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De película, el secuestro aéreo jamás esclarecido

Info10/7/2017
Hoy te contaré la historia de un secuestro aéreo digno de película y que nunca fue esclarecido: D. B. Cooper es el nombre atribuido a un hombre que secuestró un avión Boeing 727 en los Estados Unidos el 24 de noviembre de 1971, recibió un rescate de US$200 000 y saltó en paracaídas desde la aeronave. La forma en la que Cooper escapó de la justicia así como la incertidumbre sobre su paradero continúan intrigando al público. El caso de Cooper es el único caso de piratería aérea sin resolver en los Estados Unidos y es uno de los pocos de ese tipo que quedan sin resolver en todo el mundo Asi fue la historia: El miércoles 24 de noviembre de 1971, un pasajero que viajaba bajo el nombre de Dan Cooper abordó un Boeing 727-100 en el vuelo 305 de Northwest Orient (posteriormente Northwest Airlines) que partía del Aeropuerto de Portland con destino a Seattle, Washington. Dan Cooper fue descrito como un hombre de unos 45 años, con una altura entre 1,78 y 1,83 metros. Se sentó en la parte trasera del avión en el asiento 18C y después de que la nave despegara, le entregó una nota a la azafata. En el mensaje estaba escrito: "Tengo una bomba en mi maletín. La usaré si es necesario." La nota también pedía US$200.000 en billetes sin marcar y dos sets de paracaídas (dos paracaídas de espalda y dos paracaídas de emergencia) y explicaba detalladamente cómo se debían entregar estos objetos una vez que el avión aterrizara en el Aeropuerto Internacional de Seattle-Tacoma; si no se cumplían sus demandas, haría estallar el avión. Cooper le ordenó que le dijera al piloto que no aterrizara hasta que el dinero y los paracaídas estuvieran listos en el aeropuerto. Después de que las demandas fueron comunicadas a las autoridades, el avión empezó a sobrevolar el Puget Sound, un estrecho marítimo cerca de Seattle realizando un patron de espera mientras los agentes del FBI recolectaban el dinero. A las 17:24, el control de tráfico del aeropuerto le comunicó a Scott que las demandas de Cooper habían sido cumplidas. Entonces el secuestrador permitió al piloto aterrizar. Cooper pidió que enviara a una persona a entregar los $200 000 y los paracaídas. Pocos minutos después, Cooper liberó a los 36 pasajeros pero retuvo al piloto y parte de la tripulacion. Después del reabastecimiento y de una inspección detallada del dinero y los paracaídas, Cooper ordenó a la tripulación despegar nuevamente a las 19:40. También decidió que volaran con rumbo suroeste a una velocidad relativamente baja de 170 nudos (320 km/h), a una altitud de 3 000 m (la altitud normal de crucero es entre 7 600 y 11 000 m), con los trenes de aterrizaje desplegados y con 15 grados de flaps. Asimismo, Cooper ordenó a Scott que dejara la cabina despresurizada, ya que esto evitaría una salida violenta de aire y facilitaría la apertura de cualquier puerta para saltar en paracaídas. En un determinado momento en la cabina, la tripulación observó una luz intermitente indicando que Cooper intentaba abrir la puerta trasera de la aeronave. La tripulación empezó a notar un cambio de presión en la cabina. Cooper había abierto la puerta trasera y había saltado del avión. Esta fue la última vez que se supo de él. El FBI cree que el salto fue realizado a las 20:13 sobre el suroeste del estado de Washington. En ese momento, el avión estaba volando a través de una tormenta y la nubosidad impedía ver el suelo. Debido a la mala visibilidad, los aviones de caza F-106 que seguían la aeronave no se dieron cuenta del salto del secuestrador. Inicialmente se creyó que había aterrizado al sureste del área no incorporada de Ariel (Washington), cerca del lago Merwin, 48 km al norte de Portland (Oregón). Aunque a finales de 1971 y principios del año siguiente se llevaron a cabo diversas búsquedas aéreas y terrestres en un área de 73 km² en donde se creía que Cooper había aterrizado, no se encontró ningún rastro del secuestrador o de su paracaídas. La velocidad del avión (91 metros por segundo), las diferencias de altitud y la incertidumbre del momento del salto dificultaron la determinación del punto exacto de aterrizaje. Debido a esto, el FBI cree que Cooper no sabía dónde iba a aterrizar, por lo que probablemente no había un cómplice en tierra que lo ayudase a escapar. La llegada del deshielo con la primavera boreal favoreció que se realizara una búsqueda terrestre extensiva, llevada a cabo por