Soberbios, poco imaginativos, corruptos, incapaces. Por alguna razón estuvieron a cargo de fuerzas armadas en famosos conflictos armados.
Publio Quntilio Varo
Guerras germanas
“Varo llegó pobre a la rica provincia de Siria y volvió rico de la pobre de Siria”, dijo un historiador sobre este personaje.
El año 9 d.C., Varo tenía a su disposición varias legiones del mejor ejército de la historia, el ejército imperial romano, y se ocupó de cometer todos los errores necesarios para caer en la trampa que Arminio, su “amigo” (Varo desoyó las sucesivas advertencias de una posible traición) le tendió en el bosque de Teutoburgo. Una miríada de soldados germanos, poco entrenados y con ninguna oportunidad de hacer frente a los romanos en una batalla convencional, masacró a las tropas en una de las emboscadas más notables de la historia.
Las legiones que Varo llevó a la aniquilación nunca fueron repuestas, y hasta el fin de sus días, el Emperador Augusto se levantaba en la noche gritando: “¡Quntilio Varo, devuélveme mis legiones!”. Varo no podía escucharlo, sus huesos estaban junto a los de sus soldados en el bosque germano.
Arminio, verdugo de Varo y sus legiones
Douglas Haig
Primera Guerra Mundial
“El carnicero del Somme” es el sobrenombre de este general de caballería. Ser un “carnicero” puede ser señal de un general cruel y despiadado hacia el enemigo, pero Haig se ganó el título de carnicero de sus propias tropas. Creyendo que dos semanas de bombardeo a las trincheras alemanas a las orillas del río Somme había debilitado sus posiciones, y prendido al manual de tácticas del siglo XIX, la siguiente fase del plan de Haig era mandar una masiva carga de infantería con bayonetas a través de tierra de nadie para tomar las trincheras devastadas. Sin embargo, el bombardeo no había afectado a las posiciones alemanas, bien seguras en sus surcos de tierra y refugios de concreto. Los valientes soldados debieron caminar a ritmo de marcha, hombro con hombro, a través de un campo de minas, alambre de púas, y todo bajo fuego de ametralladoras. Durante la mañana, 6000 soldados ingleses habían caído, pero Haig pensaba que al menos, su sacrificio estaba cerca de agotar las posiciones enemigas. Mandó nuevas cargas, incluso ordenó a sus amadas unidades de caballería a bajar de la montura y sumarse a la refriega.
Durante el primer día de la batalla del Somme, Haig perdió más de 12000 hombres. El peor día del ejército británico en toda su historia.
Arthur Percival
Segunda Guerra Mundial
Nunca el rol de comandante en jefe le quedó tan grande a alguien.
Percival, un feo y enclenque general de escritorio que jamás había comandado tropas en batalla, había sido promovido a General en jefe de las fuerzas británicas en Malasia porque la mayoría de los generales capaces estaban siendo utilizados en la guerra en Europa y el norte de África.
Sin embargo, la inteligencia británica ya había recolectado mucha evidencia de la posibilidad de una invasión japonesa, algo que Percival decidió ignorar.
Cuando su jefe de artillería, el brigadier Simpson, le aconsejó armar playas vitales y ciudades, Percival se negó diciendo que eso alertaría a las poblaciones locales y sería un golpe negativo a la moral de los soldados.
¡Alta facha, papá!
Cuando los japoneses, a cargo del gran General Tomoyuki Yamashita, invadieron Malasia , la única defensa preparada eran acorazados británicos que fueron presa fácil de los bombarderos nipones.
Los japoneses fueron capaces de atravesar la isla de Malasia en bicicleta, a través de las rutas comerciales sin tener que traspasar verdaderos obstáculos.
En poco más de un mes, con un tercio de los hombres que tenía Percival a su disposición, Yamashita había conquistado Malasia y Singapur.
Tomoyuki Yamashita
Redvers Buller
Guerra de los Boers
“Excelente Mayor, Coronel mediocre, espantoso general”. Este fue el veredicto que sufrió el obeso general Buller, cuya labor como oficial había sido ejemplar en las guerras contra los zulúes. Pero cuando estuvo al frente de las fuerzas británicas contra los Boers, pareciera que Buller sucumbió a la presión. Enfrentado a un ejército de granjeros y cazadores, Buller pareció no comprender que las tácticas convencionales de caballería e infantería no aplicaban y en Spion Kop llevó a su ejército a la mitad de un valle rodeado de colinas desde donde los francotiradores Boers se hicieron un festín.
