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Facundo Quiroga, el tigre de los llanos

Info9/14/2009
Facundo Quiroga






Juan Facundo Quiroga, (San Antonio, Argentina, 1788 – Barranca Yaco, Argentina, 16 de febrero de 1835) fue un caudillo argentino de la primera mitad del siglo XIX, partidario de un gobierno federal durante las guerras intestinas en su país, posteriores a la declaración de la independencia; fue apodado El Tigre de los Llanos tanto por sus amigos como por sus enemigos.



El Tigre de los Llanos


Hijo de José Quiroga, un hacendado sanjuanino que migró a la norteña provincia de La Rioja, estableciendo su estancia en el sureste de La Rioja, en la zona llamada Los Llanos,y que varias veces ejerció como comandante de las milicias de la zona. Su educación fue relativamente buena, para las oportunidades que ofrecía la provincia.

Hacia 1815 viajó a Buenos Aires, donde recibió alguna formación militar por un breve período. En 1817 fue nombrado jefe de las milicias de la comarca y participó en las luchas por la independencia organizando milicias, persiguiendo desertores y enviando ganados al Ejército del Norte y al Ejército de los Andes.

Según su enemigo – y lejano pariente – Domingo Faustino Sarmiento,Facundo Quiroga comenzó a ser famoso por dos hechos: encontrándose a campo traviesa fue perseguido por un "tigre" (yaguarete) que le obligó a tomar refugio en la copa de un algarrobo, auxiliado por unos gauchos, Quiroga mató al "tigre" y recibió el célebre apodo. Lo más probable es que este hecho sea inventado.

El otro hecho, este sí históricamente comprobado, ocurrió el año 1819, en la ciudad de San Luis, donde permanecía prisionero por una causa menor (acaso una riña) junto a más de una veintena de altos oficiales realistas. De ahí que, tras un peligroso motín organizado por estos últimos, Quiroga luchó y mató a varios de ellos, usando como maza los mismos grillos que llevaba puestos. Aquel terrible suceso se conoció, desde ese entonces, como la Matanza de San Luis, localidad en donde fueron asesinados buena parte de la alta oficialidad realista de Chile.

Hasta entonces el poder en el territorio de la provincia de La Rioja se encontraba disputado por dos antiguas familias terratenientes: la de los Ocampo y la de los Dávila. En esa contienda, Quiroga apoyó al gobernador Francisco Ortiz de Ocampo, pero tras su derrota frente a un grupo de rebeldes venidos de San Juan, ex miembros del Ejército de los Andes transformados en montoneros, resultó determinante para el derrocamiento de Ocampo y su reemplazo por Nicolás Dávila. Reforzó su poder militar incorporando a los “Auxiliares de los Andes” a sus fuerzas.

Sin embargo, luego de acceder al gobierno provincial, los Dávila desconfiaron de Quiroga por el prestigio que éste había obtenido entre la población. Tras eliminar en un duelo a Miguel Dávila en la batalla de El Puesto, Facundo Quiroga accedió al gobierno provincial. Si bien renunció a éste unos meses después, desde entonces se mantuvo como el caudillo indiscutido de los riojanos.




El caudillo federal


stablecido el gobierno federal, aumentó su fortuna mediante la concesión, obtenida del gobierno local en conjunto con los grupos riojanos y porteños, para explotar las minas de cobre y plata de la región y acuñar moneda. Cuando el ministro de gobierno de la provincia de Buenos Aires, Bernardino Rivadavia, licita esas minas a inversores británicos, sobre las cuales no tenían derechos, más la leva forzada realizada por el general Gregorio Aráoz de La Madrid en Tucumán y Catamarca para la Guerra del Brasil, y el tratado realizado por el gobierno de Buenos Aires (como Representante de las Relaciones Exteriores de la Confederación Argentina) con Gran Bretaña por el cual se establece la libertad religiosa, lo deciden a tomar partido en la lucha entre unitarios (partidarios de un gobierno liberal fuerte establecido en Buenos Aires) y federales. En parte como excusa, llevó en sus campañas la bandera de Religión o Muerte, como manifestación de oposición a la política religiosa de Rivadavia.

Por su parte, Rivadavia fue electo presidente por el Congreso General de 1824, aunque sin una constitución que lo avalara. Su política fue decididamente centralista, y pretendió imponer su voluntad por la fuerza a los gobiernos provinciales opositores.

