Al fundamentar las condenas por la muerte de un niño, Facundito, alertaron por la impasibilidad del Estado ante el fenómeno.
En los fundamentos del fallo que condenó a un militar y a un policía, ambos retirados, por la muerte de un niño de 6 años en barrio Miralta, de la ciudad de Córdoba, se destacó el peligro que acecha a la población por el desmesurado crecimiento del negocio de la droga.
La sentencia, cuyos fundamentos se dieron a conocer ayer, fue dictada por la Cámara 3ª del Crimen, integrada con jurados populares, en la causa seguida en contra de Horacio Antonio Grasso (38), cabo de policía retirado, y Roberto Serviliano Moreno (50), sargento ayudante del Ejército, retirado,
Estos fueron condenados a 27 y a 23 años de prisión, respectivamente, en calidad de coautores de homicidio en ocasión de robo, agravado por el empleo de arma de fuego.
El crimen ocurrió el 26 de marzo de 2007, en horas de la mañana, cuando Grasso y Moreno, junto a un tercer sujeto no identificado, vestidos con uniformes de la policía, asaltaron en barrio Miralta, esquina Entre Ríos y Benjamín Fiel, el domicilio de una familia donde se vendía droga, apoderándose de 15 mil pesos.
Cuando se aprestaban a retirarse, apareció Luis Ignacio Antonio Fernández (25), de la familia asaltada, quien con un revólver calibre 22 les efectuó un disparo que no dio en el blanco.
En ese momento pasó por esa esquina un Renault 12 en el que viajaban Gregorio Avendaño, conductor, su pareja, Laura del Valle Cansinos, y el hijo de ésta, Facundo Agustín Novillo Cansinos (6), que iba arrodillado en el asiento trasero.
En respuesta al disparo Grasso efectuó cuatro disparos con un fusil FAL, en dirección a Fernández, sin alcanzarlo.
Pero, uno de los proyectiles atravesó la luneta trasera del Renault 12 y dio de lleno en la cabeza del niño, causándole la muerte en forma inmediata.
Las condenas dictadas hace 15 días y cuyos fundamentos se hicieron públicos ayer, fueron firmadas por los jueces Alejandro Weiss, Hernán Buteler y Mario Della Vedova.
Buteler destacó “la violencia desmedida empleada” en el robo así como también el hecho de que los asaltantes portaran un arma de fuego de grueso calibre y de guerra, “cuyo poder vulnerante es mucho mayor que el de un arma común”.
Recordó que el FAL “es un arma que no cualquiera puede obtener y cuyo efecto lesivo es superlativo, ya que el ingreso de un proyectil de esta envergadura en el cuerpo humano es devastador”.
Consideró también “el desprecio por la integridad corporal y la vida de los terceros inocentes, ajenos a lo que ocurría, ya que bien pudo haberse producido algún otro resultado, lesivo o mortal, teniendo en cuenta que fueron cuatro los disparos efectuados por el fusil que portaba Grasso. Y en el rodado mencionado viajaban además del menor fallecido su madre y su padrastro, los cuales de milagro permanecen con vida”.
Cuestión de drogas. Por su parte, el vocal Della Vedova destacó el asombro que causó en el Tribunal, jurados populares y público, las reiteradas referencias de los testigos a la comercialización de drogas en el sector donde ocurrió la tragedia. “Resultó llamativa para las partes, los miembros del Tribunal incluidos los jurados populares y el público que presenció las audiencias, la persistente mención de la droga en las declaraciones testimoniales escuchadas en el debate”, afirmó.
Y agregó: “Sorprendente, además para algunos, la soltura con que se hablaba de la comercialización de estupefacientes, indicándose con precisión los lugares donde ella se realizaba, es decir, los barrios de esta ciudad y dentro de cada uno las zonas donde ese tráfico ilegal se llevaba adelante”.
Agregó que los medios de comunicación y también algunos testigos “aludieron al apodo de “Colombia Lola” con que se designaba despectivamente a Colonia Lola. Me imagino el desánimo de los habitantes de ese barrio, y de algunos más, que trabajan honradamente y sienten el peso de coexistir con esa realidad desgarradora”.
Ayer y hoy. Añadió que las preguntas que quedaron flotando entonces “fueron varias: ¿Qué hacía el Estado, entendido como comunidad integralmente considerada y sin señalar a nadie en particular, mientras todo esto ocurría?. ¿Porqué todos sabían dónde se vendía droga y, sin embargo, ésta se seguía vendiendo con tanta facilidad?. ¿Cómo fue que llegamos a esto?”.
