En septiembre de 2015, Mariano Winograd vio con asombro e indignación las imágenes difundidas por la televisión que mostraban a una reportera que les hacía zancadillas a refugiados sirios que escapaban del cordón policial para entrar en Hungría. Esas escenas, difíciles de creer y entender, le trajeron a su mente aquellas fotografías que testimoniaban situaciones denigrantes atravesadas por nuestros abuelos en la vieja Europa. Y decidió no permanecer indiferente. Se constituyó en llamante de una familia siria y la alojó en su casa, para luego profundizar su labor a través de la creación de la red social Refugio Humanitario, una organización que ayuda a establecerse en
Argentina
a personas que escapan de ese país azotado por la guerra.
“Ya estamos trayendo unas 70 familias -cuenta este ingeniero agrónomo judío, en diálogo con Nueva Sion-. Hay muchos llamantes, voluntarios, donantes, toda gente que siente en algún punto lo mismo que yo, que debemos devolver al país y la humanidad algo de lo que nos dio hace cien años atrás cuando vinieron nuestros abuelos inmigrantes”.

-Vos conectás mucho tu experiencia judía con esta militancia. En algún punto te sentís como un puente de culturas, ¿verdad?
-A los 60 años me agarró un poco de misticismo y voy a dos templos, uno más moderno, Amijai, y el otro más ortodoxo, Lubavich de San Fernando, pero siempre entiendo este desafío que tenemos en cada sábado frente a la lectura del libro, hacernos preguntas. El otro día le preguntaba al rabino: ¿qué pasó con los hijos de Esaú, que también son hebreos pero no son israelitas? ¿Qué pasó con los hijos de Ismael, que también son hijos de Abraham, tienen el mismo padre que nosotros?
Mi abuelo nunca decía cosas tristes, salvo en Pesaj, cuando se permitía en medio de esa alegría de los chicos, de las preguntas, del Ma Nishtaná, hacer un minuto de silencio por los muertos en Europa. No por nada el levantamiento del Gueto de Varsovia fue en Pesaj. Y las personas por las que pedía un minuto de silencio no eran cualquier gente, eran sus padres y sus hermanos. Así que creo que Pesaj es una oportunidad interesante para entender qué pasa cuando a los pueblos de los esclaviza.
Recuerdo una lectura de la salida de Egipto en el cual el rabino preguntó: “¿Tal vez nosotros seamos los egipcios de aquel entonces, no?”. Hoy vale la reflexión: ¿Quiénes son los egipcios, los abusadores, los esclavos hoy? La verdad es que vi a esta gente en Europa, en particular en Hungría, y pensé que si en Hungría después de todo lo que ha pasado se elige a un presidente que piensa que la solución es garrotear a los inmigrantes, parece que no se ha aprendido nada.
La verdad es que la historia está contada apenas, porque los nazis alemanes no fueron los únicos nazis que había en Europa. Los húngaros y los rumanos, los franceses y los norteamericanos, todos tenían sus nazis y por lo visto todavía los tienen, habiendo presidentes del mundo que piensen que las cosas se van a resolver haciendo muros o alambrados para impedir a un extranjero desplazarse de un lugar a otro. Nuestro libro nunca dice que a los extranjeros les tenemos que pegar, dice que los tenemos que recibir.
-¿Cómo fue el recorrido diplomático para traer a los refugiados sirios a la Argentina ?
-A principios del 2016 se conformó la Mesa Siria, cambió la reglamentación, apareció por un lado un Estado Llamante, que fue San Luis, y además surgió la posibilidad de que organizaciones se puedan ocupar de estos temas. Antes eran algo de uno a uno, concentrado en familias que traían a los suyos desde el exterior. En el ínterin, Macri estuvo en las Naciones Unidas y asumió el compromiso de traer a 3.000 sirios. Por otro lado, Susana Malcorra quería ser Secretaria General de las Naciones Unidas, todo tiene un componente político.
-¿Notaste que exista alguna discriminación hacia los sirios en la sociedad argentina en lo cotidiano?
-Cuando uno hace un posteo en una red social siempre aparecen xenófobos o fascistas. En la calle no lo vi nunca jamás. No lo veo cuando mi vecina de San Fernando anda con velo. ¿Hay fascistas en Argentina ? Sí. ¿Se atreven a decirlo en voz alta y postularse a la Presidencia de la Nación? No.
-¿Cuál es la reacción de los sirios cuando se dan cuenta de que sos judío? ¿Alegría? ¿Sorpresa?
