El cáncer
Quizás sea una de las palabras más utilizada y que más asusta cuando se habla de salud y de su reverso, la enfermedad. Cáncer es el término y se emplea para un grupo de enfermedades que tienen un denominador común: la transformación de la célula normal en otra que se comporta de forma muy peligrosa para el cuerpo humano.
Células normales y células cancerosas
La célula es el elemento más simple, dotado de vida propia, que forma los tejidos organizados. Está compuesta por una masa rodeada de protoplasma que contiene un núcleo.
Una pared celular rodea la célula y la separa de su ambiente. Dentro del núcleo está el ADN, que contiene la información que programa la vida celular.
El hombre está compuesto de millones de células.
La célula se divide y al hacerlo sus estructuras se dividen también en otras exactamente iguales a las anteriores, con los mismos componentes y funciones que la originaria.
Las células normales crecen a un ritmo limitado y permanecen dentro de sus zonas correspondientes. Las células musculares se forman y crecen en los músculos y no en los huesos; las de los riñones no crecen en los pulmones, etc.
Estas funciones y este ritmo de crecimiento viene determinado por el ADN. Algunas células tienen menos tiempo de vida que otras, como por ejemplo las células del intestino que tienen un período de vida de dos semanas, mientras que los hematíes viven durante unos tres meses.
Otras células van a vivir el tiempo que viva la persona y sólo se dividen para sustituirse a sí mismas, éste sería el caso de las células óseas que actúan cuando hay que reparar una fractura.
La vida de cada grupo de células es distinta y funcionará según se lo dicte su ADN que es distinto para cada tipo de célula. Cada célula está bien diferenciada.
La sangre aporta el oxígeno y los nutrientes necesarios para la vida celular y recoge los productos de deshecho producidos por las células y los transporta a los órganos de filtrado y limpieza (riñones, hígado, pulmones).
La linfa es un líquido incoloro que se compone, en su gran mayoría, por linfocitos, un tipo de glóbulos blancos, y que recorre todo el organismo a través de vasos linfáticos.
El sistema inmunológico se encarga de la defensa del cuerpo a través de los leucocitos que buscan y destruyen a las bacterias y virus.
Los leucocitos viajan por la sangre y por la linfa y se acumulan en aquellos lugares donde hay infección para rodear y matar a las bacterias o virus y, más tarde, emigran por medio de los vasos linfáticos a los ganglios linfáticos.
Los ganglios linfáticos son como racimos de uvas situados en distintas partes del organismo.
Cada ganglio recibe los linfocitos y es en ellos donde se filtran y destruyen las bacterias, los desechos y los propios linfocitos desgastados.
Cuando se produce alguna infección, los ganglios linfáticos se pueden inflamar. Si la infección se produce en un diente, se inflamarán los del cuello. Si la infección es en una mano, estarán aumentados los de la axila correspondiente. Los ganglios también pueden estar inflamados cuando hay un tumor.
La célula normal pasa a convertirse en una célula cancerosa debido a un cambio o mutación en el ADN. A veces esas células, cuya carga genética ha cambiado, mueren o son eliminadas en los ganglios linfáticos. Pero, otras veces, siguen con vida y se reproducen.
Las células cancerosas tienen un aspecto diferente, bien porque su forma ha cambiado o porque contengan núcleos más grandes o más pequeños.
Estas células son incapaces de realizar las funciones que corresponden a las células pertenecientes a ese tejido.
Generalmente se multiplican muy rápidamente, porque les falta un mecanismo de control del crecimiento.
Con frecuencia, son inmaduras debido a que se multiplican de una forma muy rápida y no tienen tiempo suficiente para crecer plenamente antes de dividirse.
Al formarse un gran número de células cancerosas, se amontonan, presionan o bloquean a otros órganos y les impiden realizar su trabajo.
Como no se limitan al espacio originario donde se forman, y se extienden a otras zonas, se dicen que son invasivas.
Tienden a emigrar a otros lugares, a través de la sangre o de la linfa. Las células que se encargan de la defensa del organismo suelen destruirlas, así separadas, pero si sobreviven pueden producir un nuevo crecimiento en un lugar diferente, metástasis, y dañar a otros órganos.
