La ley de gresham y una solución sencilla a la crisis de las monedas
Ley de Gresham: "La moneda mala desplaza a la moneda buena". Cuando hay dos signos monetarios, y hay una relación legal de valor distinta a la relación "de mercado" de valor, va a circular aquella cuyo valor de mercado -en términos de la otra- sea inferior a su valor legal (la "mala", y va a ser desplazada de la circulación -y atesorada- la otra (la "buena". Ejemplo clásico: sistemas bimetálicos. Una moneda de un gramo de oro dice "un peso", y una moneda de 20 gramos de plata dice "un peso". Pero resulta que el oro vale, en el mercado de metales, no 20 veces más que la plata sino 15 veces más. A la hora de pagar una transacción de un peso, vas a pagar con la moneda de oro y guardarte la de plata, porque "un peso" de plata en realidad vale más que "un peso" de oro. Tanto como un 33% más, en este ejemplo. Como todos hacen lo mismo, circula el oro, pero no la plata. Deliberadamente pensé el ejemplo con la moneda de plata siendo la "buena" y la de oro la "mala". La "buena" no es más valiosa por unidad de peso, ni por confianza, ni por nada de eso: es simplemente aquella cuyo valor real es mayor al valor legal.
Creo que en nuestra crisis de las moneditas está pasando algo parecido. Como contaba insuperablemente el artículo de Slate, hoy en la Argentina $1 + $1 es mucho más que $2. El valor de dos monedas de un peso es mayor que el de un billete de dos. En un principio, el origen pudo ser una acuñación escasa, o la astucia de un comerciante que monopolizó las moneditas. Pero apostaría a que hoy casi todo el problema es la ley de Gresham como adaptación a ese desequilibrio inicial. La gente guarda las moneditas. Las acumula. Van desapareciendo de circulación. La monedita es la buena moneda, porque el valor real de 2 monedas de un peso es mayor que su valor legal, es decir, vale más que dos pesos. El atesoramiento privado de monedas (esto es, la cantidad de monedas que querés tener guardadas en tu frasco) se debe haber multiplicado por 10 -- de un peso a 10 pesos por persona, digamos.
La solución lógica -que el BCRA acuñe más monedas- puede ser lenta si así son las cosas: ¿se puede multiplicar por 10, en poco tiempo, el stock de monedas? Si el stock actual se acuñó en los últimos 10 años, multiplicarlo por diez en un año implicaría multiplicar por 100 la producción anual de monedas. Duplicar la cantidad de monedas -que, dado el comportamiento del público, podría no alcanzar- requeriría multiplicar por 20 la producción.
Caro, difícil, poco científico.
Hay una solución mucho más sencilla, que no requiere una sola moneda acuñada. Una cosa vale mucho o poco en relación a otra. Las monedas valen mucho en relación a los billetes, sobre todo los billetes de dos. Con que el Banco Central prometiera darle, hasta nuevo aviso, 110 pesos a quien le entregue 50 billetes de 2 pesos, el valor de mercado del billete de $2 aumentaría enormemente. Los bancos querrían entregarle billetes de $2 al Central, para ganarse ese 10%, y estarán dispuestos a comprarlos a, digamos, 8% más; los vivos que acumularon barriles de monedas ahora querrán acumular fajos de $2 para venderle a los bancos con premio de 8%, y saldrían como locos a comprar billetes con sus monedas, pagando hasta, no sé, un 6% más; los comerciantes de todo tipo estarán intentando dar el vuelto en monedas para no largar los billetes de $2, que tendrían un buen valor de reventa; te llenarían de moneditas en los peajes, en el cine, hasta en el restorán. Todos lucharíamos para deshacernos de esa reliquia bárbara. Pesados y molestos como son, esos discos de metal volverían a ser la mala moneda, y el billete la moneda buena.
Ley de Gresham: "La moneda mala desplaza a la moneda buena". Cuando hay dos signos monetarios, y hay una relación legal de valor distinta a la relación "de mercado" de valor, va a circular aquella cuyo valor de mercado -en términos de la otra- sea inferior a su valor legal (la "mala", y va a ser desplazada de la circulación -y atesorada- la otra (la "buena". Ejemplo clásico: sistemas bimetálicos. Una moneda de un gramo de oro dice "un peso", y una moneda de 20 gramos de plata dice "un peso". Pero resulta que el oro vale, en el mercado de metales, no 20 veces más que la plata sino 15 veces más. A la hora de pagar una transacción de un peso, vas a pagar con la moneda de oro y guardarte la de plata, porque "un peso" de plata en realidad vale más que "un peso" de oro. Tanto como un 33% más, en este ejemplo. Como todos hacen lo mismo, circula el oro, pero no la plata. Deliberadamente pensé el ejemplo con la moneda de plata siendo la "buena" y la de oro la "mala". La "buena" no es más valiosa por unidad de peso, ni por confianza, ni por nada de eso: es simplemente aquella cuyo valor real es mayor al valor legal.
Creo que en nuestra crisis de las moneditas está pasando algo parecido. Como contaba insuperablemente el artículo de Slate, hoy en la Argentina $1 + $1 es mucho más que $2. El valor de dos monedas de un peso es mayor que el de un billete de dos. En un principio, el origen pudo ser una acuñación escasa, o la astucia de un comerciante que monopolizó las moneditas. Pero apostaría a que hoy casi todo el problema es la ley de Gresham como adaptación a ese desequilibrio inicial. La gente guarda las moneditas. Las acumula. Van desapareciendo de circulación. La monedita es la buena moneda, porque el valor real de 2 monedas de un peso es mayor que su valor legal, es decir, vale más que dos pesos. El atesoramiento privado de monedas (esto es, la cantidad de monedas que querés tener guardadas en tu frasco) se debe haber multiplicado por 10 -- de un peso a 10 pesos por persona, digamos.
La solución lógica -que el BCRA acuñe más monedas- puede ser lenta si así son las cosas: ¿se puede multiplicar por 10, en poco tiempo, el stock de monedas? Si el stock actual se acuñó en los últimos 10 años, multiplicarlo por diez en un año implicaría multiplicar por 100 la producción anual de monedas. Duplicar la cantidad de monedas -que, dado el comportamiento del público, podría no alcanzar- requeriría multiplicar por 20 la producción.
Caro, difícil, poco científico.
Hay una solución mucho más sencilla, que no requiere una sola moneda acuñada. Una cosa vale mucho o poco en relación a otra. Las monedas valen mucho en relación a los billetes, sobre todo los billetes de dos. Con que el Banco Central prometiera darle, hasta nuevo aviso, 110 pesos a quien le entregue 50 billetes de 2 pesos, el valor de mercado del billete de $2 aumentaría enormemente. Los bancos querrían entregarle billetes de $2 al Central, para ganarse ese 10%, y estarán dispuestos a comprarlos a, digamos, 8% más; los vivos que acumularon barriles de monedas ahora querrán acumular fajos de $2 para venderle a los bancos con premio de 8%, y saldrían como locos a comprar billetes con sus monedas, pagando hasta, no sé, un 6% más; los comerciantes de todo tipo estarán intentando dar el vuelto en monedas para no largar los billetes de $2, que tendrían un buen valor de reventa; te llenarían de moneditas en los peajes, en el cine, hasta en el restorán. Todos lucharíamos para deshacernos de esa reliquia bárbara. Pesados y molestos como son, esos discos de metal volverían a ser la mala moneda, y el billete la moneda buena.