En el país de los alimentos el hambre mata
EN ARGENTINA
Más de la mitad de la población es pobre
Buenos Aires, 22 de agosto de 2002 (INFOSIC). La pobreza afecta a más de la mitad de la población del país, ya que hay 18,5 millones de personas que no tienen ingresos suficientes para satisfacer un conjunto de necesidades alimentarias y no alimentarias (salud, educación, vivienda) consideradas esenciales.
De los 18,5 millones de pobres, 8,7 millones se encuentran en una situación de indigencia, es decir, que no pueden cubrir los gastos de la canasta básica de alimentos.
Además, según los datos oficiales, cuatro de cada seis menores de 14 años son pobres.
Las cifras surgen de proyectar para todo el país los resultados del relevamiento realizado en mayo por el Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC) que arrojó que para el total urbano (23,5 millones de personas) el 53 por ciento de la población se encuentra bajo la línea de pobreza, lo que representa al 41,4 por ciento de los hogares.
Por su parte, el nivel de la indigencia afectó al 18 por ciento de las viviendas y al 24,8 por ciento de las personas. Se considera como indigentes a quienes que no cuentan con los recursos para cubrir una canasta de alimentos capaz de satisfacer el umbral mínimo de necesidasdes energéticas y proteicas.
En números concretos, 2,816 millones de hogares se encuentran debajo de la línea de pobreza y en ellos residen una población aproximada de 12,4 millones de personas personas.
De este total de hogares, hay 1,2 millones en los cuales habitan 5,8 millones de personas se encuentran en una situación de indigencia".
Esto significa que se sumaron al ejército de pobres 5,2 millones de personas con respecto a la anterior medición de octubre de 2001.
En el contexto de la actual recesión, los datos reflejan que la pobreza se incrementa al mismo ritmo que la suba de precios que encarece la canasta básica de consumo alimentario. Un dato dramático es que cuatro de cada seis menores de 14 años son pobres.
La región del noreste argentino es la más afectada por la pobreza donde alcanza al 69,8 por ciento de la población, y el 59,4 por ciento de los hogares, mientras que el 38,8 por ciento de las personas de esa zona es indigente, lo que representa el 30,7 por ciento de las viviendas.
Le siguieron en el ranking: la región cuyana donde el 54,9 por ciento de la población es pobre, y el 24,7 por ciento de las personas es indigente; en la zona pampeana alcanza a 52,7 por ciento y 25,1 por ciento respectivamente; y en la patagonia la pobreza afectó al 39,1 por ciento de los habitantes, y la indigencia al 15,4 por ciento.
El sondeo confirmó los datos difundidos en julio sobre el aglomerado del Gran Buenos Aires (Capital Federal y 19 partidos del Conurbano) donde la tasa de hogares por debajo de la línea de pobreza alcanzó a 37,7 por ciento, y al 49,7 por ciento de la población.
En la región bonaerense, el 22,7 por ciento de la población vive bajo la línea de indigencia, o sea el 16 por ciento de los hogares.
En la ciudad de Buenos Aires, padece pobreza el 19,8 por ciento de las personas.
En cambio, en el conurbano 1 que encierra solamente a San Isidro y Vicente López, la pobreza alcanza a 23,3 por ciento de las personas.
Según las cifras oficiales, el ingreso promedio en los 28 aglomerados urbanos de los hogares pobres indigentes es de 146 pesos, mientras en los pobres no indigentes se ubicó en 420 pesos, frente a los 1.114 pesos de los no pobres.
Oficial 53 porciento de los argentinos son pobres
Por Victoria Giarizzo
columnista de Ámbito Financiero
Ayer se conocieron los datos oficiales sobre la situación social de los argentinos: según la encuesta realizada por el INDEC en mayo (ahora computados los principales centros urbanos del país), 53% vive por debajo de la línea de pobreza y 24,8% es indigente. Son 18,5 millones de pobres y 8,5 millones de indigentes en todo el país. En ciudades como Formosa, el porcentaje de pobres asciende a 78,3%. El 70,3% de los menores de 14 años del país ya es pobre. Hay 5,2 millones de pobres más que en octubre del año pasado. Medidas populistas, que sólo en apariencia buscaban mejorar los ingresos de los que menos tienen, causaron este fuerte e histórico deterioro social en el país.
