El fenómeno fernet

EN ALZA. Con una producción que supera los 10 millones de litros
anuales, y detrás de la cerveza y el vino, el fernet es la bebida
alcohólica de mayor crecimiento.
Es la tercera bebida alcohólica del país. Vende 13 millones de
botellas por año. Una de cada tres, en Córdoba. Historia de un elixir
que llegó con los inmigrantes italianos y que hoy se exporta a América
Latina.
Alcohol, hierbas, agua y azúcar. Cuando en una farmacia de Milán,
Italia, el doctor Bernardino Branca acuñó la fórmula, jamás se le
hubiera ocurrido que la provincia argentina de Córdoba sería a la
postre el mayor consumidor mundial de su bebida: el fernet. Y aunque
tenga tonada, no es un cuento del Negro Álvarez, sino pura realidad: el
30 por ciento del fernet que se produce en la Argentina se bebe en la
provincia mediterránea.
Cordobesismos al margen, lo cierto es que las ventas no paran de
crecer. El año pasado se produjeron 11.150.775 de litros de fernet –2
millones más que en 2001–, y para este año se espera una producción de
casi 13 millones. Semejantes cifras ubican al elixir italiano en el
podio de las bebidas alcohólicas con mayor crecimiento de venta en el
país y como el tercer facturador en lo que a brebajes alcohólicos se
refiere. Según datos de la Cámara Argentina de Destiladores Licoristas
(del segundo trimestre de 2004), el fernet llevaba vendidos 27 millones
de pesos contra sólo 13 del rubro de aperitivos y vermouths.

El primer y segundo lugar de consumo alcohólico en la Argentina
está reservado para el vino y la cerveza. Mientras que de la rubia y
morocha espumosa se producen 12 millones de hectolitros anuales –según
datos de la Secretaría de Agricultura, Ganadería, Pesca y Alimentos de
la Nación-, el vino despachó 11 millones, de acuerdo al Instituto
Nacional de Vitivinicultura, después de haber perdido, a manos de la
cerveza, un 10 por cierto del mercado. Pero esa es otra batalla.
El fernet entró al país por el puerto de Buenos Aires. Los
inmigrantes italianos que desembarcaron a principios de siglo venían
con sueños para cumplir y una botella de la bebida lista para
descorchar. Ante el menor mareo en el barco, la mínima indigestión o
bien para “potabilizar” el agua criolla, los “tanos” acudían a su
botellita multipropósito. La fórmula de “Dino” Branca, que en 1845 se
vendía en un frasco con gotero, “vicino alla chiesa di S. Tomaso”
(vecino a la iglesia de San Tomás) cruzó el mar, se quedó y formó una
gran familia.
En las góndolas de los supermercados se pueden encontrar más de
veinte marcas diferentes con distintos niveles de precio y calidad.
Aunque ha recrudecido en el último tiempo, la batalla del fernet se
libra en tres franjas diferentes. Están los importados, como el Martini
que viene de Italia y, entre los nacionales, hay dos segmentos bien
diferenciados. En la franja denominada “premium” están Branca y
Cinzano, y luego aparece una decena de marcas de precios más bajos.
Los fernet premium se caracterizan por diversos componentes. Más
allá de la calidad y variedad de hierbas que pueden contener (entre 40
o más) también se conservan no menos de un año en toneles de roble.
Según Héctor Esteller, de Fratelli Branca de Argentina, esta guarda no
se hace con fines de añadirle tonos amaderados al fernet sino para
asentar la mezcla y microoxigenarla a través de los poros de la madera.
Marcas como Porta, Vittone, Capri o Lusera componen el pelotón de los
que se consiguen por precios que van entre 6 y los 8 pesos. Si bien
estos productos pueden tener algún tiempo de guarda, nunca llegan al
año como los premium.
A diferencia de la lógica de procesamiento de Branca, Patricio
Beato –de la empresa Porta–, explica que su fernet “tiene un paso por
roble donde termina de evolucionar con notas de chocolate y café que
redondean los sabores. Este proceso dura entre 6 meses y un año y no
tiene como principal objetivo la microoxigenación”. En fin, cada
maestro con su librito y cada empresa con su fórmula, ya sea de
producción como de estrategia de mercado.
Porta y Branca son los que más venden en estas tierras. Mientras
Porta asegura que tiene una participación en el mercado del 15 por
ciento, Branca se jacta de aportar 8 de los 11 millones de de litros
que se consumen a nivel nacional. Cinzano, en cambio, se respalda en
cifras de la consultora AC Nielsen que certifican una participación del
“4 por ciento sobre el mercado total de fernets a nivel país y el 10
por ciento sobre el mercado de fernet premium, que representa el 50 por
ciento del volumen total de mercado de fernet”.
Aquella bebida, que hace varias décadas estaba en la casa de los
abuelos italianos más cerca del botiquín que de la despensa, no sólo
superó las mesas familiares y de los bares, que lo tenían como uno de
sus principales aperitivos. Como componente de distintas combinaciones,
el fernet supo ganarse también un espacio en la barras de las discos
bajo nombres como “90210” o “Poncho Negro”. También en sus versiones
listas-para-tomar (alguna de las marcas más populares son Fernando y
Fernuco) el ex digestivo aspira a convertirse, por consumo y presencia
nocturna, en la nueva bebida nacional.
está reservado para el vino y la cerveza. Mientras que de la rubia y
morocha espumosa se producen 12 millones de hectolitros anuales –según
datos de la Secretaría de Agricultura, Ganadería, Pesca y Alimentos de
la Nación-, el vino despachó 11 millones, de acuerdo al Instituto
Nacional de Vitivinicultura, después de haber perdido, a manos de la
cerveza, un 10 por cierto del mercado. Pero esa es otra batalla.
El fernet entró al país por el puerto de Buenos Aires. Los
inmigrantes italianos que desembarcaron a principios de siglo venían
con sueños para cumplir y una botella de la bebida lista para
descorchar. Ante el menor mareo en el barco, la mínima indigestión o
bien para “potabilizar” el agua criolla, los “tanos” acudían a su
botellita multipropósito. La fórmula de “Dino” Branca, que en 1845 se
vendía en un frasco con gotero, “vicino alla chiesa di S. Tomaso”
(vecino a la iglesia de San Tomás) cruzó el mar, se quedó y formó una
gran familia.
En las góndolas de los supermercados se pueden encontrar más de
veinte marcas diferentes con distintos niveles de precio y calidad.
Aunque ha recrudecido en el último tiempo, la batalla del fernet se
libra en tres franjas diferentes. Están los importados, como el Martini
que viene de Italia y, entre los nacionales, hay dos segmentos bien
diferenciados. En la franja denominada “premium” están Branca y
Cinzano, y luego aparece una decena de marcas de precios más bajos.
Los fernet premium se caracterizan por diversos componentes. Más
allá de la calidad y variedad de hierbas que pueden contener (entre 40
o más) también se conservan no menos de un año en toneles de roble.
Según Héctor Esteller, de Fratelli Branca de Argentina, esta guarda no
se hace con fines de añadirle tonos amaderados al fernet sino para
asentar la mezcla y microoxigenarla a través de los poros de la madera.
Marcas como Porta, Vittone, Capri o Lusera componen el pelotón de los
que se consiguen por precios que van entre 6 y los 8 pesos. Si bien
estos productos pueden tener algún tiempo de guarda, nunca llegan al
año como los premium.
A diferencia de la lógica de procesamiento de Branca, Patricio
Beato –de la empresa Porta–, explica que su fernet “tiene un paso por
roble donde termina de evolucionar con notas de chocolate y café que
redondean los sabores. Este proceso dura entre 6 meses y un año y no
tiene como principal objetivo la microoxigenación”. En fin, cada
maestro con su librito y cada empresa con su fórmula, ya sea de
producción como de estrategia de mercado.
Porta y Branca son los que más venden en estas tierras. Mientras
Porta asegura que tiene una participación en el mercado del 15 por
ciento, Branca se jacta de aportar 8 de los 11 millones de de litros
que se consumen a nivel nacional. Cinzano, en cambio, se respalda en
cifras de la consultora AC Nielsen que certifican una participación del
“4 por ciento sobre el mercado total de fernets a nivel país y el 10
por ciento sobre el mercado de fernet premium, que representa el 50 por
ciento del volumen total de mercado de fernet”.
Aquella bebida, que hace varias décadas estaba en la casa de los
abuelos italianos más cerca del botiquín que de la despensa, no sólo
superó las mesas familiares y de los bares, que lo tenían como uno de
sus principales aperitivos. Como componente de distintas combinaciones,
el fernet supo ganarse también un espacio en la barras de las discos
bajo nombres como “90210” o “Poncho Negro”. También en sus versiones
listas-para-tomar (alguna de las marcas más populares son Fernando y
Fernuco) el ex digestivo aspira a convertirse, por consumo y presencia
nocturna, en la nueva bebida nacional.