“Estos Boers no saben luchar como verdaderos hombres, siempre salen huyendo sobre sus ponys”, fue lo único que atinó a decir. Pero sus hombres no lo vieron del mismo modo. Haciendo un juego de palabras con su nombre lo apodaron “Reverse Buller” (reverse=revés).
Douglas MacArthur
Segunda Guerra Mundial y Guerra de Korea
Ser un maestro de las relaciones públicas y la autopromoción no hace necesariamente a un buen general. Los americanos lo ven como el gran héroe de la guerra del pacífico, aunque la mayoría de las victorias decisivas de la guerra ante Japón corresponden a su colega de la marina, el Almirante Chester Nimitz.
Después de Pearl Harbour, los japoneses asaltaron las Filipinas, y si bien todo se hizo a velocidad relámpago, Doug no hizo absolutamente nada efectivo para evitar pérdidas innecesarias. Como general en jefe de las fuerzas del archipiélago, Doug decidió desplegar sus fuerzas insuficientes a lo largo de distintos puntos en dónde creía que los japoneses podían desembarcar, debilitando cualquier capacidad de respuesta, en vez de fortificar la base americana y tratar de retirar las tropas salvando miles de vidas.
Poco después de comenzado el ataque, Doug se dio cuenta que todo está perdido y huyó, subiéndose a un acorazado y dejando a casi toda sus fuerzas desplegadas a merced del invasor. De vuelta en Washington, hizo lobby con su amigo, el presidente Roosevelt, para que le dieran la medalla del Congreso por su “heroica resistencia”.
Años más tarde, estuvo a cargo del desembarco de las tropas americanas en Korea, y cuando la guerra se empantanó, llegó a proponer un bombardeo nuclear. Afortunadamente, Harry Truman lo echó del cargo.
Joseph Hooker
Guerra Civil Norteamericana
Segundo General en Jefe de las fuerzas de la Unión, fue designado por el presidente Abraham Lincoln para reemplazar a otro legendario incompetente, el General Mcclellan. Las palabras de Hooker al presidente fueron: “Mis planes son perfectos, que Dios tenga misericordia del General Lee, porque yo no voy a tenerla”.
Unos meses más tarde, Hooker fue rodeado por un ejército menor y derrotado humillantemente en Chancellorsville por el General Robert Lee y “Stonewall” Jackson.
Robert E. Lee
Zinovy Petrovich Rozhestvensky
Guerra Ruso-japonesa
El único caso de un líder naval en esta lista.
Haber sufrido la peor derrota en la historia de la Guerra naval, en el estrecho de Tsushima, perdiendo 38 de sus 40 acorazados, es, más que nada, mérito del vencedor, el legendario Almirante japonés Heihachiro Togo.
La incompetencia de Rozhestvensky viene de antes de la batalla. Su única reforma importante al mando de la flota del báltico (la tercera más grande de la tierra) había sido pintar de dorado las chimeneas de sus naves (que las hizo fácilmente localizables al fuego enemigo en Tsushima).
Cuando la flota rusa fue aniquilda en Port Arthur en 1904, el Zar tuvo que mandar a la armada del báltico para reemplazar a la ya inexistente flota del pacífico, pero para eso, tenían que dar la vuelta a medio mundo.
Togo Heihachiro
Aun así, podrían haber llegado antes, de haber podido usar el canal de Suez, a cargo de un aliado de Rusia, Gran Bretaña.
Sin embargo, a poco de zarpar, pasando por el mar del norte, uno de los acorazados abrió fuego y hundió un buque de bandera inglesa, creyendo que se trataba de un navío nipón disfrazado para atacarlos. Sí... supusieron que había un navío japonés en el Mar del Norte. Esa era la calidad de los oficiales rusos.
Gran Bretaña estuvo a punto de declararle la guerra a Rusia, pero terminó bloqueándoles el uso del canal de Suez. Rozhestvensky tuvo que navegar a través de las costas Africanas y la India para llegar a la zona de conflicto, sólo para ser interceptadas en Tsushima cuando las tropas en tierra ya habían sido derrotadas en Mukden.
