A una década de la masacre de Ramallo La viuda del gerente del Banco Nación Carlos Cháves, asesinado por la policía cuando lo llevaban cautivo, habló con 7 DÍAS: “Todavía tengo mucho dolor”. Su encuentro con uno de los ladrones y el recuerdo de otro rehén. Todavía sigo teniendo mis momentos de mucho dolor”, relata Flora Lacave, la esposa del gerente del Banco Nación de Ramallo Carlos Cháves, asesinado hace diez años por el fuego cruzado de la policía luego de uno de los hechos delictivos más conmocionantes en la historia del país. La mujer, que pasó unos días en las termas de Río Hondo, habló con 7 DÍAS en su casa de la localidad bonaerense de Lincoln y describió cómo pasa sus días poco antes de cumplirse una década sin su marido: “Estuve pensando mucho frente a la proximidad de cumplirse diez años de aquel episodio. En todo este tiempo me ha ayudado el padre Mamerto Menapacce quien, con sus palabras, me ha dado fuerza para seguir adelante, más allá de que él dice que yo soy la que tengo esa fuerza”, relata la mujer que iba en el Volkswagen Polo verde la madrugada del 17 de septiembre de 1999. El auto, que salió a las 3.50 de la sede del banco con dos ladrones y tres rehenes como escudo (Cháves, Lacave y el contador del banco Carlos Santillán), recorrió unos cien metros en medio del fuego cruzado de las fuerzas de seguridad que se encontraban apostadas en la avenida San Martín y en la calle Sarmiento de Villa Ramallo. Tras la balacera, Cháves (54) y Santillán (59) murieron, al igual que uno de los delincuentes, Javier Hernández. Flora Lacave y el ladrón Carlos Martínez resultaron heridos. Martín René Saldaña, el tercer delincuente que había quedado dentro del banco, al día siguiente apareció colgado en una celda de la comisaría segunda de Villa Ramallo. Con el correr de los años se comprobó que Saldaña no se había suicidado sino que había sido asesinado y que era parte de lo que se denominó la conexión policial del hecho. Encuentro. “Hace algunos años atrás fui a visitar a Martínez a la cárcel del Chaco y la verdad que no le guardo rencor, a mí me dolió mucho el accionar de la policía. Cuando lo encontré en la cárcel me dejó una sensación rara. Para muchos parece que pasó el tiempo, pero cada vez que me toca hablar del tema lo tengo tan presente que me da la sensación de que hubiera sido ayer”, señala la mujer que hoy se refugia en el amor de sus cuatro hijos, Carlos, Bettina, Daniel y Cecilia, y en sus diez nietos. Para este jueves 17 de septiembre, cuando se cumplan los diez años del hecho, se realizará una misa recordatoria por parte de los trabajadores y autoridades del Banco Nación. “Tengo muchas ganas de volver a Ramallo y encontrarme con los compañeros de mi esposo y sus familias, sé que para ellos no fue fácil volver al banco después de todo lo que sucedió. Quiero agradecerles por el cariño que me brindaron en aquellos días difíciles”, remarca Flora, aunque dice que tratará de pasar este doloroso aniversario recluida en su casa de Lincoln. La vida sigue. En Villa Ramallo, hoy todo sigue casi igual. El ritmo pueblerino sólo se ha modificado en las últimas semanas con algún episodio vinculado a la inseguridad. Fernando Vilchez, uno de los tres rehenes que fueron liberados por los delincuentes antes de salir en el Polo verde, ya no trabaja como cartero en OCA. Ricardo Pasquali, empleado del Banco Nación, hoy se lo ve caminar por las calles, pero evita hablar de la masacre como buscando que aquellas horas de tensión no le ganen a la memoria. Por su lado, Diego Serra sigue trabajando en la empresa Cablevisión. Cada mañana llega a las oficinas ubicadas en calle Sarmiento frente a la entidad bancaria donde pasó varias horas cautivo hace diez años. “A veces miro, miro con atención como recordando lo que pasó en esos días”, dice Serra a 7 DÍAS. “Pensar que pasaron diez años; uno lo tiene siempre presente y parece que haya pasado tan sólo una semana. Uno trata de olvidarse, aunque cuando llegan estas fechas clave me pongo a pensar en lo que pasó”, explica