
EL BULLYING
Un acoso insoportable
Un acoso insoportable
Dra. Adelfa Cohen Guinsburg (*) Derivaciones insospechadas (muchas veces grave) suele tener el hostigamiento que se hace a algún chico, particularmente en la escuela, por parte de sus pares. De ahí, la necesidad de no ser indiferentes y mostrarse, por el contrario, muy atentos para que este acoso no pase a mayores.
Hace 20 años el noruego Dan Olwens introdujo el término Bullying al observar la conducta de hostigamiento entre pares, niños y adolescentes, en la escuela.
Viene de "bull", toro en inglés, y podría traducirse como "torear".
Hoy se estudia el Bullying en cualquier situación donde un grupo de niños o adolescentes comparte varias horas.
Las características de este hostigamiento es que debe ser sistemático, repetido y sostenido en el tiempo, contra un miembro del grupo.
En general, intervienen, de alguna manera, todos los integrantes del grupo: el hostigado, los hostigadores y el resto como espectadores, en general pasivos, ya que si intervienen corren el riesgo de ser los próximos "buleados".
Este acoso puede ser:
1) Físico. Pegar, tirarle cosas, hacerle zancadillas, ensuciarlo, robarle útiles ante el festejo de los burladores. Se da más en los varones.
2) Verbal. Poner apodos, menospreciar, burlarse de algún defecto físico.
3) Por exclusión social. Hacer el vacío, no invitarlo, contar intimidades, no sentarse con él. Suele darse más entre las mujeres.
Ahora bien, ¿a quien consideramos las víctimas?
De alguna manera, a todos los involucrados.
El hostigado está en riesgo de padecer depresión, fobia escolar, ansiedad, trastornos del aprendizaje, cefalea, dolor abdominal, etc.
El hostigador presenta ansiedad, trastornos de conducta y baja autoestima.
El espectador se ve afectado ante lo que ve y sin posibilidad de frenarlo.
¿Cómo sospecharlo?
Generalmente, se actúa cuando los adultos responsables no ven o no están presentes: recreo, baño, internet, mensajes por celular.
Los padres deben alertarse si:
* No quieren asistir al colegio/escuela.
* Manifiesta cefalea o dolor abdominal, el domingo a la tarde.
* Se le ven asiduamente moretones.
* Muestra irritabilidad o cambios de carácter.
* Denota tristeza.
* Tiene insomnio.
* Pierde el dinero que le dan para los recreos.
Los docentes deben estar atentos a:
* Ausentismo frecuente de un alumno.
* Falta de integración al grupo.
* Descenso del rendimiento.
* Si habitualmente no tiene lista la tarea (cuando antes siempre la tenía).
La comunidad debe estar atenta ya que en los casos extremos puede llegarse al suicidio o a atacar gravemente al grupo (recordar el caso de Carmen de Patagones).
Los adultos no debemos permanecer indiferentes ante estas situaciones de "dominio/sumisión" ("son cosas de chicos","a los gorditos siempre los cargan", suele decirse), sino estar alertas e, inmediatamente, dar intervención al equipo psicopedagógico, si lo hubiere, a la familia y al pediatra.
En general, es el docente quien tiene más posibilidad de detectar estas actitudes.
¿Cómo afrontar la situación?
Según la doctora Flavia Sinigagliesi, neuropsicofarmacóloga, se debe:
* Detener la agresión inmediatamente.
* Citar a los padres del acosado y del acosador.
* Explicar a los padres que su intervención directa sería perjudicial.
* Fomentar la ayuda entre pares.
* Enseñar al hostigado tácticas de afrontamiento, habilidades sociales y de comunicación.
* Trabajar estableciendo el compromiso de todos y cada uno.
Dice el doctor Miguel A. García Coto, psiquiatra infantil: "una sociedad que acepta, en silencio, una relación hostigador-hostigado es una sociedad en riesgo muy grave".
Se debe estar atentos desde el jardín de infantes, ya que, aunque a esa edad no se puede sostener, en el tiempo, una conducta de hostigamiento, hay situaciones que, de no mediar la intervención del adulto, pueden en un futuro transformarse en Bullying.