La Argentina ya se parece a los países más pobres de América latina: 53% de sus habitantes vive por debajo de la línea de pobreza y en provincias como Formosa esa situación alcanza a 78,3% de sus habitantes. Es decir, que de cada 100 formoseños, 78,3 no puede acceder a los bienes y servicios considerados esenciales. Pero hay un dato que, sin dudas, es el más dramático de todos los que día a día se difunden: 70,3% de los menores de 14 años del país ya vive en la pobreza y 33,4%, en condiciones de indigencia.
No existe antecedente en la Argentina de tener un nivel de vida tan precario: los indicadores actuales no sólo superan en magnitud a los que llegó a tener el país en plena hiperinflación de 1989, sino que además con el agravante de que por entonces, a pesar que la inflación depuraba los ingresos de la gente, había sólo 7% de desocupación con lo cual la solución pasaba fundamentalmente por detener los precios. En cambio ahora el desempleo asciende a 21,7% de la población.
Los datos son oficiales y fueron difundidos ayer desde el Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC). El cuadro que ha dejado la devaluación y la larga y profunda recesión está siendo sin dudas dramático: sólo entre octubre del año pasado y mayo de este año se registraron 5,2 millones de pobres más.
• Indigentes
Así, sobre una población urbana estimada en 35 millones de habitantes, hay 18,5 millones que son pobres. Y otros 8,5 millones que son indigentes, es decir, directamente no están recibiendo las calorías alimentarias que se consideran esenciales. Pero, además: desde el INDEC estimaban ayer que en las condiciones actuales, en promedio los no pobres tienen 27,5% de probabilidades de convertirse en pobres hacia octubre próximo, lo que muestra que por el momento este estado de empobrecimiento crónico sigue avanzando mes a mes.
Los datos son a mayo pasado, cuando la inflación acumulaba un alza de 25,9%. Pero en la medida que los precios suben y los ingresos no ajustan el cuadro se complica. Inclusive desde el organismo oficial reconocieron que hacia julio, cuando la inflación acumulada ascendía a 34,7%, la pobreza se habría incrementado en varios puntos porcentuales más, a pesar de que el grueso de los planes sociales se terminó de repartir en junio. Es que en tanto los precios suben, los salarios nominales han continuado cayendo: en octubre pasado los ingresos promedio del país se ubicaron en $ 569 mensuales mientras que hacia mayo los mismos cayeron a $ 540 aunque 50% de los asalariados gana menos de $ 400 al mes. Así, sólo en el Gran Buenos Aires y donde se registró 49,7% de la población viviendo por debajo de la línea de pobreza en mayo, la cifra en junio asciende a 52%. Hacia 1989, la pobreza en el Gran Buenos Aires ascendía a 47,3% pero con un desempleo de 7% cuando hoy en esa jurisdicción la desocupación se ubica en 22%. La peor situación se da en las ciudades del nordeste del país con 69,8% de su población viviendo en la pobreza y 38,8% en la indigencia. Además, allí se encuentran los salarios más bajos: en promedio apenas se ganan $ 371 al mes y 50% gana menos de $ 300. En Concordia, 71,7% de la población es pobre y 45,8% indigente. En Posadas, 69,1% de sus habitantes es pobre y de ellos 38,6%, indigente. En Gran Resistencia (Chaco), 67,8% de la población es pobre y 36,2%, indigente. En tanto en Corrientes hay 67,2% de pobres y 37,4% de indigentes.
Para el noroeste argentino los indicadores son muy similares con 63,5% de pobres, 29,5% de indigentes e ingresos mensuales de $ 386,5. En Jujuy, la pobreza asciende a 68,1% y la indigencia a 31,7%. En Salta, 66% de su población es pobre y 37,1%, indigente. En Tucumán: 63,8% y 27,2%, respectivamente.