Hasta ese momento, Facundo era más bien un militar destacado, con alguna inclinación a imponer su voluntad sin consideraciones, pero de ninguna manera un caudillo violento o sanguinario. No se inclinaba hacia el federalismo ni hacia el unitarismo. Más tarde declararía que era unitario por convicción, pero que se hizo federal porque esa era la voluntad de los pueblos.

En la provincia de Catamarca estuvo por iniciarse un enfrentamiento interno en 1825, que se pudo evitar por la mediación de Quiroga, que salió de garante del acuerdo entre el gobernador Manuel Antonio Gutiérrez y sus opositores. Pero Gutiérrez violó el acuerdo, reiniciando la guerra civil y llevando en su contra a Facundo Quiroga. Éste invadió Catamarca y lo depuso casi sin luchar. Pero Gutiérrez llamó en su ayuda a Lamadrid, que se había apoderado del gobierno de la provincia de Tucumán, y que lo repuso en el gobierno. Entonces Quiroga volvió sobre Catamarca, nuevamente expulsó a Gutiérrez y siguió camino hacia Tucumán, donde derrotó a Lamadrid en la batalla de El Tala, el 27 de octubre de 1826. Lamadrid fue dado por muerto, por lo que Quiroga se retiró.

De allí pasó a San Juan, donde aseguró el poder para el partido federal, colocando en el gobierno a un pariente suyo. Ese mismo año de 1826, el Congreso sancionó una constitución unitaria, a la que la mayor parte de las provincias se opuso. Sólo Salta y Tucumán aprobaron esa constitución. Se dijo que el enviado por el Congreso para presentar la constitución a Quiroga se encontró con éste en San Juan, donde lo encontró recostado sobre su recado bajo un toldo de cuero, en un campo de alfalfa. Sin levantarse, garabateó en la primera hoja Despachado, y envió al diputado porteño de regreso a Buenos Aires.

Cuando supo que Lamadrid había sobrevivido y nuevamente ocupaba el gobierno de Tucumán (y Gutiérrez el de Catamarca), y que además había invadido Santiago del Estero, volvió a invadir Tucumán, pasando por Santiago. Derrotó por completo a Lamadrid en la batalla de Rincón de Valladares, el 6 de julio de 1827. Impuso una fuerte contribución a la provincia para resarcirse de los gastos que le habían obligado a hacer. Como la legislatura quiso evitar esa indemnización, le escribió:


"... si no se me satisface antes de las dos horas de este día, me haré pagar, no la suma de 24000 pesos, sino todos los gastos que he hecho, y todas las pérdidas que he sufrido en mis negocios. Cuidado, pues, no haya equivocación. Las generosidades tienen sus límites... pasada la hora mencionada, sin haber recibido la pequeña suma que pido, empezaré a hacer sentir inmediatamente los estragos de la guerra."



Cobró lo exigido sin problemas, y colocó un gobierno federal en Tucumán. La batalla de Rincón aceleró la renuncia del unitario Rivadavia al gobierno nacional, y desde entonces controló la política de las provincias de Cuyo, La Rioja y Catamarca, y tuvo una fuerte influencia sobre Santiago del Estero y Córdoba.



La Tablada y Oncativo


Cuando, en 1829, el general José María Paz tomó la provincia de Córdoba, derrocando a Juan Bautista Bustos, su caudillo federal, éste llamó en su auxilio a Quiroga. Éste reunió fuerzas de las provincias que controlaba e invadió Córdoba, logrando tomar la capital de la provincia. Para evitar sufrimientos a la población, salió a enfrentar a Paz en la batalla de La Tablada, del 22 de junio, en que la superior capacidad de Paz para manejar su artillería decidió la batalla en su favor. Al día siguiente, cuando Paz regresaba a la ciudad, fue nuevamente atacado por Quiroga, en lo que, según expresión del propio Paz, fue


"... la operación militar más arrojada de la que he sido testigo o actor en mi larga carrera... Me he batido con tropas más aguerridas, más disciplinadas, más instruidas, pero más valientes, jamás."


Quiroga fue nuevamente derrotado y tuvo que huir a su provincia.