Tratamientos
La cirugía es el método más empleado para aquellos tumores pequeños y localizados en un lugar concreto. Para que sea completamente eficaz se precisa extirpar parte del tejido que rodea el tumor para asegurar así que todas las células cancerosas han sido extirpadas.
Si el cáncer se ha extendido a otras zonas, a través de la sangre o de la linfa, habrá que realizar otros tratamientos, bien sean añadidos a la cirugía o únicos y distintos a ella.
La radioterapia utiliza partículas de alta energía capaces de penetrar al cuerpo. A través de una máquina, llamada acelerador lineal, se genera y dirigen esas partículas hacia el lugar concreto donde se tengan que aplicar. Las demás zonas del cuerpo se protegen para no recibir la radiación.
La radioterapia utiliza partículas similares a los rayos X, que se utilizan para hacer una radiografía normal, lo que ocurre es que en éstas últimas, la cantidad suministrada es muy pequeña.
Las células cancerosas son especialmente sensibles a la radiación.
El patólogo es quien decide la zona exacta donde suministrar los rayos. La zona exacta del tumor se habrá localizado a través de pruebas diagnósticas como radiografías, biopsias, etc.
La radioterapia puede utilizarse como tratamiento único en aquellos casos en que los tumores sean especialmente sensibles a la radiación y no haya señales de que se haya extendido hacia ningún otro lugar.
Puede emplearse como tratamiento supletorio a la cirugía, para aplicarlo previamente a ésta, y disminuir así el tamaño del tumor y que sea más fácil su extirpación.
El tratamiento conjunto de radioterapia y quimioterapia se utiliza también con frecuencia. A veces, el empleo de quimioterapia antes de la radioterapia hace a las células cancerosas más sensibles a la radiación. Otras se emplea la radioterapia después de la quimioterapia para asegurar la eliminación de todas las células cancerosas.
El paciente tendrá que ir, de forma ambulatoria, a la clínica u hospital donde le administren la radioterapia. La duración de cada sesión son unos veinte minutos. El enfermo estará solo en una sala aislada para que las radiaciones no se propaguen. Las zonas donde se tiene que aplicar la radioterapia estarán marcadas y las demás se protegerán de la radiación. Después de la sesión, el paciente podrá marcharse a su casa.La quimioterapia consiste en el empleo de medicinas para tratar el cáncer. Son medicamentos cuya función es eliminar, dañar o retrasar el crecimiento de las células cancerosas.
El principal problema que produce este tratamiento viene derivado de que las células cancerosas no son agentes o cuerpos extraños al organismo sino que son parecidas a las células que las rodean. Esto hace que los fármacos, que actúan sobre todo contra las células del cáncer, tengan también efectos sobre las células normales.
La quimioterapia actúa sobre las células que se dividen con gran rapidez, que es lo que suelen hacer las cancerosas. Pero también existen otras células, que no son cancerosas y que también se dividen de forma rápida.
Algunos medicamentos quimioterápicos actúan interrumpiendo la fase donde la célula cancerosa se divide y esto hace que el tiempo de crecimiento sea mayor y que la célula muera.
Otros medicamentos intervienen en todas las fases de la célula. Como las células cancerosas son más frágiles que las normales, resultan más afectadas que las normales, por lo que la acción de los medicamentos recae sobre todo en ellas.
Otros fármacos cambian las condiciones externas del organismo para que les sean desfavorables a esas células. Éste sería el caso de las hormonas que pueden bloquear la acción de determinadas sustancias y con ello no favorecer el crecimiento de las células malignas.
En los últimos años, se están empleando combinaciones de quimioterápicos porque se ha comprobado que su acción conjunta es más eficaz para destruir el cáncer.
Se suelen combinar medicamentos anticancerígenos con modos de acción distintos y capacidad para producir efectos diferentes.
Hay tratamientos que contienen un medicamento que interviene en una fase de la célula, otro que interviene en otra fase y una hormona que cambia las condiciones externas a las células.
Estas combinaciones pretenden ser más eficaces sobre las células cancerosas y menos dañinas para las células normales.
Los medicamentos quimioterápicos pueden administrarse de diferentes formas: a través de un comprimido por vía oral; mediante un suero o inyección intravenosa; por inyección intramuscular o mediante una inyección a través de una punción en la médula ósea.
Efectos secundarios de la quimioterapia:
Cualquier medicamento puede producir efectos secundarios no deseables debido a su acción sobre el organismo.
