LA HUELGA OLVIDADA
Comparada con la Semana Trágica de 1919, la huelga general encabezada por los trabajadores de la construcción en Buenos Aires, constituyó uno de los hechos de lucha callejera de masas más importantes y menos conocidos en la historia de la clase obrera argentina.
Por Marcelo J. Levy
La historia de la lucha de la clase obrera en Argentina está signada por luces y sombras. Sucesos recordados, aclamados y vanagloriados, luchas olvidadas y desdeñadas.
Nacía el año 1936. El presidente de facto Agustín P. Justo disfrutaba de sus vacaciones. La ciudad de Buenos Aires, simultáneamente, estaba protagonizando una de las huelgas generales más importantes de la historia del movimiento obrero.
Los trabajadores de la construcción permanecían en huelga desde fines de 1935 por aumento de salarios, reconocimiento del sindicato, descanso dominical, jornada de cuatro horas los sábados, abolición del trabajo a destajo, y responsabilidad empresaria en los accidentes de trabajo. Toda la clase obrera se sumó a la protesta llegando a una adhesión de más de sesenta mil trabajadores. La construcción quedó paralizada en la ciudad de Buenos Aires y alrededores, extendiéndose la huelga a todo el país e incluso a la ciudad de Montevideo, en la República Oriental del Uruguay.
Pero su rasgo más destacado, como en la Semana Trágica 1919, fue la lucha callejera. Los pocos tranvías y ómnibus que salieron ese día fueron volcados o incendiados. También los piquetes de los obreros accionaron para impedir la circulación de los trenes, quedando paralizado por completo el tránsito. Las fábricas fueron rodeadas. Los comerciantes obligados a cerrar sus negocios.
Los miles de manifestantes estaban conformados por mujeres, hombres y niños. Luego de varios choques y enfrentamientos armados con la policía, lograron controlar parte de la ciudad, sobre todo los barrios del norte, noroeste, oeste y sudoeste de Buenos Aires, desde la avenida Pueyrredón hacia el norte y oeste, desde el Río de la Plata hasta el Riachuelo. Principalmente, pero no sólo, en los barrios de Villa Urquiza, Villa Devoto, Villa del Parque, Paternal, Villa Mitre, Flores, Nueva Pompeya y Parque Patricios.
También hubo enfrentamientos en otros barrios, como La Boca, Villa Crespo, Parque Chacabuco, Flores, Mataderos y Liniers. Además la huelga general y la lucha en las calles se extendió a algunas localidades cercanas, como Vicente López, San Martín, Caseros, Ciudadela, Morón, Quilmes y Berazategui.
El gobierno de Justo respondió con una brutal represión encarcelando a centenares de obreros, clausurando los sindicatos y cerrando los comedores comunitarios, pero se siguió el enfrentamiento en las calles, en el barrio de Villa Urquiza. La policía tuvo que replegarse y atrincherarse en las comisarías, mientras tropas del ejército y la marina ocupaban posiciones en lugares considerados vitales, como el Departamento Central de Policía, el puerto y otros. Sólo en el sur de la Capital (Barracas, La Boca), donde la policía había tomado especiales precauciones, las manifestaciones obreras fueron rápidamente controladas.
Esta huelga general constituyó un hito en el ciclo de la historia de la clase obrera argentina, que comenzó en la década de 1930 y llegó hasta mediados de la década de 1970. Con este hecho volvió a emerger la clase obrera y se hizo presente en el escenario político, enfrentándose al gobierno, que intervino para impedir que pudiera llevar adelante la huelga general.
Podemos decir que la huelga general de masas del 7 y 8 de enero creó las condiciones para ocupar un lugar en la alianza política que se estaba gestando, pero, a la vez, en este hecho se expresó el enfrentamiento social contra el conjunto de los patrones, el gobierno del estado y, como tendencia, contra el sistema social mismo.
