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Milagro Sala , milagro u oportunismo politico...?

Info10/26/2009
Milagro Sala: una comandante K que controla más de $ 200 millones

SI...200 , DE LOS TUYOS DE LOS MIOS....DE LOS DE TODOS , NO LA ELIGIO NADIE, NO ES FUNCIONARIA , ES FUNCIONAL..., UNA MAS DE LOS TANTOS.

Hija de nadie, coya orgullosa, criada en los bajofondos de San Salvador de Jujuy, ex presidiaria, ex adicta, enferma crónica, fanática de los autos, tiradora profesional, madre de dos hijos, incansable e inabarcable, líder indiscutible de la organización popular Tupac Amaru, alias La Milagro, La Flaca o La Gobernanta. A los 46 años, en su cuerpito de menos de 50 kilos se concentra hoy el temor, la fascinación y la más increíble historia sobre la destrucción del Estado y sus consecuencias. Jujuy ya la conoce; ahora, el país.

Milagro Sala , milagro u oportunismo politico...?

¿Puede Milagro Sala, esa criatura frágil y agresiva, mal, manejar el destino de toda una provincia? Lo hace desde hace años, en buena medida gracias a la asistencia de los gobiernos de Néstor y Cristina Kirchner, pero también a su poder de conducción y a la ausencia de otros. Milagro Sala se ha convertido en la jefa de un país dentro de otro, la Jefa del País Tupac. Tiene un presupuesto de unos 200 millones de pesos al año, decide leyes o las elimina, expulsa funcionarios, administra su propia Justicia, da trabajo a miles de jujeños desesperados, manda a quemar edificios públicos, pero al mismo tiempo tiene el único tomógrafo disponible para pobres, construye barrios para miles, además de un parque acuático al estilo Disney para sus "cabecitas negras".
"¡Que me digan violenta! Pero más violencia es la de los políticos que no han hecho nada por los pobres!", se defiende La Milagro, mientras camina con los enviados de Clarín por "El cantri de los villeros", un barrio de 1.800 casas que construyó con fondos públicos en el Alto Comedero, a 15 kilómetros del centro de Jujuy. La visita al "cantri" fue el jueves por la mañana y La Milagro se mostró como siempre: en jean y remera, el pelo negro reseco y cortado como a cuchillo, acompañada por entre 20 y 30 hombres que la protegen, movilizada con los Fiat Adventure, esos que la identifican en Jujuy. "¿Y por qué los coyas no podemos tener autos buenos, eh?"El País Tupac ha comprado decenas de motos y al menos 40 autos para el círculo más cercano de la jefa. Uno de esos autos -patente ICR291, modelo 2009- le fue secuestrado a la mujer que el viernes 16 de octubre reivindicó la agresión al senador Gerardo Morales en el Consejo Profesional de Ciencias Económicas. La Milagro ha desmentido haber participado de ese ataque que le dio fama nacional (piedras, huevos, roturas de vidrios), pero nadie le cree, quizás por sus antecedentes. En la Justicia penal de San Salvador se acumulan, sin suerte, 24 causas contra La Milagro y su agrupación, por amenazas, atentado a la autoridad, daños y hasta privación ilegal de la libertad. "No va a pasar nada porque los jueces saben que no tienen apoyo para ir contra ella y la Policía no mueve un dedo", cuenta un magistrado. Es que ir contra ella tiene costos terribles.