Los medicamentos quimioterápicos al actuar sobre células que se dividen con frecuencia, las células cancerosas lo hacen, también pueden actuar sobre aquellas células normales que también se dividen con frecuencia. Estas células son por ejemplo, las células de la médula ósea (donde se fabrican las células sanguíneas) y las membranas mucosas del conducto gastrointestinal. Los folículos pilosos también se dividen con frecuencia y son sensibles a algunos medicamentos de quimioterapia.
Por este motivo, algunos de estos fármacos producen náuseas, vómitos, diarrea, llagas en la boca. Otros dan lugar a una pérdida temporal del cabello. La médula queda temporalmente perjudicada en su función de producir células sanguíneas. Por esto es más fácil que se produzcan infecciones, pues el número de leucocitos es inferior, o que se produzca cansancio o anemia, ya que el número de hematíes también puede disminuir.
Al ser medicamentos muy fuertes, los efectos secundarios también lo son. Debido a sus efectos secundarios, la quimioterapia se administra en forma de ciclos, durante un período de tiempo se administran los medicamentos y seguidamente se deja un período de descanso.
Este período de descanso se utiliza para que se produzca una recuperación hematológica ya que, como hemos dicho antes, estos medicamentos producen efectos sobre las células cancerosas y sobre otras, que no lo son.
Los efectos secundarios dependerán del tipo de medicamento que se administre, de la duración del tratamiento y del estado general del paciente.
Estos efectos son limitados y temporales.
Existen medicamentos que atenúan los efectos secundarios de la quimioterapia, como podrían ser los antieméticos que disminuyen o hacen desaparecer la sensación de náuseas.
Junto a la quimioterapia, se administran esos medicamentos para disminuir o anular, en la medida de lo posible, muchos de estos efectos secundarios.
El trasplante de médula ósea se realiza cuando se ha producido un daño en la médula ósea que le impida realizar las funciones que, antes de la quimioterapia, estaba realizando. Estas funciones consisten en la formación de las células sanguíneas, papel fundamental para la vida humana.
La quimioterapia se administra para destruir las células cancerosas pero, al mismo tiempo, puede dañar la médula ósea y otros órganos. Por esto generalmente no se suelen utilizar dosis muy elevadas.
Cuando el cáncer no desaparece con una dosis moderada de quimioterapia y se requiere, para la curación, administrar otra mucho mayor, junto con el empleo en ocasiones de radioterapia, será necesario realizar un trasplante de médula ósea porque ésta va a ser destruida por la quimioterapia.
A la administración de quimioterapia previa al trasplante, se le denomina acondicionamiento.
Con este trasplante se administra células madre que son productoras de las células que forman la sangre.
Las células madre se pueden conseguir directamente de la médula ósea o de la sangre periférica.
Si se extraen de la médula, habrá que realizar múltiples aspiraciones en los huesos de la cadera (crestas iliacas) bajo anestesia general.
En la médula ósea existe una célula madre por cada 2.000 células, para conseguir un número suficiente de células madre hay que extraer casi un litro de médula, por este motivo hay que realizar múltiples pinchazos y el paciente tiene que estar anestesiado.
Otro método consiste en emplear citoquinas, que son una especie de "hormonas de la médula ósea" que hacen salir las células madre a la sangre periférica y son recogidas con unos separadores celulares mediante un procedimiento denominado aféresis o leucoféresis, a través de una máquina similar a la de diálisis.
Una vez extraídas, se colocan en una bolsa de transfusión para administrarlas por vía intravenosa al paciente compatible o bien se congela a -200º C, en el caso de trasplante autólogo.
Cuando la médula se introduce en el interior del torrente sanguíneo a través de un catéter central, estas células madre se dirigen hacia las cavidades de los huesos donde implantan, maduran y se multiplican. Así el paciente puede producir de nuevo células sanguíneas sanas.
En ocasiones, este procedimiento supone la única posibilidad de curación para algunos pacientes con leucemia u otras enfermedades como aplasia medular, mieloma múltiple, linfoma maligno, talasemia mayor, etc. ...
Existen dos tipos de trasplante de células madre, el alogénico y el autológico.
Se habla de trasplante alogénico cuando las células que se trasplantan, sean de médula ósea o de sangre periférica, son de un donante, familiar o no, cuyo tipo tisular es casi idéntico al del paciente.