Si el niño logra lo que quiere, usando la violencia contra un par sin que nadie lo corrija, aprende un modelo agresivo de éxito.
(*) Especialista jerarquizada en Pediatría, miembro del Comité de Adolescencia de la Sociedad Argentina de Pediatría, filial Bahía Blanca.
Actitudes opuestas
A. Los agresores
Los agresores suelen ser, en principio, chicos seguros de sí mismos, con un nivel de autoestima bastante alto y que intentan imponerse a algunos de sus compañeros.
Asumen el rol de líderes.
Generalmente, son imponentes físicamente (los varones), manipuladoras (las mujeres), con bajo rendimiento escolar.
Su temperamento es agresivo e impulsivo, con deficiencias en habilidades sociales para comunicar y negociar sus deseos.
Presentan falla de empatía y de sentimientos de culpabilidad.
Son o fueron hostigados en algún momento, ya sea en la escuela o fuera de ella.
"Hay uno que no tiene un mango; le decimos villero y, por ejemplo, si sale la play station 3 nos cag... de risa y decimos, `seguro que se compra la play 1'" (Pilar, 14 años).
"Reyna vino hace poco de Bolivia y es una villera" (Karen, 9 años. Vino de Bolivia hace 4 años).
B. Las víctimas
En general, son chicos débiles, inseguros, con baja autoestima y, fundamentalmente, incapaces de salir por sí mismos de la situación que padecen.
Tienen bajas habilidades sociales y suelen ser rechazados dentro del grupo.
No disponen de herramientas psicológicas y sociales para hacer frente a la situación.
Suelen ser chicos apegados a su familia, dependientes y sobreprotegidos por sus padres.
Las causas para que un alumno se convierta en víctima no tienen que ver con el hecho de que sea gordo o pelirrojo o extranjero o lleve anteojos.
Un cuento : Henry
Era su segundo día de clases.
Henry se sentó, en el primer banco del aula, al lado de la ventana, como le recomendó su madre.
La maestra entró en clase y los saludó.
"Hoy vamos a estudiar algunos animales. Comenzaremos con el burro, ese animal tan útil a la humanidad, fuerte, de largas orejas...".
"Como Henry...", la interrumpió una voz que salía de la parte de atrás del aula.
Muchos compañeros comenzaron a reir ruidosamente y miraban a Henry.
"¿Quién dijo eso..?", preguntó la maestra, aunque sabía bien quién lo había dicho.
"Fue Quique...", dijo una niña, señalando, a su lado, a un pequeño pecoso de ocho años.
"Niños, niños...", dijo Mily, con voz enérgica y poniendo cara de enojo... "No deben burlarse de los demás. Eso no está bien y no lo voy a permitir en mi aula".
Todos guardaron silencio, pero se oían algunas risitas.
Un rato después, una pelota de papel golpeó la cabeza de Tomás.
Al darse vuelta, no vio quién se la había lanzado y nuevamente algunos se reían de él.
Decidió no hacer caso a las burlas y continuó mirando las láminas de animales que mostraba Mily. Estaba muy triste, pero no lloró.
En el recreo, Henry abrió su mochila y comenzó a comerse un delicioso sandwich que su madre le había preparado.
Dos niños que estaban cerca le gritaron: "Orejón, oye orejón. No comas tanto que va a salirte una cola como el burro" y se echaron a reir.
Otros niños a su alrededor lo miraron y tocando su propias orejas, sonreían y murmuraban.
Henry entendió, por primera vez, que de verdad había nacido con sus orejas un poco más grandes.
"Como su abuelo Manuel", le había oído decir a su papá, una vez.
De pronto se escucharon gritos desde el aula de música, de la cual salía mucho humo.
Henry se acercó y vio a varios niños encerrados sin poder salir, pues algún compañero, travieso, había colocado un palo de escoba en la cerradura.
A través de los vidrios se podían ver los rostros de los pequeños llorando, gritando y muy asustados. Algo se quemaba adentro y las llamas creían.
Los maestros no se habían dado cuenta del peligro y ninguno de los niños se atrevía a hacer nada.
Henry, sin dudar un segundo, dejó su mochila y corrió hacia la puerta del salón y, a pesar del humo y del calor que salía, tomó la escoba que trababa la puerta y la sacó con fuerza.
