurarlo y vuelto a colocar al año siguiente. Hoy muestra señales de nuevos ataques.
El presidente de la Junta de Estudios Históricos de Parque Chacabuco, Mauro Fernández, responsable de la edición de un cuadernillo en el que se cuentan el origen y la trayectoria de los "minibarrios" Cafferata, Emilio Mitre y Butteler, explica que este último se empezó a consolidar a partir de la aceptación por la municipalidad de Buenos Aires, en 1907, de una extensa quinta donada por Azucena Butteler, perteneciente a una familia de hacendados, para la construcción allí de casas destinadas a obreros de la zona.
Pasaje Barolo
En la década de 1910 hubo dos personas, el industrial Luis Barolo (1869-1922) y el arquitecto Mario Palanti (1885-1979), que soñaron con traer las cenizas del poeta Dante Alighieri a Buenos Aires y para eso construyeron un santuario en la Avenida de Mayo al 1300. Puede sonar raro para un edificio de oficinas, pero ésa es la historia del Palacio Barolo, primer rascacielos porteño. Este edificio de 22 pisos hoy cumple 80 años: nació el 7 de julio de 1923, cuando fue bendecido por el nuncio Giovanni Beda Cardinale ante el Conde Felizzano —embajador de Italia— y el canciller Angel Gallardo.
El palacio celebra la prosperidad de un inmigrante italiano en Buenos Aires, el propio Barolo, que murió antes de la inauguración. La leyenda aumenta con las aventuras del arquitecto Palanti, quien luego hizo en Montevideo otro edificio gemelo —el Palacio Salvo, de 26 pisos— hasta volver a Italia para ofrecerle a Benito Mussolini sus servicios. En algunas de las 261 oficinas del Palacio Barolo hubo inquilinos como el ex presidente Marcelo T. de Alvear y la pintora Raquel Forner.
Celebración del inmigrante que "hizo la América": el Palacio Barolo fue el edificio porteño más alto hasta la construcción del Kavanagh, en 1935. Sus cien metros de altura culminan en el faro que supo tener 300.000 bujías y el 14 de setiembre de 1923 transmitió con sus luces el resultado de la pelea de boxeo Firpo-Dempsey.
Pintor y escultor, Palanti había diseñado el Pabellón Italiano para la exposición del Centenario en 1910. Hilger cuenta que Palanti "convenció a Barolo de la inminencia de una nueva guerra europea y de la necesidad de resguardar aquí las cenizas de Alighieri, el autor de La Divina Comedia. En 1921 se iban a cumplir siete siglos de su muerte y descansaban en Ravena".
Como ha explicado Hilger en "Arquitectos europeos y Buenos Aires, 1860-1940", el edificio está lleno de referencias a Dante. Las bujías del faro representan los nueve coros angelicales y la rosa mística. Sobre el faro está la constelación de la Cruz del Sur, que se puede ver alineada con el eje del Palacio Barolo en los primeros días del mes de junio a las 19.45.
El plan del edificio y su distribución se hicieron "sobre la base de la sección áurea y el número de oro, proporciones y medidas de origen sagrado". Para Palanti, el número de oro estaba cifrado en el poema de Dante. "La división general del edificio y del poema es en tres partes: Infierno, Purgatorio y Cielo. La planta baja es el Infierno, los primeros 14 pisos son el Purgatorio, los pisos siguientes son el Paraíso, el faro representa a Dios", explica Hilger.
El número de jerarquías infernales es el nueve: nueve son las bóvedas de acceso al edificio, que representan pasos de iniciación. Cada una de las bóvedas tiene frases en latín tomadas de nueve obras distintas, desde la Biblia a Virgilio. La cúpula se inspira en el templo hindú de Budanishar, dedicado a la religión Tantra, "representa la unión entre Dante y Beatrice".