El trasplante autólogo consiste en obtener médula ósea del propio paciente, mientras la enfermedad está en remisión, para mantenerla congelada y realizar el trasplante después de aplicarle al paciente una dosis alta de quimioterapia.
Este tipo de trasplante se realiza cuando no existe un posible donante o se considera que el riesgo es muy elevado con el trasplante alogénico, por el posible rechazo que pueda sufrir el paciente.
Si no tiene un hermano gemelo, las posibilidades de conseguir un donante compatible no son superiores al 35%.
El trasplante autólogo tiene menos riesgos que el alogénico al no existir el rechazo. Sin embargo, hay mayor índice de recidivas porque es posible que al extraer la médula del propio paciente quede alguna célula cancerosa que produzca después del trasplante que la enfermedad reaparezca.
Una vez que se ha realizado el trasplante, la médula tarda en reconstituirse unas 3-4 semanas. Durante este período, denominado aplasia, el paciente no posee un número de células sanguíneas suficiente como para mantenerse con vida. Debido a esto, el riesgo de sufrir infecciones o hemorragias es elevado, por lo que debe permanecer en el hospital, para recibir transfusiones, antibióticos o tratamientos para estimular el crecimiento de los granulocitos.
El cáncer de mama

El cáncer de mama consiste en un crecimiento anormal y desordenado de las células de éste tejido.
La mama está formada por una serie de glándulas mamarias, que producen leche tras el parto, y a las que se les denomina lóbulos y lobulillos.
Los lóbulos se encuentran conectados entre sí por unos tubos, conductos mamarios, que son los que conducen la leche al pezón, durante la lactancia, para alimentar al bebé.
Las glándulas (o lóbulos) y los conductos mamarios están inmersos en el tejido adiposo y en el tejido conjuntivo, que, junto con el tejido linfático, forman el seno.
A modo de muro de contención, actúa el músculo pectoral que se encuentra entre las costillas y la mama. La piel recubre y protege toda la estructura mamaria.
El sistema linfático está formado por recipientes y vasos o conductos que contienen y conducen la linfa, que es un líquido incoloro formado por glóbulos blancos, en su mayoría linfocitos. Estas células reconocen cualquier sustancia extraña al organismo y liberan otras sustancias que destruyen al agente agresor.
El Cáncer de pulmón

Las células son las unidades de vida más pequeñas del cuerpo humano. Una de sus funciones es reproducirse y morirse cuando ya no son útiles. Este proceso es muy ordenado, en el tiempo y en el espacio, de tal forma que permite que exista siempre el número adecuado de células para cada etapa de la vida.Cuando esta multiplicación de células se produce de manera descontrolada, se forman masas anormales. A estas masas se les denomina tumores.
Puede haber tumores benignos y malignos. Los tumores benignos son aquellos que no se propagan a otras zonas y que no comprometen la vida de la persona.
Los tumores malignos suelen extenderse a otras partes del cuerpo y causan daño a los tejidos y a los órganos corporales pudiendo incluso provocar la muerte de la persona.
Las células malignas pueden moverse a través de la linfa o de la sangre y llegar a cualquier parte del cuerpo provocando un segundo tumor, que se denomina metastásico, porque no es el que se originó primero.
El cáncer de pulmón consiste en un crecimiento anormal de las células del pulmón. La enfermedad se produce habitualmente en las paredes internas de los bronquios, y al crecer puede obstruir el paso del aire y alterar la respiración. Por este motivo, produce generalmente falta de aire, ahogo y fatiga.
Existen dos tipos principales de cáncer de pulmón: el cáncer de células pequeñas o microcítico y el cáncer de células no pequeñas (no microcítico o broncogénico).
El cáncer de vejiga

El cáncer de vejiga se produce cuando se desarrollan células malignas en el revestimiento de este órgano.
La orina pasa de los riñones a la vejiga a través de los uréteres que tienen forma de tubo.
La vejiga es una estructura circular musculosa que se abre para dejar paso a la orina. Va adaptando su tamaño a medida que se incrementa el volumen de orina y cuando se llena, envía señales nerviosas al cerebro que transmite la necesidad de orinar.
El cáncer de vejiga es más frecuente en el hombre que en la mujer, como tres veces más. Lo que refleja su estrecha relación con el tabaquismo.
