Muchos quisieran saber lo que sucedería en caso de que entráramos a un agujero negro. Este es uno de los fenómenos más interesantes y misteriosos de la física y, aunque nunca nadie ha estado cerca de uno, se han elaborado hipótesis y explicaciones que pueden ayudarnos a imaginarnos lo que ocurre en su interior.
Es cosmólogo Andrew Pontzen explica que, básicamente, un agujero negro es un cúmulo de materia comprimida en un espacio tan reducido que nada puede salir de él, ni siquiera la luz. Pudiéramos imaginarnos que si tomamos un pequeño espacio y lo llenamos con muchas más cosas de lo que sería posible, quedaría una masa con su propia fuerza de gravedad
El componente principal de los agujeros negros son las estrellas. Cuando estas llegan al término de su existencia, sufren un colapso gravitacional y alcanzan una densidad infinita. Se sospecha que existen alrededor de 100 millones de agujeros negros en la Vía Láctea.
Pero ¿qué sucedería si subiéramos a una nave espacial y nos adentráramos en un agujero negro? Según Potzen, en principio sentiríamos que una marea halaría de nuestra cabeza con mayor fuerza que los pies, estirándonos hasta quedar como un espagueti. Si nuestro cuerpo aguantara el estiramiento, pudiéramos terminar calcinados en una “pared de fuego”, compuesta de partículas ardientes.
Por otro lado, si alguien observara desde afuera nuestra inmersión en el agujero, vería nuestro cuerpo alejarse cada vez más lento hacia la entrada. Una vez allí, quedaría sólo una imagen congelada y fantasmal de nosotros. Esto ocurre debido a que la fuerza de gravedad es tan grande, que los datos que intentan salir son absorbidos por el hoyo.
Al final del viaje hacia adentro, llegaríamos al núcleo donde nuestro cuerpo quedaría comprimido junto con toda la materia en el punto más pequeño y más denso del centro. Aquí no tendríamos forma de cuerpo, ni de espagueti, ni de nada. Todas estas son estimaciones, hasta ahora, no han sido comprobadas, pero constituyen una aproximación teórica bastante interesante.