Los cantos de "La Divina Comedia" son cien, igual que los cien metros de altura del edificio. La mayoría de los cantos del poema tienen 11 o 22 estrofas, los pisos del edificio están divididos en 11 módulos por frente, 22 módulos de oficinas por bloque. La altura es de 22 pisos. Este conjunto de números representa el círculo, que era la figura perfecta para Dante, estos números representan símbolos sagrados: la proporción 22/7 expresa la relación en números de la proporción entre la circunferencia y su diámetro.
Las cenizas de Dante descansarían bajo la bóveda central, sobre un punto de bronce en la planta baja, en el Pasaje Barolo. El arquitecto Palanti creó para eso una estatua de bronce de 1,50 metro de altura, "Ascensión", que representaba el espíritu del poeta apoyando sus pies sobre un cóndor que lo lleva al Paraíso. En otras palabras, Dante iba a salir del Purgatorio hacia el Paraíso pasando por la Cruz del Sur, en la Avenida de Mayo. No pudo ser: sus cenizas nunca salieron de Ravena.
Bueno hasta aca llegamos, despues desarrollare mas los pasajes, aca dejo una pequeña enumeracion de los que hay, espero que les haya gustado y me pongan algun puntinto, sino algunas de las leyendas urbanas tal vez se ofendan, jajjaa, gracias y hasta la proxima
Paso a paso
El arquitecto Rolando Schere realizó un exhaustivo relevamiento de los pasajes de la ciudad que se publicó, el año último, en el libro Pasajes (editorial Colihue), uno de los pocos sobre la materia que existe en el país.
En él se destacan cuarenta pasajes de la ciudad de Buenos Aires, algunos de los cuales se transcriben a continuación para los que se atrevan a descubrirlos, paso a paso.
Pasaje Saste. 19 de Noviembre de 1899 Nº 1171.
Pasaje Giorello. Av. Brasil 970.
Pasaje Europa. Av. Montes de Oca 253.
Pasaje Santamarina. México 750 - Chacabuco 641.
Pasaje Belgrano. Bolívar 373.
Rue des Artisans. Arenales 1239 - Libertad 1240.
Pasaje Suizo. Vicente López 1661.
Pasajes América y La Estrella. Caseros 2745 y Catamarca 2249.
Pasaje Dr. R. Rivarola. Bartolomé Mitre al 1300 - Pte. Perón al 1300.
Pasaje de la Piedad. Bartolomé Mitre 1525/63.
Pasaje Colombo. Av. Rivadavia 2451 - Azcuénaga 34.
Pasaje Sarmiento. Av. Rivadavia 2645/73 - Bartolomé Mitre 2646/74.
Pasaje Victoria. Alsina 2311/43.
Pasaje Verdier. Deán Funes 573/93.
Pasaje sin nombre. Tte. Gral. Perón 3047.
Pasaje Pedro Laredo. Av. Díaz Vélez 3850 - Medrano 107.
Pasaje San Carlos. Q. Bocayuva 151.
Pasaje Los Alpes. Parral 149.
Pasajes Salala, Pescadores y Espejo . Av. Rivadavia al 6900 - Rivera Indarte -Pedernera - Ramón Falcón.
Pasaje Marcoatú. Bolivia 202.
Pasaje Valle. Argerich 565.
Pasaje Particular s/Nº. Av. Rivadavia 11.080.
Pasaje Sanguinetti. Venezuela 3532 - Maza 557.
Pasajes Julio Dantas y Guillermo Granville. Cuenca 2102 - Alvarez Jonte 3270.
Pasaje Norte. Ruggieri 2750.
Pasaje Roberto Arlt. Gurruchaga 1957/69.
Pasaje Costa. Medrano 1352.
Pasajes Dr. Bernardo Vélez y Dr. Marcelo Fitte. La Pampa al 2900.
Pasaje Gral. Paz. Ciudad de La Paz 561-Zapata 552.
Pasaje Ushuaia. 3 de Febrero 2856.
Villa Alvear (Palermo Viejo). Costa Rica, Thames, Cabrera y Gurruchaga.
Pasaje Butteler. Av. La Plata 2199 y Av. Cobo al 500.