En los últimos años, se ha visto un aumento del número de casos en las mujeres españolas, un fenómeno que se debe principalmente al incremento de las mujeres fumadoras y la incorporación de ésta al mundo laboral e industrial.
Es el segundo en frecuencia entre los cánceres urogenitales, siendo el primero el cáncer de próstata en varones. En la mujer ocupa el primer lugar.
El cáncer de vejiga representa el 2% de todos los cánceres. Es más frecuente en los países industrializados.
Cáncer de piel

El cáncer de piel es una enfermedad producida por el desarrollo de células cancerosas en cualquiera de las capas de la piel.
Existen dos tipos: el tipo no melanoma y el melanoma.
El cáncer de tipo no melanoma es el más frecuente y se denomina no melanoma porque se forma a partir de otras células de la piel que no son las que acumulan el pigmento (los melanocitos). Dentro de este tipo se encuentran todos los cánceres de piel menos el melanoma maligno que es menos frecuente y más maligno y que se explica más adelante.
El cáncer de piel se da más en las personas de piel blanca y que han pasado mucho tiempo expuestas a los rayos solares, sobre todo cuando la exposición solar tuvo lugar durante la infancia y se produjeron numerosas quemaduras solares. Aunque puede aparecer en cualquier parte de la piel, es más frecuente que se presente en la cara, cuello, manos y brazos.
Este cáncer es uno de los más frecuentes de todos los tipos de cáncer, y se calcula que se diagnostican dos millones de casos nuevos al año en el mundo.
En los últimos años, la incidencia del melanoma maligno ha aumentado espectacularmente, se ha multiplicado por 3,3 en varones y por 2,5 en mujeres, en los últimos veinte años en España. A pesar de esto, representa menos del 3% de todos los tumores y las campañas de diagnóstico precoz han permitido que la mortalidad se reduzca un 30% desde los años setenta.
Se puede reconocer por un cambio en el aspecto de la piel, como una herida que no sana o una pequeña protuberancia. También puede aparecer una mancha roja, áspera o escamosa con tendencia a crecer.
Ante cualquier cambio o anormalidad de la piel, hay que acudir al médico. Éste puede extraer una muestra y analizarla (biopsia) para comprobar si es un tumor maligno o no.
Cancer de próstata

Se trata de un tumor maligno que se desarrolla en la glándula prostática. Consiste en un crecimiento descontrolado de las células prostáticas. Esto hace, entre otras cosas, que la próstata, por su situación, presione sobre la vejiga y la uretra impidiendo la salida normal de la orina.
La mayoría de los tumores cancerosos prostáticos crecen muy lentamente, aunque algunos lo hacen de forma rápida, incluso pueden propagarse.
La próstata es un órgano glandular, del tamaño de una nuez, presente en los hombres y situada alrededor del cuello vesical y parte de la uretra, por delante del recto. Secreta un líquido, blanquecino y viscoso, que se mezcla con el esperma en el momento de la eyaculación.
Existen vasos linfáticos que rodean la próstata y que desembocan en los ganglios linfáticos pélvicos.
Cuando aparece un cáncer en la próstata, existe la posibilidad de que las células cancerosas se diseminen a través de los vasos linfáticos y que afecten a los ganglios y de ahí a cualquier zona del cuerpo.
Cáncer de colon
El cáncer colo-rectal consiste en el crecimiento descontrolado de células anormales en esa parte del intestino. Estas células pueden invadir y destruir el tejido que se encuentra a su alrededor. Si penetran en el torrente sanguíneo o linfático, pueden extenderse a cualquier parte del organismo y producir daños en otros órganos. A este proceso de expansión se le denomina metástasis.
El colon y el recto forman parte del sistema digestivo. El colon es la primera sección de intestino grueso. En él se siguen absorbiendo nutrientes y agua de los alimentos que han sido ingeridos, como ocurre en el intestino delgado, y sirve de contenedor para el material de desecho. Este material va avanzando hasta el recto, última parte del intestino grueso, hasta que es expulsado al exterior a través del ano.l colon se divide en cuatro segmentos: ascendente, transverso, descendente y sigmoide. El recto se une al colon sigmoide.
Tanto el colon como el recto están formados por varias capas de tejido. Según estén afectadas una u otra capa, así será el pronóstico del cáncer.
