GIF Los alemanes fueron los primeros en investigar el uso de la anfetamina, «el speed», con finalidades militares y en emplearlo de forma masiva. De hecho, la invasión de Polonia terminó convertida en un gran experimento de campo sobre su uso. Esta sustancia psicoactiva, llamada pervitina, potenciaba la atención, suprimía el apetito y transmitía en general una prolongada sensación de bienestar. De tal modo, que los soldados de la Luftwaffe y los conductores de los tanques de la Blitzkrieg parecían no cansarse nunca ni necesitar dormir o comer. Flotaban sobre el campo de batalla. No obstante, la doctrina nazi, que consideraba cualquier sustancia psicoactiva como un veneno embriagador, supuso un escollo para el uso de la pervitina, que a finales de la guerra limitó algo su distribución. Lejos del mito de que los alemanes fueron los únicos en valerse de drogas en la Segunda Guerra Mundial, el caso británico o el norteamericano ilustran cuánto ha idealizado el cine y la literatura este conflicto. Todo empezó cuando los británicos hallaron unas misteriosas pastillas en posesión de unos pilotos de la Luftwaffe abatidos durante los bombardeos a las islas. El célebre fisiólogo Henry Dale se encargó de investigar su naturaleza y estudiar si podría imitarse sus efectos con fármacos británicos. Mientrs los alemanes disminuían la distribución de «speed», las fuerzas armadas británicas aprobaron su uso como remedio contra la fatiga, sobre todo para los pilotos que debían realizar maratonianas jornadas de patrullas a lo largo del Atlántico. De hecho, las tabletas con cinco miligramos de bencedrina repartidas por la RAF (Royal Air Force) ya venían usándose por los pilotos por propia iniciativa tiempo atrás. A lo largo de todo el conflicto, las fuerzas británicas consumieron, según las cifras recogidas en el libro «Las drogas en la guerra», 72 millones de pastillas de bencedrina. Sin tiempo de conocer los efectos nocivos de esta droga, Gran Bretaña recorrió a ella de forma masiva para la guerra en África. En la batalla de El Alamein, el general Bernard Montgomery puso en esta droga sus esperanzas de vencer al implacable Erwin Rommel. Antes del ataque inicial, el 23 de octubre de 1942, distribuyó 100.000 comprimidos de bencedrina. El resultado fue una gran victoria sobre los alemanes, aunque resulte imposible conocer cuánta incidencia tuvo la droga en el rendimiento de las tropas. EE.UU siguió el ejemplo de Gran Bretaña. En 1942, las fuerzas aéreas adquirieron grandes cantidades de bencedrina a la empresa Smith, Kline & French. Los pilotos de las fortalezas volantes que eran los B-29 se ayudaron de la benzedrina para sus largas misiones con las que bombardeaban Alemania y Japón. Al año siguiente comenzó la distribución entre las fuerzas terrestres, que apodaron popularmente «benni» a la bencedrina. Las cifras totales consumidas oscilan entre los 250 millones y los 500, según el autor consultado. Su distribución fue especialmente clave en el Pacífico, donde la lucha contra los soldados suicidas de Japón solo podía ser contrarrestada a través de algo que neutralizara de forma artificial el miedo. En este sentido, muchos de los kamikazes nipones también estaban colocados de anfetamina y opio cuando realizaron estas actividades temerarias. Japón distribuyó todo tipo de estupefacientes entre las tropas. La URSS fue la única de las grandes potencias que se abstuvo de entrar en esta guerra farmacológica. Se mantuvieron fieles a la valeriana y el vodka, excepcionalmente a la cocaína, que también los evadía de la brutalidad de la guerra. Más que por la incapacidad de fabricar estas drogas, lo cual también influía, no recurrieron al «speed» porque, como explica Kamienski, los tanques de combate eran infinitamente más valiosos que las vidas humanas. Las drogas eran demasiado caras... Stalin suplió la mala equipación y adiestramiento de sus hombres a base de ingentes cantidades de combatientes: la masa interminable de soldados fue su mejor baza en la guerra. SI QUIERES SABER MÁS SOBRE LA SEGUNDA GUERRA MUNDIAL, VISITA MI BLOG: SÍGUEME TAMBIÉN EN:
Los aliados también tomaron anfetaminas en la SGM
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