InicioInfo¿Cuales logros peronistas?
“Déjame llevarte, voy a los campos de frutillas. Nada es real y no hay de qué preocuparse.
¡Vivan los campos de frutillas!
Vivir es fácil con los ojos cerrados, entendiendo mal todo lo que ves. Se está poniendo difícil ser alguien, pero parece funcionar y a mí ya no me importa nada. ¡Vivan los campos de frutillas!” Lennon-McCartney


La Leyenda Peronista tiene razón cuando afirma que en los Treinta predominaban las fuerzas reaccionarias, autoritarias y conservadoras; en la Argentina como en todo el mundo. En Europa se imponían el fascismo mussoliniano, el totalitarismo nazi y el falangismo español; Rusia había virado hacia una dictadura completa en la cual arreciaban las purgas, los fusilamientos y las deportaciones. La propia dictadura de Uriburu, de la que Perón participó, demuestra ese auge de las fuerzas totalitarias en el mundo. Pero a mediados de los Cuarenta, cuando Perón accedió democráticamente al poder por primera vez, la situación era bien distinta: las fuerzas democráticas habían triunfado en la Guerra y los partidos argentinos habían acompañado esa evolución, que llevaría a los Gloriosos Treinta (1945/1975) del New Deal americano y el consenso socialdemócrata europeo.
Por eso, la Leyenda Peronista miente cuando sostiene que Perón derrotó en las elecciones de 1946 a Braden y a un núcleo conservador. La derrotada fue la Unión Democrática compuesta por la Unión Cívica Radical y los partidos Socialista, Comunista y Demócrata Progresista. El Partido Conservador (entonces Partido Demócrata Nacional), principal responsable del fraude electoral durante la Década Infame y al que la Leyenda Peronista pretende ubicar en el rol de su opositor, fue excluido de la Unión Democrática por exigencia del radicalismo, y sus principales referentes se unieron al peronismo. Significativamente, el conservadurismo argentino sólo volvería al poder en 1974 cuando su principal dirigente, Vicente Solano Lima, llegó a la vicepresidencia de la Nación acompañando en la fórmula “revolucionaria” del FREJULI peronista al odontólogo providencial, Héctor J. Cámpora.
Como bien describe uno de nuestros mejores historiadores, Luis Alberto Romero, aquella Unión Democrática no era un simple rejunte destinado a acabar con las conquistas sociales39. Sus antecedentes se remontaban al frente antifascista nacido en Argentina para apoyar a la República española frente a la amenaza del franquismo, en un conflicto bélico que definiría la principal polaridad política del siglo XX: nacionalistas vs. republicanos, y que aún marca la política argentina . Basta dar un vistazo a la plataforma electoral de aquella Unión Democrática40 para comprender que las fuerzas que representaba eran cualquier cosa menos el compacto bloque reaccionario que pretende el peronismo. Cito algunos de sus dieciséis puntos, marcando con cursivas las que coinciden con el ideario peronista de aquellos años:
1- Unión de los argentinos para defender su régimen de gobierno republicano y democrático; para afianzar sus libertades y asegurar su bienestar... 2- Restablecimiento de la normalidad institucional y de las autonomías provinciales, y aplicación integral de la ley Sáenz Peña41. 3- Conservación y extensión de las libertades cívicas del pueblo; libertad de pensamiento y de reunión; respeto de los derechos sindicales; libertad religiosa... trato generoso con la inmigración extranjera que llega al país para trabajar... 4- Represión severa del fraude electoral y adopción de medidas legales que hagan imposible su repetición. 5- Moralización administrativa. Ley represiva del enriquecimiento ilegitimo de los funcionarios públicos. 6- Provincialización de los territorios nacionales; autonomía política y financiera de la Municipalidad de Buenos Aires... 7- Acción contra el monopolismo privado y abandono de la política económica de regulación estatal, concebida y practicada para enriquecer a una minoría de privilegiados sin aliviar la pobreza de los que trabajan. 8- Represión de las maniobras que tienden al acaparamiento abusivo de los instrumentos y materias de producción de trabajo, o a encarecer el alimento, el vestido y vivienda de la población. 9- Explotación de los servicios públicos por el Estado nacional, las provincias, las municipalidades o cooperativas; nacionalización del petróleo, de la energía eléctrica, de los ferrocarriles, de los puertos y de los teléfonos. 10- Plan orgánico de obras públicas y de jornadas de trabajo para evitar la desocupación; fomento de la educación profesional y técnica con carácter gratuito; seguridad de trabajo para todos. 12- Amparo del trabajo rural; régimen de salarios, de seguros nacionales, de viviendas y de asistencia social que haga posible el bienestar del pueblo argentino. 13- Protección a la niñez. Acción coordinada e intensa contra el analfabetismo. 14- Solidaridad activa con los pueblos en lucha contra la agresión nazifascista y ayuda económica a los mismos... 15- Defensa de América, de su integridad territorial y de sus instituciones democráticas, en franca cooperación con los países del continente, y reprimiendo toda actividad que tienda a destruir sus libertades o que esté al servicio de la agresión extranjera. 16- Política internacional fundada en el reconocimiento de los derechos soberanos y de la autonomía política de los pueblos... en colaboración entre todas las naciones para la elevación de nivel de vida de los trabajadores, el progreso económico y la seguridad social .