El cáncer que comienza en el colon, se denomina cáncer de colon y el que comienza en el recto, cáncer de recto.
Según esté afectada una parte u otra, los síntomas serán distintos y las pruebas diagnósticas serán distintas y más eficaces para detectar el cáncer según la zona donde aparezca.
Se piensa que el cáncer de colon evoluciona lentamente antes de ser diagnosticado como tal. Antes de que se desarrolle un cáncer suelen aparecer lesiones en el intestino que se denominan displasias o pólipos adenomatosos.
Algunos tipos de pólipos no son cancerosos, pero el hecho de haber tenido aumenta la probabilidad de tener, en un futuro, cáncer en esa zona del intestino.
El cáncer de colon es la segunda causa de muerte por cáncer, después del cáncer de pulmón en el hombre y de el de mama, en la mujer. Entre un 22% y un 36% de los casos, se presenta la enfermedad avanzada y, en estos casos, el índice de supervivencia ronda a cero.
En nuestro país se producen 11.000 nuevos casos por año. La mortalidad inducida por este cáncer es de 10 muertes por cada 100.000 habitantes y año, con tendencia al aumento.
El cáncer de colon ha ido aumentando su frecuencia en los países desarrollados. Representa en conjunto el 15% de los tumores diagnosticados en el hombre.
La tasa de supervivencia a cinco años es del 90% en aquellas personas que han tenido una detección temprana del cáncer. Pero sólo son detectados un 37% de estos cánceres en un estadio temprano.
Si el cáncer se ha diseminado a órganos o ganglios linfáticos cercanos, la tasa de supervivencia disminuye a un 65%. Y si se ha extendido a órganos distantes, la tasa a cinco años es de un 8%.
Tumores ginecológicos

Los ovarios son dos y están en la pelvis, uno a cada lado del útero. Tienen la forma y tamaño de una almendra, y producen tanto óvulos como hormonas femeninas (estrógenos y progesterona) que se encargan de dar forma y rasgos femeninos al cuerpo y de regular la menstruación y el embarazo entre otras cosas. El cáncer de ovario representa el 4% de los tumores que afectan a la mujer.
Los quistes en el ovario son tumores benignos que suelen desaparecer de manera espontánea. En el caso de que persistan o crezcan, el médico puede extirparlos. Hay tres tipos fundamentales de tumores malignos; los que se forman en la superficie del ovario se denominan carcinoma epitelial y son los más comunes. También, pero de manera mucho menos frecuente, se pueden dar casos de cáncer en las células que producen los óvulos y en los tejidos que rodean al ovario.
Las metástasis más comunes en el cáncer de ovario se dan en el peritoneo, que es la bolsa que recubre a los intestinos. En estos casos se produce ascitis (acumulación de líquidos en el abdomen), mientras que si llegan al sistema sanguíneo o al linfático, las células cancerígenas pueden viajar por todo el cuerpo, lo que aumentan las posibilidades de metástasis en otras partes del cuerpo.
El cuello del útero, también llamado cervix, une la vagina con la cavidad del útero que está recubierto por el endometrio. El cáncer de cérvix también es conocido como carcinoma escamoso ya que las células que recubren su superficie son planas y muy delgadas, como si fuesen escamas.
Los científicos creen que no todas las células anormales que aparecen en el cérvix son cancerígenas, aunque sí es recomendable llevar a cabo chequeos regulares, porque éste puede ser el primer paso hacia el cáncer. A veces se trata de lesiones intraepiteliales formadas por tejido anormal que aparece sólo en la superficie del cervix. Suelen aparecer sobre todo en mujeres de 25 a 35 años y a veces desaparecen de forma espontánea. Los casos más graves se desarrollan en mujeres de 30 a 40 años y puede tardar meses, e incluso años en provocar el cáncer. Si van más allá de la superficie y crecen hacia la profundidad del cervix se llaman lesiones invasivas y suelen aparecer a partir de los 40.
El útero es la cavidad en la que se desarrolla el feto. Está compuesto por dos capas de tejidos diferentes: la interior, muy fina, que se llama endometrio y otra más externa, formada por músculo y llamada miometrio. La mayoría de los tumores del útero surgen tras la menopausia.
