Erszébet Báthory (también llamada Elízabeth) nació en 1560, dentro de las familias húngaras más poderosas y adineradas, poseía familiares en altos puestos jerárquicos, entre ellos su tío era el rey de Polonia. Se cuenta que a la edad de 4 a 5 años Erszébet sufría fuertes ataques de epilepsia o algún tipo de enfermedad neurológica. A los 11 años se comprometió con el conde Ferencz Nadasdy, quien le doblaba la edad. A los trece años se quedó embarazada de uno de sus sirvientes. El muchacho fue castrado y arrojado a los perros, e Isabel enviada a otro remoto castillo familiar para que pariera. Se hizo desaparecer al bebé. Más tarde, a los 15 años, se casó con su prometido que ya tenia 26 años y juntos se marcharon a vivir al castillo familiar de los Nadasdy, el Castillo Csejthe, situado en la cima de una colina por los Cárpatos.
El conde Ferencz era un guerrero, pasaba la mayor parte de su tiempo fuera del castillo y alejado de su esposa, combatiendo en numerosas guerras y empalando a sus enemigos, se lo conoció por el nombre de “Caballero Negro de Hungría”. Por estos tiempos Ferencz y Erzsébet intercambiaban información sobre las maneras más apropiadas de castigar a sus sirvientes, esto era normal entre los nobles de la época. Se dice que en la ausencia de su esposo, Erszébet tenia amantes, tanto hombres como mujeres y empezó a rodearse de gente dedicada a la brujería y rituales ocultistas. Erszébet empezaba a preocuparse por el paso del tiempo en su cuerpo, temía perder su belleza a medida que fuera envejeciendo, y gracias a la nueva gente con quien empezó a rodearse comenzó a apoderarse de su mente la creencia de que para conseguir ser siempre joven necesitaba bañarse en la sangre de jóvenes doncellas para así conseguir la belleza eterna.
Durante los primeros años de su matrimonio Erszébet tuvo 4 hijos, dos mujeres y un varón. En 1604, su esposo Ferencz Nadasady murió enfermo durante el tiempo en las batallas, dejando viuda a Erszébet de ya 44 años de edad, fue por esta época que se desataron las matanzas. Según cuentan, su primera víctima fue una joven sirvienta, quien mientras peinaba a su ama la joven dio un tirón involuntario a su pelo y Erszébet la abofeteó con gran fuerza, haciéndola sangrar. Cuando vió en su mano una mancha de sangre, creyó ver que esa área de piel se rejuvenecía respecto al resto de su mano. La condesa ordeno a sus sirvientes desnudar a la joven, cortarle el cuello y llenar una tina con su sangre, de la cual baño su piel y bebió.
De este modo surgió en Erszébet una obsesión por la sangre de mujeres jóvenes. Así, con ayuda de sus seguidores comenzó su búsqueda de víctimas para sus atroces fines, con su carruaje trataba de conseguirlas bajo la excusa de que les ofrecía trabajo en su castillo, donde luego las encadenaba, torturaba y mutilaba para conseguir una fuente continua de sangre joven.
La mayoría de las jóvenes tenían una edad de entre 11 y 26 años. Tras bañarse en la sangre ordenaba a sus sirvientas que le lamiesen la piel. Si las chicas no hacían ascos las recompensaba, pero si mostraban cualquier mueca de repugnancia, las torturaba hasta matarlas.
Los cuerpos de las víctimas comenzaron a enterrarse cerca del castillo y los restos de las chicas, los huesos, los aprovechaban los hechiceros para sus rituales. Cuando se hartaron de hacer excavaciones terminaron por tirar los cuerpos al campo esperando que las alimañas comieran la carne.
Pronto los habitantes del pueblo se percataron de que las jovencitas que iban a trabajar al castillo desaparecían y no volvía a vérselas. Cuando los campesinos veían el carruaje de la condesa ya sabían que Erszébet buscaba una nueva sirvienta que desaparecería como todas las demás. Tras once años viendo desaparecer jóvenes y escuchando profundos gritos que venían del castillo, los campesinos comenzaron a investigar por su cuenta y se encontraron con varios cuerpos sin vida de algunas de esas chicas en las inmediaciones del castillo. Los pueblerinos comenzaron a decir que el castillo estaba maldito y en él habitaban vampiros.
Se dice que una joven logró escapar y avisó a las autoridades sobre los crímenes que cometía la condesa en su castillo. El conde y primo de Erszébet, György Thurzo gobernador de la provincia, marchó con su hueste al castillo sin hallar oposición y encontraron pruebas de la masacre que había estado llevando a cado la condesa Erszébet Báthory. Los soldados encontraron cuerpos muertos de jóvenes mujeres, con agujeros de donde extraían la sangre, en la mazmorra había todavía muchas vivas, terriblemente torturadas. Encontraron una doncella de hierro (un instrumento de tortura medieval, que consistia en una jaula de forma humana llena de pinchos en su interior), que usaba para matar y conseguir la sangre de sus víctimas y bañarse en ella.
El total de víctimas que los sangrientos de rituales de Erszébet cobraron llegaban a más de 600 jóvenes. La condesa y sus seguidores fueron capturados. A estos segundos se los ejecutó, decapitándolos o quemándolos en la hoguera, pero como Erszébet era miembro de la nobleza la ley no permitía su ejecución. Por lo que fue encerrada en una mazmorra, la cual fue sellada de forma que no entrara siquiera la luz del sol, solo un pequeño orificio por donde le pasaban los alimentos.