Serra que hoy tiene 38 años, tres hijos y sigue viviendo en Villa Ramallo. “Fue una mañana común y corriente. Cuando llegué a mi oficina me encontré con esta situación, donde me arrebataron y de golpe me encontré dentro del banco. La verdad es que no me daba cuenta de lo que realmente estaba pasando. Después empezaron a pasar las horas y todo terminó de la peor manera. Pensé que todo iba a terminar rápido y la vedad que fueron muchas horas de incertidumbre y con un final poco esperado. Yo busco hablar muy poco del tema, por lo general lo evito”, evoca. Sobre los recuerdos de la liberación, Serra esboza una gesto de alivio: “Siempre digo que el peor momento para mí no fue estar adentro sino salir, uno adentro no se imaginaba lo que se estaba viviendo afuera, en la calle. Cuando me dijeron que me iba a ir, esperaba encontrarme con la calle como estaba siempre. Cuando me abrieron la puerta para salir del banco, fue uno de los momentos que más miedo me dio porque parecía una película, estaba todo oscuro, se escuchaban gritos, voces y no sabía qué iba a pasar”. Serra destaca que logró salir adelante gracias al apoyo de su familia. “Uno de mis hijos tiene 14 años y me preguntó sobre el tema, pero se lo conté demasiado por arriba sin demasiados detalles. Cuando tengan unos años más se los voy a explicar”, finaliza Serra. La vida en Villa Ramallo sigue más allá del episodio que se transformó en una bisagra para una comunidad que parece muchas veces distante de la llamada “masacre del Banco Nación”. Cuando el tema surge en una conversación todos tienen algo que contar de las que fueron las horas más tensas y dolorosas de este pueblo ubicado en el norte de la provincia de Buenos Aires. informe de lo que paso en todo ese dia de la masacre de ramallo Masacre de Ramallo Con este nombre se conoce en la Argentina un episodio político - policial que ocurrió el 17 de septiembre de 1999 en el Partido de Ramallo. Desarrollo de los hechos La mañana anterior tres ladrones ingresaron a la sucursal del Banco Nación de Villa Ramallo con la intención de robar el tesoro. Una testigo presencial llamó a la policía. Algunas versiones indicaron que un auto estacionado afuera escapó al ver llegar los patrulleros. Al arribar la policía, los tres ladrones que se encontraban en el interior tomaron a seis rehenes, entre los que se encontraba el gerente de la sucursal, y comenzaron una negociación con el objetivo de obtener lo que buscaban a cambio de liberar a los rehenes. Se dijo que en el banco había unos 30.000 pesos y poco más de 100.000 pesos en el tesoro, y que los ladrones solicitaban una llave y la clave para abrirlo. Se dijo que además del dinero, buscaban unos documentos guardados en la bóveda. Las negociaciones se estancaron. A las 21 horas los ladrones dejaron salir a dos rehenes. Pasada la medianoche, dejaron salir otro rehén a cambio de la última llave del tesoro, aunque no disponían aún de la clave. El entonces presidente del Banco Nación, Roque Maccarone, dijo que el juez federal de San Nicolás, Carlos Villafuerte Ruzo, fue el único jefe del operativo durante las 20 horas que duró la crisis, y que disponía de la clave. Afirmó también que el Banco Nación estaba dispuesto a ceder en todo lo que fuera necesario para salvar la vida de los rehenes. Las negociaciones continuaron mientras los rehenes se comunicaban telefónicamente con varios medios televisivos argentinos. A la madrugada, mientras Martín Saldaña, uno de los ladrones, conversaba con el mediador, sus cómplices salieron con los rehenes en un automóvil Volkswagen Polo, propiedad del gerente del banco, Carlos Cháves. El propio gerente, con un pan de explosivo trotyl en el cuello, manejaba. A su lado iba un ladrón con Flora Lacave, esposa del gerente, utilizándola como escudo humano. Atrás iban otro asaltante y el contador del banco Carlos Santillán, también como escudo humano. El desenlace Al salir el auto, en marcha lenta, con 2 ladrones y tres rehenes como escudo, muchos de los policías que rodeaban el banco abrieron