En Cuyo, 54,9% de sus habitantes vive por debajo de la línea de pobreza en tanto 24,7% es indigente y los salarios promedio mensuales se ubican en $ 439,7. En la región pampeana las cifras son de 52,7 por ciento y 25,1 por ciento, respectivamente, en tanto la región patagónica es la que mejor se encuentra con 39,1 por ciento de pobreza, 15,4 por ciento de indigencia y salarios mensuales de $ 713,7 promedio.
"La situación hoy es peor que en Paraguay"
Para Clyde Trabuchi, directora de la Encuesta Permanente de Hogares (EPH), que dos veces por año se lleva a cabo en la Argentina para captar la situación socioeconómica de la población, «nunca se vio en la Argentina un cuadro de empobrecimiento y deterioro como éste», ni siquiera en la hiperinflación de 1989. Trabuchi es quien más conoce en la Argentina sobre la evolución y características del desempleo y la pobreza. Es que tiene en su haber estar desde hace 20 años en el INDEC elaborando la EPH. Después de presentar los datos, dialogó con Ambito Financiero y advirtió que la situación del país es peor que en naciones como Paraguay porque allí hay 46% de población rural que tiene medios para autoabastecerse, en tanto en la Argentina 90% de su población es urbana.
Educación y pobreza en Argentina
Ayer se vio un informe en Telenoche como parte de su ciclo: Los agentinos sin mesa”. Al verlo me surgieron dos emociones encontradas: admiración, por la sabiduría de aquellos que menos tienen y bronca, por la inequidad social que golpea en Argentina y en el resto del mundo. A continuación les dejo un extracto del informe: “el pizarrón del hambre”
A continuación algunas reflexiones acerca de la derecho a la educación, la asistencialidad, la obligatoriedad y las disfunciones entre teorías y prácticas.
Derecho a la educación: cuando cantidad debe ir acompañada de calidad
Es obvio que quienes sufren el problema de la falta de equidad, son los sectores más desfavorecidos de la sociedad. Los grupos carenciados, aquellos para quienes la escuela es un recurso importante en su estrategia de acceso al saber y a la cultura, no sólo tienen las mayores dificultades para incorporarse al sistema escolar y permanecer en él sino que la oferta que reciben está comúnmente empobrecida. A esta altura no hay dudas que el derecho a la educación está ligado a la variable CALIDAD.
Veamos, por ejemplo, el caso de los jardines maternales y de infantes: la oferta de estos servicios, por lo general de gestión privada, se concentra mayormente en sectores urbanos, en especial en zonas de nivel adquisitivo medio/alto. Se ha comprobado que la estimulación temprana es un apoyo fundamental para el futuro desarrollo del niño, refuerza su capacidad de aprendizaje y es un lugar privilegiado para compensar ciertas “desventajas”.
Sobre este tema es necesario aclarar que existen posiciones encontradas, muchos investigadores rechazan la noción de desventaja cultural -de niños provenientes de clases populares- otros afirman que la escuela puede suscitar en dichos niños actitudes de menosprecio y desconfianza en sí mismos. A nuestro entender existe una desventaja en el orden del saber (saber conocer, saber hacer, saber ser. Siempre que nos referimos a saber involucramos estos tres aspectos en el concepto), a menos que se sostenga la hipótesis de un saber fragmentado por clases, es decir, un saber propio de la clase dominante y otro propio de las clases populares.
No es nuestra intención desmerecer los saberes particulares de los diversos contextos sociales, por el contrario, creemos que
el saber debe circular libremente y retroalimentarse con las visiones que se tienen del mismo; sin embargo, debemos aclarar que no es algo que se transmite de “arriba hacia abajo” o de “abajo hacia arriba”, se construye en forma espiralada con los aportes de todos y cada uno de los integrantes de la comunidad. Existe una desventaja cuando el saber se detenta y los recursos escasos vuelven injusta su distribución.
El sistema de distribución de los servicios educativos de nivel inicial resalta las diferencias, ya que la oferta es menor en los contextos que más lo requieren.
