Una fecha para ocultar la revolución
La liturgia nacional nos enseña que el 25 de mayo se festeja la "libertad" y el 9 de julio, la "independencia". ¿Esquizofrenia? No, imposición. Por Fabián Harari. La liturgia nacional parece ser acreedora de un insólito atributo: poseer no una sino dos fechas que conmemoran el nacimiento de esa experiencia histórica llamada “Argentina”. Una, el 25 de mayo de 1810, donde nos enseñaron que se logró la “libertad”. Otra, el 9 de julio 1816, en la cual se habría logrado la “independencia”.
A primera vista, este hecho parece ser el producto de cierta “esquizofrenia”, o de la indefinición de los revolucionarios. Sin embargo, uno de estos dos hechos no tuvo, en realidad, significación alguna y es, más bien, una imposición.
En 1810, una fuerza social organizada política y militarmente, destituyó y apresó al primer mandatario (el virrey) y al máximo tribunal (la Audiencia). Declaró la guerra a las autoridades y mandó expropiarlas. En ese momento, casi un 80% de la población masculina activa estaba armada y presionó para que no hubiera ninguna solución de compromiso.
El día perduró en la memoria de todos sus protagonistas. Todas las autobiografías de los grandes próceres toman este suceso como hecho central en sus vidas. La población comprendió al momento lo que estaba pasando: desde el 25 de mayo de 1811 comenzaron a festejarse las fiestas mayas, celebraciones populares donde hombres y mujeres sin distinción salían a reivindicar su hazaña y a burlarse de los “mandones”. Los gobernantes no ocultaban su preocupación, pero poco podían hacer mientras la guerra obligara a sostener grandes movilizaciones.
El 9 de julio de 1816 es, por contraste, un hecho pacífico, estrictamente diplomático y sin grandes enfrentamientos: un conjunto de diputados se reúne en una casa en Tucumán con el objetivo de dictar una constitución. Su elección había sido digitada por los grupos que apoyaban a la burguesía porteña contra la federación artiguista (Banda Oriental, Santa Fe, Entre Ríos y Corrientes), cuyos representantes estuvieron ausentes.
Unos meses después de comenzar las sesiones, se decidió declarar la independencia. Como era de prever, ese congreso fue un fracaso. Su Constitución, la de 1819, fue rechazada y provocó un alzamiento contra las autoridades de Buenos Aires. A diferencia del 25 de mayo, el 9 de julio no despertó ningún festejo popular, ni permaneció en la memoria colectiva. De hecho, en mayo también se celebraba la independencia. ¿Cómo es entonces que julio logró colarse?
Culminada la guerra, pasado el momento de ascenso, la burguesía comienza a exigir orden. Es así que el 11 de junio de 1835, Juan Manuel de Rosas decretó que “en lo sucesivo, el día 9 de Julio será reputado como festivo de ambos preceptos, del mismo modo que el 25 de Mayo; y se celebrará en aquel misa solemne con Te Deum en acción de gracias al Ser Supremo, por los favores que nos ha dispensado en el sostén y defensa de nuestra Independencia política”.
Como la revolución no puede ser eliminada de la historia, la burguesía, una vez en el poder, pretendió limarle sus aristas más peligrosas, relativizando la centralidad de la insurrección y la violenta toma del poder, en pos de una reunión sin importancia y condenada al fracaso. Se ha conseguido así colocar esta asamblea a la altura del asalto al Estado. La Argentina no tiene dos fechas patrias porque los revolucionarios hayan hecho las cosas por la mitad, sino porque quienes se encargaron de diseñar las efemérides han intentado adocenar el pasado.
Investigador del CEICS
http://200.82.82.212/index.php?secc=nota&nid=7097&pagina=6&order_by=Comentario&sentido=DESC
La liturgia nacional nos enseña que el 25 de mayo se festeja la "libertad" y el 9 de julio, la "independencia". ¿Esquizofrenia? No, imposición. Por Fabián Harari. La liturgia nacional parece ser acreedora de un insólito atributo: poseer no una sino dos fechas que conmemoran el nacimiento de esa experiencia histórica llamada “Argentina”. Una, el 25 de mayo de 1810, donde nos enseñaron que se logró la “libertad”. Otra, el 9 de julio 1816, en la cual se habría logrado la “independencia”.
A primera vista, este hecho parece ser el producto de cierta “esquizofrenia”, o de la indefinición de los revolucionarios. Sin embargo, uno de estos dos hechos no tuvo, en realidad, significación alguna y es, más bien, una imposición.
En 1810, una fuerza social organizada política y militarmente, destituyó y apresó al primer mandatario (el virrey) y al máximo tribunal (la Audiencia). Declaró la guerra a las autoridades y mandó expropiarlas. En ese momento, casi un 80% de la población masculina activa estaba armada y presionó para que no hubiera ninguna solución de compromiso.
El día perduró en la memoria de todos sus protagonistas. Todas las autobiografías de los grandes próceres toman este suceso como hecho central en sus vidas. La población comprendió al momento lo que estaba pasando: desde el 25 de mayo de 1811 comenzaron a festejarse las fiestas mayas, celebraciones populares donde hombres y mujeres sin distinción salían a reivindicar su hazaña y a burlarse de los “mandones”. Los gobernantes no ocultaban su preocupación, pero poco podían hacer mientras la guerra obligara a sostener grandes movilizaciones.
El 9 de julio de 1816 es, por contraste, un hecho pacífico, estrictamente diplomático y sin grandes enfrentamientos: un conjunto de diputados se reúne en una casa en Tucumán con el objetivo de dictar una constitución. Su elección había sido digitada por los grupos que apoyaban a la burguesía porteña contra la federación artiguista (Banda Oriental, Santa Fe, Entre Ríos y Corrientes), cuyos representantes estuvieron ausentes.
Unos meses después de comenzar las sesiones, se decidió declarar la independencia. Como era de prever, ese congreso fue un fracaso. Su Constitución, la de 1819, fue rechazada y provocó un alzamiento contra las autoridades de Buenos Aires. A diferencia del 25 de mayo, el 9 de julio no despertó ningún festejo popular, ni permaneció en la memoria colectiva. De hecho, en mayo también se celebraba la independencia. ¿Cómo es entonces que julio logró colarse?
Culminada la guerra, pasado el momento de ascenso, la burguesía comienza a exigir orden. Es así que el 11 de junio de 1835, Juan Manuel de Rosas decretó que “en lo sucesivo, el día 9 de Julio será reputado como festivo de ambos preceptos, del mismo modo que el 25 de Mayo; y se celebrará en aquel misa solemne con Te Deum en acción de gracias al Ser Supremo, por los favores que nos ha dispensado en el sostén y defensa de nuestra Independencia política”.
Como la revolución no puede ser eliminada de la historia, la burguesía, una vez en el poder, pretendió limarle sus aristas más peligrosas, relativizando la centralidad de la insurrección y la violenta toma del poder, en pos de una reunión sin importancia y condenada al fracaso. Se ha conseguido así colocar esta asamblea a la altura del asalto al Estado. La Argentina no tiene dos fechas patrias porque los revolucionarios hayan hecho las cosas por la mitad, sino porque quienes se encargaron de diseñar las efemérides han intentado adocenar el pasado.
Investigador del CEICS
http://200.82.82.212/index.php?secc=nota&nid=7097&pagina=6&order_by=Comentario&sentido=DESC