Se pueden dar principalmente tres casos de alteraciones benignas que, en caso de que no desaparezcan de forma natural, se pueden solucionar con cirugía. Los fibroides son grupos de células que crecen en el músculo del útero y nunca derivan en cáncer. Otro tipo de patología de este tipo es la endometriosis. Se da sobre todo en mujeres de 30 a 40 años que nunca han estado embarazadas y consiste en el crecimiento de tejido endometrial fuera del útero o cerca de otros órganos. Por último, la hiperplasia es un incremento del número de células en la superficie del útero que se suele tratar con hormonas o mediante cirugía.
Cáncer de boca y esófago

Labios, dientes, encías, mucosa bucal (revestimiento interior de labios y mejillas), el piso de la boca, el paladar y también la pequeña región situada detrás de las muelas del juicio. Todas estas zonas son las que componen la cavidad oral que, junto a la faringe (tercio posterior de la lengua y la garganta, y amígdalas) son las regiones que resultan afectadas por las células malignas. Por otro lado, entre la garganta y el estómago, el conducto por el que transitan, entre otras sustancias, la bebida y el alimento, es el esófago. Éste está localizado justo inmediatamente detrás de la tráquea y en un adulto tiene una longitud que ronda los 25 centímetros.
Los tumores que se localizan en esta zona suelen ser de dos tipos, en función del carácter de las células malignas: carcinomas y adenocarcinomas. Los primeros, carcinomas de células escamosas –por su forma planas y parecida a una escama–, se originan en la capa de células que revisten las paredes internas de la boca y el esófago. En las etapas más tempranas, estos tumores están localizados, y sólo cuando la enfermedad progresa y las células malignas se extienden puede hablarse de cáncer invasivo. Los adenocarcinomas, por su parte, son aquellos tumores que se localizan en las células glandulares (aquellas que segregan líquidos mucosos para el recubrimiento interno de las paredes de los órganos).
Cuando la enfermedad se extiende, las células malignas llegan al sistema linfático, una compleja red de vasos, válvulas, conductos, ganglios y órganos distribuidos por todo el cuerpo que ayudan a proteger el ambiente líquido del organismo mediante la producción, filtración y transporte de linfa, el fluido que contiene las células encargadas de luchar contra enfermedades e infecciones. Las células cancerosas, para su traslado, emplean precisamente los ganglios linfáticos, pequeñas acumulaciones de células defensivas. En el caso del cáncer oral, estos ganglios suelen viajar hasta el cuello, aunque también es posible que alcancen otras partes del cuerpo (hígado, pulmones, cerebro e incluso huesos), igual que ocurre con los tumores originados en el esófago.
Cáncer de Hígado

El hígado, órgano de mayor tamaño del cuerpo humano sin contar la piel, se localiza debajo de las costillas, en lado derecho del abdomen.
Entre sus principales funciones destacan la filtración de la sangre y la eliminación de los desechos tóxicos, así como la fabricación de enzimas que ayudan a digerir los alimentos, convirtiéndolos en sustancias necesarias para el buen funcionamiento del organismo. Algunos nutrientes tienen que modificarse químicamente (metabolizarse) en el hígado antes de que el resto del cuerpo los pueda usar como fuente de energía. El hígado produce algunos de los factores de coagulación que evitan que la sangre esté demasiado líquida y segrega además bilis al intestino para ayudar a absorber los nutrientes.
El hígado se divide en tres lóbulos, el derecho, el izquierdo y uno más pequeño denominado cuadrado, que a su vez se subdividen en segmentos. Al contrario que la mayoría de los demás órganos del cuerpo, recibe sangre de dos fuentes. La arteria hepática suple al hígado con sangre rica en oxígeno mientras que la vena porta transporta sangre rica en nutrientes desde los intestinos. Toda la sangre procedente del tubo digestivo atraviesa el hígado antes de llegar al resto del organismo, lo que lo convierte en una especie de 'aduana' frente al mundo exterior.
Cáncer de estómago

El estómago es un órgano hueco en forma de letra ‘J’ o de gaita que se sitúa en la zona más alta del abdomen y forma parte del aparato digestivo. Recibe el alimento que ingerimos por la boca a través del esófago.
Cuando penetra la comida en su interior, los músculos del estómago comienzan a contraerse rítmicamente y van poco a poco amasando y mezclando la comida para conseguir una pasta fluida. A este movimiento se añade la acción de los ‘jugos gástricos’: sustancias que son producidas por células especiales que tapizan el interior del estómago.