Qué significa “igualdad de oportunidades”
Cuidado !!! el asunto tampoco se reduce a la extensión de la oferta educativa. Desde la reforma se propicia una educación para la vida, la formación de ni los críticos y creativos, pero la urgencia se presenta en el área de recursos. Un niño que no se alimenta, que no está abrigado en invierno o no duerme bien porque tiene que trabajar para mantener a su familia, es un niño en inferioridad de condiciones: tiene hambre, frío, está cansado y tiene otros intereses durante las clases.
La igualdad de oportunidades contemplada en el derecho a la educación debe tener en cuenta estos aspectos para que no se transforme en otro decálogo de buenas intenciones sin sustento real. Deben ponerse en marcha, necesariamente, políticas sociales complementarias que tengan en cuenta los factores que se ponen en juego a la hora de educar y educarse.
Educar no debería reducirse a “dar a todos los mismos contenidos” -viejo mito que surge del concepto que generando situaciones institucionales idénticas, se promueve la igualdad de posibilidades- sino dar a todos las mismas oportunidades de realizarse como personas (físicas, emocionales, mentales, sociales y espirituales) a partir de sus necesidades concretas. Esto implica ofrecer diversas estrategias para acercar a los niños respuestas a sus inquietudes, sin estereotipos, discriminaciones o menoscabos. Recordemos que los niños, por lo general, tienden a actuar conforme a como son percibidos. Para jugar el juego de la escuela no es necesario perder la identidad y convertirse en una cosa observable y medible. Ni uniformar diferencias disfrazándolas de igualdades (el guardapolvo blanco, el sistemático “dejar pasar” de grado a pesar de las dificultades que experimentan algunos niños y niñas) , ni “fabricarlas” o afirmarlas desde acciones y palabras discriminatorias (“educación para ricos”, “educación para pobres”, etc. , cuando se debería hablar de educación para el ser humano ). Como dijo una vez un pensador español , la cuestión básica no es ser o no ser, sino creer o no creer … nosotros creemos que es posible respetar “diferencias” de pensamiento, sentimiento, necesidades; nosotros creemos que es posible la complementación antes que la competencia entre los seres humanos.
¿Conocimiento vs. Asistencialismo?
Otro de los temas que merece una reflexión es el del conocimiento/asistencialismo. No negaremos que en la escuela la función asistencial se ha convertido en primordial en muchas realidades sociales. Un alto grado de padres mandan a sus hijos al colegio porque es allí donde van a recibir la comida del día. Hemos conocido casos de directores de escuelas primarias que optaron por ofrecer la merienda al inicio de las tareas escolares: “si el chico tiene hambre no se puede concentrar”, nos explicaron cuando los entrevistamos. La función asistencial de la escuela no se reduce al tema alimenticio -si bien es prioritario en muchos casos- también al afectivo, sanitario, de prevención, de contención familiar. Los maestros, celadores, ordenanzas, directores deben cumplir funciones de asistentes sociales, psicólogos, psicopedagógos … además de las funciones que le fueron asignadas desde su puesto de trabajo. Los trabajadores de la educación se han transformado en malabaristas e incluso en versiones argentinas de superman y mujer maravilla. Pero, los deseos, los anhelos, las frustraciones forman parte de nuestras vidas porque somos seres humanos, y es normal que así sea ya que nos desenvolvemos en un entorno real y no en una tira cómica.
La escuela debe cumplir funciones administrativas, asistenciales (porque no está ajena al contexto social), pero por sobre todo, debe estructurar la tarea sobre el eje de su función especifica, esto es, la pedagógico-didáctica. Por eso insistimos en la necesidad de políticas sociales complementarias de la labor de los trabajadores de la educación.
Es erróneo concebir la reforma desde fuera de la escuela y basarla en ciertos dispositivos -como pueden ser : la planificación por proyecto, nuevos contenidos, modificación de la estructura del sistema educativo, etc- de gran interés educativo pero sin poder para solucionar por sí mismos problemas de otra magnitud como los que estamos reseñando.