Pasajes comerciales. Surgieron por la importancia que adquirió la Av. de Mayo como eje central. "De esta manera, los lotes más largos, perpendiculares a la traza de la nueva avenida, pasan a tener doble frente." Así, sus plantas bajas pasantes se techaron y fueron destinadas al uso comercial. Existen varios en la zona céntrica que merecen una visita atenta.
Pasaje Roverano. Av. de Mayo 560 - H. Yrigoyen 561.
Pasaje Urquiza Anchorena. Av. de Mayo 747/53 - Rivadavia 742/50.
Pasaje Barolo. Av. de Mayo 1370 - H. Yrigoyen 1373.
Pasaje Gral. Güemes. Florida 171 -San Martín 160.
Le Bon Marché Argentino (Galerías Pacífico). Florida 700 - Viamonte 500 - San Martín al 700 - Córdoba al 500.
Segunda parte:
Fuentes:
La Nacion
Pagina 12
Clarin
GCBA
conozcabuenosaires
Así se refería a nuestra ciudad Jorge Luis Borges, gran caminante y conocedor de los rincones olvidados de Buenos Aires y acaso de los pasajes que, justamente, avanzan hacia ese centro secreto de las manzanas
Pasaje Sarmiento. Está en el barrio de Balvanera y tiene los elementos de un jardín andaluz
Según la definición del Diccionario de la Real Academia Española, un pasaje es un sitio o lugar donde se pasa. Paso público entre dos calles, algunas veces cubierto.
En nuestra Ciudad hay más de cien pasajes, se calculan que hay 577 pasajes y cortadas, llenos de magia e historia; son de diversos estilos, los hay afrancesados, de estilo italianizante y otros que son, como la Ciudad, eclécticos. Algunos construidos entre 1880 y las primeras décadas de este siglo. Los que pensaban que un pasaje era eso y nada más, olvidan los pormenores de su clasificación. En cuanto a su diseño, los pasajes pueden tener, entre otras, la forma de L, U, ser pasantes (cuando atraviesan la manzana) o terminar en cul de sac (callejón sin salida). En lo que se refiere a su accesibilidad, los pasajes pueden ser peatonales, vehiculares y peatonales; privados de acceso restringido o de acceso libre, o sea, integrados a barrios de acceso totalmente público, sino también -y principalmente- los pasajes situados dentro de conjuntos habitacionales, muchos de ellos privados y de circulación restringida.
La historia cuenta que los pasajes surgieron como producto de la especulación de la tierra. Estos proyectos privados consistentes en la subdivisión de amplios terrenos fueron destinados a la renta a partir de 1880, cuando la ciudad vivió un proceso de transformación sin precedentes. La densidad habitacional empujó esta oportunidad para los inversores que optimizaron la subdivisión de grandes terrenos construyendo calles semipúblicas.
"Un pasaje siempre es planificado, es producto de un emprendimiento particular o de una empresa; en cambio, una cortada es espontánea, es el resultado de una traza antigua que se debe a distintas situaciones, como puede ser un arroyo, una parada de carretas o los límites de antiguas quintas"
Sin embargo, en el imaginario colectivo de los porteños, el significado de pasaje es más amplio: esconde tiempo y leyendas; sugiere intimidad, pero es público; es casi un lugar mágico.
Despues de buscar arduamente no encontre ningun post que ilustre esta peculiar caracteristica urbana de la ciudad vinculada a sus pasajes y cortadas, por eso me propuse colgar este post para que me ayuden a iluminar esta faceta aun un poco oculta incorporandele algun detalle del mismo, alguna historia, alguna leyenda urbana que le de color o alguna hecho veridica. Siempre me intereso investigar un poco al respecto a partir de un par de historias que escuche por ahi, que pienso compartir con ustedes, y si me ayudan podemos enriquecer aun mas las mismas si cuelgan fotos de pasajes de los barrios en donde viven haciendo mas interesante esta propuesta.
