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Imhotep: el Leonardo da Vinci del antiguo Egipto

Info7/18/2017


Si nos sumergimos en las profundidades del Antiguo Egipto, encontraremos a un personaje que cambió radicalmente a la sociedad egipcia y, sin embargo, es un tanto desconocido. Su figura me ha apasionado desde siempre, a pesar de que no conocemos mucho sobre él. No obstante, gracias a su trabajo, Egipto pasó de construir pequeñas edificaciones en adobe –y, a veces, piedra– a levantar inmensos monumentos. Estamos hablando, por supuesto, de Imhotep.






Su nombre significa “el que viene en paz” e, independientemente de la cantidad de cargos que ostentara –sumo sacerdote de Heliópolis, tesorero del rey-faraón, chaty (algo parecido a primer ministro), astrónomo, arquitecto y médico–, fue un sabio. Es decir, un Leonardo da Vinci del antiguo Egipto, que ha pasado sin pena ni gloria por los libros de texto. Pero los antiguos egipcios si le reconocieron su valía, hasta el punto que lo convirtieron en dios y peregrinaban al complejo arquitectónico de Saqqara, para de este modo donarle sus ofrendas y pedirle que sanara a los enfermos. Especialmente en la época ptolemaica.



La pirámide escalonada:

Su gran obra fue la primera pirámide de la historia. En contraposición con las pirámides posteriores de la IV dinastía, ésta fue levantada con bloques pequeños, evitando así los problemas de transporte. Empezó siendo una mastaba que se fue agrandando hasta alcanzar seis grandes niveles con una altura total de unos 60 metros.


Complejo funerario de Saqqara.

No sabemos qué llevó a Imhotep a modificar la mastaba primigenia y ampliarla en altura. Hay quienes piensan que el muro que rodeaba al recinto impedía su visión desde fuera. Personalmente no creo que un genio como él no previera este problema. Quizás simplemente estaba sujeto a los caprichos del rey y tuvo que modificarla por órdenes de éste.

El rey Zoser lo tenía en alta estima. Prueba de ello es el siguiente hallazgo. Corría el año 1926 y en el transcurso de una excavación apareció una estatua del faraón Zoser, con el nombre de Imhotep y la siguiente inscripción en su peana: “Canciller del rey en el Bajo Egipto, Primero después del Rey, Administrador del Gran Palacio, Noble Heredero, Gran Sacerdote de Heliópolis, Carpintero, Escultor y Fabricante de vasijas de piedra”.

Es decir, si el faraón estaba asimilado a un dios en la tierra y sus estatuas eran un reflejo suyo donde entraba el “ka” del mismo, el hecho de que el nombre de Imhotep aparezca en una de ellas constituye un símbolo de una grandeza sin igual. Pero ¿qué hizo este hombre para hacerse digno de tal mérito?


Esquema de las diferentes fases constructivas de la pirámide de Saqqara.

En el Imperio Medio, más de 500 años después de su muerte, los escribas antes de disponerse a escribir cualquier texto sobre el papiro realizaban el siguiente rito: derramaban unas gotas de agua de su paleta de colores, a modo de libación, en honor del sabio Imhotep, quien todavía permanecía en la mente de los egipcios.

Sabemos que entre sus obras destacaban los “textos sapienciales”, textos filosóficos sobre la vida que se han perdido y que conocemos solo a través de referencias, pero podemos suponer que pudieran parecerse a las máximas de Ptahotep o las instrucciones de Sesostris.



Sus obras médicas:

La medicina en el antiguo Egipto era una mezcla mágico-religiosa que muchas veces no obtenía resultado beneficioso para el enfermo. La mayoría de tratados que nos encontramos son de esta índole. Sin embargo, en el papiro denominado Edwin Smith –atribuido originalmente a Imhotep, aunque se cree que también pudieron participar en su redacción más médicos–, se detallan 48 casos clínicos de heridas de guerra sin curas mágicas (excepto 1 de ellos) con diagnósticos médicos basados en un enfoque racional.


Fragmento del papiro Edwin Smith. Museo Metropolitano de Arte de Nueva York, Estados Unidos.

Lo más sorprendente en este papiro es el uso de opiáceos como anestesia y algunas prácticas quirúrgicas. Los pasos utilizados en la medicina egipcia son similares a los actuales: 1) Síntomas: 2) Diagnóstico 3) Veredicto 4) Tratamiento

Según un grabado de una losa sepulcral de Saqqara, Imhotep preconizaba la aplicación de presión en las arterias carótidas para calmar el dolor de cabeza, al disminuir de este modo el flujo de sangre al cerebro. Imhotep afirmaba que el pulso era un índice del corazón y de las condiciones del enfermo.



El enigma de su tumba:

La tumba de Imhotep jamás ha sido encontrada. Se han realizado numerosas campañas para tal efecto, pero los resultados han sido totalmente infructuosos. La imaginación vuela soñando con la cantidad de tesoros y escritos que debe contener la tumba de este genio. ¿Estará enterrado en Saqqara? Probablemente, pero hasta ahora solo podemos hacer suposiciones. Como dice Nacho Ares: su descubrimiento sería incluso más grandioso que el de la tumba de Tutankamón, aunque de encontrarse es más que probable que haya sido saqueada.


Panorámica del Templo de Imhotep en Philae, Egipto.



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