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Parte 1/2: Sacerdotes y pederastas: negro sobre blanco

Info7/24/2017








EL POST CUMPLE PERFECTAMENTE CON EL PROTOCOLO Y NO BUSCA JUSTIFICAR NI DEFENDER A LOS CURAS PEDERASTAS, SINO LIMPIAR LA IMÁGEN DEL RESTO DE LOS SACERDOTES.

LOS COMENTARIOS ESTARÁN CERRADOS EN LA PARTE 1, PERO ESTARÁN ABIERTOS Y SUJETOS A LA MODERACIÓN EN LA PARTE 2.

POR FAVOR, COMENTEN CON LA SERIEDAD QUE IMPLICA UN TEMA TAN COMPLEJO Y DELICADO




¿Cuál es la verdad sobre este asunto tan polémico? En este artículo vamos a revelar muchos datos que sin duda le impactarán. En esta compleja historia sin héroes, solo villanos, la verdad ha sido manipulada, ocultada y deformada hasta límites tan grandes que nos hemos visto obligados a llenar nuestro artículo de citas, enlaces y referencias para demostrar que no nos estamos inventando la información.

La pederastia en el clero de la Iglesia Católica se ha convertido en un tremendo escándalo mediático capaz, como ningún otro, de sacudir sus cimientos. En este artículo vamos a intentar ahondar en los datos para analizar esta cuestión de forma lo más desapasionada posible así como intentar ver causas y consecuencias. Veremos hasta qué punto hay relación entre la naturaleza del sacerdocio católico y el fenómeno de la pederastia e intentaremos también derribar mitos cuando los haya.

La mayor vergüenza para los católicos del siglo XXI es, sin duda, los sacerdotes pederastas. No hay nada que pueda disculpar ni suavizar semejante delito. Al contrario, el hecho de ser sacerdote se convierte en un enorme agravante en estos casos. Un sacerdote que lleve a cabo abusos sexuales de cualquier tipo está actuando contra su celibato, está traicionando la confianza de los padres que confían en que sus hijos se encuentran seguros y a salvo en manos de la Iglesia, y están pecando gravísimamente contra Dios y contra la Iglesia. No olvidemos que las más duras palabras de condena de Jesús fueron estas:

Si uno escandaliza a cualquiera de estos pequeños que cree en mí, más le valdría que le colgaran al cuello una rueda de molino de las que mueven los asnos, y lo sumergieran en el fondo del mar. (Mateo 18:6)


Jesús no es un idealista optimista que piensa que cualquiera que le siga logrará la perfección, la santidad. Jesús sabe cómo somos, nuestros defectos y debilidades, por eso añade esta frase:

¡Ay del mundo por los escándalos! Porque es inevitable que los haya; pero ¡ay de aquel hombre por quien viene el escándalo! (Mateo 18:7)


Así que la debilidad del ser humano explica, pero en modo alguno justifica ni suaviza, lo atroz del delito. Es cierto que un sacerdote es un ser humano, y por tanto sujeto a las mismas tentaciones y debilidades que los demás, pero precisamente por haber consagrado su vida a Dios tiene aún mayor responsabilidad y delito.

Hasta aquí supongo que hay amplio consenso entre católicos y no católicos, así que no es necesario ahondar más en ello. Lo que nos interesa del tema en este artículo es que al llegar el nuevo milenio ha habido una explosión de acusaciones de abusos sexuales a menores centrada en los sacerdotes católicos. Rápidamente se ha culpado de esto al celibato, que al reprimir la sexualidad del sacerdote la vuelve enfermiza y busca expresarse por medios ilícitos, o al autoritarismo de la jerarquía, que lleva al sacerdote a creerse dueño y señor de vidas y haciendas. Los medios de comunicación nos han bombardeado con noticias sobre estos casos y el daño a la Iglesia Católica en muchos aspectos ha sido incalculable. Para poder tener una visión clara y contextualizada de lo que ha ocurrido, debemos separar el grano de la paja, enfriar pasiones y estudiar los fríos datos.



La pederastia en la sociedad moderna: datos

Los diferentes estudios sobre la pederastia arrojan resultados muy diversos porque no hay una lista estandarizada de qué comportamientos se consideran “abusos sexuales”; también porque a veces se computan solo hechos objetivos (casos denunciados o condenas en firme) y otras veces se hacen encuestas para sacar una estimación del número total de casos reales que debe haber. Nos centraremos aquí sobre todo en los datos de Estados Unidos porque es el país donde más ha sido estudiado el tema y en donde con más fuerza ha estallado la bomba de la pederastia entre el clero católico. Según los estudios, la incidencia de la pederastia en Estados Unidos varía entre el 10% y el 40%, pero como herramienta de trabajo nos limitaremos a estudios lo más serios y objetivos posibles.

En el 2009 se realizó un macro estudio publicado en la revista Clinical Psychology Review, contrastando datos recogidos en 22 países. En Occidente (Europa y América) el índice de incidencia de la pederastia está en torno al 10% (9.2% para Europa y 10.1% para América). En otras partes del mundo donde la cultura no está basada en el cristianismo, los índices son mayores, desde el 23.9% en Asia hasta el 34.4% en África.

En cuanto a los agresores, en torno al 30% son familiares del niño, sobre todo hermanos, padres, tíos o primos; un 60% son personas muy cercanas a la familia, como amigos de los padres, canguros (babysitters), maestros, médicos o vecinos. Los desconocidos solo son el 10% de los agresores. La mayoría son hombres, incluso cuando la víctima es un niño varón.

Los padres son el porcentaje de agresores más alto, pero es sin embargo el entorno escolar en donde más abusos se cometen, siendo los agresores, por orden de frecuencia, profesores, entrenadores, conductores de autobús y asistentes de todo tipo. El Departamento de Educación de Estados Unidos, en su informe del 2004, estima que casi el 9.6% de todos los niños del país han sufrido algún tipo de abuso sexual en la escuela pública (primaria y secundaria), lo que da una cifra de 4.5 millones de niños que en esos momentos están sufriendo abusos sexuales en Estados Unidos dentro del entorno escolar, por parte de profesores, trabajadores u otros compañeros, aclarando que se refiere solo a conductas sexuales “no deseadas”. Se descubrió que los profesores, entrenadores y profesores sustitutos, por ese orden, eran los que más incurrían en el delito.