Si esto crece el dia de mañana podemos abrir una pagina web que ilustre con fotografias esta caracteristica particular de nuestra ciudad, sumando las de otras ciudades del pais si esto se amplia. Mi objetivo es la de hacer algun dia un documental contando las anecdotas que las rodea, etc.....
Pero bueno, espero que les guste....
Pasaje Sarmiento:
El pasaje Sarmiento (foto que ilustra el comienzo de esta nota) está situado en Rivadavia 2645/73 y como es pasante -de acceso restringido-, ingresa en las profundidades de la manzana y también tiene su dirección en Bartolomé Mitre 2646/74.
Si bien fue construido en 1893 por la Sociedad La Argentina, su aspecto actual se debe a una refacción de 1944, promovida por los hermanos Coton -entonces propietarios- que, como buenos sirios le pidieron al constructor que remodelara el pasaje con los elementos propios de un jardín árabe.
Arcos de medio punto, mayólicas con imágenes de toreros y bailes sevillanos, canteros tupidos de plantas y agua; agua que cae por la boca de un león azul y agua estancada: entrar en el pasaje Sarmiento es como asomarse a la bella Andalucía.
Pasaje Colombo
A pocas cuadras, en Rivadavia 2451, el pasaje Colombo es un ejemplo de una calle interior en forma de L, y por esta razón, tiene ingreso por dos calles:Av. Rivadavia 2431 y por Azcuénaga.
Si bien fue construido por la compañía de seguros La Edificadora como parte de un proyecto inmobiliario, la empresa quebró y en 1890 un comerciante de apellido Colombo lo adquirió y le dio su nombre actual.
Es preciso franquear un gran portón de hierro para ingresar en el pasaje, de ornamentación sencilla, pero destacable. Al contrario de lo que muchos piensan cuando observan el portón, no es una pieza de antaño, sino de una incorporación reciente que respeta el estilo del conjunto.
Al Fondo tiene una torrecita con techo a dos aguas, coronada por una lanza. Allí funciona la portería.
Una amplia vereda de circulación conduce a los visitantes por las distintas viviendas -50 unidades adentro del pasaje y 30 afuera- muchas de las cuales todavía tienen en su puerta -y muy reluciente- un llamador de bronce en forma de mano.
Tanto el pasaje Sarmiento como el Colombo fueron incluidos dentro de las Areas de Protección Histórica (APH) para resguardar su futuro.
En su libro Buenos Aires, ciudad secreta, (editorial Sudamericana) Germinal Nogués cuenta que "de las 577 cortadas que integran el mapa de Buenos Aires, muchas no son más que simples calles que nacen y mueren en un centenar de metros", y recuerda la famosa cortada Carabelas "por la concurrencia a sus bodegones de noctámbulos de prestigio".
La mala vida es el rótulo del que se salvan sólo unas pocas cortadas: "Reñidero mistongo de curdas y cafañas, de viviyos de grupo y vivos de veras, la cortada es el último refugio de los cañas y la cueva obligada de las barras nocheras" (Carlos de la Púa).
Acaso por la intimidad categórica que generan, tanto cortadas como pasajes eran lugares en los que chorreó sangre y se robaron besos; un foco de la clandestinidad ciudadana que quedó impresa en las letras de tangos.
Pasaje de la Piedad
Uno de los más antiguos de Buenos Aires y el único en forma de U, el pasaje de la Piedad alberga 144 unidades habitacionales y muestra una escala monumental. La Piedad se construyó en la década final del siglo último; es peatonal, vehicular y hasta que concluyan el portón de hierro, de acceso libre.
Fue construido por Arturo Gramajo, y por deseo de su esposa María Adela Saraza de Atucha, entre los años 1888-1900, en tierras heredadas por ella y que habían sido adquiridas por su padre, Jorge Atucha, en fracciones durante los años 1853, 1854 y 1857.
Desde Bartolomé Mitre el pasaje penetra en la manzana y rápidamente la calle interior se pierde en la primera curva generando la expectativa del transeúnte que no puede vislumbrar qué hay más allá. Acaso gobernada por su Sherlock Holmes interior, la gente ingresa en el pasaje en el que, misteriosamente, los ruidos se aplacan.