Los niños salieron de prisa y todos se pusieron a salvo.
Henry se quedó com un héroe.
Todos elogiaron su valor.
Los compañeros que se habían burlado de él estaban apenados.
En su casa, Henry contó todo lo sucedido a su familia, por lo que todos estaban orgullosos de él.
Al día siguiente, ningún compañero se volvió a burlar.
Habían entendido que los defectos físicos eran sólo aparentes, pero, en cambio, el valor de Henry al salvar a sus compañeros eran más valiosos y dignos de admirar.
(Alvaro Jurado Nieto/Colombia)


Cómo los adolescentes utilizan internet y celulares para hostigar a compañeros de aula hasta límites antes impensados. El "ciberacoso" con el uso de la información electrónica.
Ciberacoso (ciber-acoso, acoso online) es el uso de información electrónica y medios de comunicación tales como e-mail, mensajería instantánea, mensajes de texto, blogs, teléfonos móviles, buscas, y websites difamatorios para acosar a un individuo o grupo, mediante ataques personales u otros medios, y puede constituir un crimen informático. El ciberacoso, es voluntarioso e implica un daño recurrente y repetitivo infligido a través del medio del texto electrónico. Según R.B. Standler el acoso pretende causar angustia emocional, preocupación, y no tiene propósito legítimo para la elección de comunicaciones. El ciberacoso puede ser tan simple como continuar mandando e-mails a alguien que ha dicho que no quiere permanecer en contacto con el remitente. El ciberacoso puede también incluir amenazas, connotaciones sexuales, etiquetas peyorativas.
El término ciberacoso fue usado por primera vez por el educador canadiense Bill Belsey, creador del sitio web www.bullying.org. Otros términos para ciberacoso son "acoso electrónico," "e-acoso," "acoso sms", "acoso móvil" "acoso online", "acoso digital" o "internet acoso".
Uno de los más conocidos sucesos de ciberacoso ocurrió cuando Eric Harris, uno de los asesinos en la masacre del instituto Columbine, subió un sitio web donde hablaba sobre asesinar a estudiantes del compañero, aunque las autoridades no actuaron en ese momento.
Otro ejemplo famoso fue el de Star Wars Kid, cuyos compañeros de clase subieron un video suyo a Kazaa en 2003 donde se lo veía posando como el personaje de Star Wars Darth Maul. El vídeo fue descargado masivamente y modificado causando una vergüenza intensa en el sujeto, resultando en tratamiento psicológico.
Historias
Cuentan que empezó como una broma, quizás un poco más festejada que otras. Pero la broma no tardó en convertirse en rutina entre los compañeros de aula, y más tarde en ataques directos contra su destinatario original: Matías (12), un adolescente con dificultades en el habla. Su mamá dice que comenzó a sospechar que algo pasaba con su hijo en la escuela, cuando de pronto éste ponía cualquier excusa para no ir. Sin embargo, recién lo supo varios meses después al encontrar en el celular del chico un aluvión de mensajes injuriantes. Su casilla de correo, que él mismo le mostró al confesarle el problema, también reflejaba las agresiones. La broma había trascendido la escuela hasta convertirse en una persecución incesante. Tras varios intentos por ponerle fin, los padres terminaron por cambiarlo de colegio.
Con todo, un cambio de colegio quizás sea una de las consecuencias menores del acoso escolar, un fenómeno que lleva a muchos adolescentes a profundas depresiones y hasta el suicidio. Y que si bien se registran en las escuelas, desde hace tiempo parece haber encontrado durante estos últimos años en las nuevas tecnologías un medio para saltar los límites del aula.
Psiquiatras y psicopedagogos lo conocen como "bullyng" (hostigamiento) y aseguran que es mucho más frecuente y serio de lo que los adultos suelen imaginar. "No son cosas de chicos -dicen-, es una persecución crónica que en algunos estudios vinculan al 50 por ciento de los suicidios adolescentes, y que la tecnología está tendiendo a facilitar". De hecho, esta nueva modalidad, ya tiene nombre propio entre los especialistas. Se la conoce como "cyberbullying" y es objeto de múltiples investigaciones y foros.