Estos líquidos contribuyen a transformar el alimento hasta conseguir una masa homogénea. Todo este proceso forma parte de la digestión de los alimentos. Cuando el contenido del estómago ha sido procesado y mezclado convenientemente como en una hormigonera, se abre una válvula llamada píloro que permite que la ‘mezcla’ pase al intestino delgado para continuar su tránsito a través del tubo digestivo.
Cáncer de pancreas

En los Estados Unidos cada año se diagnostican 29.000 nuevos casos de cáncer de páncreas cada año, una enfermedad que ocupa el quinto puesto de mortalidad por cáncer en todo el mundo. Se trata de uno de los tipos de tumores más difíciles de diagnosticar, debido a que los síntomas suelen aparecer cuando la enfermedad ya está en una fase demasiado avanzada. Además, la localización de esta glándula impide que los tumores más pequeños sean detectados durante las revisiones rutinarias.
El páncreas es una glándula situada en el abdomen, entre el estómago y la columna vertebral, y cercana a otros órganos como el intestino o el hígado. Con su peculiar forma de pera, el páncreas es el encargado de fabricar insulina y otras hormonas, que llegan al flujo sanguíneo y circulan por todo el organismo con el objetivo de emplear o acumular para más adelante la energía procedente de los alimentos. Además, esta glándula también segrega jugos pancreáticos, que contienen enzimas necesarias para digerir la comida.
Los tumores de páncreas pueden dividirse en dos grandes grupos, según su naturaleza, benignos o malignos. Los primeros no son cancerígenos, y los cirujanos pueden extirparlos sin mayor complicación. De hecho, la mayoría de las veces no vuelven a reaparecer después de la operación, y las células de estas tumoraciones no suelen propagarse más allá de su localización inicial. En el caso de los tumores malignos, la gravedad es mayor, y el riesgo para la vida del paciente aumenta. Las células malignas pueden llegar a invadir y dañar los tejidos colindantes, llegando a 'colarse' en el flujo sanguíneo e incluso en el sistema linfático. Éste, encargado de la defensa del organismo, es el que las células enfermas emplean como medio de trasporte para viajar desde el tumor hasta otras zonas del organismo.
Esta expansión es lo que se conoce como metástasis. Cuando las células enfermas alcanzan los ganglios linfáticos, donde se producen los glóbulos blancos (o células defensivas), es fácil que la enfermedad alcance otros ganglios y tejidos, como el hígado o los pulmones (lo que se conoce como metástasis a distancia). En otras ocasiones, la patología se propaga hasta el peritoneo, el tejido que recubre el abdomen, en estos casos se considera que la extensión es local.
Existe un tipo de cáncer pancreático muy raro, que comienza en las células que producen insulina y otras hormonas, de las que toma su nombre, cáncer de las células de los islotes pancreáticos. En estos casos, el organismo produce demasiada insulina.
Oncología por provincias
http://www.elmundo.es/elmundosalud/especiales/cancer/porprovincias.html
Que alimentos nos protegen
Hace aproximadamente 15 años que científicos de todo el mundo comenzaron a revisar las evidencias que relacionaban el papel de la dieta con la aparición de ciertos tipos de cáncer. Desde entonces son muchos los estudios e investigaciones que tratan de determinar el papel de los alimentos como protectores frente al cáncer o, por el contrario, su potencial carcinógeno. Algunas de las creencias más asentadas han resultado desmentidas posteriormente con cifras más actualizadas y algunas sustancias pretendidamente protectoras, han sido denostadas posteriormente.
Ante un panorama tan confuso, con mensajes a menudo contradictorios: ¿Qué creer? ¿Es buena la soja contra el cáncer de mama? ¿Previenen los tomates el cáncer de próstata? ¿Los alimentos pueden protegernos? Esto es sólo una breve guía orientativa sobre el estado de la cuestión, basada en las evidencias recogidas por la Fundación Internacional de Investigación sobre el Cáncer (World Cancer Research Fund), que lleva años publicando informes actualizados sobre la relación entre dieta y cáncer y cuyo próximo trabajo se publicará a lo largo de 2007.
Qué les sea de utilidad, Saludos.