Morales ha hablado en estos días de métodos mafiosos y aprietes. Los ejemplos: sus hombres han invadido cuatro veces la casa de una jueza que no quiso condenar a un policía por la muerte dudosa de un villero; han atacado el diario de un rival político; han entrado a al menos tres comisarías para liberar detenidos de su grupo; han quemado la entrada a la Casa de Gobierno y acampado 10 días en las oficinas de uno de los ministros, sin que nadie se atreviera luego a hacerle una demanda. Todo eso y mucho más en los últimos dos años.
El respaldo de los Kirchner es una de las claves del País Tupac. La Presidenta Cristina ha viajado a Jujuy desde Buenos Aires en abril de 2008, sólo para inaugurar una fábrica textil de Tupac Amaru. El gobernador Walter Barrionuevo, para no quedar tan descolgado, mandó a comprar ventanales de urgencia para poder simular la inauguración de una escuelita y llevar a Cristina a su acto. Pero no son sólo gestos. Desde el Ministerio de Obras Públicas le giran al País Tupac 11 millones de pesos al mes en subsidios para la construcción de viviendas. Desde el ministerio de Trabajo le giran 6 millones anuales para que las costureras de La Milagro les preparen 50 mil delantales al mes.
También les han enviado fondos y maquinarias para la creación de una fábrica de bloques de construcción, con los que La Milagro se ahorra buena parte de los costos de las viviendas. Y ni hablar de los planes directos de desempleo que le envía Alicia Kirchner -su amiga y madrina de casamiento- desde el ministerio de Acción Social: entre 35 mil y 80 mil al mes, según quién lo cuenta, de los cuales el País Tupac se queda entre 5 y 10 pesos por beneficiario en concepto de aporte social para la organización. Los fondos de La Milagro también se alimentan de la plata provincial. Ella y sus muchachos han interrumpido sesiones y han rodeado la Legislatura para impedir las inversiones mineras en la provincia. Pero también para que los diputados provinciales votaran una ley que le entrega el mantenimiento de los edificios públicos y escuelas a las cooperativas sociales. La Tupac tiene 8 de esas cooperativas y se encarga de la mayoría de los trabajos. Los hace bien, por cierto, y cobra a tiempo.
Entre lo que recaudan por construir casas (130 millones), reparar edificios, coser delantales, fabricar bloques de ladrillos, un porcentaje de los planes y otros ingresos, los fondos del País Tupac rondan los 200 millones de pesos al año, según cálculos hechos por sus propios hombres. Con eso se permiten comprar autos, mantener el tomógrafo de la clínica que armó en el centro y hasta adquirir, como ha hecho, mil entradas para ver a su querido Gimnasia de Jujuy, donde tiene su propia barra brava."Pedimos toda la plata que podemos, pero hacemos", dice La Milagro. Hasta sus enemigos le reconocen a la mujercita brava que trabaja como pocos. En el País Tupac alcanzan seis meses para construir 200 casas populares. A las constructoras privadas les lleva, el mismo trabajo, dos años o más.Si sus tácticas son criticadas desde afuera, su estilo de conducción interno genera verticalismo. El País Tupac está repleto de anécdotas que la muestran cacheteando a algún trabajador por vago o por no haberla saludado. Lo mismo ha hecho con algún chico que dejó el colegio -creó una escuela primaria y una secundaria- o a otro al que ha visto fumando paco en la calle del "cantri de los villeros".
Pero el asunto de las drogas es, en estas horas, de los más delicados en el País Tupac. Morales, en su informe del miércoles en el Senado, acusó a La Milagro de manejar la droga en la provincia. Ella, obvio, lo niega. La clave está en un personaje, Alberto "El Beto" Cardozo, señalado en público pero sin cargas judiciales, de conocer el negocio grande de la cocaína en los barrios marginales de Jujuy. Cardozo y La Milagro estuvieron enfrentados por años y varias veces resolvieron sus peleas a los tiros. Dos asistentes de ella están siendo investigados por haber matado accidentalmente a una chiquita de cinco años, durante un enfrentamiento a 9 milímetros con gente de Cardozo. Eso cambió y ella lo cuenta: "Hemos hecho un acuerdo y nos amigamos. Pero si es un narco, como dicen, no entiendo por qué los radicales y los peronistas lo van a buscar antes de cada elección para pedirle que junte votos", se defiende La Milagro, mientras camina por su barrio y muestra una sala médica con dos ambulancias recién compradas.
En diciembre, uno de sus asistentes tuvo un accidente en uno de los Fiat Adventure y se mató. La policía encontró cocaína en el auto. Y armas. "Lo del RENAR me da gracia. Que vayan y pregunten", se queja ella. Morales lo había denunciado en la semana: que ella tenía 300 armas registradas para su tropa. Cierto o no, todos saben que tiene permiso para portación. Y sobran las anécdotas que muestran a los compañeros de La Milagro con las armas entre el pantalón y la espalda. "En la marginalidad no podés andar descuidado", justifica un grandote que la quiere. La de Milagro Sala es una historia de miseria y desamparo. A los 15 años descubrió como una traición que era adoptada y que su madre la había dejado abandonada dentro de una caja de cartón frente a un hospital. Abandonó la casa de su crianza para lanzarse a las calles. Deambuló por años en lo más profundo de la sociedad, entre derrotados, buscavidas sin suerte, vendedores de droga, ladronzuelos y prostitutas. A los 18 cayó presa por entrar a un domicilio ajeno. Tras ocho meses de encierro empezó a dormir en un rinconcito de la sede de la Juventud Peronista y encontró su primer empleo, como portera de un edificio público. Allí comenzó a tejer relaciones en el gremio municipal. Pronto sería delegada de la Asociación de Trabajadores del Estado, donde empezaría a sufrir el proceso de ajuste de los 90, el de las pérdidas masivas de empleo.
El nuevo siglo, como a Luis D'Elía en La Matanza, como a Kosteki y Santillán en Avellaneda, la encontró entre piquetes, armando comedores y quemando llantas para conseguir subsidios. Era amiga de Carlos "El Perro" Santillán, con quien hoy sólo la une el desprecio mutuo.La Milagro no fue una piquetera más. Se metió en los barrios abandonados por la política tradicional, construyó escuelas donde no había, generó empleo, ahora casas y hasta una pileta de 150 metros de largo y 60 de ancho. Habla, como otros, de una lucha entre negros y blancos, aunque se ha casado con un blanco, "su blanquito", Raúl, periodista a quien muchos le atribuyen ser el intelecto detrás de la furia. Ese casamiento, hace tres años, trajo a un chamán de Perú y las felicitaciones de Alicia Kirchner, madrina a distancia.
Pero La Milagro ignora que su País no es el único. La mayoría de los jujeños, o muchos, no entran en su horizonte y la sufren y le temen. El jueves por la noche, tres mil de ellos se reunieron en la plaza principal de Jujuy. Allí están, a gritos y aplausos pidiendo paz, basta de violencia y aprietes. La lucha entre unos y otros de la que habla La Milagro, suena en la plaza como el lamento del Jujeñito, la canción que rebota en los parlantes y todos corean, Ay Jujuy, Ay Jujuy.
Frente a la multitud se destaca, iluminada, la Casa de Gobierno. No es misterio que allí, en el silencio de ese gobierno y de los que pasaron, en la desaparición del Estado y su reemplazo por los desencuentros, es donde todo lo demás se hizo posible. El País Tupac es lo que ha quedado