Al llegar a La Rioja, encontró que algunos personajes estaban festejando su derrota. Hizo fusilar a diez personas y ordenó que toda la población de la ciudad se trasladara a los Llanos con sus haciendas y destruyendo todo lo que no se podían llevar. A partir de ese momento, Quiroga fue realmente el tigre. Pero hay que destacar que Lamadrid, por ejemplo, fue mucho más cruel que Quiroga. El mismo Paz hizo fusilar a varios prisioneros de La Tablada y envió expediciones a “pacificar” la sierra de Córdoba, que se saldaron con centenares de gauchos federales fusilados.

Quiroga decidió volver a enfrentar a Paz. Le escribió una larga carta en que le decía que


"...las armas que hemos tomadas en esta ocasión no serán envainadas sino cuando haya una esperanza siquiera de que no serán los pueblos nuevamente invadidos. Estamos convenidos en pelear una vez para no pelear toda la vida. Es indispensable ya que triunfen unos u otros, de manera que el partido feliz obligue al desgraciado a enterrar sus armas para siempre."


A continuación invadió Córdoba por segunda vez, dividiendo sus tropas en dos columnas; una, bajo su mando directo, avanzó desde San Luis por el sur, mientras la otra, mandada por el gobernador riojano Benito Villafañe, marchaba por el norte. Paz decidió salirle al cruce a Quiroga. El gobernador porteño Juan Manuel de Rosas envió dos mediadores a tratar de evitar la batalla, pero Paz los utilizó para engañar a su enemigo: los envió a su campamento e inmediatamente avanzó hacia el ejército federal. Creyendo que todavía estaba en una tregua, Quiroga fue sorprendido y derrotado el 25 de febrero de 1830 en la batalla de Oncativo (llamada también de la Laguna Larga).

Quiroga huyó hacia Buenos Aires, mientras Paz invadía las provincias que el riojano había dominado y formaba una Liga Unitaria, generalmente llamada Liga del Interior, de la cual Paz era el jefe militar y político. Rosas lo hizo recibir como a un vencedor, pero permaneció en la casa de su socio Costa, alejado de las cuestiones militares. Para él, todo había terminado.




La victoria federal


El general Lamadrid, que no había podido enfrentar a Quiroga en la batalla, fue nombrado gobernador de La Rioja, mientras Villafañe se exiliaba en Chile. Lamadrid se dedicó a perseguir a los federales y fusilara decenas de ellos. También a saquear los bienes de Quiroga, entre ellos, los “tapados” de dinero (bolsas enterradas en medio del campo, en lugares conocidos sólo por el dueño), a los que accedió por medio del soborno y la tortura. Una de las personas que Lamadrid torturó fue la madre del general Facundo Quiroga, que fue obligada a barrer la plaza de La Rioja cargada de cadenas…

Eso fue demasiado: Quiroga pidió a Rosas fuerzas con que regresar a la lucha. Como el gobernador porteño (junto al santafesino Estanislao López estaban invadiendo Córdoba, sólo le pudo dar unos 450 delincuentes y vagos de la cárcel. Facundo los entrenó con cuidado, y pronto los convirtió en soldados.

A principios de 1831, Quiroga avanzó por el sur de Córdoba hacia Cuyo. En el camino se le unieron varios soldados desertados del ejército de Paz en la batalla de Fraile Muerto. Ocupó la villa de Río Cuarto después de una violenta batalla, y poco después derrotó sobre el río Quinto al coronel Juan Pascual Pringles, que fue muerto por un oficial ante quien no se quiso rendir. El coronel Pringles, héroe de la campaña de San Martín al Perú, era muy respetado por Quiroga, que gritó al oficial que lo había matado:


"¡Por no manchar con tu sangre el cadáver del valiente coronel Pringles, no te hago pegar cuatro tiros ya mismo! ¡Cuidado, otra vez, miserable, que un vencido invoque mi nombre!"


Pocos días después enfrentaba en Mendoza al gobernador José Videla Castillo en la batalla de Rodeo de Chacón, del 22 de marzo de 1831. Quiroga dirigió la batalla desde el pescante de una diligencia, señalando lo que quería mostrar con una cañita: el reuma no le permitía montar. Con esta victoria consiguió el control de San Luis y Mendoza, mientras sus partidarios recuperaban San Juan y La Rioja.