Para poder contextualizar los datos de este problema, a pesar de lo complicado de llegar a cifras exactas, podemos tomar como base las cifras dadas por la prestigiosa revista americana Newsweek a raíz de la explosión de denuncias contra sacerdotes:

“Los expertos no se ponen de acuerdo en el porcentaje de abusos sexuales entre la población masculina americana, pero Allen dice que una estimación conservadora sería el 10%. Margaret Leland Smith, investigadora del colegio de justicia criminal John Jay, dice que su estudio de las cifras muestra un porcentaje más cercano al 5%. Pero sea como sea, el porcentaje de abusos realizados por los sacerdotes católicos no se encontraría por encima de estas estimaciones. El público no es consciente de la gran incidencia del abuso sexual infantil, dice Smith. Incluso las cifras dadas podrían ser bajas; los estudios sugieren que solo se denuncia un tercio de los casos de abusos, lo cual lo convertiría en el crimen menos denunciado. “Lo mires como lo mires, es un suceso muy corriente”, dice Smith. La mayoría de quienes abusan de los niños tienen una cosa en común, y no es la religión: es una relación preexistente con sus víctimas. Eso incluye a sacerdotes, ministros y rabinos, por supuesto, pero también a miembros de la familia, amigos, vecinos, maestros, entrenadores, monitores de campamento, voluntarios de grupos de jóvenes, y también médicos.” ( Newsweek, 7 de abril de 2002 )


El abuso sexual de niños, por tanto, es un problema mucho más extendido de lo que parece, con una media de incidencia que podríamos situar en el 8% de los adultos de Estados Unidos (entre más de 5% y el 10% según los estudios). Recuerde esta cifra general para poder comparar: se estima que el 8% de los adultos estadounidenses ha cometido algún tipo de abusos sexuales con niños.



La pederastia y los sacerdotes

Pero lo que realmente ha hecho saltar las alarmas y ha causado una auténtica conmoción social ha sido la implicación de la Iglesia Católica. A partir del 2002 se empiezan a sacar a la luz casos de abusos sexuales a niños por parte de clérigos católicos y en muy poco tiempo se crea una auténtica psicosis contra los sacerdotes, como si el problema fuese principalmente un problema relacionado con ellos. Tanta fue la saturación mediática que se creó una auténtica sensación de alarma social en la que los enemigos eran los sacerdotes católicos. Por poner un ejemplo tomemos el caso del periódico The New York Times: durante los primeros 100 días de 2002, este prestigioso periódico publicó 225 noticias relacionadas con el tema, y en 26 ocasiones la historia apareció en portada. No es fácil pensar en otro asunto social que haya podido generar tantas noticias y titulares en tan corto espacio de tiempo, es lógico que tal avalancha creara alarma social, y no resulta exagerado hablar de psicosis ante tal bombardeo mediático.

Como muestra y resultado de esta psicosis podemos mencionar la encuesta que hizo el Wall Street Journal junto con la NBC News en el 2002, en donde el 64% de los estadounidenses afirmaban que los abusos sexuales a niños era una práctica “frecuente” entre los sacerdotes de la Iglesia Católica; ese es el resultado lógico de la campaña de “información” llevada a cabo por los periódicos, una total deformación de la percepción ciudadana, lo que claramente podríamos llamar “manipulación” (sin entrar en que fuera o no intencionada). O sea, que la mayoría de la población pensaba que la mayoría de los sacerdotes abusaban de menores de manera habitual, con lo que cualquier sacerdote pasó a ser socialmente visto como un probable violador de menores.

No es difícil imaginar las tremendas consecuencias que ello tuvo para la Iglesia Católica. El número de casos de abusos perpetrados por parte de docentes y otro personal de las escuelas era enormemente mayor, y sin embargo no se produjo ninguna condena colectiva hacia los profesores o hacia el sistema educativo. Ni siquiera hubo un clamor social pidiendo tomar medidas al respecto. Pero ese clamor y rechazo social sí se produjo contra la Iglesia Católica, incluso dentro de sus propios fieles. Bien parece que hubo quienes aprovecharon la situación para cargar su munición contra la Iglesia, y difícilmente podrían haber imaginado una victoria tan grande. Todo el rechazo social contra un delito infame extendido por la sociedad, de repente fue dirigido y enfocado con la precisión del láser contra un solo objetivo que suponía una parte minoritaria del problema: la Iglesia, que fue crucificada y obligada a cargar con todas las culpas de la sociedad cual chivo expiatorio. Tal vez esto nos ayude a comprender mucho mejor cómo se han sentido las comunidades judías durante siglos, víctimas repetidamente de un comportamiento similar.

Según los datos ofrecidos por el artículo de la BBCMirando tras el escándalo católico de abusos sexuales ”, el número de sacerdotes que han realizado abusos de este tipo (en conductas que varían desde la simple conversación sexual hasta la violación) representa el 0.8% del total en Alemania, uno de los países donde más ha cundido la psicosis (junto con Irlanda y Estados Unidos). Esto supone que de los 19.000 sacerdotes católicos de Alemania, solo 150 han sido alguna vez acusados en tal sentido. Cierto que habrá casos que no han sido denunciados (hay fuentes que hablan de 300 casos o más), y también cierto que habrá acusaciones que no sean ciertas, así que tenemos que ajustarnos a los datos que tenemos. Compare ese 0.8% de sacerdotes abusadores con el 8% de abusadores en la sociedad americana.

