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7 cosas de los 90 que ni loco estoy extrañando

Info8/1/2017


Oh, los noventa. Esa época en la que conocimos a seis grandiosos amigos aprendiendo a ser adultos en Nueva York, la década en la que nos debatíamos si los de *NSYNC eran mejores que los Backstreet Boys (y cuál integrantes era nuestro favorito), cuando Leonardo DiCaprio nos robó el corazón por primera vez, cuando Rugrats nos animaba los fines de semana, cuando las plataformas se pusieron de moda y cuando por primera vez nos preocupamos por “alguien” más: nuestra Tamagotchi.

Los noventa fueron una época dorada que recodamos con mucha nostalgia, pero también estuvo llena de aspectos que no extrañamos, pero ni un poquito.


Las películas de dos cintas



En los noventa usamos un aparato llamado “VHS” (o Betamax, si no te habías adecuado a la tecnología) para ver películas. Allí ponías la película en cuestión: se trataba de una cinta gigantesca que nos hacía prácticamente imposible atrasar o adelantar el filme al lugar que queríamos y que, con el tiempo, se dañaba, pero esto no era lo peor: cuando la película era demasiado larga, se grababa en dos cintas. Titanic, Bravehart, Saving Private Ryan, Schindler’s List… si rentabas alguna de estas, probablemente podías usarla como arma contra los maleantes. Un “cintazo” en la cabeza y ¡a correr!

Furby




Realmente no sé a quién se le ocurrió que este juguete era adorable, pero sí que logró colarse en los hogares del mundo. Se vendieron cerca de 40 millones en todo el mundo: una cosa redondeada, acolchada, que hacía sonidos y parpadeaba. ¿Qué nadie vio Child’s Play o Terminator? Si no le quitabas las baterías, de seguro te despertabas a media noche por el sonido de estas cosas espantosas. No más Furbies, ¡por favor!

Ganchos de mariposa



En los noventa, todas las niñas y mujeres parecían tener un jardín colorido revoloteando en la cabeza. Supongo que si tienes menos de 8 años, la cosa va bien, pero cuando eres una mujer de 50, ya la cosa empieza a verse ridícula. ¿Cómo hacerlo peor? Usando varios a la vez. ¡Madre mía!

O uso el teléfono, o uso el Internet

Sí niños. Hubo una época en la que, si querías utilizar el Internet, no podías usar el teléfono residencial. Si alguien se conectaba en casa y necesitabas hacer una llamada, escuchabas un sonido infernal que te rompía el tímpano y quien estuviera en el ordenador, perdía la conexión. Sí, es que nos teníamos que conectar. Eso de Internet las 24 horas en casa era imposible. Y en la misma onda…

Llamar por teléfono

Antes de que quieras caerme a tomatazos, déjame explicarme mejor. No se trata propiamente de llamar por teléfono, sino que tener que usar intermediarios para hablar con la persona que deseas.

En los noventa, nadie tenía teléfonos móviles, así que si querías hablar con un amigo, debías llamar a su casa. Lógicamente, cualquiera podía contestar, así que tenías que preguntar por esa persona y esperar que ella tomara la bocina. ¡Cero privacidad!


La moda

Colores llamativos y tallas mil veces más grandes que la que realmente te correspondía. En los noventa, todos parecían obesos y muy mal vestido. Y cuando pensabas que no podía ponerse peor, llegaron los pantalones a cuadros, los overoles y la bota de campana. ¡NOOOO!

Escuchar música fuera de casa producía hernias



Sé que exagero, pero debías llevar varios casettes o varios CD’s a todos lados. Peso, peso y más peso, solo para escuchar las mismas canciones una y otra vez.

¿Qué cosas de los noventa no extrañas para nada?


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