Unos días más tarde, recibió la noticia de que su mejor amigo, el general Villafañe, había intentado regresar desde Chile. Pero en el camino se había cruzado con un oficial unitario que lo había asesinado.Perdió los estribos, y cometió el acto más monstruoso de su carrera: mandó fusilar a todos los prisioneros de Río Cuarto y de Rodeo de Chacón que estaban en el cuartel: en total, veintiséis muertos. Fue el único asesinato en masa que ordenó Quiroga, a pesar del mito establecido por Sarmiento, de que mataba gente cada vez que le venía en gana.

Por su parte, Paz fue capturado por las fuerzas de Estanislao López, y el mando pasó a Lamadrid. Éste se retiró a Tucumán, para hacerse fuerte en su propia provincia. Hasta allí lo fue a buscar Quiroga, que lo venció (por tercera vez) en la batalla de La Ciudadela, el 4 de noviembre de 1831. Esta batalla terminó con la Liga Unitaria.

Estando en Tucumán, envió a la esposa del general Lamadrid (refugiado en Bolivia) a su encuentro, sin molestarla y con escolta oficial; también le envió una carta, recordándole el trato que él había dado a su madre. La terminaba con una despedida digna de su autor:


"¡Adiós, general, hasta que nos podamos juntar para que uno de los dos desaparezca!, porque esta es la resolución inalterable de su enemigo Facundo Quiroga."




La Confederación


El control de la Confederación Argentina pasó a estar en manos de los federales. En particular, de Rosas, López y Quiroga. Mientras Rosas logró mantener buenas relaciones con ambos, Quiroga y López comenzaron a tener problemas. En primer lugar, Quiroga pretendía tener algún derecho sobre Córdoba, donde López había nombrado un gobernador a un federal de su mayor confianza, José Vicente Reinafé, que junto con sus hermanos formaba un clan que gobernaría la provincia por algo más de tres años. También tuvo problemas por un caballo, que había sido de Facundo pero estaba en poder de López.

Quiroga pasó los siguientes en Buenos Aires, donde desempeñó un papel relevante: allí se debatía si el país debía darse o no una Constitución federal. Quiroga era partidario de una rápida organización nacional, pero otros caudillos — especialmente Rosas — no estaban de acuerdo, ya que sostenían que aún debía esperarse a que maduren las condiciones.

Nominalmente, Quiroga fue el comandante de la campaña al desierto del año 1833. Pero, en la práctica, la llevaron a cabo el gobernador de Mendoza, José Félix Aldao, los gobiernos de San Luis y Córdoba, y el ex gobernador porteño Rosas, que fue quien más provecho obtuvo con la misma.

El comandante de la columna del centro, José Ruiz Huidobro, era un oficial que había acompañado a Quiroga en su campaña de 1831, y al regresar intentó derrocar a Reinafé. Pero fue derrotado por la rápida reacción de éstos, y pagó con varios meses de cárcel su intento. Dado que era evidente que detrás de Ruiz Huidobro estaba Quiroga, los Reinafé decidieron que éste era un peligro para ellos. Era, además, un adversario peligroso para su jefe, Estanislao López.

En Buenos Aires, Quiroga se dedicó a la administración de la estancia que compró en San Pedro. En esa misma zona viven aún sus descendientes, entre los cuales varios heredaron su nombre completo de Facundo Quiroga. Durante su estadía fue el único que se atrevió a visitar a Bernardino Rivadavia en el buque en que llegaba de vuelta, al que no se permitió desembarcar y se envió de regreso al exilio.




Barranca Yaco


Muerte


A fines de 1834 estalló una guerra civil entre las provincias de Salta y Tucumán, cuyos gobernadores, Pablo Latorre y Alejandro Heredia, se habían enemistado por la autonomía de la provincia de Jujuy. El gobernador Manuel Vicente Maza envió a mediar al general Quiroga, con instrucciones especialmente escritas para él por Rosas, que lo acompañó un tramo del viaje.