“Es sabido _indicó_ que el problema no se circunscribe a la ciudad de Córdoba. ¿Qué pasó, o dejó de pasar, para que nuestro país llegara a esta situación?. Hace años, Argentina se sentía al margen de este flagelo que, sin embargo, azotaba a diversas naciones, algunas altamente organizadas y supuestamente desarrolladas. De repente (en realidad: ¿fue de repente?) un buen día nos encontramos con que en nuestra patria ya no había sólo problemas aislados de consumo de drogas. El consumo creció en forma alarmante y la comercialización, y hasta su fabricación, se instalaron de manera sorprendente. Nuevamente, entonces: ¿Qué pasó, o dejó de pasar?”.
“Teóricos y prácticos”. Destacó luego, que “mientras los teóricos en forma académica discuten si es conveniente despenalizar determinado tipo de consumo o la tenencia para uso personal, los ‘prácticos’ se fueron dedicando a producir, transportar y comercializar la mortífera sustancia que cambió, entre otras cosas, el modo de vida de nuestra gente”.
“No hacen falta estadísticas _añadió_ para comprobar que la droga estimula la delincuencia en un doble sentido. El sujeto drogado, cuando delinque, es capaz de las mayores aberraciones. El que necesita drogarse y carece de medios para comprar ese veneno que lo estimula momentáneamente, pues muchas veces delinque para alcanzar su propósito, esto es, obtener dinero ilegalmente para adquirir sustancias ilegales. En el medio de todo están los ciudadanos ajenos a esta dependencia que son víctimas inocentes de esta suerte de fuego cruzado entre los que fabrican droga y la consumen. Así nos va, así nos está yendo ... ¿nos seguirá yendo igual?”.
“La respuesta la tenemos que buscar entre todos –agregó– pero rápidamente, pues los tiempos de los proveedores no son los mismos que los de las víctimas de esta nefasta situación. Sigamos teorizando, discutamos todo lo que haga falta, pero mientras tanto hagamos algo, mejor mucho y pronto, sabiendo además que el camino a recorrer es largo, mucho más largo que el que se divisaba hace décadas”.
“Una vez que la enfermedad se instala en un organismo los remedios no son iguales a los de la mera prevención... Y la enfermedad que en la presente causa, como tantas otras, se reveló de manera tan suelta, ya está instalada fuertemente entre nosotros, desgraciadamente. No es un fenómeno local y ni siquiera regional, pero si eso nos asusta habrá que admitir que somos mediocres, que no nos animamos a encarar el esfuerzo de asumir un desafío que se presenta difícil y, lo que es peor, que estamos presenciando algo muy parecido a un suicidio que, insólitamente, es colectivo.”
Que capos estos jueces , ¿viven en una botella de whisky importado los tipos estos???
En los fundamentos del fallo que condenó a un militar y a un policía, ambos retirados, por la muerte de un niño de 6 años en barrio Miralta, de la ciudad de Córdoba, se destacó el peligro que acecha a la población por el desmesurado crecimiento del negocio de la droga.
La sentencia, cuyos fundamentos se dieron a conocer ayer, fue dictada por la Cámara 3ª del Crimen, integrada con jurados populares, en la causa seguida en contra de Horacio Antonio Grasso (38), cabo de policía retirado, y Roberto Serviliano Moreno (50), sargento ayudante del Ejército, retirado,
Estos fueron condenados a 27 y a 23 años de prisión, respectivamente, en calidad de coautores de homicidio en ocasión de robo, agravado por el empleo de arma de fuego.
El crimen ocurrió el 26 de marzo de 2007, en horas de la mañana, cuando Grasso y Moreno, junto a un tercer sujeto no identificado, vestidos con uniformes de la policía, asaltaron en barrio Miralta, esquina Entre Ríos y Benjamín Fiel, el domicilio de una familia donde se vendía droga, apoderándose de 15 mil pesos.
Cuando se aprestaban a retirarse, apareció Luis Ignacio Antonio Fernández (25), de la familia asaltada, quien con un revólver calibre 22 les efectuó un disparo que no dio en el blanco.
En ese momento pasó por esa esquina un Renault 12 en el que viajaban Gregorio Avendaño, conductor, su pareja, Laura del Valle Cansinos, y el hijo de ésta, Facundo Agustín Novillo Cansinos (6), que iba arrodillado en el asiento trasero.
En respuesta al disparo Grasso efectuó cuatro disparos con un fusil FAL, en dirección a Fernández, sin alcanzarlo.
Pero, uno de los proyectiles atravesó la luneta trasera del Renault 12 y dio de lleno en la cabeza del niño, causándole la muerte en forma inmediata.
Las condenas dictadas hace 15 días y cuyos fundamentos se hicieron públicos ayer, fueron firmadas por los jueces Alejandro Weiss, Hernán Buteler y Mario Della Vedova.
Buteler destacó “la violencia desmedida empleada” en el robo así como también el hecho de que los asaltantes portaran un arma de fuego de grueso calibre y de guerra, “cuyo poder vulnerante es mucho mayor que el de un arma común”.