fuego contra el mismo, frente a las cámaras de televisión que registraron el hecho. En pocos segundos hubo 170 disparos, 46 de los cuales dieron en el auto, los rehenes y los ladrones. Los rehenes Carlos Cháves (54) y Carlos Santillán (59) murieron dentro del auto como resultado de la balacera. Flora Lacave -esposa del gerente y también rehén- se salvó. También se salvó Carlos Martínez (20), uno de los ladrones, quien fue hospitalizado, mientras que el supuesto jefe de la banda murió dentro del auto. Martín René Saldaña (24), el ladrón que se había quedado dentro del banco fue detenido y al día siguiente fue encontrado ahorcado en una celda de la comisaría 2 de Villa Ramallo. Se dijo que se había colgado usando el forro de un colchón, sin que nadie se explicara cómo lo arrancó. El 29/01/2007, Clarín publicó que una nueva pericia confirmaba que Saldaña no se había suicidado, sino que había sido asesinado. Nota del diario clarin de enero del 2007 Masacre de Ramallo: piden que se investigue como un crimen el caso del asaltante que murió en la comisaría Una nueva pericia confirmó que Martín Saldaña no se suicidó en su celda, como se había dicho oficialmente, sino que lo mataron. Ahora el abogado de la familia quiere que se esclarezca el caso. Se sospecha que la banda que asaltó el banco tenía lazos con algunos policías. El hecho, ocurrido en 1999, terminó con dos rehenes y un ladrón muertos. Una pericia oficial determinó que Martín "Tito" René Saldaña, uno de los asaltantes que actuó en el robo que dio origen a la denominada "Masacre de Ramallo", en setiembre de 1999, no se suicidó sino que presuntamente fue asesinado en una celda de la comisaría 2ª de Villa Ramallo donde fue alojado. Así lo confirmó el abogado Luis Valenga (ver video), representante de la madre de Saldaña, y agregó que el dictamen fue suscripto por la perita de la Asesoría Pericial de la Plata, María Andrea Noms, el 26 de diciembre pasado, y entregado al fiscal de San Nicolás, Vicente Boterri. Ahora, la querella pide que se investigue la muerte como un posible crimen. "Sobre la etiología del traumatismo de cráneo -sostiene el informe pericial-, se puede inferir que por la posición en que se encontró el cadáver, de frente a la puerta de acceso, resulta improbable que por un eventual episodio convulsivo golpeara la región frontal contra la pared posterior de la celda". Y la perita sugirió entonces que debía "considerarse la hipótesis de la anestesia previa de Brouardel (golpe en la base del cráneo), sumado esto a las observaciones que se describieron en relación al lugar del hecho y las características del dogal y del surco que presentaba la víctima". Valenga consideró que ahora hay que investigar el caso como "un homicidio calificado", ante la posibilidad de que Saldaña haya sido asesinado por policías en la comisaría donde estaba preso: "Hubo un claro entramado criminal tendiente a borrar todas las huellas de la Masacre". "Hay una larga cadena de responsabilidades, que va más allá de sus ejecutores materiales, porque acá indudablemente hubo una planificación y órdenes de qué hacer y cómo hacerlo", agregó Valenga. Hasta ahora la versión oficial que consta en el expediente, sostenía que Saldaña se había ahorcado con un trenzado de cotín en una celda de la comisaría 2ª de Villa Ramallo, la única de las tres que tenía el techo enrejado. Valenga aseguró: "Las pericias confirman que Saldaña no se suicidó, sino que fue víctima de un brutal golpe en su cabeza que lo dejó inconsciente y fue estrangulado con un complicado nudo del tipo 'as de guía' por seno corredizo y complementado con dos nudos simples". "Es un nudo de tipo marinero, como los que se detallan en el manual utilizado por Prefectura, y realizado con el cordón o cotín de los colchones", prosiguió Valenga: "Después, fue colgado para aparentar su suicidio". La "Masacre de Ramallo" se desencadenó el 17 de septiembre de 1999, en Villa Ramallo, cuando la policía bonaerense negoció la salida de un grupo de asaltantes al Banco Nación con