el FBI y más de 200 miembros del Ejército de los Estados Unidos que estaban estacionados en Fort Lewis. La búsqueda no rindió ningún resultado, por lo que existe controversia sobre si Cooper aterrizó realmente en esa área y si sobrevivió al salto. Con el paso de los años, nuevas evidencias fueron apareciendo. A finales de 1978, un cazador que se encontraba al norte del área estimada de aterrizaje encontró una pancarta con instrucciones para abrir la puerta trasera de un Boeing 727. Después de ser analizada, se determinó que pertenecía a la puerta del avión secuestrado. El 10 de febrero de 1980, Brian Ingram, un niño de ocho años que estaba de pic-nic con su familia, encontró $5.880 en billetes semidestruidos (un total de 294 billetes de $20 todavía atados en bandas elásticas) aproximadamente a doce metros de la orilla del río Columbia a ocho kilómetros al noroeste de Vancouver (Washington). Después de comparar los números de serie de estos billetes con los de los billetes entregados a Cooper, se determinó que el dinero encontrado por Ingram era parte del rescate pagado nueve años atrás. Varios investigadores e hidrólogos creen que los billetes llegaron al río Columbia a través de uno de sus afluentes, posiblemente el río Washougal, el cual nace en el área donde se cree que aterrizó Cooper. El descubrimiento de los $5.880 respaldó la teoría del FBI de que Cooper no sobrevivió al salto ya que era improbable que un criminal dejara atrás parte de un botín por el que arriesgó su vida. El resto del rescate continúa desaparecido. Los números de serie de los 9.998 billetes entregados al secuestrador se encuentran en una base de datos que puede ser consultada por el público a través de un motor de búsqueda. En julio de 2000, U.S. News & World Report publicó un artículo sobre una viuda en Pace (Florida), Jo Weber, quien afirmaba que su esposo, Duane L. Weber (nacido en Ohio en 1924), le había dicho que él era Dan Cooper antes de su muerte el 28 de marzo de 1995. Jo empezó a sospechar y decidió investigar el pasado de su esposo que había estado en el Ejército durante la Segunda Guerra Mundial y posteriormente estuvo recluido en una prisión cerca del aeropuerto de Portland. Weber declaró que su esposo en una ocasión, mientras tenía una pesadilla, habló sobre saltar de un avión y de dejar sus huellas dactilares en las escaleras traseras. Igualmente, recordaba que poco antes de su muerte Duane le había revelado que una vieja lesión en su rodilla había sido causada por un salto desde un avión. Weber también narró cómo, durante unas vacaciones en 1979, ambos viajaron a Seattle («un viaje sentimental», de acuerdo con Duane) y visitaron el río Columbia. Recordó que Duane fue a caminar solo por los bancos del río cerca del área en donde Brian Ingram había encontrado los billetes de Cooper unos meses antes. Jo obtuvo un libro sobre Cooper de la biblioteca local y descubrió que la escritura del secuestrador era igual a la de su marido. Después de esto, escribió a Ralph Himmelsbach, el agente que estuvo a cargo del caso de Cooper, quien aceptó que parte de la evidencia circunstancial sobre Weber calzaba en el perfil del secuestrador. En octubre de 2007, el FBI declaró que una muestra parcial de ADN tomada de la corbata que Cooper dejó en el avión no pertenecía a Weber. El secuestro provocó que se dieran grandes cambios en la seguridad de los vuelos comerciales, principalmente la adición de detectores de metal en los aeropuertos, nuevas reglas de seguridad de vuelo instauradas por la FAA y modificaciones en el diseño Boeing 727. Después de tres secuestros similares en 1972, la Administración Federal de Aviación exigió que todos los Boeing 727 estuvieran equipados con un mecanismo conocido como el «Cooper vane», una cuña aerodinámica que impide que las escaleras traseras de un avión sean abiertas durante el vuelo. En 2007, el FBI reveló que el secuestrador había solicitado dos paracaídas de espalda y dos paracaídas de emergencia. Sin embargo, las autoridades le habían entregado inadvertidamente un paracaídas falso que era usado para dar demostraciones en clase. Este paracaídas no se encontró en el avión después del secuestro y algunos piensan que Cooper no se dio cuenta de que no funcionaba. El otro paracaídas de emergencia, que funcionaba adecuadamente, se encontró abierto en el avión con la cubierta cortada, por lo que se cree que Cooper lo usó para asegurar la bolsa del dinero.
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