En el viaje de ida, varios amigos le avisaron que los Reinafé querían matarlo; pero desoyó los avisos y siguió camino sin problemas. Al llegar a Santiago del Estero se enteró de que la guerra civil en el norte había finalizado y que Latorre había sido asesinado. Se dedicó a mediar para lograr una serie de tratados entre las provincias del norte, entre cuyas cláusulas figuraba la autonomía jujeña.

plaza de mayo


Iniciado su camino de regreso a principios del año siguiente, tuvo nuevos avisos sobre la posibilidad de que lo asesinaran. Pero tal vez tenía más miedo a pasar por cobarde que a la muerte. El 16 de febrero de 1835, una partida al mando del capitán de milicias cordobés Santos Pérez emboscó su carruaje en los breñales de un lugar solitario llamado Barranca Yaco, en el norte de la provincia de Córdoba. Quiroga se asomó por la ventana de la galera, y fue muerto de un tiro en un ojo por Santos Pérez. Su cuerpo fue luego tajeado y lanceado, y todos los demás miembros de la comitiva fueron asesinados también.

cordoba


Al saberse quién había sido el asesino, el cargo sobre el asesinato de Quiroga recayó sobre los hermanos Reinafé. Éstos fueron derrocados y ajusticiados unos años más tarde junto a Santos Pérez. Los opositores a Rosas lo acusaron de estar tras el homicidio. Tal vez fue asesinado por venganza, pero también para favorecer a Estanislao López; si fue así, el plan fracasó por completo: López perdió el control de Córdoba (y Entre Ríos) y mucho de su prestigio. Todo el poder en la Argentina pasó rápidamente a Rosas.

El cadáver de Facundo Quiroga, por decisión de sus familiares, se encuentra en el cementerio porteño de La Recoleta. Allí se conservó el monumento funerario, pero su féretro fue escondido en una pared tras la caída de Rosas en 1852, para evitar venganzas sobre su cadáver de parte de los enemigos de ambos. Fue redescubierto en el año 2005.




Valoración histórica


Juan Facundo Quiroga fue un militar excepcionalmente valiente, decidido y capaz, cuya mayor desgracia fue medirse dos veces con el único general que era superior a él. Se fue haciendo progresivamente más cruel, empujado por la crueldad de sus enemigos — especialmente de Lamadrid — y por la frustración de la derrota. Aprovechaba el terror que su imagen creaba a su alrededor, aunque esa imagen era más ficticia que real.

Como político, era un federal convencido que defendió la autonomía de su provincia y de sus provincias vecinas; pero no se decidió nunca a luchar por la organización constitucional del país. Y al final de su vida cayó envuelto en confusas luchas por el poder a nivel nacional, rodeado de conspiraciones que él había contribuido a crear.

La leyenda terrible de Facundo comenzó con el libro de Domingo Faustino Sarmiento, Civilización i Barbarie. Vida de Juan Facundo Quiroga, editado en 1845 en Santiago de Chile, más conocido como "Facundo: Civilización y Barbarie". Era un panfleto político lleno de inexactitudes, en que el autor atacaba al dictador Rosas a través de quien había sido su aliado. Por otro lado, su objetivo era demostrar la tesis de que las luchas civiles argentinas dirimían un conflicto entre la civilización y la barbarie, y ajustó su relato a ese objetivo. Posteriormente, demasiados historiadores y difusores de historia se tomaron en serio el testimonio de Sarmiento. Y sobre esa base se creó una verdadera "leyenda negra" sobre los federales, en que unitarios son siempre los buenos,mientras que los federales son el símbolo de la tiranía.

caudillo


Su leyenda negra tiene una contrapartida más actual en el mito opuesto, el de que era cruel sólo por necesidad. Pero ambos mitos son falsos, y de hecho innecesarios: su vida fue más grande que su leyenda.




Versiones


Los escritos de Quiroga resultan muy interesantes. Poseía un estilo elegante y directo; y, como demuestra el final de la carta a Lamadrid arriba citada, evitaba las formalidades inútiles, algo muy raro en su época.

Otra curiosidad suya era el conocimiento que tenía de La Biblia, de la cual lograba citar de memoria páginas enteras.

La rivalidad entre López y Quiroga tuvo visos muy singulares: Quiroga poseía un caballo negro predilecto llamado "El Moro", del cual se decía que adivinaba si vencería o no en la batalla. En cierta ocasión, "El Moro" — del cual se había apropiado Lamadrid — fue encontrado en Cordoba por hombres de Estanislao López, quien se apropió del animal. Quiroga elevó enérgicas protestas y amenazó con una guerra abierta a López. Rosas medió entre ambos, aunque nunca se logró la devolución del caballo. Aprovechando la situación, López afrentó nuevamente a Quiroga, diciéndole que "El Moro" era un "matungo", un caballo de poco valor.