Pero para comprenderlo mejor, imagine una ciudad de mediano tamaño, con exactamente esos 19.000 habitantes. Según los datos que tenemos, entre el 10 y el 40% de los niños de esa ciudad habrán sido víctimas de abusos sexuales de algún tipo por parte de adultos. Esto supondría que en esa ciudad hay miles de adultos que han sido abusadores de niños. Pero si trasladamos esos 19.000 habitantes a sacerdotes, nos encontramos no con miles de pederastas, sino solo con 150. Esos 150 (o 300) se merecen todo el rechazo del mundo, pero ciertamente quien no se merece todo el rechazo del mundo es una institución, la Iglesia Católica, que aunque muestra que sus miembros son humanos y pecadores como los demás, también muestra que entre sus filas el pecado lo tiene bastante más difícil. Esos 150 criminales son al mismo tiempo la prueba de que los otros 18.850 sacerdotes muestran un comportamiento mucho más virtuoso que el resto de la sociedad, a pesar de haber sido despreciados por esta y obligados a compartir la culpa de ese puñado de ovejas negras.

En el propio Estados Unidos, donde más grave ha sido el asunto, el estudio más exhaustivo ha sido el de Philip Jenkins, de la Universidad de Pensilvania, publicado en su libro “Pedófilos y sacerdotes: anatomía de una crisis social”, donde señala que sólo el 0.2% de los sacerdotes católicos se ha visto implicado en casos de abusos sexuales (recordemos la cifra del 8% para la población general). Este estudio afirma también que no existe evidencia de que la pedofilia sea más común entre el clero católico, que entre los ministros protestantes, los líderes judíos, los médicos o miembros de cualquier otra institución en la que los adultos ocupen posiciones de autoridad sobre los niños. Por supuesto estos estudios se basan en casos denunciados, los casos reales serán más, pero de igual modo en el resto de la población los casos reales también serán más, así que a efectos de comparación relativa sí que son fiables. Otros estudios dan cifras más altas, hasta llegar al 4% en algún caso, pero incluso de ser cierto ese porcentaje, sería la mitad que el dato que tenemos de media para la población general.

Lo más triste de todo es que los protestantes se sumaran rápidamente al coro de acusadores y comenzaran a usar la pederastia como munición contra la Iglesia, aunque por otro lado si los propios fieles católicos han sucumbido a la propaganda, no se puede culpar a los protestantes de haber sucumbido también. Aunque solo la Iglesia Católica ha hecho estudios exhaustivos del problema de la pederastia entre sus filas, los datos recogidos entre las diferentes denominaciones cristianas muestran que la prevalencia de este delito entre sus ministros y pastores es similar a la católica, y por tanto considerablemente menor que la incidencia entre la población general. Esto muestra lo que era de esperar, que tanto en el clero católico como en el protestante, el compromiso con la moral y visión del mundo del cristianismo supone una diferencia positiva con respecto al resto de la sociedad.

La revista Newsweek publicó un artículo titulado “Los sacerdotes católicos no cometen más abusos que el resto de varones” ( Newsweek 8/4/2010 ) en donde rechaza que la pederastia fuese más frecuente en la Iglesia Católica que en otras denominaciones o sectores sociales, y da un argumento que, si se conoce bien la sociedad americana y su funcionamiento, resulta tan válido como el mejor test científico: las compañías de seguros.

En Estados Unidos se aprovecha cualquier daño real o imaginario para intentar obtener compensaciones millonarias, así que es hoy en día práctica habitual contratar seguros que te protejan de posibles reclamaciones monetarias derivadas de tus actividades. Los casos de abusos sexuales denunciados, aunque la mayoría se produjeron en los años 60-70, se tienen que indemnizar ahora, lo que ha llevado a varias diócesis estadounidenses a la bancarrota total y a algunas otras a tener problemas financieros. Esto ha hecho que no solo la Iglesia Católica, sino otras denominaciones, organizaciones e instituciones que trabajan con niños, contraten ahora seguros para cubrirse las espaldas en el caso de que alguno de sus trabajadores sea denunciado por abusos sexuales. Las sociedades de seguros americanas son famosas por su exhaustiva evaluación de riesgos, y cobrarán más o menos por el seguro según el riesgo estimado sea mayor o menor. Si la percepción social contra los sacerdotes católicos fuera correcta, la Iglesia Católica tendría que pagar por este seguro muchísimo más que cualquier otra iglesia u organización, pero no es así. Por ejemplo la compañía Guide One Center for Risk Management creó un seguro para todas las iglesias que trabajan con niños y tiene 40.000 congregaciones en su cartera. El precio del seguro es exactamente el mismo independientemente de si son católicos, baptistas, luteranos o lo que sea. Su portavoz, Sarah Buckley, al ser preguntada por esto simplemente afirmó que “no apreciamos grandes diferencias en la tasa de incidencia entre unas denominaciones y otras, es bastante uniforme entre todas ellas”.

Más aún, si nos olvidamos del pico de los años 60-70 (cuando los casos de abusos por parte de sacerdotes se multiplicaron por 6), hay estudios que muestran que los casos de abusos sexuales son más frecuentes entre las filas protestantes que en las católicas, como por ejemplo el estudio nacional que hizo la editorial protestante Christian Ministry Resources, dedicada a asuntos legales, en el 2002, con sus 1000 agencias nacionales sirviendo a 75.000 congregaciones en todo Estados Unidos. Su investigación se centra en los casos ocurridos a partir de 1993. En la presentación de este estudio, el periódico protestante The Christian Science Monitor comenzó su artículo diciendo:

“A pesar de que en el problema de la pedofilia los titulares se centran en los sacerdotes de la Iglesia Católica Romana, la mayoría de las iglesias americanas golpeadas por las denuncias de abusos sexuales son protestantes, y la mayoría de los presuntos abusadores no son clérigos o personal laboral, sino voluntarios.” ( The Christian Science Monitor, 5 de abril de 2002 )


Otro dato sorprendente, o no tanto, revelado por este estudio nacional es el grado de implicación de los niños en este problema:

“Tal vez lo más sorprendente es que en las iglesias (se refiere a las organizaciones, no los edificios) los niños son acusados de abusos sexuales con la misma frecuencia que los clérigos o el personal del centro. Por ejemplo, en 1999 el 42% de los abusos infantiles denunciados se debían a voluntarios, en torno al 25% era personal laboral y clérigos, y otro 25% eran otros niños.” ( The Christian Science Monitor, 5 de abril de 2002 )


El estudio termina con un dato esperanzador. Al parecer las medidas adoptadas por las iglesias han logrado hacer caer el número de casos de abusos. En 1994 el 4% de las congregaciones (no de los clérigos) tenían alguna acusación, pero en el año 2000 ese porcentaje se había reducido al 0.01% (y recordemos que en una congregación tenemos clérigos, trabajadores y voluntarios). Esta reducción no se debe únicamente a un mayor control o formación de los clérigos (que según los datos vistos solo supondría en torno al 12.5% del total de las infracciones denunciadas), sino a una seria toma de medidas de control de toda la gente que trabaja con los niños. Medidas de tal magnitud no han sido implementadas por otros sectores sociales que no han sido señalados por el dedo acusador de los medios de comunicación, así que podemos afirmar que si antes las iglesias proporcionaban a los niños un entorno más seguro que el de otros sectores sociales, tras las medidas tomadas esa seguridad se multiplica, por mucho que la psicosis social todavía haga pensar a muchos que “los curas” son el mayor peligro para la seguridad de los niños.

Ante las acusaciones de que el celibato católico podría incentivar este tipo de agresiones sexuales, el psiquiatra alemán Dr Luetz no ve ninguna conexión y afirma que “un padre de familia tiene 36 veces más probabilidades de agredir sexualmente a un niño que un sacerdote célibe.” ( BBC News, 6 de abril de 2010 )




Pedofilia y abusos sexuales

Otro asunto es el uso generalizado que se hace del término “pedófilo” referido a estos casos. La pedofilia es el abuso sexual cometido contra un preadolescente, menor de 13 o 14 años. Si se trata de mayores de 14 años, o sea, no “niños”, sino menores de edad, se denomina “efebofilia”. El término “pederastia” incluiría ambos casos. Al hablar de “curas pedófilos” y “abusos sexuales” se suele evocar frecuentemente la imagen de un sacerdote violando a un niño pequeño. La realidad es que los casos más frecuentes son tocamientos o conversaciones indecentes con adolescentes de entre 15 y 18 años de edad. No es que eso carezca de importancia, pero ciertamente no es lo mismo un comportamiento malo que un crimen atroz, más aún si queremos luchar contra la distorsión y exageración de que este asunto ha sido objeto.

Los estudios que arrojan cifras de abusos más altas (sean sacerdotes o no) son aquellos que utilizan una definición más amplia del término “abusos sexuales”. Por ejemplo en el 2005 el Departamento de Educación de Estados Unidos realizó una encuesta entre los alumnos de 14 a 17 años para ver el nivel de incidencia de los abusos en la escuela pública. Las cifras fueron muy altas, pero en realidad nos parecen más bien bajas si consideramos lo que la encuesta consideraba abusos sexuales: además de casos serios como violaciones, masturbación, sexo oral y tocamientos obscenos, también se incluían cosas como roces, contacto no deseado, contar un chiste verde, insultar utilizando una palabra de connotaciones sexuales, o incluso mirar al alumno de forma que el alumno interprete como lasciva, con lo cual si una alumna viene con falda corta y el profesor, al pasar, le mira fugazmente las piernas, esa niña pasaba automáticamente a computar en las estadísticas como víctima de abusos sexuales, y el profesor se convertía estadísticamente en un agresor sexual.

Si sabe inglés y le parece que estamos exagerando, puede usted mismo consultar el estudio oficial que comentamos y ver los cuestionarios que se pasaron a los niños (abra en este informe y vaya a la página 25 ). Y no es esto un caso aislado, muchos estudios utilizan ese mismo tipo de parámetros (por eso el gobierno lo usó también). Así nos encontramos que cuando un medio quiere atacar a la Iglesia, recurre a estudios de ese tipo de “margen amplio” para obtener cifras lo más altas posibles. La manera de evitar esas deformaciones “legales” es ceñirse solo a estudios donde el concepto de abuso sexual se limite al menos a algún tipo de contacto físico, de lo contrario un profesor podría abusar sexualmente de 30 niños a la vez si un día en clase cuenta un chiste picante. Hay que diferenciar las conductas malas o inadecuadas de lo que es un delito sexual, o al final no sabremos ni de qué estamos hablando.



Papel de la prensa

El comentarista americano Tom Hoopes escribió:

Durante la primera mitad del 2002, los 61 periódicos más importantes de California publicaron 2.000 historias de abuso sexual en instituciones católicas, mayormente relacionados con acusaciones pasadas. Durante el mismo periodo, esos periódicos publicaron cuatro historias acerca del descubrimiento del gobierno federal de un escándalo de abuso sexual mucho más grande ―y continuo― en escuelas públicas. ( Tom Hoopes, 24-8-2006 )


También cita a Charol Shakeshaft, investigadora de la Universidad de Hofstra que estudió el problema:

“¿Cree que la Iglesia Católica tiene un problema? El abuso sexual de naturaleza física en los estudiantes de las escuelas (públicas) es probablemente 100 veces superior al abuso por parte de los sacerdotes.“ (Charol Shakeshaft, 2002)

Los investigadores declararon que en las escuelas públicas de California 422.000 alumnos estaban en claro riesgo de sufrir abusos sexuales, pero en ese mismo año los periódicos no cesaban de sacar titulares sobre antiguos casos de abusos sexuales en la Iglesia Católica. ¿Cómo es posible que los periódicos no se olvidaran un poco de los abusos ocurridos en la Iglesia hacía años o incluso décadas para centrarse en los abusos mucho mayores que estaban ocurriendo en ese mismo momento en las escuelas? La explicación de algunos: sería muy irresponsable generar alarma social en las escuelas. ¿Quién dijo doble rasero? Ante cosas así es muy difícil pensar que no existen prejuicios anticatólicos detrás de tanta cobertura mediática.