Una empresa con historia
La espuma que levanta el fernet en nuestro país hizo que a
principios del año 1900 Fratelli Branca instalara una planta de
procesamiento en la Argentina. En ese entonces, las esencias venían
directamente de Milán. A partir de la Segunda Guerra Mundial, la
familia Branca decidió producir íntegramente su fernet en la Argentina.
Hoy, la empresa destina un 10 por ciento de su producción a la
exportación para el mercado latinoamericano, desde México hasta Tierra
del Fuego.
Club de fans
Que en la “Oración a Santa Quilmes” que circula con éxito por
internet, los fans de la cerveza incluyan en su prédica al fernet (“El
porrón de cada día, dánoslo hoy / perdona al fernet Capri así como
nosotros perdonamos a las gaseosas”) habla de una popularidad casi
parejas de las dos bebidas. Y puestos a enumerar pasiones argentinas,
al ya clásico vino marca Diego Armando Maradona se le suman un más
modesto fernet etiquetado con la cara del 10 que se subasta en la web y
el archi famoso helado sabor a fernet con Coca que hitea en la
heladería del cordobés José Peraquia.
La espuma que levanta el fernet en nuestro país hizo que a
principios del año 1900 Fratelli Branca instalara una planta de
procesamiento en la Argentina. En ese entonces, las esencias venían
directamente de Milán. A partir de la Segunda Guerra Mundial, la
familia Branca decidió producir íntegramente su fernet en la Argentina.
Hoy, la empresa destina un 10 por ciento de su producción a la
exportación para el mercado latinoamericano, desde México hasta Tierra
del Fuego.
Club de fans
Que en la “Oración a Santa Quilmes” que circula con éxito por
internet, los fans de la cerveza incluyan en su prédica al fernet (“El
porrón de cada día, dánoslo hoy / perdona al fernet Capri así como
nosotros perdonamos a las gaseosas”) habla de una popularidad casi
parejas de las dos bebidas. Y puestos a enumerar pasiones argentinas,
al ya clásico vino marca Diego Armando Maradona se le suman un más
modesto fernet etiquetado con la cara del 10 que se subasta en la web y
el archi famoso helado sabor a fernet con Coca que hitea en la
heladería del cordobés José Peraquia.