Aveces las circunstancias, la casualidad o el entorno condiciona el eco de un descubrimiento. La tumba de Tutankamon, un monarca menor en Egipto, adquirió un eco mediático abonado por la moda imperante en Europa por lo oriental, por la situación de tranquilidad que vivía el viejo continente y por el halo de misterio con el cual tanto descubridores como medios de comunicación envolvieron el hallazgo.Las aguas del Nilo han borrado buena parte del rastro de quienes reinaron en el Antiguo Egipto. Sin embargo, no todas las historias de estos gobernantes se han perdido para siempre. La necrópolis de Tanis, una de las más célebres del delta, contenía tumbas como la de Psusennes I, faraón y sumo sacerdote durante el Imperio Nuevo, cuyo sarcófago de plata sigue desconcertando a los arqueólogos. Pierre Montet, un egiptólogo francés que buscaba el Arca de la Alianza, la descubrió poco antes de que estallara la II Guerra Mundial. En noviembre de 2012, el mundo celebraba el 90 aniversario del que pasa por ser el hito más importante de la egiptología. Nos referimos, claro está, al hallazgo del lugar donde descansaba la momia intacta de Tutankamón, el «faraón niño», que gobernó el País del Nilo durante la Dinastía XVIII. Pero este descubrimiento, aun siendo ciertamente relevante, tuvo más de mediático que de otra cosa. En realidad, Tutankamón no fue un gobernante notable o particularmente influyente, como lo demuestran el tamaño relativamente pequeño de su tumba y su legado histórico. Entre otras, la causa hay que buscarla en la brevedad de su mandato. Solo se mantuvo en el poder once años. No obstante, el descubrimiento de su sarcófago ocupó los titulares de la prensa internacional, provocando un inusitado interés por todo lo concerniente al Antiguo Egipto. Sin duda, el arqueólogo Howard Carter y el aristócrata Lord Carnavon, artífices del hallazgo, tuvieron buena parte de culpa en aquel sorprendente éxito de marketing. Nada que objetar. Pero sería injusto no recordar otros descubrimientos mucho menos conocidos aunque quizá más fascinantes. En este sentido, el misterioso caso del «faraón de plata» resulta paradigmático. TESOROS DE SALOMÓN Nuestra historia comienza en el invierno de 1940, coincidiendo con los prolegómenos de la II Guerra Mundial. La ojos del mundo están puestos en Alemania o, más concretamente, en cuál será el próximo movimiento de Adolf Hitler. En este contexto tan inestable, un equipo de arqueólogos franceses excavan en Tanis, en pleno delta del Nilo, más o menos ajenos al conflicto que está a punto de tornarse dramático. Aunque aun no lo saben. link: https://www.youtube.com/watch?v=p9HmVFHykv4 Al frente del grupo está Pierre Montet, un egiptólogo de la Universidad de Lyon y alumno de Victor Loret. Montet no es nuevo en estas lides. Entre 1921 y 1924 ha trabajado en la milenaria Biblos, el cuasi mítico asentamiento al norte de la actual Beirut (Líbano). En esta ciudad, que aparece en las Sagradas Escrituras con el nombre de Gebal, el arqueó*logo ha recogido numerosos objetos provenientes del Antiguo Egipto. No resulta extraño, pues varios faraones mantuvieron contactos comerciales –o realizaron incursiones militares– en Tierra Santa. La tumba conocida como del Faraón de Plata es sin duda alguna una de las más espectaculares descubierta, no solo en Egipto, sino en el mundo entero. Se le conoce con ese nombre porque la momia descansaba dentro de un sarcófago hecho enteramente de plata, pero el nombre del rey era Psusennes I y es la única tumba que ha llegado hasta nuestros días que no ha sido tocada por los saqueadores. Recuperar el nombre de Pierre Montet es crucial puesto que fue el descubridor de la tumba aunque contó con dos factores en contra de su hallazgo: la humedad de la zona donde se ubicaba la tumba impidió la conservación de los elementos orgánicos y el descubrimiento se dio en 1940, en plena Segunda Guerra Mundial. El Misterio del Faraón de Plata: Psusennes I Ajeperra Pasebajaenniut Meryamon, o Psusennes I, es el tercer faraón de la dinastía XXI de Egipto que gobernó desde 1039 a 991 a.C. durante el tercer periodo intermedio de Egipto. Su nombre, Pasebajaenniut Meryamon, significa "La estrella que aparece en la ciudad (Tebas), amado de Amón". Psusennes I fue enterrado en un ataúd de plata maciza rodeado de tesoros comparables a los de Tutankamon. La tumba de Psusennes es la única tumba de todas las tumbas de faraones que se han encontrado en la que no habían entrado antes los ladrones de tumbas. Pierre Montet descubrió en Tanis la tumba intacta de Psusennes en 1940. Desgraciadamente, debido a la gran humedad del lugar, en el Bajo Egipto, la mayor parte de los objetos de materiales orgánicos estaban descompuestos. aún así, entre los descubrimientos destacaron los dedales de oro de Psusennes, las jarras y platos de alabastro, bronce y metales preciosos, las pulseras, un par de sandalias de oro y los sarcófagos exteriores de piedra. La momia estaba dentro de un sarcófago exterior tallado en granito rojo. A su vez, dentro de éste había otro sarcófago de granito negro. Y después, estaba el sarcófago de plata,algo inusual en el antiguo Egipto pues al tener que ser importada era un metal más escaso y valioso que el oro. . Dentro, la cabeza de la momia estaba cubierta con una máscara de oro, parecida a la de Tutankamon tan famosa.Se ha llegado a la conclusión de que el enigma de la plata se explica porque el faraón quiso dejar constancia de su poder. La plata escaseaba en Egipto, había de ser importada desde grandes distancias y en la fabricación del sarcófago se emplearon unos 90 kilos del metal precioso. La plata es más difícil de trabajar que el oro, porque tiene un punto de fusión más alto, hay que hacer fuegos más potentes para fundirla. Y durante su trabajo artesanal, necesita sucesivos calentamientos. Es decir, debía existir un buen plantel de artesanos joyeros en la corte del faraón para realizar tal obra de un sarcófago de plata. Y las joyas de oro que formaban parte del ajuar del faraón también eran de gran calidad artística y denotaban una gran calidad de los joyeros. Esta placa de evisceración también descubierta por Montet y se encuentra en la sala 2 del museo de El Cairo, es de oro y tiene una altura de 9.9 cc, una anchura de 16.6 cm. . En ella vemos el ojo de Horus al que adoran sus cuatro hijos, protectores de las vísceras de Psusennes. Las investigaciones descubrieron que Tanis era la ciudad de Ramsés pero cambiada de sitio. Fue el faraón del ataúd de plata, Psusennes, el que decidió trasladar la ciudad de Ramsés a otra ubicación, piedra a piedra. Eso supuso movilizar a miles de personas perfectamente organizadas durante años. Y eso sólo se podía hacer si había suficiente riqueza y estabilidad para ello. De este modo, la ciudad de Per-Ramsés, con sus enormes piedras, templos, obeliscos, casas, etc, fue transportada piedra a piedra desde su emplazamiento original hasta Tanis. Un trabajo monumental. Era la demostración del poder del faraón Psusennes, del que quiso dejar constancia preparándose una tumba con ricos tesoros y con el original e insólito ataúd de plata.
El faraon de plata! tumba intacta que nunca supiste nada
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