Estos eran los criminales objetivos de la oposición come-chicos, de la oposición entreguista, fundamentalista de mercado y vendepatria contra la que el peronismo no ha dejado de agitar y agitarse jamás. Se puede o no coincidir con alguno de estos puntos, pero es difícil ver en ellos un atisbo de lo que el peronismo se empeña en denunciar. Comenta Romero: “En febrero de 1946 no se enfrentaron dos proyectos radicalmente diferentes o antagónicos. Lo serían después, pero por entonces tenían mucho en común, pues ambos recogían la experiencia democratizadora y las ideas del Estado de Bienestar surgidas durante la Guerra Mundial. La Unión Democrática las tomó de la social democracia, mientras que Perón mezcló el laborismo inglés con Mussolini y la doctrina social de la Iglesia”. Casi todos estos puntos del programa de la Unión Democrática están pendientes aún en el país surgido del 52% peronista de 1946, y que de allí en adelante gobernaría por 34 años el Partido Populista. Más de la mitad de las casi siete décadas transcurridas desde entonces lo hicieron bajo gobiernos peronistas; y tres cuartas partes, bajo el control de las fuerzas antirrepublicanas nacidas con el golpe de 1930, impuestas al grito de “La Argentina no está madura para la democracia”, primero; y de “A la Argentina , sólo el peronismo la puede gobernar”, después.
Aun así, sostiene el peronismo, no se le puede negar el mérito de haber sancionado la mayor parte de la legislación social argentina . Sin embargo, aun si aceptamos los falsos méritos del peronismo en este campo, que ya desmentiremos, lo que de bueno haya hecho en los Cuarenta y los Cincuenta fue abolido por otro gobierno peronista en los Noventa. ¿Cómo pudo suceder? ¿Por qué el mismo partido tuvo dos posiciones aparentemente tan disímiles? Para responder a esta pregunta es necesario hacer algo que los peronistas detestan: incluir en el análisis la decisiva influencia del contexto global.
Los logros de una sociedad no pueden ser analizados en abstracto sino que deben considerarse en relación con lo que sucede en los demás países, ya que todo logro de un gobierno es inevitablemente comparativo. Abolir la esclavitud en el siglo XIX fue un razonable motivo de orgullo nacional; tener que hacerlo en pleno siglo XXI es razón para sentir vergüenza. En Argentina , el peronismo y su nacionalismo patriotero y ombliguista han logrado imponer el criterio contrario. La sociedad argentina suele analizar la realidad nacional como si tuviera causas completamente endógenas. Este nacionalismo infantil ha sido una de las taras que han trabado el desarrollo nacional, y sus efectos destructivos se han agudizado en los últimos tiempos, ya que en una sociedad progresivamente globalizada meter la cabeza dentro del balde nacionalista implica entender cada vez menos de lo que sucede en el mundo y en el propio país, inescindible parte de la comunidad internacional. La Historia lo demuestra, desmintiendo la visión nacionalista endógena que ignora la creciente importancia de los procesos regionales y globales.
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