SAN SALVADOR DE JUJUY.- Una garita de seguridad y un cartel anuncian la frontera de sus dominios: "Bienvenidos al cantri de los villeros". Milagro Sala sale desde el fondo de una casa llena de planos. Todo lo que la rodea está concentrado ahí, como el diagrama de una fortaleza: 1800 viviendas para 10.000 habitantes, una fábrica de bloques, caños y adoquines, un taller textil, otro metalúrgico, un hospital, un estadio de fútbol, dos escuelas con un plan de estudios especial y un supermercado propio. Todo tiene el mismo nombre: Tupac Amaru. En un mes, abrirá un parque acuático, con una pileta de 120 metros de largo. Se dedicará después por el siguiente objetivo: un shopping.

Milagro estira su cuerpo diminuto y esmirriado, y se infla de palabras ansiosas por detallar las obras. Cuando termina, sale a la calle y levanta la vista sobre el cerro, donde las casas parecen perderse en el horizonte. Habla como si se confesara: "Este es todo mi poder".



Pero la líder social más influyente de Jujuy sabe que no es cierto. Barrios como el Tupac Amaru se repiten a escala en otra decena de localidades jujeñas. Tiene más de una veintena de propiedades, incluido un museo y varios locales en el centro. Su organización suma 70.000 adherentes: más del 10 por ciento de la población de la provincia depende sólo de ella. Y controla una de las facciones de la barra brava de Gimnasia y Esgrima de Jujuy, bautizada, en su honor, "La banda de la Flaca". La misma que oficia como su custodia y que suele manejar una flota de Fiat Idea que pertenecen a la organización.

Aquí la aman o le temen, y prefieren ni hablar de ella. Algo que empezó a hacerse imposible desde hace diez días, cuando gente de su organización agredió al senador radical Gerardo Morales y el nombre de "Milagrito", como la llaman unos y otros, saltó al primer plano de la política nacional.

Recibe del gobierno nacional 5000 bolsones de comida por mes, que llegan directamente a las sedes de su grupo, sin pasar por dependencias provinciales o municipales. Según las planillas oficiales del Ministerio de Planificación, sólo en lo que va de 2009 ya recibió casi 100 millones de pesos para el funcionamiento de sus cooperativas de viviendas.

