Tras una cirugía, estuvo internado en terapia intensiva durante 15 días e hizo humor en el hospital. Retrato de un kamikaze del fútbol y la vida.
Acostumbrado al humor con materia prima ajena, un día Fredy Villarreal aprendió a reírse de su mala suerte. En septiembre le descubrieron un pólipo. Atravesó una operación de intestino con anestesia peridural, sufrió una infección y terminó con dolor de tripas y dosis de morfina. Quince días inesperados en terapia intensiva. Apenas pudo ponerse en pie en el hospital, se volvió un Patch Adams para los vecinos de pasillos. “Lo mío era un recreo al lado de lo que otros sufrían”, cuenta “ya O Km”. “Yo iba mostrándoles a los compañeros de terapia un video de un boxeador filipino que se caía y se levantaba y terminaba ganando por nocaut”.
Del episodio ahora apenas queda el tajo de 15 centímetros. “Cada vez que venían mis amigos y me veían conectado por todos los orificios, yo les decía que no se preocuparan, que era conexión USB”, se ríe hasta que un nudo entrecorta las palabras. “Creo que escuché el sonido del arpa. Hoy, que salí a correr al rayo del sol y transpiré, agradecí. Con todo esto reivindiqué la fe. Valió la pena haber tenido fe mucho antes, porque me ayudó. Y me ayudó a ayudar. Fue un pólipo de dimensiones voluminosas. Se había complicado tanto la infección, que para el doctor fue más terrible enfrentar eso que el resultado de la biopsia”.
Villarreal ya volvió a su puesto de líbero en cancha de 11. En temporada, en Carlos Paz, juega tres veces por semana. Si la herida drena, lo soluciona con faja y sigue. “Soy un Marcos Rojo”, define. Hincha de Estudiantes de La Plata, 47 años, técnico electrónico, locutor nacional, llegó al mundo el día del animal, por lo que la partera le preguntó a su madre si quería modificar la fecha a 28 de abril o a 30 para quitarle “connotación salvaje”. Es Fredy con una sola “d”, pese a que la Wikipedia y los buscadores googleanos lo devuelvan con dos , como Freddie Mercury. OKrueger.
Federico Diego supo rebuscárselas mucho antes de haber sido acusado de “desestabilizador” del gobierno de Fernando de la Rúa. Fue mozo y hasta costurero de fundas de raquetas de padel. “Alguna vez me fui desde La Plata a Once, a comprar cuerina. Papá tenía una Singer y me metí en mi primera inversión. Intenté venderlas en Mar de Ajó, en la playa. No vendí nada. Aunque, después, en las casas de padel de San Bernardo, vendí 100 de 200”.
Su historia se entiende a la perfección en retrospectiva. Imposible salir ileso de tal atmósfera familiar. Cada fin de año, la familia Pérez de Villarreal repetía el sketch: ataban la peluca de la abuela a la silla y esperaban a que la abuela se levantara. Ese modelo de humor enojó a más de uno. Como a Doña María Catalina Romay de Pérez de Villarreal, su madre, psicóloga. “Una vez puse un micrófono en su consultorio y transmití en el alcance de 30 metros lo que decían sus pacientes”, admite.
Acostumbrado al humor con materia prima ajena, un día Fredy Villarreal aprendió a reírse de su mala suerte. En septiembre le descubrieron un pólipo. Atravesó una operación de intestino con anestesia peridural, sufrió una infección y terminó con dolor de tripas y dosis de morfina. Quince días inesperados en terapia intensiva. Apenas pudo ponerse en pie en el hospital, se volvió un Patch Adams para los vecinos de pasillos. “Lo mío era un recreo al lado de lo que otros sufrían”, cuenta “ya O Km”. “Yo iba mostrándoles a los compañeros de terapia un video de un boxeador filipino que se caía y se levantaba y terminaba ganando por nocaut”.
Del episodio ahora apenas queda el tajo de 15 centímetros. “Cada vez que venían mis amigos y me veían conectado por todos los orificios, yo les decía que no se preocuparan, que era conexión USB”, se ríe hasta que un nudo entrecorta las palabras. “Creo que escuché el sonido del arpa. Hoy, que salí a correr al rayo del sol y transpiré, agradecí. Con todo esto reivindiqué la fe. Valió la pena haber tenido fe mucho antes, porque me ayudó. Y me ayudó a ayudar. Fue un pólipo de dimensiones voluminosas. Se había complicado tanto la infección, que para el doctor fue más terrible enfrentar eso que el resultado de la biopsia”.
Villarreal ya volvió a su puesto de líbero en cancha de 11. En temporada, en Carlos Paz, juega tres veces por semana. Si la herida drena, lo soluciona con faja y sigue. “Soy un Marcos Rojo”, define. Hincha de Estudiantes de La Plata, 47 años, técnico electrónico, locutor nacional, llegó al mundo el día del animal, por lo que la partera le preguntó a su madre si quería modificar la fecha a 28 de abril o a 30 para quitarle “connotación salvaje”. Es Fredy con una sola “d”, pese a que la Wikipedia y los buscadores googleanos lo devuelvan con dos , como Freddie Mercury. OKrueger.
Federico Diego supo rebuscárselas mucho antes de haber sido acusado de “desestabilizador” del gobierno de Fernando de la Rúa. Fue mozo y hasta costurero de fundas de raquetas de padel. “Alguna vez me fui desde La Plata a Once, a comprar cuerina. Papá tenía una Singer y me metí en mi primera inversión. Intenté venderlas en Mar de Ajó, en la playa. No vendí nada. Aunque, después, en las casas de padel de San Bernardo, vendí 100 de 200”.
Su historia se entiende a la perfección en retrospectiva. Imposible salir ileso de tal atmósfera familiar. Cada fin de año, la familia Pérez de Villarreal repetía el sketch: ataban la peluca de la abuela a la silla y esperaban a que la abuela se levantara. Ese modelo de humor enojó a más de uno. Como a Doña María Catalina Romay de Pérez de Villarreal, su madre, psicóloga. “Una vez puse un micrófono en su consultorio y transmití en el alcance de 30 metros lo que decían sus pacientes”, admite.