Viajar por el mundo, sin ser millonario y a los 28 años de edad podría parecer una misión imposible, sin embargo Jonathan Kubben Quiñones lo hace desde hace más de 16 meses. En total, el joven viajero conoce 34 países, de cuatro continentes (América, Asia, África y Europa). En 32 de sus destinos se ha tomado una divertida o arriesgada fotografía, sosteniendo un letrero que reza: “Mom, I’m fine” o “Mamá, estoy bien”; sin duda, una original forma de mantener tranquila a una madre latina, como la suya.
La travesía del joven nacido en Bélgica y de ascendencia mexicana, inició hace poco más de un año, cuando decidió renunciar a su trabajo corporativo y vender su carro. “Tenía la vida que mis padres querían que tuviera, pero no era lo que me hacía feliz, así que de un día para otro decidí irme a viajar por el mundo. Lo anuncié en mi fiesta de cumpleaños 27, en marzo de 2016”, dijo el joven de 28 años.
“Mom, I’m fine” es mucho más que una cuenta de Instagram, pues ahora Quiñones da conferencias en distintos países, en las que revela sus trucos para poder viajar y superar los obstáculos que se presenten, además, responde preguntas sobre su proyecto. La próxima fecha es el 29 de junio en la Ciudad de México. Posteriormente se presentará en Bélgica, Colombia y en los estados mexicanos de Monterrey y Quintana Roo.
Entre los proyectos del joven viajero están convertir “Mom, I’m fine” en una fundación y realizar un proyecto humanitario en África. “Quisiera hacer algo en beneficio de quienes no tienen mamá”, dijo Jonathan en entrevista telefónica para Telemundo.
La mayoría de las veces Jonathan Quiñones viaja solo. Aunque afirma que los paisajes que ha visto son hermosos, y que ha vivido experiencias increíbles, como nadar con tiburones, lo que más le ha gustado de su travesía es sin duda el trato con la gente y que el mundo es más bonito de lo que se cuenta.
Hasta el momento la foto de “Mom, I’m fine” más difícil de obtener fue una tomada en Machu Picchu, pues al ser considerado un lugar sagrado no se pueden tomar imágenes con mensajes. “Tuve que explicar que mi mensaje no era religioso ni político. Después de dos o tres días las autoridades aceptaron y me dieron un espacio cerrado para tomar la fotografía”, narra el joven belga.