En 1614, luego de 4 largos años de oscuridad, uno de sus carceleros vio a la condesa caída boca abajo sobre el suelo. Erszébet había muerto a los 54 años de edad.
Algunos historiadores piensas que esto es una leyenda, inventos de sus enemigos políticos para encontrar una excusa para deshacerse de ella. Pero hasta hoy no se sabe realmente la verdadera historia de Erzsébet Báthory, La Condesa Sangrienta
El conde Ferencz era un guerrero, pasaba la mayor parte de su tiempo fuera del castillo y alejado de su esposa, combatiendo en numerosas guerras y empalando a sus enemigos, se lo conoció por el nombre de “Caballero Negro de Hungría”. Por estos tiempos Ferencz y Erzsébet intercambiaban información sobre las maneras más apropiadas de castigar a sus sirvientes, esto era normal entre los nobles de la época. Se dice que en la ausencia de su esposo, Erszébet tenia amantes, tanto hombres como mujeres y empezó a rodearse de gente dedicada a la brujería y rituales ocultistas. Erszébet empezaba a preocuparse por el paso del tiempo en su cuerpo, temía perder su belleza a medida que fuera envejeciendo, y gracias a la nueva gente con quien empezó a rodearse comenzó a apoderarse de su mente la creencia de que para conseguir ser siempre joven necesitaba bañarse en la sangre de jóvenes doncellas para así conseguir la belleza eterna.
Durante los primeros años de su matrimonio Erszébet tuvo 4 hijos, dos mujeres y un varón. En 1604, su esposo Ferencz Nadasady murió enfermo durante el tiempo en las batallas, dejando viuda a Erszébet de ya 44 años de edad, fue por esta época que se desataron las matanzas. Según cuentan, su primera víctima fue una joven sirvienta, quien mientras peinaba a su ama la joven dio un tirón involuntario a su pelo y Erszébet la abofeteó con gran fuerza, haciéndola sangrar. Cuando vió en su mano una mancha de sangre, creyó ver que esa área de piel se rejuvenecía respecto al resto de su mano. La condesa ordeno a sus sirvientes desnudar a la joven, cortarle el cuello y llenar una tina con su sangre, de la cual baño su piel y bebió.
De este modo surgió en Erszébet una obsesión por la sangre de mujeres jóvenes. Así, con ayuda de sus seguidores comenzó su búsqueda de víctimas para sus atroces fines, con su carruaje trataba de conseguirlas bajo la excusa de que les ofrecía trabajo en su castillo, donde luego las encadenaba, torturaba y mutilaba para conseguir una fuente continua de sangre joven.
La mayoría de las jóvenes tenían una edad de entre 11 y 26 años. Tras bañarse en la sangre ordenaba a sus sirvientas que le lamiesen la piel. Si las chicas no hacían ascos las recompensaba, pero si mostraban cualquier mueca de repugnancia, las torturaba hasta matarlas.
Los cuerpos de las víctimas comenzaron a enterrarse cerca del castillo y los restos de las chicas, los huesos, los aprovechaban los hechiceros para sus rituales. Cuando se hartaron de hacer excavaciones terminaron por tirar los cuerpos al campo esperando que las alimañas comieran la carne.
Pronto los habitantes del pueblo se percataron de que las jovencitas que iban a trabajar al castillo desaparecían y no volvía a vérselas. Cuando los campesinos veían el carruaje de la condesa ya sabían que Erszébet buscaba una nueva sirvienta que desaparecería como todas las demás. Tras once años viendo desaparecer jóvenes y escuchando profundos gritos que venían del castillo, los campesinos comenzaron a investigar por su cuenta y se encontraron con varios cuerpos sin vida de algunas de esas chicas en las inmediaciones del castillo. Los pueblerinos comenzaron a decir que el castillo estaba maldito y en él habitaban vampiros.
Se dice que una joven logró escapar y avisó a las autoridades sobre los crímenes que cometía la condesa en su castillo. El conde y primo de Erszébet, György Thurzo gobernador de la provincia, marchó con su hueste al castillo sin hallar oposición y encontraron pruebas de la masacre que había estado llevando a cado la condesa Erszébet Báthory. Los soldados encontraron cuerpos muertos de jóvenes mujeres, con agujeros de donde extraían la sangre, en la mazmorra había todavía muchas vivas, terriblemente torturadas. Encontraron una doncella de hierro (un instrumento de tortura medieval, que consistia en una jaula de forma humana llena de pinchos en su interior), que usaba para matar y conseguir la sangre de sus víctimas y bañarse en ella.
El total de víctimas que los sangrientos de rituales de Erszébet cobraron llegaban a más de 600 jóvenes. La condesa y sus seguidores fueron capturados. A estos segundos se los ejecutó, decapitándolos o quemándolos en la hoguera, pero como Erszébet era miembro de la nobleza la ley no permitía su ejecución. Por lo que fue encerrada en una mazmorra, la cual fue sellada de forma que no entrara siquiera la luz del sol, solo un pequeño orificio por donde le pasaban los alimentos.
En 1614, luego de 4 largos años de oscuridad, uno de sus carceleros vio a la condesa caída boca abajo sobre el suelo. Erszébet había muerto a los 54 años de edad.
Algunos historiadores piensas que esto es una leyenda, inventos de sus enemigos políticos para encontrar una excusa para deshacerse de ella. Pero hasta hoy no se sabe realmente la verdadera historia de Erzsébet Báthory, La Condesa Sangrienta