POBREZA EN EL CONURBANO BONAERENSE
El conurbano bonaerense tiene nueve millones de habitantes, el doble de la población total de Noruega.
Un estudio realizado por la consultora Equis, de Artemio López, divide el conurbano en tres sectores diferenciados por tipo de pobreza. Este es el resultado del relevamiento (marzo 2002) : no pobres, 52,7 por ciento; pobres no indigentes, 28,4; e indigentes, 18,9.
La consultora Equis remarca que "la población total del conurbano es de nueve millones de habitantes". Artemio López explica: "Los pobres no indigentes son los adultos varones, entre 30 y 59 años, que ganan más de 79 pesos por mes y menos de 181. Los indigentes, en cambio, son los que ganan menos de 79 pesos mensuales".
Por las fuertes subas de precios de los alimentos, en apenas cinco meses, de octubre de 2001 a marzo de 2002, el número de pobres aumentó en 1.547.000 personas, según se desprende del informe del INDEC.
Así, ahora oficialmente en la Argentina hay 15.345.000 pobres, lo que equivale al 42,6 por ciento de la población total. De estos totales, 5.655.300 personas— el 15,7 de la población total— son indigentes. De estos datos se infiere que en los últimos cinco meses se fueron generando casi 310.000 nuevos pobres por mes o 10.300 por día.
ESTADÍSTICAS DEL HAMBRE
1. Alrededor de 24.000 personas mueren cada día de hambre o de causas relacionadas con el hambre. Esto representa una reducción de 35.000 personas al día hace diez años y de 41.000 personas al día hace veinte años. Un 75% de los fallecidos son niños menores de cinco años.
2. Hoy en día, un 10% de los niños de los países en desarrollo mueren antes de cumplir cinco años. Esto representa una reducción de un 28% hace cincuenta años.
3. La hambruna y las guerras causan sólo un 10% de las muertes por hambre, aun cuando éstas tienden a ser de las que se escuchan con mayor frecuencia. La mayoría de las muertes por hambre se deben a desnutrición crónica. Las familias sencillamente no consiguen suficientes alimentos. Esto, a su vez, se debe a la extrema pobreza.
4. Además de la muerte, la desnutrición crónica también causa discapacidades visuales, desgano, crecimiento deficiente y una susceptibilidad mucho mayor a padecer enfermedades. Las personas con desnutrición grave son incapaces de funcionar siquiera a un nivel básico.
5. Se estima que unos 800 millones de personas en el mundo sufren de hambre y desnutrición, una cantidad cerca de 100 veces mayor que el número de personas que efectivamente mueren por esas causas al año.
6. A menudo sólo se necesitan unos pocos y sencillos recursos para que la gente pobre pueda cultivar los alimentos necesarios para volverse autosuficiente. Estos recursos incluyen semillas de calidad, herramientas adecuadas y acceso al agua. También resulta útil mejorar las técnicas de cultivo de la tierra y de almacenamiento de alimentos.
7. Muchos expertos en el tema del hambre opinan que, a fin de cuentas, la educación constituye la mejor manera de reducir el hambre. La gente que tiene acceso a la educación cuenta con los mejores medios para salir del círculo de pobreza que causa el hambre.
Fuentes (por párrafo):
1) El Proyecto Hambre, Naciones Unidas;
2) CARE;
3) The Institute for Food and Development Policy;
4) Programa Mundial de Alimentación de las Naciones Unidas (PMA);
5) Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO);
6) Oxfam;
7) Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF)
Cómo se llegó a la situación de hambre en la Argentina
El punto de partida del desplome fue el Rodrigazo de 1975, cuando cayeron los salarios. Hubo una mejoría entre 1991 y 1994, pero después se multiplicaron los índices de desempleo.
En el “granero del mundo” hay hambre.
A pesar de las cosechas y exportaciones récords de granos, carnes y alimentos, la pobreza golpea a 20 millones de argentinos.
Con planes sociales en marcha, la desnutrición infantil crece de manera galopante.