ALEMANIA El caso alemán también se ha dado a la manipulación más o menos sutil. En los periódicos serios no se falsean los datos, pero se falsea totalmente la realidad al dar una impresión totalmente falsa de la situación. A finales del 2013 y principios del 2014 ha habido una avalancha de denuncias de abusos sexuales en Alemania. Los periódicos alemanes y europeos se han hecho rápido eco de la noticia. ¿Cuáles eran los titulares? “Los sacerdotes católicos habían planificado el abuso de niños”, “El celibato sacerdotal culpable de los abusos sexuales”, “Miles de personas se manifiestan en Berlín contra la Iglesia Católica por el escándalo de pederastia”, etc, etc. Todas las noticias tienen como protagonista a la Iglesia Católica, es lógico que la gente piense que esa avalancha de denuncias se ha producido contra sacerdotes católicos. Pero veamos los datos reales: de los 210.000 casos de abusos sexuales denunciados en Alemania desde 1995, solo 94 afectan a la Iglesia (incluyendo sacerdotes, religiosos, personal laboral y voluntarios) el 0.04%, menos aún si tuviéramos cifras referidas solo a los sacerdotes. Esto es un excelente ejemplo de cómo se puede mentir descaradamente sin necesidad de decir ni una sola mentira. Diciendo solo lo que les interesa, consiguen presentar un escándalo social como si fuera una agresión de la Iglesia Católica.

IRLANDA Hablando de manipulación de datos, otro claro ejemplo lo vemos en la noticia que dio el diario español El País sobre los casos de abusos sexuales en Irlanda, publicitado como el caso de abusos más grave de la Iglesia, peor incluso que en los Estados Unidos. El artículo, publicado el 20 de mayo de 2009, se titulaba “ La Iglesia Católica irlandesa conocía el abuso endémico de 35.000 niños ”. El interior de la noticia refuerza la noción que transmite el titular de que en ese país 35.000 niños sufrieron abusos sexuales durante décadas, o más bien, durante siempre, pues eso significa un mal “endémico”, y como prueba menciona el informe elaborado sobre ello por la propia Iglesia Católica irlandesa. Sin embargo, miremos despacio dicho informe y veamos cuál es la realidad de esas cifras.

Para empezar, si vemos la misma noticia tal como fue dada por la BBC ese mismo día (ver: Irish abuse report is shocking ) vemos ya que la cifra de 35.000 niños no se refiere al número de niños que sufrieron abusos sexuales, sino al número de niños que estaban en instituciones de la Iglesia (escuelas, orfanatos, etc.), de los cuales 2.000 sufrieron abusos “físicos y sexuales”, y los hechos se refieren casi todos a las décadas de los 60 y 70. Ciertamente el informe es terrible, y así lo reconoce la propia Iglesia de Irlanda, pero convertir eso en algo enormemente peor de lo que es no parece propio de un periódico que presume de objetividad y de hacer buen periodismo.

En realidad, si miramos el documento, vemos que incluso la BBC da cifras equivocadas al hablar de 2.000 denuncias. En el documento original vemos que el número de declaraciones es de 1.090, muchas, pero la mitad de las que los periódicos dicen, y ciertamente muchísimas menos que las 35.000 que menciona El País:

Los 1.090 informes de testigos están relacionados con el período que va desde el 1914 hasta el año 2000, de los cuales 23 se refieren a abusos experimentados antes de 1930 o después de 1990. (Informe de la comisión investigadora de abusos de niños)


El informe en cuestión abarca a todas las instituciones católicas irlandesas que estaban dedicadas al cuidado y/o enseñanza de niños. Dice que en las llamadas “Industrial Schools” donde se registraron el 73 % de las denuncias, ingresaron 170 mil niños entre 1936 y 1970. Las Industrial Schools eran residencias que acogían a los niños más pobres y huérfanos; eran dirigidas por órdenes religiosas católicas, y se les enseñaba tempranamente un oficio. Si hacemos cuentas nos salen las siguientes cifras: 73% de 1090= 796, o sea, el 0.47% del total, pero solo la mitad eran denuncias sexuales, es decir que el porcentaje de niños que sufrieron abusos sexuales sería 0.24 %.

Cualquier cifra por encima del 0% es inaceptable, pero si comparamos esa cifra con los abusos sexuales que sufren los niños americanos en las escuelas públicas (9.6%), vemos que la cifra es tremendamente inferior, y aún así las cifras de abusos en la escuela americana han pasado totalmente desapercibidas, incluso en su propio país.

En cuanto a la otra mitad, se mezclan conductas verdaderamente delictivas (como latigazos) con medidas disciplinarias que hoy son consideradas abusos físicos (como dar varazos) pero que en aquella época eran medidas consideradas aceptables tanto dentro como fuera de los centros católicos (uno de los graves problemas al juzgar hoy, con los parámetros actuales, conductas de hace años).

Pero hay más, en total, un 53% de todos los abusos sexuales fueron cometidos por laicos. El 24% de los casos reportados de abuso sexual en niños correspondió a solo toques inapropiados y caricias, pero sin masturbación; y en el caso de las niñas el 57% correspondió a toques inapropiados o desnudismo/voyerismo, pero sin masturbación. O sea, solo el 0.12% de los abusos sexuales procedieron del clero, y casi la mitad eran abusos menores. Asunto grave, pero muchísimo menos grave que lo que los medios de comunicación nos han dado a entender.