Acumuló tanto poder que logró montar una suerte de estado paralelo. Al que se le atribuye, incluso, la capacidad de modificar decisiones oficiales y legislativas. Y que tiene varios integrantes investigados en la justicia penal jujeña por supuestos episodios violentos, tenencia de drogas y uso de armas (ver aparte).

Pero Milagro llega hasta el llanto para desmentir esas denuncias. "¡Cómo voy a tener armas o drogas! ¡Quieren mostrar a Jujuy como Colombia!", se enojó, sentada en un bar, frente a la sede central de Tupac Amaru, en una charla con LA NACION. Después hizo silencio. Se tapó la cara. Empezó a llorar.



Terminó ordenándole a uno de sus hombres que fuera a buscar algo. Seguía llorando: "Te van a traer la única arma que tengo". Al rato, su gente apareció con un viejo pistolón, enmarcado como un cuadro. Dijo que se lo había regalado el sindicalista Germán Abdala, dos años antes de morir. "Es lo único que tengo. Si tuviera el culo sucio no hablaría así. Me están condenando sin conocerme."

También negó tener influencia alguna sobre la policía provincial, como suele denunciar la oposición jujeña. Usó una sola frase, insistentemente: "¡Es mentira!". Sí, aceptó ser la jefa de "La banda de la Flaca", que ostenta poder en la hinchada del Lobo jujeño, y que hasta hace un año mantenía un violento enfrentamiento con "Los Marginados", liderados por Alberto Cardozo, aliado del ex intendente capitalino José Luis Martiarena.



Milagro empezó a usar en la política a sus hombres del fútbol. La oposición jujeña se encarga de revisar archivos en cada aparición pública. En los últimos cuatro años, Tupac Amaru lideró tomas de la Legislatura, encabezó ocupaciones en la Casa de Gobierno (el episodio más conocido fue en 2007, cuando su agrupación quemó parte del Salón de la Bandera) y avanzó sobre municipios y concejos deliberantes del interior. La mayoría de las veces logró imponerse. Suele justificar sus embates en público: "Nunca voy a cagar a mis compañeros. Lo que hago es por la necesidad de ellos".

Algo es cierto: muchos seguidores le tienen devoción. Los contactos con el poder le permiten a Milagro ser efectiva. Da respuesta en cuestión de horas a necesidades que a cualquier gobierno le costaría meses atender.




"Si el Estado fuera eficiente, nosotros no existiríamos", se ufanó. Su estructura de poder funciona como un estricto sistema de relojería, sobre la base de la disciplina y de sometimientos.

Todos sus emprendimientos son cooperativas. Cada integrante cobra entre 900 y 2000 pesos. Con las viviendas, gana plata. El Estado les paga como si las construyeran en seis meses, pero las terminan en cinco. La organización se guarda la diferencia y paga otros gastos. También ahorra en materiales. En el taller metalúrgico, hacen puertas, columnas y ventanas. En el textil, 142 personas por turno fabrican 50.000 delantales por mes para el Gobierno (que financió máquinas con planes Manos a la Obra).

Disciplina férrea
El grupo fue acrecentando su estructura: en el barrio tiene dos ambulancias, sillones odontológicos y laboratorios de análisis clínicos. En la sede central, sumó un tomógrafo. En Jujuy, hay sólo dos. Tupac Amaru tiene ocho militantes estudiando medicina en Cuba. Y aunque en la municipalidad se quejan de que sus edificios no tienen planos aprobados, Milagro usó sus contactos y logró que el Ministerio de Salud habilitara sus consultorios.

La disciplina interna también es implacable. LA NACION lo comprobó en la última marcha de la agrupación, el miércoles. A las 9, decenas de personas corrían al lugar del encuentro. Aunque la marcha estaba programada para las 12, los líderes de Tupac Amaru ya tomaban lista. Los manifestantes sabían que, si no llegaban a tiempo, a fin de mes no les iban a pagar.

A las 11, una mujer sollozaba dentro del grupo. Su hija todavía no había llegado: tenía miedo de que volvieran a amenazarla con quitarle la casa que le habían dado. Mientras tanto, un dirigente indígena también sollozaba, pero por lo contrario: repetía que Milagro le había dado una pensión que el Estado jamás le había podido conseguir.








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