Cartas de Facundo Quiroga a Juan Manuel de Rosas


Los caudillos asumirían un rol de intermediación con respecto al pueblo soberano, que las minorías ilustradas de las ciudades no podrían alcanzar. Su autoridad devendría de su condición de héroe, de arquetipo humano y, al mismo tiempo, de compartir la aguerrida y dura vida militar con sus subordinados, al margen de las fracciones ideológicas que regían la época. En las presentes correspondencias, el debate gira en torno a la necesidad o no de constituir una Comisión Representativa que moderaría el poder de los gobernadores porteños frente a las demás provincias y en las diferencias entre ambos caudillos.

Tucumán, enero 12 de 1832


SEÑOR DON JUAN MANUEL DE ROSAS.

Amigo de todo mi aprecio: contestando a su favorecida del 14 de diciembre digo a usted: que el no haberle dicho nada del parecer que me pedía en su apreciable de 4 de octubre con respecto a la formación de la Comisión Representativa y de la oportunidad para la reunión del Congreso, fue creyendo que mi silencio mismo le debía hacer entender el motivo; pero ya que no lo ha comprendido se lo explicaré claro y terminante. Usted sabe, porque se lo he dicho varias veces, que yo no soy federal, soy unitario por convencimiento; pero sí con la diferencia de que mi opinión es muy humilde y que yo respeto demasiado la de los pueblos constantemente pronunciada por el sistema Federal; por cuya causa he combatido con constancia contra los que han querido hacer prevalecer por las bayonetas la opinión a que yo pertenezco, sofocando la general de la República; y siendo esto así, como efectivamente lo es, ¿cómo podré yo darle mi parecer en un asunto en que por las razones que llevo expuestas necesito explorar a fondo la opinión de las provincias, de las que jamás me he separado, sin embargo, de ser opuesta a la de mi individuo? Aguarde pues un momento, me informaré y sabré cuál es el sentimiento o parecer de los pueblos y entonces se lo comunicaré, puesto que es justo que ellos obren con plena libertad, porque todo lo que se quiera, o pretenda en contrario, será violentarlos, y aun cuando se consiguiese por el momento lo que se quiera, no tendría consistencia, porque nadie duda de todo lo que se hace por la fuerza o arrastrado de un influjo no puede tener duración siempre que sea contra el sentimiento general de los pueblos(...)

Saluda a usted con la consideración que acostumbra, su amigo afectísimo que besa su mano.

JUAN FACUNDO QUIROGA

Tucumán, enero 12 de 1832


Señor Don Juan Manuel de Rosas

Muy señor mío y amigo: tengo a la vista su favorecida de 13 del pasado que voy a contestar en cuatro palabras diciendo a usted que en balde se ha mortificado en explanar sus ideas y razones para convencerme que debo retrogradar en mi resolución, así que usted ha tenido bastante motivo para conocer, que no sé volver atrás en mis propósitos. Usted me dice que no pertenezco a mí mismo; pero yo quisiera que usted me diga a quién pertenecía Don Juan Manuel Rosas, y Don Estanislao López, cuando hicieron la guerra al Ejército sublevado a consecuencia de orden de la Convención Nacional y cuál la causa porqué dejaron las armas de la mano estando existente el motivo porque las empuñaron, y cuál la razón porque se me abandonó, y se me dejó solo en el campo del compromiso, y si era o no honroso a la República que si bien se ponen en la balanza de la justicia, nadie es responsable sino ustedes de cuanta sangre se ha vertido, y de tantas fortunas arruinadas; pero como nadie ve la paja en su ojo, no advierten que se contentaban con tranquilizar las provincias de Buenos Aires y Santa Fe, dejando al resto de las demás bajo el yugo de la opresión, y ahora sólo yo debo ser quien voy a causar perjuicios a la República con mi separación del mando, bien que no dejan de tener razón en parte, pues que por sí solos no arribarían al objeto que se proponen, si yo separado del mando quisiera desentenderme enteramente de trabajar por el bien del país, en que no cesaré, puesto que para ello ya no es preciso tener la lanza enristrada, y puede ser, sin ser milagro, que recién me haya colocado en una posición en que pueda ser útil al país en general como pronto lo veremos, explorada que sea a fondo la voluntad de las provincias en orden a la constitución de la República.

Páselo usted bien y mande a su afectísimo servidor y amigo que besa su mano.