rehenes, y una vez en la calle, los acribilló, matando a dos de los rehenes y a un ladrón. Esa misma tarde, Saldaña, uno de los apresados, fue encontrado colgando del techo de su celda. La actuación policial originó la dimisión del entonces secretario de Seguridad bonaerense, Osvaldo Lorenzo, y desde el primer momento, se sospechó sobre supuestas internas en la Bonaerense, hasta de presuntas complicidades de dirigentes políticos. Según publicó hoy el diario Pagina/12, Saldaña conocía los lazos de la banda con la policía, y la pericia de la Corte bonaerense conocidas ahora demuestra que fue asesinado. Según la versión, Saldaña era quien tenía los contactos con la estructura policial y quien podía revelar que, efectivamente, el asalto había sido planeado altos rangos policiales. Las rejas estaban a 2,34 metros del catre de cemento, según describieron las pericias. No había bancos, lo único que hubiera ayudado a Saldaña a subirse eran dos colchones. La perita reunió las dos autopsias que ya evidenciaban el golpe en la cabeza: la pericia planimétrica de Gendarmería y los reclamos de Valenga y Games. Determinó que el nudo del cotín era del tipo "as de guía de seno", que para la ocasión no era corredizo. Sin embargo, el lazo estaba cerrado sobre el cuello de Saldaña. En diciembre de 2004, seis policías recibían penas de hasta 20 años de cárcel por disparar sobre el auto en el que escapaban los asaltantes junto a los rehenes. Además, los jueces ordenaban que se abriera una nueva causa para investigar a cinco jefes de grupos especiales de la Bonaerense, entre quienes estaría, según la sospecha, el que había ordenado tirar. Los jueces apuntaron entonces contra el subcomisario que en setiembre de 1999 conducía el Grupo Halcón de la Bonaerense. También señalaron a dos de sus "jefes de equipo", y al comisario a cargo del GEO (Grupo Especial de Operaciones, disuelto después de la masacre), a quien recriminaron haber puesto a su gente en posiciones enfrentadas. Las condenas por homicidio cayeron sobre el ex suboficial principal Oscar Parodi, a quien le dieron 20 años de cárcel porque de su fusil salió la bala que mató al gerente Carlos Chaves, y al ex sargento Ramón Leyva le dieron 18 años por matar al contador Carlos Santillán. Así terminaba el segundo juicio por la "Masacre". Tres ladrones habían intentado escapar del banco junto al contador, el gerente y su esposa. Apenas iniciaron la fuga en el VW Polo del gerente, muchos de los policías dispararon. Hubo 170 balazos, 46 de los cuales dieron en el auto, los rehenes y los ladrones. Sólo la mujer y dos ladrones se salvaron: uno era Saldaña. En 2002 hubo un primer juicio, en el que fueron condenados el asaltante sobreviviente y seis cómplices a entre 13 y 24 años de cárcel. El segundo juicio estuvo destinado a aquellos policías que dispararon y acertaron al auto con los rehenes. Lo que no se cuenta En enero de 2000, a un mes de sucedido la masacre de Ramallo, quien escribe estas líneas denunció por televisión que en una de las bóvedas del Banco Nación de Ramallo se encontraba el contenido de una valija que llevaba Carlos Menem Jr. el día que murió estrellado en su helicóptero. Fue el 15 de marzo de 1995, cuando viajaba de Buenos Aires a Rosario para competir en una carrera automovilística, en el sospechoso marco del abandono de su propia custodia. Según el libro Maten al hijo del Presidente (2), escrito por este periodista, la valija que portaba el hijo del ex presidente Menem contenía papeles con denuncias que comprometían al círculo político más importante del menemismo y los detalles de la “colaboración” entre Argentina y Siria en temas de narcotráfico. La mera mención de ese portafolios —que desapareció por completo el día que murió Carlitos— trajo dolores de cabezas a más de uno. Así se cuenta en el libro referido: “Hugo Sánchez Trotta, un hombre que en ese momento se encontraba privado de su libertad, había prometido que ni bien saliera de la cárcel iba a ir a declarar y aportar información acerca del destino de