Bartolomé Mitre
Guerras civiles de la Confederación Argentina, Guerra del Paraguay o de la Triple Alianza.
De todas las áreas destacadas en la que este notable personaje de la historia argentina se desempeñó (historiador, político, periodista, traductor) en la que fue definitivamente un incapaz fue en la que él estaba más orgulloso: en la de militar.
A pesar de que, supuestamente, estudió teoría militar en Montevideo, Mitre nunca entendió que las tácticas Napoleónicas de la guerra europea no podían aplicarse al pie de la letra en las Pampas, y fue una y otra vez burlado y rodeado por las montoneras federales, como en la Batalla de Cepeda, contra Urquiza.
Mitre reclamaba haber tenido una labor decisiva en Caseros al frente de un escuadrón de artillería, aunque no hay ninguna evidencia fuera de su relato al respecto, y a pesar de que en resa batalla la artillería no cumplió ninguna labor significativa.
La única gran Victoria de Mitre fue en la batalla de Pavón, cuando luego de haber derrotado a la caballería de Buenos Aires, y quedando el centro expuesto, Urquiza, misteriosamente, dio la orden de retirada, ante los ruegos de su lugarteniente, López Jordán, que gritaba: “General, deme 300 hombres y termino esta batalla”. Mitre no estaba presente para su gran victoria. Creyéndose derrotado (lo estaba), ya había huido a San Nicolás. Una semana después, en la mesa de negociaciones, Buenos Aires se alzaba con la victoria.
Durante la Guerra del Paraguay, Mitre fue elegido como general en jefe de las fuerzas de la Triple Alianza. Siguieron cinco años de encarnizadas batallas y la falta de una ventaja clara. El clavo en el bahúl de Mitre como general fue la batalla de Curupaití, donde falló en coordinar un asalto anfibio y de infantería y llevó a una verdadera masacre de sus tropas, deteniendo las acciones por casi tres años.
Mitre fue relevado de su cargo y reemplazado por el notable estratega brasileño, el Duque de Caxias. Un año después de que tomara el mando, la guerra había terminado en victoria para la Triple Alianza y aniquilación de la población masculina paraguaya.
En los años subsiguientes, prestó sus habilidades a otras notables derrotas, entre ellas, la revolución de 1874 y la del parque de 1890.
Publio Quntilio Varo
Guerras germanas
“Varo llegó pobre a la rica provincia de Siria y volvió rico de la pobre de Siria”, dijo un historiador sobre este personaje.
El año 9 d.C., Varo tenía a su disposición varias legiones del mejor ejército de la historia, el ejército imperial romano, y se ocupó de cometer todos los errores necesarios para caer en la trampa que Arminio, su “amigo” (Varo desoyó las sucesivas advertencias de una posible traición) le tendió en el bosque de Teutoburgo. Una miríada de soldados germanos, poco entrenados y con ninguna oportunidad de hacer frente a los romanos en una batalla convencional, masacró a las tropas en una de las emboscadas más notables de la historia.
Las legiones que Varo llevó a la aniquilación nunca fueron repuestas, y hasta el fin de sus días, el Emperador Augusto se levantaba en la noche gritando: “¡Quntilio Varo, devuélveme mis legiones!”. Varo no podía escucharlo, sus huesos estaban junto a los de sus soldados en el bosque germano.
Arminio, verdugo de Varo y sus legiones
Douglas Haig
Primera Guerra Mundial
“El carnicero del Somme” es el sobrenombre de este general de caballería. Ser un “carnicero” puede ser señal de un general cruel y despiadado hacia el enemigo, pero Haig se ganó el título de carnicero de sus propias tropas. Creyendo que dos semanas de bombardeo a las trincheras alemanas a las orillas del río Somme había debilitado sus posiciones, y prendido al manual de tácticas del siglo XIX, la siguiente fase del plan de Haig era mandar una masiva carga de infantería con bayonetas a través de tierra de nadie para tomar las trincheras devastadas. Sin embargo, el bombardeo no había afectado a las posiciones alemanas, bien seguras en sus surcos de tierra y refugios de concreto. Los valientes soldados debieron caminar a ritmo de marcha, hombro con hombro, a través de un campo de minas, alambre de púas, y todo bajo fuego de ametralladoras. Durante la mañana, 6000 soldados ingleses habían caído, pero Haig pensaba que al menos, su sacrificio estaba cerca de agotar las posiciones enemigas. Mandó nuevas cargas, incluso ordenó a sus amadas unidades de caballería a bajar de la montura y sumarse a la refriega.