-Con las instituciones se puede dar algún tipo de reacción de extrañeza, pero cuando hablás con la gente común no aparece ningún tipo de asombro. Es un planteo que no se da en la cotidianeidad. Inclusive muchas veces me han dicho primo. Tal vez es misma alegría que tenemos nosotros de poder ayudarlos. Si uno lo toma desde el punto de visto filosófico o profético podría ser una suerte de desafío que tenemos, porque finalmente, ¿qué futuro tiene Israel y los judíos si en algún momento no vamos hacer una paz con nuestros hermanos? Imagino que cualquier judío se tiene que preguntarse esto.
“Ya estamos trayendo unas 70 familias -cuenta este ingeniero agrónomo judío, en diálogo con Nueva Sion-. Hay muchos llamantes, voluntarios, donantes, toda gente que siente en algún punto lo mismo que yo, que debemos devolver al país y la humanidad algo de lo que nos dio hace cien años atrás cuando vinieron nuestros abuelos inmigrantes”.

-Vos conectás mucho tu experiencia judía con esta militancia. En algún punto te sentís como un puente de culturas, ¿verdad?
-A los 60 años me agarró un poco de misticismo y voy a dos templos, uno más moderno, Amijai, y el otro más ortodoxo, Lubavich de San Fernando, pero siempre entiendo este desafío que tenemos en cada sábado frente a la lectura del libro, hacernos preguntas. El otro día le preguntaba al rabino: ¿qué pasó con los hijos de Esaú, que también son hebreos pero no son israelitas? ¿Qué pasó con los hijos de Ismael, que también son hijos de Abraham, tienen el mismo padre que nosotros?
Mi abuelo nunca decía cosas tristes, salvo en Pesaj, cuando se permitía en medio de esa alegría de los chicos, de las preguntas, del Ma Nishtaná, hacer un minuto de silencio por los muertos en Europa. No por nada el levantamiento del Gueto de Varsovia fue en Pesaj. Y las personas por las que pedía un minuto de silencio no eran cualquier gente, eran sus padres y sus hermanos. Así que creo que Pesaj es una oportunidad interesante para entender qué pasa cuando a los pueblos de los esclaviza.
Recuerdo una lectura de la salida de Egipto en el cual el rabino preguntó: “¿Tal vez nosotros seamos los egipcios de aquel entonces, no?”. Hoy vale la reflexión: ¿Quiénes son los egipcios, los abusadores, los esclavos hoy? La verdad es que vi a esta gente en Europa, en particular en Hungría, y pensé que si en Hungría después de todo lo que ha pasado se elige a un presidente que piensa que la solución es garrotear a los inmigrantes, parece que no se ha aprendido nada.
La verdad es que la historia está contada apenas, porque los nazis alemanes no fueron los únicos nazis que había en Europa. Los húngaros y los rumanos, los franceses y los norteamericanos, todos tenían sus nazis y por lo visto todavía los tienen, habiendo presidentes del mundo que piensen que las cosas se van a resolver haciendo muros o alambrados para impedir a un extranjero desplazarse de un lugar a otro. Nuestro libro nunca dice que a los extranjeros les tenemos que pegar, dice que los tenemos que recibir.
-¿Cómo fue el recorrido diplomático para traer a los refugiados sirios a la Argentina ?
-A principios del 2016 se conformó la Mesa Siria, cambió la reglamentación, apareció por un lado un Estado Llamante, que fue San Luis, y además surgió la posibilidad de que organizaciones se puedan ocupar de estos temas. Antes eran algo de uno a uno, concentrado en familias que traían a los suyos desde el exterior. En el ínterin, Macri estuvo en las Naciones Unidas y asumió el compromiso de traer a 3.000 sirios. Por otro lado, Susana Malcorra quería ser Secretaria General de las Naciones Unidas, todo tiene un componente político.
-¿Notaste que exista alguna discriminación hacia los sirios en la sociedad argentina en lo cotidiano?
-Cuando uno hace un posteo en una red social siempre aparecen xenófobos o fascistas. En la calle no lo vi nunca jamás. No lo veo cuando mi vecina de San Fernando anda con velo. ¿Hay fascistas en Argentina ? Sí. ¿Se atreven a decirlo en voz alta y postularse a la Presidencia de la Nación? No.
-¿Cuál es la reacción de los sirios cuando se dan cuenta de que sos judío? ¿Alegría? ¿Sorpresa?
-Con las instituciones se puede dar algún tipo de reacción de extrañeza, pero cuando hablás con la gente común no aparece ningún tipo de asombro. Es un planteo que no se da en la cotidianeidad. Inclusive muchas veces me han dicho primo. Tal vez es misma alegría que tenemos nosotros de poder ayudarlos. Si uno lo toma desde el punto de visto filosófico o profético podría ser una suerte de desafío que tenemos, porque finalmente, ¿qué futuro tiene Israel y los judíos si en algún momento no vamos hacer una paz con nuestros hermanos? Imagino que cualquier judío se tiene que preguntarse esto.