"La mejor fachada, la más rica volumétricamente se puede ver sólo desde adentro. Una loggia y el trabado del revoque delinean el estilo italianizante de este segmento del pasaje", explica María Marta Lupano, que realizó una investigación especial sobre el pasaje de la Piedad.
Las farolas con su respectivos brazos forjados contribuyen a imprimirle al sitio un aire enrarecido, una pincelada ocre de tiempos lejanos.
"Al pasar la segunda curva se observa una insinuación de la corriente francesa en las claves antropomorfas de la ornamentación, las ménsulas muy trabajadas y las mansardas; este quiebre con estilo italianizante hace pensar en un largo proceso de construcción", destaca Lupano.
Una antigua placa sobre la esquina señala que por ahí salían los carruajes y, en el horizonte del pasaje, la iglesia de la Piedad tiene la palabra.
Porque está implícito en el nombre, un pasaje es un paso, hace referencia al tránsito, pero sin embargo, ¿quién va a entrar en una cortada si no tiene algo que hacer allí?
Acaso por esa razón un pasaje sea un espacio íntimo, recóndito y familiar; un recoveco en el corazón de la ciudad en donde la tranquilidad todavía es posible.
Las tres casas ubicadas al fondo, con sus porches, elegantes puertas de madera y columnas, redondean el encanto único de este lugar construido en 1890 y cuyos departamentos fueron los que inauguraron la modalidad de alquilar viviendas en Buenos Aires.
Pasaje Bollini
Por la epidemia de cólera, 300 inmigrantes que ocupaban un "asilo provisional" en el barrio de Palermo, fueron trasladados en 1874 a terrenos de la quinta Bollini, que se extendía desde Chavango (primer nombre de la avenida Las Heras), a la altura de Sánchez de Bustamante, hasta la actual calle Paraguay.
Fue un hecho desencadenante en la historia del pasaje Bollini, porque esos europeos y sus descendientes dieron forma a la zona. Vivían en casas precarias, levantadas por ellos mismos, y explotaban pequeñas chacras, lo que derivó en la venta ambulante de frutas y hortalizas. Al formalizarse en puestos, dio lugar a que también fuera conocido como Calle de la Feria.
El legendario Pasaje Bollini, cuya memoria encierra en sus dos cuadras de espaldas al Hospital Rivadavia –desde Pacheco de Melo al 2800 hasta la misma altura de French– tanto míticas historias de cuchilleros como interminables noches de música y diversión a fines de los años 80. Jorge Luis Borges recreó esas antiguas historias de malevos en su libro Evaristo Carriego y también homenajeó al pasaje en su poema “La Cortada Bollini”. Actualmente, además de cenar o almorzar en algunos de los restaurantes que lo rodean, se pueden pasar muy buenos momentos en el elegante café La Dama de Bollini, donde se organizan encuentros poéticos, recitales de boleros, tango o jazz y muestras de plástica y pintura.
Pasaje Rue des Artisans
Situado en Libertad 1240 y Arenales 1239, tuvo en sus inicios forma de L, pero debido a desavenencias familiares, se levantó un paredón que los separa y además conservan dos estilos diferenciados: Italiano y Parisino. Construido en 1887. Pertenece a la tipología de los pasajes comerciales y fue elegido por cuatro galerías de arte y dos de decoración: el diseño gana terreno entre los tolditos.
"La onda es más decontracté, tipo Nueva York", describe María Quesada, de la galería Dharma.