Durante el primer día de la batalla del Somme, Haig perdió más de 12000 hombres. El peor día del ejército británico en toda su historia.
Arthur Percival
Segunda Guerra Mundial
Nunca el rol de comandante en jefe le quedó tan grande a alguien.
Percival, un feo y enclenque general de escritorio que jamás había comandado tropas en batalla, había sido promovido a General en jefe de las fuerzas británicas en Malasia porque la mayoría de los generales capaces estaban siendo utilizados en la guerra en Europa y el norte de África.
Sin embargo, la inteligencia británica ya había recolectado mucha evidencia de la posibilidad de una invasión japonesa, algo que Percival decidió ignorar.
Cuando su jefe de artillería, el brigadier Simpson, le aconsejó armar playas vitales y ciudades, Percival se negó diciendo que eso alertaría a las poblaciones locales y sería un golpe negativo a la moral de los soldados.
¡Alta facha, papá!
Cuando los japoneses, a cargo del gran General Tomoyuki Yamashita, invadieron Malasia , la única defensa preparada eran acorazados británicos que fueron presa fácil de los bombarderos nipones.
Los japoneses fueron capaces de atravesar la isla de Malasia en bicicleta, a través de las rutas comerciales sin tener que traspasar verdaderos obstáculos.
En poco más de un mes, con un tercio de los hombres que tenía Percival a su disposición, Yamashita había conquistado Malasia y Singapur.
Tomoyuki Yamashita
Redvers Buller
Guerra de los Boers
“Excelente Mayor, Coronel mediocre, espantoso general”. Este fue el veredicto que sufrió el obeso general Buller, cuya labor como oficial había sido ejemplar en las guerras contra los zulúes. Pero cuando estuvo al frente de las fuerzas británicas contra los Boers, pareciera que Buller sucumbió a la presión. Enfrentado a un ejército de granjeros y cazadores, Buller pareció no comprender que las tácticas convencionales de caballería e infantería no aplicaban y en Spion Kop llevó a su ejército a la mitad de un valle rodeado de colinas desde donde los francotiradores Boers se hicieron un festín.
“Estos Boers no saben luchar como verdaderos hombres, siempre salen huyendo sobre sus ponys”, fue lo único que atinó a decir. Pero sus hombres no lo vieron del mismo modo. Haciendo un juego de palabras con su nombre lo apodaron “Reverse Buller” (reverse=revés).
Douglas MacArthur
Segunda Guerra Mundial y Guerra de Korea
Ser un maestro de las relaciones públicas y la autopromoción no hace necesariamente a un buen general. Los americanos lo ven como el gran héroe de la guerra del pacífico, aunque la mayoría de las victorias decisivas de la guerra ante Japón corresponden a su colega de la marina, el Almirante Chester Nimitz.
Después de Pearl Harbour, los japoneses asaltaron las Filipinas, y si bien todo se hizo a velocidad relámpago, Doug no hizo absolutamente nada efectivo para evitar pérdidas innecesarias. Como general en jefe de las fuerzas del archipiélago, Doug decidió desplegar sus fuerzas insuficientes a lo largo de distintos puntos en dónde creía que los japoneses podían desembarcar, debilitando cualquier capacidad de respuesta, en vez de fortificar la base americana y tratar de retirar las tropas salvando miles de vidas.
Poco después de comenzado el ataque, Doug se dio cuenta que todo está perdido y huyó, subiéndose a un acorazado y dejando a casi toda sus fuerzas desplegadas a merced del invasor. De vuelta en Washington, hizo lobby con su amigo, el presidente Roosevelt, para que le dieran la medalla del Congreso por su “heroica resistencia”.
Años más tarde, estuvo a cargo del desembarco de las tropas americanas en Korea, y cuando la guerra se empantanó, llegó a proponer un bombardeo nuclear. Afortunadamente, Harry Truman lo echó del cargo.
Joseph Hooker
Guerra Civil Norteamericana
Segundo General en Jefe de las fuerzas de la Unión, fue designado por el presidente Abraham Lincoln para reemplazar a otro legendario incompetente, el General Mcclellan. Las palabras de Hooker al presidente fueron: “Mis planes son perfectos, que Dios tenga misericordia del General Lee, porque yo no voy a tenerla”.
Unos meses más tarde, Hooker fue rodeado por un ejército menor y derrotado humillantemente en Chancellorsville por el General Robert Lee y “Stonewall” Jackson.
Robert E. Lee
Zinovy Petrovich Rozhestvensky
Guerra Ruso-japonesa
El único caso de un líder naval en esta lista.
Haber sufrido la peor derrota en la historia de la Guerra naval, en el estrecho de Tsushima, perdiendo 38 de sus 40 acorazados, es, más que nada, mérito del vencedor, el legendario Almirante japonés Heihachiro Togo.
La incompetencia de Rozhestvensky viene de antes de la batalla. Su única reforma importante al mando de la flota del báltico (la tercera más grande de la tierra) había sido pintar de dorado las chimeneas de sus naves (que las hizo fácilmente localizables al fuego enemigo en Tsushima).
Cuando la flota rusa fue aniquilda en Port Arthur en 1904, el Zar tuvo que mandar a la armada del báltico para reemplazar a la ya inexistente flota del pacífico, pero para eso, tenían que dar la vuelta a medio mundo.
Togo Heihachiro
Aun así, podrían haber llegado antes, de haber podido usar el canal de Suez, a cargo de un aliado de Rusia, Gran Bretaña.
Sin embargo, a poco de zarpar, pasando por el mar del norte, uno de los acorazados abrió fuego y hundió un buque de bandera inglesa, creyendo que se trataba de un navío nipón disfrazado para atacarlos. Sí... supusieron que había un navío japonés en el Mar del Norte. Esa era la calidad de los oficiales rusos.
Gran Bretaña estuvo a punto de declararle la guerra a Rusia, pero terminó bloqueándoles el uso del canal de Suez. Rozhestvensky tuvo que navegar a través de las costas Africanas y la India para llegar a la zona de conflicto, sólo para ser interceptadas en Tsushima cuando las tropas en tierra ya habían sido derrotadas en Mukden.
Bartolomé Mitre
Guerras civiles de la Confederación Argentina, Guerra del Paraguay o de la Triple Alianza.
De todas las áreas destacadas en la que este notable personaje de la historia argentina se desempeñó (historiador, político, periodista, traductor) en la que fue definitivamente un incapaz fue en la que él estaba más orgulloso: en la de militar.
A pesar de que, supuestamente, estudió teoría militar en Montevideo, Mitre nunca entendió que las tácticas Napoleónicas de la guerra europea no podían aplicarse al pie de la letra en las Pampas, y fue una y otra vez burlado y rodeado por las montoneras federales, como en la Batalla de Cepeda, contra Urquiza.
Mitre reclamaba haber tenido una labor decisiva en Caseros al frente de un escuadrón de artillería, aunque no hay ninguna evidencia fuera de su relato al respecto, y a pesar de que en resa batalla la artillería no cumplió ninguna labor significativa.
La única gran Victoria de Mitre fue en la batalla de Pavón, cuando luego de haber derrotado a la caballería de Buenos Aires, y quedando el centro expuesto, Urquiza, misteriosamente, dio la orden de retirada, ante los ruegos de su lugarteniente, López Jordán, que gritaba: “General, deme 300 hombres y termino esta batalla”. Mitre no estaba presente para su gran victoria. Creyéndose derrotado (lo estaba), ya había huido a San Nicolás. Una semana después, en la mesa de negociaciones, Buenos Aires se alzaba con la victoria.
Durante la Guerra del Paraguay, Mitre fue elegido como general en jefe de las fuerzas de la Triple Alianza. Siguieron cinco años de encarnizadas batallas y la falta de una ventaja clara. El clavo en el bahúl de Mitre como general fue la batalla de Curupaití, donde falló en coordinar un asalto anfibio y de infantería y llevó a una verdadera masacre de sus tropas, deteniendo las acciones por casi tres años.
Mitre fue relevado de su cargo y reemplazado por el notable estratega brasileño, el Duque de Caxias. Un año después de que tomara el mando, la guerra había terminado en victoria para la Triple Alianza y aniquilación de la población masculina paraguaya.
En los años subsiguientes, prestó sus habilidades a otras notables derrotas, entre ellas, la revolución de 1874 y la del parque de 1890.