La violencia no es ninguna solución a los problemas. Existen diferentes tipos de violencia y estos se manifiestan de diferentes maneras. Y por supuesto, si un acto se considera negativo y ofende, es considerado un acto de violencia, la respuesta natural que tendrá también será la violencia. Desafortunadamente esa es la naturaleza humana.
El caso que presentamos es bastante interesante.
Se trata de una madre de familia, enfermera de profesión. Un día recibió la llamada de la escuela de su hija. El profesor le estaba pidiendo presentarse de inmediato a las instalaciones de la escuela ya que su niña golpeó a un estudiante. Intentaron localizarla por lo menos 45 minutos antes pero al estar en turno no podía tener el celular a la mano.
La mujer va a la escuela y ve a su hija, al profesor, al director y a un niño con sangre en el rostro y a sus papás.
El director, agradeció sarcásticamente que por fin la señora accediera a llegar a la escuela. A lo que la señora responde “Perdón por el inconveniente, estaba curando a un niño que fue golpeado por su mamá y después hablar con la policía”. Obviamente el rostro del director se tornó rojo.
El profesor comenta que el niño desabrochó el sostén de su hija y ella en respuesta lo golpeó dos veces. Al parecer toda la culpa la estaban cargando hacia la niña.
“¿Me preguntan si voy a presentar cargos contra el niño por acosar sexualmente a mi hija, y al colegio por permitirlo?”, preguntó la señora.
Obviamente el semblante de todos cambió. El profesor pidió no sobre reaccionar ni perder el foco de la discusión. La señora le pregunta a su hija qué fue lo que sucedió, ella les cuenta que aunque le decía al niño que no tirara de su sostén, él lo seguía haciendo, que el profesor le pidió que lo ignorara hasta que él de pronto logró desabrochar el sostén. En ese momento fue que la niña reaccionó y lo golpeó.
La señora entonces le pidió al profesor que la dejara tocar el frente de sus pantalones, puesto que sería exactamente el mismo tipo de agresión que su hija había enfrentado. Los padres del niño no podían si quiera mirar a la señora.
Obviamente la situación era muy incómoda, el profesor no hizo nada para defender a la muchacha puesto que el chico medía 1.80 y ella 1.52, además no eran conductas propias de un salón de clase. La madre se llevó a su hija con la consigna de que hablaría con el consejo escolar para cambiar a si niña de clase y que no tuviera que lidiar nuevamente con el chico.
No sin antes advertirle al chico que si volvía a siquiera intentar algo similar, ella misma se encargaría de que lo encerraran por acoso sexual.
Lamentablemente este tipo de situaciones no son aisladas. Siguen repitiendose. Y sólo se detendrán cuando en verdad se tenga una consciencia de que ningún tipo de violencia es buena y que son la empatía y el respeto los fundamentos para cualquier convivencia.