Fotos y videos injuriantes tomados con celulares y difundidos por internet, mails y mensajes de texto intimidatorios, blogs y fotologs donde se cuelgan agravios y fotos trucadas, son los recursos más frecuentes que detectan las escuelas en esta nueva forma de acoso escolar difícil de controlar porque excede su alcance.
"Hasta no hace mucho, el acoso terminaba fuera del colegio. Ahora con los celulares e internet no tiene límite. La inmediatez, la masividad y el anonimato que ofrecen estos recursos hacen posible que la situación de hostigamiento pueda durar las 24 horas y convertirse en un verdadero infierno para muchos adolescentes", explica Flavia Sinigagliesi, pediatra del Equipo Bullying Cero Argentina del Centro de Investigaciones del Desarrollo Psiconeurológico (Cidep).
"Los chicos que suelen ser objeto de acoso por parte de sus compañeros casi nunca lo dicen. La humillación que sienten refuerza el círculo de silencio y los aleja de la posibilidad de romper con él", dice la pediatra.
A esto se le suma que muchas veces tampoco los padres quieren admitir que su hijo es víctima de sus propios compañeros.
"La gente llama y pregunta pero no quiere dar su nombre y rara vez llegan a la consulta. Se lo vive en general como algo vergonzoso. Cuando les decimos a los padres que tenemos que hablar con el colegio para poder empezar a resolverlo, te piden por favor que no lo hagas porque temen que la situación se difunda", asegura la doctora Sinigagliesi.
CASOS EN ARGENTINA Y EN EL MUNDO
“Nosotros tuvimos nuestro episodio en Carmen de Patagones –subraya la pediatra Flavio Sinigagliesi, miembro del grupo Bullying Cero Argentina-. Siempre se habla de la patología de Junior pero nunca se habló de qué tipo de relación tenían sus compañeros con él”, comenta.
“No justifico lo que hizo pero a Junior le decían de todo. Si el bullying se da sobre chicos que ya vienen con problemas sociales, puede ocurrir que estos chicos no logren defenderse de un modo que no sea drástico: matando o matándose. El caso de Junior podría haberse prevenido si se hubiera intervenido antes”.
Tal vez, el caso más resonante, o el que dio el puntapié inicial al fenómeno sea del de Pantriste. En agosto de 2000, Javier Romero se cansó de que sus compañeros lo llamaran así y, a la salida del colegio –ubicado en Rafael Calzada- gritó “me voy a hacer respetar” y acto seguido disparó sobre dos de sus compañeros. Uno de ellos murió.
El punto apoteótico se dio en Estados Unidos en 1999 con la masacre de Columbine, perpetrada –según Srabstein- por chicos que habían sido sistemáticamente buleados.
LAS CIFRAS DE UN FENOMENO
1 de cada 3 adolescentes de entre 12 y 16 años se ve involucrado –como agresor o como víctima- en situaciones de abuso.
En Estados Unidos, el 40% de los niños y adolescentes estuvo vinculado a casos de bullying (como agresores o agredidos, o ambas cosas).
En España, lo padece un 25% y es más frecuente entre los niños de primaria. Y un 16% de los encuestados reconoce haber acosado a compañeros.
Afecta a niños de ambos sexos, aunque es algo más frecuente entre niños varones (27 % frente a 21%).
En el Reino Unido se calcula que anualmente un mínimo de 16 niños asediados por compañeros eligen suicidarse.
La manera de actuar y el estilo educativo de padres y educadores son primordiales tanto en la prevención como en la detección precoz y freno de dicho fenómeno.
En el momento en que se produzca cualquier situación de maltrato hay que actuar con rapidez y contundencia, siguiendo un plan prefijado que involucre a toda la comunidad educativa, incluidas las familias y otros agentes externos como trabajadores sociales, psicólogos.
Es necesario diseñar actividades dirigidas a la víctima, a los agresores, a los espectadores, con el grupo, con las familias y con la comunidad educativa.
Revista Veintitrés



Hice este post, para tomar conciencia, de algo que vemos todos los dias, como algo normal, que en realidad es un tema para tomar en serio. Es un aporte, ante tanta violencia no solo escolar sino en todos los ambitos de nuestras vidas.