El Pasaje Rivarola
El recorrido puede continuar en las cercanías, más precisamente en los cien metros que unen las calles Bartolomé Mitre con Tte. Gral. Juan D. Perón, entre Talcahuano y Uruguay. El Pasaje Rivarola, construido en los inicios de la década del 20 por la firma Petersen, Thiele y Cruz, una muestra antológica de la arquitectura secreta de Buenos Aires. Como en un efecto de espejo, muestra a lo largo de su única cuadra frentes idénticos. Cada fachada, desde las vidrieras de los locales y las entradas de los edificios hasta las cúpulas de las esquinas y los balcones, tiene su correspondiente réplica en la vereda de enfrente. Es réplica de una calle francesa
Un verdadero hallazgo que pocos porteños conocen y que vale la pena recorrer. En sus veredas abundan las casas de instrumentos musicales y las imprentas, pero el local que más llama la atención es una antigua relojería conocida como “La Chacarita de los relojes”. Visitada por coleccionistas de todo el mundo, es un auténtico santuario en cuya vidriera yacen apiladas y colgadas piezas oxidadas de todos los tiempos, variedad y orígenes.
A la simetría se la califica muchas veces como sinónimo de aburrido, pero para mí este no es el caso: el Pasaje Rivarola es una calle de sólo una cuadra en el centro de Buenos Aires y todo es perfectamente simétrico: cada vereda es el espejo exacto de la de enfrente y la cuadra entera está coronada por 4 cúpulas idénticas.
En la década del 40 se llamaba Pasaje la Rural
Pasaje Butteler
No posee la belleza de los céntricos De la Piedad o Rivarola, pero el pasaje Butteler, enmarcado entre la avenida La Plata y las calles Cobo, Senillosa y Zelarrayán, en el límite de Parque Chacabuco y Boedo, exhibe características únicas entre las 40 configuraciones barriales de este tipo existentes en el radio capitalino. Parece haber sido concebido por Kafka y Borges, por lo que tiene de laberíntico y conjetural.
El pasaje Butteler es en realidad una manzana -de no más de 70 casas, la mayoría bajas y algunas que conservan la fisonomía del pasado-, pero de sólo dos calles en diagonal que forman una equis, de modo que aquéllas se convierten en cuatro callejuelas, todas con el mismo nombre, Azucena Butteler, según una ordenanza que data de 1911, poco después de su inauguración.
Explicar la numeración de las viviendas, unas 70, es un verdadero desafío. Veamos: progresan linealmente, en sentido contrario al de las agujas del reloj, desde la esquina de avenida La Plata y Zelarrayán, del 0 al 98, pero sólo se ven estos números en las casas situadas a la derecha.
Al llegar a Zelarrayán y Senillosa, después de haber transitado por los dos primeros brazos de la equis, la numeración recomienza en la vereda opuesta y en sentido inverso, con los impares, por lo cual el 5 puede quedar enfrente del 88. El recorrido completo, pues, termina dando la dislocante sensación de que el pasaje se inicia y finaliza en el mismo lugar.
Es también el único pasaje con plazoleta. El pequeño paseo de forma rectangular y con juegos infantiles se llamó originalmente Butteler, pero fue rebautizado Enrique Santos Discépolo en 1972. En su centro hay un busto del autor de "Cambalache", emplazado en 1982, obra del artista Domingo Páez Torres. Poco después de su inauguración, el vandalismo hizo de las suyas, por lo que debió ser retirado para restaurarlo y vuelto a colocar al año siguiente. Hoy muestra señales de nuevos ataques.
El presidente de la Junta de Estudios Históricos de Parque Chacabuco, Mauro Fernández, responsable de la edición de un cuadernillo en el que se cuentan el origen y la trayectoria de los "minibarrios" Cafferata, Emilio Mitre y Butteler, explica que este último se empezó a consolidar a partir de la aceptación por la municipalidad de Buenos Aires, en 1907, de una extensa quinta donada por Azucena Butteler, perteneciente a una familia de hacendados, para la construcción allí de casas destinadas a obreros de la zona.