HOLANDA Lo mismo ocurrió con Holanda, dando los periódicos la noticia de que 20.000 niños habían sufrido abusos sexuales “en la Iglesia Católica” en la segunda mitad del siglo XX. El propio informe para estudiar el caso, dirigido por el ex ministro Wim Deetman, de religión protestante, afirma:

“No se encuentran diferencias significativas entre las instituciones católicas romanas y las que no lo son (...) En primer lugar, la impresión de que los abusos sexuales a menores han ocurrido principalmente en la Iglesia Católica Romana necesita ser modificada. Los abusos sexuales a menores están muy extendidos en toda la sociedad holandesa.” (Comisión para la investigación de abusos sexuales en Holanda)


Ese estudio, encuestando a 34.234 holandeses de más de 40 años, concluyó que el 9.7% de los holandeses habían sufrido abusos sexuales antes de los 18 años. De esa cifra, solo el 0.6% padeció los abusos en un entorno de la Iglesia Católica. Al constatar la frecuente confusión entre sacerdotes, diáconos y voluntarios parroquiales habituales y otros, el propio informe dice:

La Comisión de Investigación, por tanto, supone que hay un margen de error mayor y por tanto ha decidido presentar el porcentaje de víctimas de abuso sexual por parte del personal de la Iglesia Católica en términos de: probablemente mayor del 0.3% y menor del 0.9%


Lo cual ofrece un porcentaje parecido al arrojado por los estudios de Estados Unidos. Extrapolando estos porcentajes a la población infantil holandesa de entonces, sacaron unas cifras aproximadas de entre 10.000 y 20.000 niños, frente a unos 200.000 niños que sufrieron abusos fuera de la Iglesia Católica (pero que no tuvieron ningún impacto en los titulares).

Sin duda el caso de Holanda es también reprochable, pero la propia comisión de investigación considera el caso como parte de un problema de la sociedad holandesa, no como un problema propio de la Iglesia Católica en particular. Los holandeses efectivamente han sido y en gran medida aún son muy permisivos con todo lo referido a la sexualidad de los menores de edad. Sin embargo los medios de comunicación presentaron el asunto como un problema específico de la Iglesia Católica, y en concreto de los sacerdotes. Otra muestra de profunda tergiversación en contra de la Iglesia.

Ya hemos comentado los casos de Estados Unidos, Irlanda y Holanda. En el resto de países el número de casos reportados es mucho más pequeño, pero aún así, cada caso que aparece alcanza un gran eco mediático y social, y la percepción es que la Iglesia Católica mantiene una elevada incidencia de pederastia en todos los países del mundo. El papel que está jugando la prensa en todo el mundo se puede ejemplificar con esta queja de un bloguero chileno cuando dice:

La noticia de un sacerdote condenado por espiar mujeres en el baño , corre como pólvora por toda la red. Sobre la noticia en nuestro país de un profesor acusado de violar niños y un pastor evangélico condenado a 20 años de prisión por violar niños (las 3 noticias ocurridas en el mismo mes, dos en el mismo día) nadie ni dentro ni fuera de nuestro país se enteró. Las noticias no salieron en primeras planas, sino en las últimas páginas. Ningún medio extranjero se interesó por publicarla. Si hubiera sido un sacerdote católico sale en primera plana y en todos los periódicos del mundo y se la pasan meses hablando de eso. (Todaslascosasdeanthony.com)


ESPAÑA En España solo hay 43 condenas por abusos sexuales desde 1997 hasta hoy, enero del 2014 ( ver listado ) cometidos por 11 sacerdotes (de un total de casi 27.000, o sea, el 0.04% de curas denunciados), y a pesar de ello la prensa y la televisión han logrado extender por la sociedad la frecuente noción de que “los curas son unos pederastas”. La reacción del periódico Publico.es fue su artículo titulado “ España esconde decenas de casos de pederastia ”, y sin duda habrá muchos más casos ocultos de los que salen a la luz, como en todas partes y con todo tipo de abusadores, pero vemos que ante una noticia positiva (la pederastia entre sacerdotes es casi inexistente en España), hay periódicos que lo dan la vuelta y lo presentan como una noticia negativa (la Iglesia silencia la pederastia). Eso se llama presunción de culpabilidad, su fe ciega en que la mayoría de sacerdotes son pederastas les lleva a creer que si no salen a la luz miles y miles de casos es porque se silencian todos. Al menos este periódico, puestos a suponer números, nos habla de “decenas”, y no de miles, aunque luego nos hablan de datos “calculados” (estimaciones) y nos dicen que el 8% de los niños y el 1% de las niñas víctimas de abusos entre los años 50 y 70 lo habían sido a manos de sacerdotes (lo cual de todas formas daría un porcentaje de que el 95.5% de los abusos son cometidos por no sacerdotes, principalmente padres y maestros). Si hacemos caso a las propias cifras que nos da el Ministerio de Asuntos Sociales sobre abusos sexuales en la población general, esos porcentajes citados tan gratuitamente se traducirían en cientos de miles de niños, lo cual no casa con esas “decenas” que el propio periódico menciona. No es de extrañar hallar contradicciones de este calibre cuando en vez de atenernos a cifras reales pasamos a las especulaciones subjetivas. Por su parte otro diario digital, citando a La Razón, considera que:

la Prensa internacional presenta los casos de abusos sexuales en el clero de forma distinta que en cualquier otro colectivo. Cada año hay un ramillete de profesores seglares condenados por abusos con menores y nadie pide al Ministro de Educación que comparezca ante los medios y prometa erradicar un problema que según un estudio muy citado por las asociaciones especializadas (del doctor Félix López, encargado por el Ministerio de Asuntos Sociales en 1994) afecta (en la escuela pública) a un 23 por ciento de las niñas y un 10 por ciento de los niños”. (CatInfor.com)


“Se conoce que en España 1 de cada 4 niñas y 1 de cada 6 niños podría sufrir abusos durante su infancia.” Ministerio de Asuntos Sociales. Dr. Félix López, 1994


Sin duda en España, como en otros países, el problema de los abusos sexuales es serio, mucho más de lo que la gente piensa, y solo conocemos la punta del iceberg, pero la implicación de los sacerdotes en este problema es mínima, y suponer que la mayoría de los casos no conocidos serían abusos de sacerdotes es la forma más absurda imaginable de intentar a toda costa dar la vuelta a la tortilla para que la realidad encaje en su falsa visión de los hechos. Los datos que conocemos son los que son, y si alguien quiere inventar, imaginarse o suponer datos no comprobados, todos tendríamos el mismo derecho de dar las estimaciones que se nos antojaran y así no hay discusión ni conclusión posible. Sin duda en el futuro saldrán muchos más casos a la luz, tal vez miles (de sacerdotes y de no sacerdotes), pero suponer que eso demostrará que la proporción de sacerdotes implicados es enormemente superior a lo que ahora reflejan los datos es hacer fantasía periodística sin base objetiva.