la valija y sobre las investigaciones que Carlos Menem Jr. llevaba sobre temas de narcotráfico. Dos días después de salir en libertad y antes de poder decir nada, fue acribillado a balazos por la policía. Él aseguraba a quien quisiera escuchar que la persona que se llevó el maletín, al poco tiempo pudo verse con diversos vehículos y propiedades. Aparentemente obtenidos gracias a la recompensa por haber hecho desaparecer la prueba. Para poder profundizar los dichos de Hugo Sánchez Trota, el juez llamó a declarar a su hermano, Antonio Emilio, quien el 25 de febrero de 1997 declaró que lo poco que sabía era a través de su hermano fallecido. Que creía ‘que a Carlitos lo mataron por que molestaba al narcotráfico (…) y lo dejaron morir como a un perro’. A poco de declarar y en situación totalmente sospechosa, Antonio Sánchez Trota también fue asesinado. (…) ‘La valija se la llevó un tal Comisario Silva, muy conocido en Ramallo’, me aseguró alguien que no quiso que grabe su testimonio. (…) Al mismo tiempo, ni bien se produjo la caída del helicóptero, Emir Yoma le había pedido a Lucho Pineda que entrara cuanto antes al departamento de Carlitos y retirara el contenido de la caja fuerte que estaba al lado de la cama: ‘Sacá todo y avisame sin que se entere Zulema’, ordenó desde San Nicolás”. Prosigue el mismo libro en otra de sus partes: “Mientras pensaba en lo increíble que eran los datos que le daban vuelta por la cabeza, Carlitos dudaba una y otra vez acerca de la posible participación de su propio padre en tan sucios negocios. No podía ser que alguien a quien creía conocer tanto, le fuera tan ajeno en algunos aspectos. De todas maneras, pensaba que cuando estuviera más tranquilo iba a analizar más detenidamente la información que llevaba en el portafolios. Le era difícil entender la relación entre armas y drogas en un país tan alejado de medio oriente. No podía ser que esos ‘negocios’ hubieran penetrado de tal manera en los estratos más profundos de toda voluntad política”. Precisamente esa valija es la que se quiso sacar del banco, posiblemente para presionar electoralmente a algún candidato específico. No hay que perder de vista dos temas importantísimos: uno, que el hecho se produjera en pleno período electoral y; dos, el sospechoso nerviosismo demostrado por el inepto juez Carlos Villafuerte Ruzzo, el mismo magistrado que llevó adelante la investigación por la muerte del hijo de Carlos Menem. Consecuencias Al conocerse el resultado de la masacre, la muerte de los rehenes y el misterioso suicidio de uno de los ladrones detenidos, comenzaron las sospechas y empezaron a tejerse todo tipo de teorías sobre los hechos. Rumores de complicidades políticas internas entre las fuerzas policiales y fuertes cuestionamientos al Juez Villafuerte Ruzo. El hecho provocó la renuncia del Ministro de Seguridad bonaerense, Osvaldo Lorenzo. "Estamos conformes" Flora Lacave, la viuda del asesinado gerente del Banco Nación, protagonizó el momento más emotivo del juicio al contar cómo les advirtió a los policías que ella estaba con los ladrones antes de que empezaran los disparos. Ayer, volvió a emocionar, esta vez con sus propias lágrimas. "Estamos conformes", aseguró Lacave al salir de los Tribunales rosarinos abrazada con su hijo, Carlos. "Pienso que se hizo justicia, que es justo el veredicto", agregó. "Yo dije que iba a aceptar la (condena) que dieran a cada uno de ellos", añadió la viuda de Carlos Chaves. Por su parte, su hijo Carlos aseguró: "Queremos que paguen cada uno de los responsables. Mi padre nos está dando muchas fuerzas para seguir luchando y encontrar a los verdaderos responsables". MASACRE DE RAMALLO JUICIO link: http://www.videos-star.com/watch.php?video=Kd72NdcYyqc Fuentes: http://www.opisantacruz.com.ar/home/2008/08/05/la-masacre-de-ramallo-y-la-valija-de-carlitos-menem/2890 http://es.wikipedia.org/wiki/Masacre_de_Ramallo http://www.servicios.clarin.com/notas/jsp/clarin/v8/notas/imprimir.jsp?pagid=1353821
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