Recordó que el FAL “es un arma que no cualquiera puede obtener y cuyo efecto lesivo es superlativo, ya que el ingreso de un proyectil de esta envergadura en el cuerpo humano es devastador”.
Consideró también “el desprecio por la integridad corporal y la vida de los terceros inocentes, ajenos a lo que ocurría, ya que bien pudo haberse producido algún otro resultado, lesivo o mortal, teniendo en cuenta que fueron cuatro los disparos efectuados por el fusil que portaba Grasso. Y en el rodado mencionado viajaban además del menor fallecido su madre y su padrastro, los cuales de milagro permanecen con vida”.
Cuestión de drogas. Por su parte, el vocal Della Vedova destacó el asombro que causó en el Tribunal, jurados populares y público, las reiteradas referencias de los testigos a la comercialización de drogas en el sector donde ocurrió la tragedia. “Resultó llamativa para las partes, los miembros del Tribunal incluidos los jurados populares y el público que presenció las audiencias, la persistente mención de la droga en las declaraciones testimoniales escuchadas en el debate”, afirmó.
Y agregó: “Sorprendente, además para algunos, la soltura con que se hablaba de la comercialización de estupefacientes, indicándose con precisión los lugares donde ella se realizaba, es decir, los barrios de esta ciudad y dentro de cada uno las zonas donde ese tráfico ilegal se llevaba adelante”.
Agregó que los medios de comunicación y también algunos testigos “aludieron al apodo de “Colombia Lola” con que se designaba despectivamente a Colonia Lola. Me imagino el desánimo de los habitantes de ese barrio, y de algunos más, que trabajan honradamente y sienten el peso de coexistir con esa realidad desgarradora”.
Ayer y hoy. Añadió que las preguntas que quedaron flotando entonces “fueron varias: ¿Qué hacía el Estado, entendido como comunidad integralmente considerada y sin señalar a nadie en particular, mientras todo esto ocurría?. ¿Porqué todos sabían dónde se vendía droga y, sin embargo, ésta se seguía vendiendo con tanta facilidad?. ¿Cómo fue que llegamos a esto?”.
“Es sabido _indicó_ que el problema no se circunscribe a la ciudad de Córdoba. ¿Qué pasó, o dejó de pasar, para que nuestro país llegara a esta situación?. Hace años, Argentina se sentía al margen de este flagelo que, sin embargo, azotaba a diversas naciones, algunas altamente organizadas y supuestamente desarrolladas. De repente (en realidad: ¿fue de repente?) un buen día nos encontramos con que en nuestra patria ya no había sólo problemas aislados de consumo de drogas. El consumo creció en forma alarmante y la comercialización, y hasta su fabricación, se instalaron de manera sorprendente. Nuevamente, entonces: ¿Qué pasó, o dejó de pasar?”.
“Teóricos y prácticos”. Destacó luego, que “mientras los teóricos en forma académica discuten si es conveniente despenalizar determinado tipo de consumo o la tenencia para uso personal, los ‘prácticos’ se fueron dedicando a producir, transportar y comercializar la mortífera sustancia que cambió, entre otras cosas, el modo de vida de nuestra gente”.
“No hacen falta estadísticas _añadió_ para comprobar que la droga estimula la delincuencia en un doble sentido. El sujeto drogado, cuando delinque, es capaz de las mayores aberraciones. El que necesita drogarse y carece de medios para comprar ese veneno que lo estimula momentáneamente, pues muchas veces delinque para alcanzar su propósito, esto es, obtener dinero ilegalmente para adquirir sustancias ilegales. En el medio de todo están los ciudadanos ajenos a esta dependencia que son víctimas inocentes de esta suerte de fuego cruzado entre los que fabrican droga y la consumen. Así nos va, así nos está yendo ... ¿nos seguirá yendo igual?”.
“La respuesta la tenemos que buscar entre todos –agregó– pero rápidamente, pues los tiempos de los proveedores no son los mismos que los de las víctimas de esta nefasta situación. Sigamos teorizando, discutamos todo lo que haga falta, pero mientras tanto hagamos algo, mejor mucho y pronto, sabiendo además que el camino a recorrer es largo, mucho más largo que el que se divisaba hace décadas”.
“Una vez que la enfermedad se instala en un organismo los remedios no son iguales a los de la mera prevención... Y la enfermedad que en la presente causa, como tantas otras, se reveló de manera tan suelta, ya está instalada fuertemente entre nosotros, desgraciadamente. No es un fenómeno local y ni siquiera regional, pero si eso nos asusta habrá que admitir que somos mediocres, que no nos animamos a encarar el esfuerzo de asumir un desafío que se presenta difícil y, lo que es peor, que estamos presenciando algo muy parecido a un suicidio que, insólitamente, es colectivo.”
Que capos estos jueces , ¿viven en una botella de whisky importado los tipos estos???