La célebre frase de John W. Cooke: “El peronismo es un gigante invertebrado y miope”, podría echar luz sobre las causas del cisma peronista de hoy. El ascenso de La Cámpora y Nuevo Encuentro (vertiente K del Partido Comunista) tras la muerte de Néstor Kirchner, y la sacralización de Carta Abierta como custodia del “proyecto nacional y popular”, materializaron el diagnóstico cookista: el peronismo, “invertebrado y miope”, reducido a mero proveedor de votos, necesitaba una cabeza conductora: los post-marxistas del montonerismo reciclado.
El mito indigenista de los ‘70 pretendió impugnar la herencia hispánica y latina de la que el peronismo nunca había renegado (Perón no mandó la estatua de Colón a un depósito). El justicialismo, como movimiento policlasista, fue desplazado a favor de la “grieta”.
El valioso sincericidio de Ricardo Forster, al asumir como secretario de Estado de Coordinación del Pensamiento Nacional, desnuda la sobreactuación del “peronismo” manipulado por la izquierda a la que Perón echó de la Plaza.
“Yo, en realidad -dijo Forster-, vengo del otro lado”. Quiso decir: no me nutrí del “pensamiento nacional”, sino del internacionalismo proletario de Marx, Gramsci, Ho Chi Minh y el Che Guevara, la escuela del “entrismo” (entrar de zurda en el movimiento nacional para conducirlo); la doctrina de los llamados a conducir al “gigante invertebrado y miope” bajo la tutela de Ella, reencarnación de Juana Azurduy con vestuario de Elena Ceausescu.
Ella inventó un cargo (el de coordinador de las ideas con sueldo de $40.000) para oficializar ese nacionalismo sectario, nostálgico del fracaso de los ‘70, que “relato” mediante se transformó en una “victoria”. Semejante bastardeo de las banderas del peronismo transcurrió sin perjuicio de que jóvenes víctimas del fracaso educativo, que nada sabían de la obra ni del pensamiento de Perón, cantaran la Marcha y recitaran el dogma “nacional y popular” autorizado por Hebe de Bonafini y Horacio Verbitsky.
Algunos intendentes, dirigentes y militantes históricos del peronismo, prefirieron olvidar que Hebe, en los ‘80, había dicho que Perón era “facho”. Ahora, gracias a Ella, Hebe también era “peronista”. La polarización con Macri resultó tan funcional a Él como a Ella.
Él llegó a la Rosada; Ella logró bajarlo a Scioli, para retener la lapicera. Ahora, el gigante miope empieza a recuperar la vista; las vértebras parecen resurgir, pero una parte de su organismo sigue arrastrándose. La Comandante K ha vuelto a escena.