Causas del acoso mediático

En el 2010 el Washington Post publicó un artículo como respuesta a la psicosis anticatólica generada, titulado “ Cinco mitos sobre el escándalo de los abusos sexuales de la Iglesia Católica ” (y nadie puede acusar al Washington Post de ser favorable al catolicismo). Los cinco mitos derribados en ese artículo fueron estos:

  • El papa Benedicto es el principal culpable de la ocultación de los casos de abusos
  • La culpa es de los sacerdotes homosexuales
  • Los abusos sexuales están más extendidos dentro de la Iglesia Católica que entre otras instituciones
  • Los medios de comunicación no son imparciales con la Iglesia Católica
  • La crisis empujará a muchos católicos a abandonar la Iglesia

No estamos en absoluto de acuerdo con el punto 4, pero no es de extrañar que un periódico defienda su propia objetividad (aunque en su argumento confunde atención con imparcialidad, más atención no implica más objetividad), y el punto 5 pudiera ser, como afirman, falso en el caso de Estados Unidos, pero desgraciadamente ha resultado ser, muy cierto en el caso de Europa y Latinoamérica. Sin embargo este artículo parece tener las ideas mucho más claras que la mayoría de los que se publicaron en esos meses turbulentos. Una de sus afirmaciones es:

Parte del problema es que la Iglesia Católica está tan fuertemente organizada y guarda registros tan meticulosos –de los cuales muchos han visto la luz por propia iniciativa o a petición de los juzgados– que es capaz de mostrar un retrato bastante fidedigno de su personal (clérigos y empleados) y de los abusos ocurridos durante décadas. Otras instituciones, o la mayoría de las otras religiones (cristianas y no cristianas), están más descentralizadas y son más difíciles de analizar y de procesar. (Washington Post, 18 de abril de 2010)


Otra de las causas de esta gran explosión mediática de acusaciones de pederastia contra los sacerdotes se debe a que la mayoría de los casos de abusos sexuales, al menos antes, son denunciados pasados los años, cuando el niño es adulto y más consciente de lo que ha ocurrido. Además, al ser un crimen “vergonzante”, el efecto contagio es grande, o sea, cuando alguien se atreve a denunciarlo aumentan las probabilidades de que otros que sufrieron la misma situación lo hagan también, lo que crea un efecto dominó y explosivo. Los casos ocurridos durante décadas salen todos a la luz en un espacio muy corto de tiempo, creando una gran alarma social.

En el caso de la Iglesia Católica este efecto dominó fue enormemente amplificado por los medios de comunicación, que se hicieron eco de los estudios que en el año 2002 (Estados Unidos) o 2010 (Europa) buscaron localizar casos de abuso infantil sobre todo en el caso específico de la Iglesia Católica. Eso hizo que en muy poco tiempo una enorme cantidad de antiguas víctimas se decidieran a dar el paso y denunciar su caso, con un continuo chorro de denuncias en algunos países. Por ejemplo, en los Estados Unidos, del total de denuncias presentadas sobre sucesos cometidos entre los años 60 y los 80, un 75% fueron cursadas después de 1992, y de ellas, un 50% fueron cursadas en solo dos años: 2002 y 2003. No es de extrañar que se extendiera la percepción de que la Iglesia Católica era un nido de pederastia, aunque al parecer tal psicosis no afectó en absoluto a ningún otro colectivo.

A esto habría que añadir también otro dato, ante 100 abusos sexuales la gente inconscientemente interpreta que ha habido 100 sacerdotes implicados. Esta equivalencia de 1 agresor = 1 víctima es más cercana a la realidad en el caso de los abusos sexuales por parte de los padres, pero no en el caso de los sacerdotes o maestros, por ejemplo. Al igual que ocurre con los violadores, los auténticos pederastas tienden a ser reincidentes. Es cierto que según los estudios la mayoría de los sacerdotes acusados de abusos tenían relación con un hecho aislado, o sea, 1 agresor = 1 víctima, pero cuando se trata de sacerdotes verdaderamente pederastas lo normal es encontrarse con un sacerdote que ha abusado de varios o incluso muchos niños. Por ejemplo tenemos un caso de un sacerdote en Estados Unidos que abusó de 40 niños antes de que nadie sospechara nada, o el más famoso caso, el sacerdote pederasta John Geoghan, que abusó de más de 130 (piense que el total de abusos denunciados en Alemania en las últimas décadas es menor de 300), así que al final el número de sacerdotes implicados es en realidad bastante más bajo de lo que las cifras de denuncias pueden hacernos creer. Recordemos de nuevo que las estimaciones de agresores son de un 8% para la población general, y en el caso de los sacerdotes católicos ese porcentaje disminuye hasta llegar a un nivel de entre el 4% de máximo y el 0.1% de mínimo, según las fuentes que consultemos.



Reacción de la Iglesia ante estos delitos

Este último dato sobre reincidencias muestra un error donde sí se puede acusar a la Iglesia de no haber sabido actuar correctamente. Los casos de sacerdotes reincidentes se han visto favorecidos porque la Iglesia no supo actuar con celeridad y justicia en aquellos casos que se descubría o se sospechaba que dichos abusos estaban ocurriendo. En lugar de retirar al sacerdote, se le trasladaba a otra parroquia lejana para evitar el escándalo, lo cual permitía que el sacerdote, si realmente era de los pederastas reincidentes, siguiera cometiendo sus crímenes durante más tiempo.