El historiador Nicolás Iñigo Carrera se preguntaba, casi irónicamente, ante estos acontecimientos: “¿Cómo explicar que un hecho de estas dimensiones haya sido borrado del recuerdo de la clase obrera y el pueblo argentinos? ¿Cómo es que esta huelga con elementos insurreccionales casi no figura en las historias de la clase obrera argentina?”
Responde de la siguiente manera: “No es extraño que la huelga de enero de 1936 haya sido ignorada por las historias oficiales y académicas, escritas desde la perspectiva de la clase dominante, que pretende siempre borrar aquellos hechos en que las clases oprimidas intentan modificar sus condiciones inmediatas de vida o construir una alternativa a su poder. Más llamativo es que las historias escritas desde la militancia obrera y popular también la hayan ignorado. Sea desde la perspectiva político ideológica que pretende negar la historia de la clase obrera anterior a 1945, sea desde las diversas perspectivas político ideológicas que tuvieron su momento de predominio antes de esa fecha, todos han coincidido en olvidar la huelga general de enero 1936. Y en todos los casos la negación del hecho está directamente ligada a una concepción que sólo registra de la realidad aquello que tiene vinculación con la propia posición y organización político ideológica. Los que dentro del movimiento obrero se oponían a lo que consideraban "acciones violentas" ignoraron el hecho y éste quedó borrado de su memoria; también hubo quienes, por haber perdido el control del sindicato de obreros de la construcción, negaron que el hecho se hubiera producido; para los que participaron activamente en él como militantes políticos o sindicales el hecho quedó registrado como un momento de "la gran huelga del sindicato de la construcción", limitando así a un ramo productivo y una organización de los intereses económico-profesionales, inmediatos, lo que fue un hecho que involucró al conjunto de la clase obrera y que afectó a la vida política del país.”
En realidad, como ocurre con las luces y sombras de la historia, los acontecimientos de comienzos de 1936 fueron borrados producto de intereses sectoriales que no quieren permitir la emulación de este tipo de ejemplos en la clase trabajadora. Sin embargo, y a pesar de los enemigos, que los hay y muchos, la resistencia y la lucha continúan hasta nuestros días.
Fuente
Saludos.
Comparada con la Semana Trágica de 1919, la huelga general encabezada por los trabajadores de la construcción en Buenos Aires, constituyó uno de los hechos de lucha callejera de masas más importantes y menos conocidos en la historia de la clase obrera argentina.
Por Marcelo J. Levy
La historia de la lucha de la clase obrera en Argentina está signada por luces y sombras. Sucesos recordados, aclamados y vanagloriados, luchas olvidadas y desdeñadas.
Nacía el año 1936. El presidente de facto Agustín P. Justo disfrutaba de sus vacaciones. La ciudad de Buenos Aires, simultáneamente, estaba protagonizando una de las huelgas generales más importantes de la historia del movimiento obrero.
Los trabajadores de la construcción permanecían en huelga desde fines de 1935 por aumento de salarios, reconocimiento del sindicato, descanso dominical, jornada de cuatro horas los sábados, abolición del trabajo a destajo, y responsabilidad empresaria en los accidentes de trabajo. Toda la clase obrera se sumó a la protesta llegando a una adhesión de más de sesenta mil trabajadores. La construcción quedó paralizada en la ciudad de Buenos Aires y alrededores, extendiéndose la huelga a todo el país e incluso a la ciudad de Montevideo, en la República Oriental del Uruguay.
Pero su rasgo más destacado, como en la Semana Trágica 1919, fue la lucha callejera. Los pocos tranvías y ómnibus que salieron ese día fueron volcados o incendiados. También los piquetes de los obreros accionaron para impedir la circulación de los trenes, quedando paralizado por completo el tránsito. Las fábricas fueron rodeadas. Los comerciantes obligados a cerrar sus negocios.
Los miles de manifestantes estaban conformados por mujeres, hombres y niños. Luego de varios choques y enfrentamientos armados con la policía, lograron controlar parte de la ciudad, sobre todo los barrios del norte, noroeste, oeste y sudoeste de Buenos Aires, desde la avenida Pueyrredón hacia el norte y oeste, desde el Río de la Plata hasta el Riachuelo. Principalmente, pero no sólo, en los barrios de Villa Urquiza, Villa Devoto, Villa del Parque, Paternal, Villa Mitre, Flores, Nueva Pompeya y Parque Patricios.