Pasaje Barolo
En la década de 1910 hubo dos personas, el industrial Luis Barolo (1869-1922) y el arquitecto Mario Palanti (1885-1979), que soñaron con traer las cenizas del poeta Dante Alighieri a Buenos Aires y para eso construyeron un santuario en la Avenida de Mayo al 1300. Puede sonar raro para un edificio de oficinas, pero ésa es la historia del Palacio Barolo, primer rascacielos porteño. Este edificio de 22 pisos hoy cumple 80 años: nació el 7 de julio de 1923, cuando fue bendecido por el nuncio Giovanni Beda Cardinale ante el Conde Felizzano —embajador de Italia— y el canciller Angel Gallardo.
El palacio celebra la prosperidad de un inmigrante italiano en Buenos Aires, el propio Barolo, que murió antes de la inauguración. La leyenda aumenta con las aventuras del arquitecto Palanti, quien luego hizo en Montevideo otro edificio gemelo —el Palacio Salvo, de 26 pisos— hasta volver a Italia para ofrecerle a Benito Mussolini sus servicios. En algunas de las 261 oficinas del Palacio Barolo hubo inquilinos como el ex presidente Marcelo T. de Alvear y la pintora Raquel Forner.
Celebración del inmigrante que "hizo la América": el Palacio Barolo fue el edificio porteño más alto hasta la construcción del Kavanagh, en 1935. Sus cien metros de altura culminan en el faro que supo tener 300.000 bujías y el 14 de setiembre de 1923 transmitió con sus luces el resultado de la pelea de boxeo Firpo-Dempsey.
Pintor y escultor, Palanti había diseñado el Pabellón Italiano para la exposición del Centenario en 1910. Hilger cuenta que Palanti "convenció a Barolo de la inminencia de una nueva guerra europea y de la necesidad de resguardar aquí las cenizas de Alighieri, el autor de La Divina Comedia. En 1921 se iban a cumplir siete siglos de su muerte y descansaban en Ravena".
Como ha explicado Hilger en "Arquitectos europeos y Buenos Aires, 1860-1940", el edificio está lleno de referencias a Dante. Las bujías del faro representan los nueve coros angelicales y la rosa mística. Sobre el faro está la constelación de la Cruz del Sur, que se puede ver alineada con el eje del Palacio Barolo en los primeros días del mes de junio a las 19.45.
El plan del edificio y su distribución se hicieron "sobre la base de la sección áurea y el número de oro, proporciones y medidas de origen sagrado". Para Palanti, el número de oro estaba cifrado en el poema de Dante. "La división general del edificio y del poema es en tres partes: Infierno, Purgatorio y Cielo. La planta baja es el Infierno, los primeros 14 pisos son el Purgatorio, los pisos siguientes son el Paraíso, el faro representa a Dios", explica Hilger.
El número de jerarquías infernales es el nueve: nueve son las bóvedas de acceso al edificio, que representan pasos de iniciación. Cada una de las bóvedas tiene frases en latín tomadas de nueve obras distintas, desde la Biblia a Virgilio. La cúpula se inspira en el templo hindú de Budanishar, dedicado a la religión Tantra, "representa la unión entre Dante y Beatrice".
Los cantos de "La Divina Comedia" son cien, igual que los cien metros de altura del edificio. La mayoría de los cantos del poema tienen 11 o 22 estrofas, los pisos del edificio están divididos en 11 módulos por frente, 22 módulos de oficinas por bloque. La altura es de 22 pisos. Este conjunto de números representa el círculo, que era la figura perfecta para Dante, estos números representan símbolos sagrados: la proporción 22/7 expresa la relación en números de la proporción entre la circunferencia y su diámetro.
Las cenizas de Dante descansarían bajo la bóveda central, sobre un punto de bronce en la planta baja, en el Pasaje Barolo. El arquitecto Palanti creó para eso una estatua de bronce de 1,50 metro de altura, "Ascensión", que representaba el espíritu del poeta apoyando sus pies sobre un cóndor que lo lleva al Paraíso. En otras palabras, Dante iba a salir del Purgatorio hacia el Paraíso pasando por la Cruz del Sur, en la Avenida de Mayo. No pudo ser: sus cenizas nunca salieron de Ravena.