Muerte


plaza de mayo
Los asesinos de Facundo Quiroga son juzgados, fusilados y expuestos en la actual Plaza de Mayo




Develan un misterio que data de 1834


Hallaron los restos del caudillo Facundo Quiroga

El ataúd estaba dentro de una pared del cementerio de La Recoleta, en posición vertical. Usaron un dispositivo electrónico para encontrarlo.

El misterio del paradero de los restos de Facundo Quiroga fue develado por un grupo de antropólogos, arqueólogos e historiadores, que encontró su ataúd dentro de una pared del cementerio porteño de La Recoleta, se anunció ayer oficialmente.

El ataúd fue descubierto mediante un dispositivo electrónico, en posición vertical, como indicaba la leyenda popular, empotrado en una pared de la bóveda familiar, bajo tierra, informó el Instituto Nacional de Investigaciones Históricas "Juan Manuel de Rosas", a cargo de este emprendimiento que comenzó en el 2004.

El organismo, que depende de la Presidencia de la Nación, señaló que el equipo, encabezado por el historiador Jorge Alfonsín, logró "resolver el misterio del inhallable ataúd y el paradero de los restos de Facundo Quiroga", el máximo caudillo y prócer riojano y figura descollante del movimiento federal.

El director de Relaciones Institucionales del Instituto, Eduardo Cattaneo, dijo ayer que "se sabía que el cadáver estaba en La Recoleta, a donde fue llevado, se cree, por pedido de Rosas".

"Al cuerpo de Facundo lo trajeron en la misma carreta en que murió, pero después se pierde el rastro, también desapareció la carreta y comenzaron a correr numerosas versiones", añadió.

Una de las más creíbles, dijo, es la que sostiene que "estuvo un tiempo en la iglesia de San José de Flores", y que "el cadáver se encontraba de pie y con una espada, para luchar contra la muerte".

"Se sabía que el cadáver había sido traído a La Recoleta y que estaba en la bóveda familiar", agregó Cattaneo, quien explicó que se lo había ocultado "presuntamente para preservarlo de enemigos, ya que había muchas amenazas de que lo iban a exhumar y quemar los restos".

Cuando el Instituto decidió emprender la investigación y búsqueda del cuerpo de Facundo, primero se realizó un trabajo bibliográfico, luego "se pidió permiso a la familia y se empezó a estudiar qué cadáveres había y su procedencia", siguió el funcionario.

La Comisión Nacional de Energía Atómica aportó al proyecto un aparato que funciona como un ecógrafo, que mide y registra los huecos a través de los muros.

Ese dispositivo detectó un hueco grande en una pared subterránea, detrás de tres catres con cajones, los que fueron retirados para hacer un agujero con una mecha gruesa que permitió ver algo metálico, que luego se comprobó que era un ataúd en forma vertical, como señalaba la leyenda que estaba el de Facundo.

"El ataúd fue encontrado en el 2004 y recientemente se pudo comprobar que el cuerpo era el de Facundo Quiroga y ahora hacemos el anuncio", precisó Cattaneo. El proyecto fue elaborado por el historiador Jorge Alfonsín, mientras el equipo de arqueólogos, antropólogos e historiadores fue dirigido por Juan Carlos Denovi, secretario general del Instituto, que preside Alberto Gelly Cantilo.

Quiroga nació en 1778, en la localidad de San Antonio, del departamento riojano de Los Llanos, y murió asesinado en 1834 en Barranca Yaco, Córdoba.

Según Cattaneo, el hallazgo de los restos también permitirá saber con precisión datos históricos, como las circunstancias de su muerte, que la historia oficial adjudica a una emboscada en Barranca Yaco, mientras viajaba en una carreta a Buenos Aires, a manos de sicarios de los hermanos Reynafé, comandados por Santos Pérez.

Una versión de la historia popular señala que "El Tigre" fue baleado mientras se encontraba en la cama con una de sus amantes, lo que no es descartado por historiadores del Instituto, quienes señalan que tras ese episodio pudo haber llegado herido a Barranca Yaco, y morir allí en la carreta mencionada.

Otra versión indica que Quiroga fue emboscado en Barranca Yaco, donde recibió un balazo en el ojo izquierdo que lo mató instantáneamente, y que como pago Santos Pérez fue designado por los hermanos Reynafé como intendente de la localidad serrana de Villa Tulumba, a pocos kilómetros del lugar de la emboscada.


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