También hubo enfrentamientos en otros barrios, como La Boca, Villa Crespo, Parque Chacabuco, Flores, Mataderos y Liniers. Además la huelga general y la lucha en las calles se extendió a algunas localidades cercanas, como Vicente López, San Martín, Caseros, Ciudadela, Morón, Quilmes y Berazategui.
El gobierno de Justo respondió con una brutal represión encarcelando a centenares de obreros, clausurando los sindicatos y cerrando los comedores comunitarios, pero se siguió el enfrentamiento en las calles, en el barrio de Villa Urquiza. La policía tuvo que replegarse y atrincherarse en las comisarías, mientras tropas del ejército y la marina ocupaban posiciones en lugares considerados vitales, como el Departamento Central de Policía, el puerto y otros. Sólo en el sur de la Capital (Barracas, La Boca), donde la policía había tomado especiales precauciones, las manifestaciones obreras fueron rápidamente controladas.
Esta huelga general constituyó un hito en el ciclo de la historia de la clase obrera argentina, que comenzó en la década de 1930 y llegó hasta mediados de la década de 1970. Con este hecho volvió a emerger la clase obrera y se hizo presente en el escenario político, enfrentándose al gobierno, que intervino para impedir que pudiera llevar adelante la huelga general.
Podemos decir que la huelga general de masas del 7 y 8 de enero creó las condiciones para ocupar un lugar en la alianza política que se estaba gestando, pero, a la vez, en este hecho se expresó el enfrentamiento social contra el conjunto de los patrones, el gobierno del estado y, como tendencia, contra el sistema social mismo.
El historiador Nicolás Iñigo Carrera se preguntaba, casi irónicamente, ante estos acontecimientos: “¿Cómo explicar que un hecho de estas dimensiones haya sido borrado del recuerdo de la clase obrera y el pueblo argentinos? ¿Cómo es que esta huelga con elementos insurreccionales casi no figura en las historias de la clase obrera argentina?”
Responde de la siguiente manera: “No es extraño que la huelga de enero de 1936 haya sido ignorada por las historias oficiales y académicas, escritas desde la perspectiva de la clase dominante, que pretende siempre borrar aquellos hechos en que las clases oprimidas intentan modificar sus condiciones inmediatas de vida o construir una alternativa a su poder. Más llamativo es que las historias escritas desde la militancia obrera y popular también la hayan ignorado. Sea desde la perspectiva político ideológica que pretende negar la historia de la clase obrera anterior a 1945, sea desde las diversas perspectivas político ideológicas que tuvieron su momento de predominio antes de esa fecha, todos han coincidido en olvidar la huelga general de enero 1936. Y en todos los casos la negación del hecho está directamente ligada a una concepción que sólo registra de la realidad aquello que tiene vinculación con la propia posición y organización político ideológica. Los que dentro del movimiento obrero se oponían a lo que consideraban "acciones violentas" ignoraron el hecho y éste quedó borrado de su memoria; también hubo quienes, por haber perdido el control del sindicato de obreros de la construcción, negaron que el hecho se hubiera producido; para los que participaron activamente en él como militantes políticos o sindicales el hecho quedó registrado como un momento de "la gran huelga del sindicato de la construcción", limitando así a un ramo productivo y una organización de los intereses económico-profesionales, inmediatos, lo que fue un hecho que involucró al conjunto de la clase obrera y que afectó a la vida política del país.”
En realidad, como ocurre con las luces y sombras de la historia, los acontecimientos de comienzos de 1936 fueron borrados producto de intereses sectoriales que no quieren permitir la emulación de este tipo de ejemplos en la clase trabajadora. Sin embargo, y a pesar de los enemigos, que los hay y muchos, la resistencia y la lucha continúan hasta nuestros días.
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Saludos.