Bueno hasta aca llegamos, despues desarrollare mas los pasajes, aca dejo una pequeña enumeracion de los que hay, espero que les haya gustado y me pongan algun puntinto, sino algunas de las leyendas urbanas tal vez se ofendan, jajjaa, gracias y hasta la proxima
Paso a paso
El arquitecto Rolando Schere realizó un exhaustivo relevamiento de los pasajes de la ciudad que se publicó, el año último, en el libro Pasajes (editorial Colihue), uno de los pocos sobre la materia que existe en el país.
En él se destacan cuarenta pasajes de la ciudad de Buenos Aires, algunos de los cuales se transcriben a continuación para los que se atrevan a descubrirlos, paso a paso.
Pasaje Saste. 19 de Noviembre de 1899 Nº 1171.
Pasaje Giorello. Av. Brasil 970.
Pasaje Europa. Av. Montes de Oca 253.
Pasaje Santamarina. México 750 - Chacabuco 641.
Pasaje Belgrano. Bolívar 373.
Rue des Artisans. Arenales 1239 - Libertad 1240.
Pasaje Suizo. Vicente López 1661.
Pasajes América y La Estrella. Caseros 2745 y Catamarca 2249.
Pasaje Dr. R. Rivarola. Bartolomé Mitre al 1300 - Pte. Perón al 1300.
Pasaje de la Piedad. Bartolomé Mitre 1525/63.
Pasaje Colombo. Av. Rivadavia 2451 - Azcuénaga 34.
Pasaje Sarmiento. Av. Rivadavia 2645/73 - Bartolomé Mitre 2646/74.
Pasaje Victoria. Alsina 2311/43.
Pasaje Verdier. Deán Funes 573/93.
Pasaje sin nombre. Tte. Gral. Perón 3047.
Pasaje Pedro Laredo. Av. Díaz Vélez 3850 - Medrano 107.
Pasaje San Carlos. Q. Bocayuva 151.
Pasaje Los Alpes. Parral 149.
Pasajes Salala, Pescadores y Espejo . Av. Rivadavia al 6900 - Rivera Indarte -Pedernera - Ramón Falcón.
Pasaje Marcoatú. Bolivia 202.
Pasaje Valle. Argerich 565.
Pasaje Particular s/Nº. Av. Rivadavia 11.080.
Pasaje Sanguinetti. Venezuela 3532 - Maza 557.
Pasajes Julio Dantas y Guillermo Granville. Cuenca 2102 - Alvarez Jonte 3270.
Pasaje Norte. Ruggieri 2750.
Pasaje Roberto Arlt. Gurruchaga 1957/69.
Pasaje Costa. Medrano 1352.
Pasajes Dr. Bernardo Vélez y Dr. Marcelo Fitte. La Pampa al 2900.
Pasaje Gral. Paz. Ciudad de La Paz 561-Zapata 552.
Pasaje Ushuaia. 3 de Febrero 2856.
Villa Alvear (Palermo Viejo). Costa Rica, Thames, Cabrera y Gurruchaga.
Pasaje Butteler. Av. La Plata 2199 y Av. Cobo al 500.
Pasajes comerciales. Surgieron por la importancia que adquirió la Av. de Mayo como eje central. "De esta manera, los lotes más largos, perpendiculares a la traza de la nueva avenida, pasan a tener doble frente." Así, sus plantas bajas pasantes se techaron y fueron destinadas al uso comercial. Existen varios en la zona céntrica que merecen una visita atenta.
Pasaje Roverano. Av. de Mayo 560 - H. Yrigoyen 561.
Pasaje Urquiza Anchorena. Av. de Mayo 747/53 - Rivadavia 742/50.
Pasaje Barolo. Av. de Mayo 1370 - H. Yrigoyen 1373.
Pasaje Gral. Güemes. Florida 171 -San Martín 160.
Le Bon Marché Argentino (Galerías Pacífico). Florida 700 - Viamonte 500 - San Martín al 700 - Córdoba al 500.
Segunda parte:
Fuentes:
La Nacion
Pagina 12
Clarin
GCBA
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