La Universidad Nacional de Quilmes (UNQ) entregó su máxima distinción a Osvaldo Bayer. El periodista, historiador, escritor y guionista cinematográfico recibió el jueves 18 de junio el título Doctor Honoris Causa de la UNQ en una ceremonia que comenzó a las 18 horas en el Salón Auditorio "Nicolás Casullo".
"Imaginen la emoción de estar acá, rodeado de tantos estudiantes - la clave de la vida, el porvenir -, docentes y no docentes que me han homenajeado de esta manera en esta casa de la sabiduría. Entonces uno se dice: valió la pena vivir. Quiero derivar este homenaje a grandes amigos que perdieron la vida: Rodolfo Walsh, Paco Urondo y Haroldo Conti. Ellos sí se merecían esta ceremonia porque dieron la vida por sus ideales", señaló Bayer cuando recibió el título.
También agregó: "Este hermoso título que me da la Universidad se lo dedico a los desconocidos que salieron a decir basta contra la ignominia y la injusticia. A ellos los encontré en los archivos policiales o en las protestas hechas por los obreros contra la persecución. Los que nunca se rindieron. Los que lucharon siempre contra el poder. Los rotos y perseguidos en esta Argentina de soles plenos y estelas de oro. Miremos sus rostros nuevamente, nombrémoslos. Ellos que jamás tendrán nombres de calles ni monumentos de bronce".
En un Salón Auditorio colmado por asistentes que aplaudieron de pie al escritor reiteradas veces, el Vicerrector de la UNQ - Dr. Mario Lozano - fue el encargado de entregar el título Doctor Honoris Causa: "Quiero agradecer a Osvaldo Bayer por el honor que significa para nuestra Universidad que reciba esta distinción y a los graduados por la iniciativa. El Prof. Bayer es un hombre que nos enseñó formas de hacer política, reivindicando los valores de los trabajadores. Osvaldo es uno de esos hombres imprescindibles que nos ha mostrado como crecer como sociedad".
Se trató de un homenaje que reconoció a Bayer como ilustre representante de la cultura argentina debido a su obra, que conjuga el compromiso social y político y constituye un aporte relevante al patrimonio cultural argentino e iberoamericano. Por otra parte, su trayectoria de vida, reconocida tanto a nivel nacional como internacional, se destaca por su participación activa y lucha por la defensa de los Derechos Humanos.
Egresados, estudiantes y personal administrativo de servicios también rindieron homenaje al escritor. Luciana Cáceres, estudiante de la Lic. en Comunicación Social, señaló: "esta mención nos permite agregar una pincelada más a esta Universidad que estudiantes, graduados, docentes y personal administrativo y de servicios deciden pintar de pueblo. Te agradecemos por ser el más comprometido y exacto escultor de la realidad. Te aplaudimos porque hoy no bastan las palabras para dibujar el alma humilde del intelectual que rompió las cadenas impuestas a las palabras".
La entrega de la distinción cerró una semana de homenaje a Bayer con encuentros sobre historia, periodismo y derechos humanos, organizados por la Agrupación María Claudia Falcone y el Colectivo de Alfabetización y Educación Popular "Caye Popular".
Su trayectoria
Osvaldo Bayer nació en Santa Fe en 1927. Estudió Historia en la Universidad de Hamburgo (Alemania) de 1952 a 1956. De vuelta en la Argentina se dedicó a la actividad periodística, a la investigación histórica y a la realización de guiones cinematográficos. Trabajó en los diarios Noticias Gráficas, en el patagónico Esquel y en Clarín, del cual fue secretario de redacción, y en diversas revistas. Fue Secretario General del Sindicato de Prensa de 1959 a 1962. Por el libro "La Patagonia Rebelde" y el film del mismo nombre fue perseguido y tuvo que abandonar el país en 1975. Vivió en el exilio, en Berlín, hasta su regreso a Buenos Aires, en 1983. Actualmente colabora en Página/12 y es docente de la Deustsche Stiftung fur Entwicklungspolitik, en Bad Honnef, Alemania.
Ha publicado los siguientes libros: "Severino Di Giovanni, el idealista de la violencia" (1970); "La Patagonia Rebelde" (Los vengadores de la Patagonia trágica, 1972-76, cuatro tomos); "Los anarquistas expropiadotes" (1974); "Radowitzky, ¿mártir o asesino" (1974); "La Rosales, una tragedia argentina" (1974); "Exilio" (1984, en colaboración con Juan Gelman).
Fue el guionista de los filmes "La Mafia" (1972); "La Patagonia Rebelde" (1974); "Todo es ausencia" (1983); "Cuarentena: exilio y regreso" (1984); y en coproducción: "Juan, como si nada hubiera pasado" (1986); "La amiga" (1989); "Amor América" (1989); "Elizabeth" (1990); "El vindicador" (1991) y "Panteón Militar" (1992);
Bayer ha recibido menciones y distinciones como el Primer premio de las Madres de Plaza de mayo; el título de Doctor Honoris Causa de las universidades nacionales de Salta, del Centro de la Provincia de Buenos Aires, de San Luis, del Comahue, de Córdoba, entre otras. También ha sido distinguido como ciudadano ilustre de las ciudades de Santa Fe y Buenos Aires.