Con una gran capacidad ociosa, más del 40% de la fuerza laboral –5 millones de personas– tiene problemas de empleo porque está desocupado o trabaja pocas horas. Y, de los que trabajan, más de una cuarta parte gana tan poco que vive por debajo de la línea de pobreza.
Los descarnados datos a setiembre marcan que el 55% de los argentinos –20 millones de personas– vive en un hogar pobre porque no tiene ingresos para comprar una canasta básica de alimentos y servicios.
Y de esos 20 millones, casi el 40% es indigente porque no puede comprar los alimentos básicos, a pesar de los planes alimentarios y sociales en vigencia.
En las provincias del norte argentino, como Formosa, la pobreza supera el 80% .
Y en Tucumán, Salta o Jujuy ronda entre el 65 y el 75% de la población. En el Gran Buenos Aires golpea a más del 60% –casi seis millones de personas– y en la “próspera” ciudad de Buenos Aires supera el 20% de los porteños. Según la encuesta 2002 del Banco Mundial, en las áreas rurales la pobreza es del 72,6% .
El mayor peso de la pobreza recae en los niños: los menores de 14 años que viven en hogares pobres suman 7,5 millones: el 74,3 % de la población infantil.
Hasta mediados de la década del 70 la pobreza era una cuestión marginal en la Argentina, pero ya comprendía al 8 % de la población concentrada en los llamados “bolsones de pobreza” en torno a las “villas miseria” . Una alta proporción de los asalariados y toda la clase media estaba al margen de ese flagelo y disponía de una ascendente movilidad social.
A finales de los años 70 y en los 80, la pobreza fue creciendo porque la economía estaba estancada y los bruscos aumentos de precios licuaban rápidamente los ingresos de los asalariados. Fueron los años de alta inflación y devaluación de la moneda.
El punto de partida del desplome económico y social vino con el Rodrigazo de 1975 (megadevaluación del peso) que inició un proceso de pauperización creciente que englobó a la casi totalidad de la clase media y que la literatura sociológica bautizó como los “nuevos pobres” . Los salarios y los ingresos de la población comenzaron a caer en forma sostenida.
En el 80 la pobreza subió al 20% . Y pegó un salto espectacular por el deterioro del salario con la hiperinflación de 1989/90.
Sin recuperar los niveles de mediados
A mediados de la década del 70, los pobres eran el 8% de la población.
Ahora son el 55%
de 1985, a partir de 1991 los ingresos de la población tuvieron una mejora por la baja de la inflación y por el boom de créditos, lo que ayudó a bajar la pobreza. Pero esta mejoría sólo duró hasta mediados de 1994. Desde entonces la situación empeoró en forma sostenida, agigantada, además, por el crecimiento de la brecha entre los que más y menos ganan.
Familias, ingresos y niveles de pobreza
La estadística oficial argentina considera que las familias tipo –matrimonio y dos hijos– que ganan menos de 711 pesos por mes son pobres.
Esto significa que, con 5,90 pesos promedio por día para cada uno, no tienen ingresos para comprar una canasta básica de alimentos, vestimenta y otras necesidades.
Se estima que la alimentación y los gastos elementales del jefe de familia equivalen a 230 pesos, el de la esposa, a 170 pesos, una hija de 8 años, 165 pesos, y un hijo de 5 años, 146 pesos.
Si la familia estuviese compuesta de un tercer hijo, el núcleo familiar pasaría a ser pobre si ganara menos de 773 pesos mensuales.
En cambio, se considera que las familias que tienen un solo hijo son pobres si ganan menos de 561 pesos por mes.
Estos datos corresponden a la Capital y el Gran Buenos Aires. En el resto del país, salvo en la Patagonia, los valores son más bajos porque varía tanto la composición de la canasta de alimentos y servicios como los precios de los productos. Pero los salarios también son inferiores.
En cambio, es indigente el adulto que gana menos de 103 pesos mes, equivalente a una canasta sólo de alimentos básicos. Y es indigente la familia de 4 integrantes que gana menos de 320 pesos mensuales.
FUENTES: