Cuando Terry Gobanga -entonces Terry Apudo- no llegó a su casamiento, nadie se imaginó que la habían secuestrado, violado y abandonado en una cuneta.
Esa fue la primera de las dos tragedias en las que esta joven pastora anglicana de la capital de Kenia, Nairobi , se vería envuelta tras una rápida sucesión de acontecimientos.
Y ahora lo puede contar. Es una sobreviviente.
Línea
"Iba a ser un gran día.
Como era pastora, iban a llegar los miembros de nuestra iglesia, así como todos nuestros familiares.
Mi prometido y yo estábamos muy emocionados porque nos casábamos en la catedral de Todos los Santos de Nairobi .
Además, había alquilado un bonito vestido.
Pero la noche anterior me di cuenta que tenía alguna ropa de Harry (Olwande), incluida su corbata.
Él no podía llegar a su boda sin corbata, así que una amiga que se quedó a pasar la noche conmigo me prometió que lo primero que haría en la mañana sería llevársela.
Así que nos despertamos al alba y la acompañé a la estación de autobuses.
Luego, de regreso a casa, pasaba frente a un tipo sentado sobre el capó de un coche cuando de repente me agarró por la espalda y me metió en el asiento trasero.
Había otros dos hombres adentro y se pusieron en marcha.
Todo pasó en una fracción de segundo.
Me metieron un pedazo de tela en la boca, pero forcejeé y traté de gritar.
Cuando logré apartarlos, les chillé: '¡Es el día de mi boda!'.
dejar puntos para mi sueño
Esa fue la primera de las dos tragedias en las que esta joven pastora anglicana de la capital de Kenia, Nairobi , se vería envuelta tras una rápida sucesión de acontecimientos.
Y ahora lo puede contar. Es una sobreviviente.
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"Iba a ser un gran día.
Como era pastora, iban a llegar los miembros de nuestra iglesia, así como todos nuestros familiares.
Mi prometido y yo estábamos muy emocionados porque nos casábamos en la catedral de Todos los Santos de Nairobi .
Además, había alquilado un bonito vestido.
Pero la noche anterior me di cuenta que tenía alguna ropa de Harry (Olwande), incluida su corbata.
Él no podía llegar a su boda sin corbata, así que una amiga que se quedó a pasar la noche conmigo me prometió que lo primero que haría en la mañana sería llevársela.
Así que nos despertamos al alba y la acompañé a la estación de autobuses.
Luego, de regreso a casa, pasaba frente a un tipo sentado sobre el capó de un coche cuando de repente me agarró por la espalda y me metió en el asiento trasero.
Había otros dos hombres adentro y se pusieron en marcha.
Todo pasó en una fracción de segundo.
Me metieron un pedazo de tela en la boca, pero forcejeé y traté de gritar.
Cuando logré apartarlos, les chillé: '¡Es el día de mi boda!'.
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