El diseño de órganos está en la mira de la medicina y la tecnología porque constituye una de las profesiones del futuro más prometedoras, que ya está teniendo sus primeras experimentaciones. Una de las consecuencias positivas más destacadas, es que eliminará las listas de espera para trasplantes porque podrán diseñarse órganos a medida que eviten años de sufrimiento e incluso muertes.
Qué hacen los diseñadores de órganos
Crean estructuras biológicas como huesos, cartílagos y órganos que se fabrican por capas con impresión 3D. Es un trabajo conjunto entre médicos e ingenieros pero ya se están planeando carreras específicas para enseñar esta profesión en profundidad. Actualmente es útil para trasplantes de órganos o experimentación médica, por ejemplo, imprimiendo hígados en 3D para probar medicamentos. El objetivo es mejorar la calidad de vida, expandir las opciones de empleo, generar negocios y especialmente, reducir las listas de espera de trasplantes al diseñar órganos personalizados para quienes precisan recibirlos.
El desafío que afrontan los diseñadores de órganos es incursionar en la fabricación de estructuras a partir de las células de la propia persona como método de protección contra el rechazo que podría generar el cuerpo hacia una tecnología. La creación de órganos o tejidos tal cual los conocemos evolucionará hacia nuevas funciones artificiales para mejorar el organismo e incluso órganos desconocidos hasta el momento, como es el caso de Neil Harbisson, el inglés con una antena implantada en la cabeza para percibir colores pues nació viendo en blanco y negro.
Los cuestionamientos éticos no tardaron en florecer cuando se asomó la posibilidad de imprimir órganos en 3D. Se necesitarán especialistas encargados de determinar la calidad del órganos fabricado para asegurar que aspectos económicos no intervengan en el producto que recibe el paciente, repercutiendo en su calidad de vida. El costo de la tecnología y su accesibilidad igualitaria es un problema que ya se está tratando, así como el mercado negro de órganos impresos para personas que pueden costearlos.
El desafío que afrontan los diseñadores de órganos es incursionar en la fabricación de estructuras a partir de las células de la propia persona como método de protección contra el rechazo que podría generar el cuerpo hacia una tecnología. La creación de órganos o tejidos tal cual los conocemos evolucionará hacia nuevas funciones artificiales para mejorar el organismo e incluso órganos desconocidos hasta el momento, como es el caso de Neil Harbisson, el inglés con una antena implantada en la cabeza para percibir colores pues nació viendo en blanco y negro.
Los cuestionamientos éticos no tardaron en florecer cuando se asomó la posibilidad de imprimir órganos en 3D. Se necesitarán especialistas encargados de determinar la calidad del órganos fabricado para asegurar que aspectos económicos no intervengan en el producto que recibe el paciente, repercutiendo en su calidad de vida. El costo de la tecnología y su accesibilidad igualitaria es un problema que ya se está tratando, así como el mercado negro de órganos impresos para personas que pueden costearlos.
El trasplante tradicional de órganos quizá no desaparezca cuando se trata de urgencias, sin tiempo para crear una tecnología de implante. Es probable que incluso se hagan bancos de órganos impresos en 3D con un formato estándar para garantizar que se reciba a tiempo y posteriormente diseñar uno específico, aunque este método podría derivar en el rechazo del órgano estandarizado como sucede actualmente con la medicina que conocemos.
Actualmente el Sistema Nacional de Trasplantes maneja una política igualitaria en la cual ningún donante sabe a quién le tocará su órgano, ni consigue algún tipo de recompensa. Al mismo tiempo, el beneficiario no sabe de quién procede el órgano ni paga por su adquisición. En países como Estados Unidos y Alemania se organizan encuentros entre donante y beneficiario, una práctica que España no avala alegando que incita a la discriminación si por ejemplo, alguien no quiere donar su órgano a una persona con otra religión o color de piel.
Actualmente el Sistema Nacional de Trasplantes maneja una política igualitaria en la cual ningún donante sabe a quién le tocará su órgano, ni consigue algún tipo de recompensa. Al mismo tiempo, el beneficiario no sabe de quién procede el órgano ni paga por su adquisición. En países como Estados Unidos y Alemania se organizan encuentros entre donante y beneficiario, una práctica que España no avala alegando que incita a la discriminación si por ejemplo, alguien no quiere donar su órgano a una persona con otra religión o color de piel.