Nota: tuve el honor de ser elegido para brindar un breve discurso por mi condicón de trabajador no docente de la UNQ. Lamentablemente estuve enfermo y no pude ser parte de esta celebración, pero transcribo el texto que fue leído por una compañera:
"Que a la historia la escriben los ganadores es plausible de pensar sólo por el hecho de pensar que los ganadores triunfan también en lo simbólico. Pero siempre hay otra historia, la de los perdedores, la de los olvidados, incluso la de los vencedores vencidos. Y a esta otra historia es a la que Osvaldo Bayer apunta a hacer presente con su trabajo: la historia del indio que reivindica a su pueblo marginado y asesinado matando a su matador, pero quedando como asesino; la historia del italiano luchador por un mundo mejor pero que llega a nuestros oídos como la historia del bandido más atroz que haya pisado nuestras tierras; la historia de un grupo de anarquistas que buscaban mejores condiciones de vida en una Patagonia hostil no solo por las inclemencias del clima, sino que también por terratenientes avaros que gozaban de los favores del gobierno de turno.
Osvaldo Bayer supo desde siempre que hay una realidad escondida bajo la realidad impuesta. Y con afán buscó y rebuscó en los archivos para contarla con lujo de detalles. Su necesidad -al menos desde mi humilde entender- estuvo siempre del lado de los necesitados, de los marginados, de los excluidos. Buscó el oro donde otros encontraban solo barro. Y encontró el oro y se lo regaló al mundo, aún a sabiendas que su producción intelectual le valdría dolores de cabeza, persecución y calabozo. Y se la bancó, y escribió y contó y gritó siempre que la historia puede ser distinta, que es distinta de acuerdo a como se mire. Que Simón Radowitsky mató a quién había matado a muchos trabajadores, que Severino Di Giovanni entendía las necesidades de la clase obrera mejor que muchos, que Arbolito cumplió con un deber moral para con su ranchada. Y, usando como ejemplo este último caso, siguió con su lucha para desterrar los nombres de Rauch y de Roca de todas las calles y pueblos de la Argentina; esta lucha le valió –entre muchas cosas- un par de meses de cárcel por decisión de un nieto de aquel Rauch asesino de indios en una cárcel de mujeres: este nieto de prusianos, tan ofendido y modosito, consideraba un oprobio cumplir una condena en una cárcel preparada para el género femenino. Una bajeza. Para la familia Rauch era una vergüenza el indio y las mujeres, pero no el matar para quedarse con tierras para unos pocos.
Mi misión esta tarde es homenajear a Bayer desde mi rol de trabajador. Y, como más de una vez el mismo Bayer lo ha comprobado y escrito, el trabajador generalmente es el postergado, el que queda afuera de la historia. El trabajador es el que hace lo que debe hacer, en un sistema que lo obliga a cumplir con una pequeña función que no será digna de pasar a la historia, porque no es más que una pieza de un engranaje fácilmente reemplazable. Y sin embargo, es el que hace historia todos los días: levanta casas, escuelas y hospitales; construye caminos; siembra, cosecha, pesca, manufactura. En el caso del personal administrativo y de servicios de una universidad como la nuestra, organiza, administra, diseña, escucha… Los trabajadores sabemos que es muy difícil que pasemos a la historia así porque así: Solo algunos tienen reservada esa gloria, gracias a su capacidad de lucha y su absoluto compromiso con la causa de los laburantes. Pienso, mientras escribo esto, en el gringo Tosco, actor principal de tantos escritos del propio Osvaldo. El gringo Tosco, otro vencedor vencido.
Para cerrar, bien vale una anécdota personal, aunque primero debería intentar armar el contexto necesario para que se entienda. Aparte de mi rol como no docente en esta casa de estudios, formo parte –como muchos saben- de una cooperativa de trabajo que gestiona una radio comunitaria, Radio Ahijúna. Cuando empezamos a soñar con esta radio, no nos habíamos conformado aun como cooperativa sino que éramos una asociación civil sin fines de lucro llamada “Comuneros”. Con mucho placer, Osvaldo Bayer fue nuestro presidente honorario por las mismas razones a las que hoy se le otorga el Honoris Causa. Los años pasaron, nació Radio Ahijúna, y un par de compañeros tuvieron el placer de pasar un par de días en la casa de Osvaldo en Alemania, en un viaje de capacitación. No hace mucho tiempo atrás, tuve la oportunidad de entrevistar a Norberto Galasso. No me da vergüenza decir que me moría de vergüenza (nunca mejor usada la redundancia) ya que soy un lector fanático de la historia y un tipo de esas características era algo fuerte para entrevistar. Salió todo bien. Mis compañeros de aire se reían y a uno de ellos se le ocurrió preguntarme, usando una metáfora futbolera “que jugador de fútbol sería Galasso?”. Lo pensé un ratito y dije “y… es un Tevez”. Pablo, mi compañero, redobló la apuesta y preguntó “¿y quién sería Maradona?” y ahí si respondí sin ninguna duda “el viejo Bayer”…
Agradezco a quienes pensaron en mí para dejar estas palabras en un momento tan importante para Osvaldo Bayer, como también agradezco a Ximena, quien hoy es mi portavoz. No pude estar presente debido a una enfermedad, pero quiero dejar claro que hoy no hay un solo homenajeado… yo también me siento homenajeado al brindar estas humildes palabras.
Felicitaciones"