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Dios la llamó “Princesa”

Info9/1/2017
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DESPUÉS de un día de trabajo, Sara se pone de pie y alza la vista hacia el horizonte. Es una buena organizadora, y sus sirvientes han estado ocupados y felices. Pero ella no se ha quedado de brazos cruzados. Absorta en sus pensamientos, se masajea las manos para aliviar el dolor. Es posible que haya estado atareada remendando su tienda. Con los años, el sol y la lluvia han ido desgastando la gruesa tela de pelo de cabra, lo que le recuerda cuánto tiempo han vivido como nómadas. Cae la tarde, y la luz se tiñe de color dorado. Sara vio a Abrahán * marcharse por la mañana, y ahora mira atentamente en esa misma dirección. Una sonrisa ilumina su hermoso rostro cuando reconoce la figura de su esposo en la cima de una colina cercana.

Hace ya diez años que Abrahán, junto con su gran familia, cruzó el río Éufrates para entrar en la tierra de Canaán. Sara ha apoyado a su esposo de todo corazón a lo largo de este viaje a una tierra desconocida, porque sabe que él tendrá un papel clave en el propósito de Jehová de producir una descendencia privilegiada y una nación. Pero ¿cuál será el papel de Sara? Ella es estéril y ya tiene 75 años. Seguramente se pregunta: “¿Cómo se cumplirá la promesa de Jehová mientras yo sea la esposa de Abrahán?”. Sería comprensible que estuviera preocupada, o hasta impaciente.

Puede que nosotros también nos preguntemos a veces cuándo se cumplirán las promesas de Dios. No es fácil ser paciente, y más cuando se trata de una promesa que anhelamos. ¿Qué podemos aprender de la fe de esta extraordinaria mujer?

“JEHOVÁ ME HA EXCLUIDO”

La familia acaba de regresar de Egipto (Génesis 13:1-4). Están acampados en la región montañosa al este de la ciudad de Betel o Luz, como la llamaban los cananeos. Desde esa elevada meseta, Sara podía ver gran parte de la Tierra Prometida. Había ciudades cananeas y caminos que llevaban a los viajeros a lugares lejanos. A pesar de todo, nada podía compararse a su tierra natal. Sara había crecido en Ur, ciudad de Mesopotamia que se encontraba a 1.900 kilómetros (1.200 millas) de distancia. Se había separado de muchos de sus parientes. También había renunciado a las ventajas de una ciudad próspera con mercados y bazares, y a su cómoda vivienda con techo y paredes, quizás hasta con agua corriente. Ahora bien, si se imagina a Sara mirando hacia el este y recordando con nostalgia las comodidades que había dejado atrás, es porque no conoce a esta sierva de Dios.

Fíjese en lo que el apóstol Pablo escribió bajo inspiración unos dos mil años después. Al hablar de la fe de Abrahán y Sara, dijo: “Si verdaderamente hubieran seguido acordándose de aquel lugar de donde habían salido, habrían tenido la oportunidad de volver” (Hebreos 11:8, 11, 15). Ni Sara ni Abrahán miraban con nostalgia al pasado. Si se hubieran dejado llevar por esos pensamientos, quizás habrían decidido regresar. Sin embargo, en Ur se habrían perdido el magnífico privilegio que Jehová les estaba ofreciendo. Además, en lugar de convertirse en ejemplos de fe que han inspirado a millones de personas, hoy seguramente nadie los recordaría.

En vez de mirar al pasado, Sara miraba al futuro. Por eso, durante todo el tiempo que vivieron como nómadas, ayudó a su esposo a desmontar las tiendas, a guiar el ganado y a montar de nuevo el campamento. Pero aún tendría que enfrentar más cambios y desafíos. Jehová confirmó de nuevo su promesa a Abrahán, pero seguía sin mencionar a Sara (Génesis 13:14-17; 15:5-7).

Entonces, Sara decidió que había llegado el momento de hablar con Abrahán de algo en lo que había estado pensando. Imagínese la mezcla de emociones que se reflejaban en su rostro mientras exclamaba: “¡Ah, por favor! Jehová me ha excluido de dar a luz hijos”. A continuación, le pidió a su esposo que tuviera hijos con su sirvienta, Agar. ¿Se imagina lo difícil que debió ser para Sara proponerle eso a su esposo? Hoy esa petición puede parecernos extraña, pero en aquella época era común que un hombre tomara una segunda esposa o concubina para tener un heredero. * ¿Lo hizo Sara porque pensaba que así se cumpliría el propósito de Dios de producir una nación mediante la descendencia de Abrahán? Fuera como fuera, estuvo dispuesta a hacer un gran sacrificio. Pero ¿cómo reaccionó Abrahán? La Biblia dice que “escuchó la voz” de Sara (Génesis 16:1-3)
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