De toda la polémica del asunto, es este el punto en el que realmente podemos afirmar que la Iglesia falló y es responsable. Es cierto que ni mucho menos merece el enorme daño que ha sufrido por culpa de toda esta polémica, pero también es cierto que en algunos casos podría haber evitado los abusos si hubiera actuado de otra manera contra los infractores detectados, aunque también aquí conviene matizar. A favor de las autoridades religiosas podemos aducir que no actuaron con malicia ni con despreocupación, sino movidas por la mentalidad de la época. Por ejemplo, una exhaustiva investigación llevada a cabo en el 2007 por la Associated Press (la principal agencia de información de Estados Unidos) mostró que el abuso sexual de niños en las escuelas de Estados Unidos está “muy extendido”, y en la mayoría de los casos no son denunciados ni castigados. En la ciudad de Portland, en abril de 2010, un jurado impuso una multa de 1,4 millones de dólares a la asociación de Boy Scouts de América al demostrarse que desde los años veinte, los Scouts mantenían un “fichero de pervertidos” en donde recogían datos sobre los monitores de quienes se sospechaban abusos sexuales, pero mantuvo siempre dicha información en secreto y no les denunció. En Estados Unidos una de cada 4 universitarias ha sufrido algún tipo de agresión sexual en el campus. Incluso en la actualidad, prestigiosas universidades como la de Yale, han sido multadas por el gobierno por no revelar el número de agresiones sexuales que han ocurrido en su institución, y se ha denunciado repetidamente la falta de acciones y sanciones contra los agresores por parte de las universidades, incluidas las producidas dentro de las novatadas de iniciación en las fraternidades universitarias.

El mal manejo de los casos de abuso sexual por parte de la Iglesia reflejaba la actitud prevaleciente hacia ese tipo de actividades en la época, la cual consistía en suprimir la información, porque podía causar escándalo y una pérdida de confianza hacia la institución, e intentar atajar el problema internamente. Esa actitud, por ejemplo, era la misma que adoptaban los medios de comunicación y las organizaciones seculares cuando ocultaban o ignoraban la información que podía afectarles, desde la sexualidad promiscua de los políticos hasta la violencia doméstica. El mal de muchos no justifica a nadie, pero contextualiza las acusaciones y evita que pensemos que uno sea peor que nadie cuando en realidad está haciendo lo que todo el mundo hacía. También vemos la injusticia e hipocresía de exigir solo a unos lo que no se exige a los otros.

Los dedos que señalan directamente al Vaticano como responsable de todos los abusos entendían que era el papa quien tomaba todas las decisiones, pero no era así. Los casos de abusos sexuales y muchos otros problemas disciplinarios estaban situados en manos de los obispados. Eran los obispos los encargados de resolver problemas disciplinarios (lo que incluye delitos), así que cada obispo tomaba sus propias decisiones ante casos como estos. Es justo reconocer que algunas diócesis actuaron muy bien, mientras que muchas otras actuaron muy mal. Fue solo cuando los escándalos estallaron y adquirieron grandes proporciones a partir de 2002, cuando el Vaticano consideró que debía tomar directamente las riendas disciplinarias en los casos de abusos sexuales, y así fue, lo cual ha mejorado enormemente la situación.

Y por último, debemos considerar también lo que muchos obispos afirman. En los años 60-70, cuando más casos hubo, la psicología moderna consideraba la pederastia como una enfermedad mental que podía curarse como cualquier otra, por tanto se consideraba que la actuación correcta ante un caso de pederastia era dar tratamiento psicológico al agresor para curarlo, y una vez rehabilitado ya dejaba de ser un peligro. Thomas G. Plante, profesor de psiquiatría, psicología y conductismo en la universidad de Santa Clara y de Stanford, hizo estas afirmaciones:

“La gran mayoría de los estudios sobre abusos sexuales a menores no vieron la luz hasta principios de los 80. Por lo tanto, parecía razonable en aquellos años (60 y 70) poner a aquellos hombres en tratamiento y luego devolverles a sus funciones sacerdotales. Mirando hacia atrás, esto resultó ser un trágico error” (Thomas G. Plante, 24 de marzo de 2002)


No es de extrañar que preguntado sobre las causas de estos abusos, el abogado Robert S. Bennett dijera que una de las causas fundamentales había sido la “excesiva fe en los psiquiatras”. Pero eso lo sabemos ahora. En aquellos años, lo que hicieron muchos obispos al detectar un caso de abusos sexuales fue lo que recomendaban los psicólogos, poner al sacerdote en tratamiento, trasladarlo de parroquia y devolverlo al ejercicio de su ministerio. Pero lo hicieron convencidos de que así estaban resolviendo el problema y al mismo tiempo evitando el escándalo, lo hicieron así porque la ciencia del momento les decía que así es como debían actuar. Fue ya en los años 80 cuando la psicología se rindió finalmente ante la evidencia de que el pederasta (no cualquier persona que abusa de un niño en un momento dado, sino el verdadero pederasta) no tiene cura, tiene un trastorno que le va a afectar de por vida, y por tanto la única forma de evitar que vuelva a abusar de otro niño es no permitiéndole el contacto con otros niños.

A partir de ahí los obispos comenzaron poco a poco a actuar de otra forma, pero el daño ya estaba hecho. Los verdaderos pederastas suponen una exigua minoría dentro de los agresores sexuales a niños (tanto dentro como fuera del clero), pero por su tendencia a la reincidencia, son responsables de una proporción bastante grande de los casos. Al igual que la psicología aprendió de sus errores (aunque nunca parece asumirlos o pedir perdón por ellos), también la Iglesia Católica ha aprendido de sus errores y tomado fuertes medidas para impedir en lo posible más casos de abusos sexuales en su seno. Como faro de la moral en el mundo, la Iglesia debe esforzarse al máximo por mantener limpio el cristal de su faro, solo así podrá iluminar a los demás. Reivindicamos justicia, pero no hay lugar para la complacencia.

















































































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