Linda Evangelista, junto a las modelos Naomi Campbell y Christie Turlington, integró la “trinidad de oro” de las pasarelas y el mundo de la moda de los años 90, aunque es de justicia señalar que ella era suficientemente famosa por sí sola, gracias a su exuberante cuerpo, su característico cabello corto, sus ojos de gata y su cuello de cisne.
Linda Evangelista nació en 1965 en St. Catharines, un pueblecito canadiense cercano a las cataratas del Niágara. Hija de inmigrantes italianos y la menor de tres hermanos, sus padres deseaban que fuera maestra en la escuela del pueblo, pero desde pequeña quería ser modelo o reina de belleza, tanto así que cuando tenía 12 años, y participaba en el concurso Miss Teen Niagara 1978, fue descubierta por una agencia de modelos.
Sin embargo, sus primeros contratos no fueron lo que ella esperaba. Según relató en varias entrevistas, cuando tenía 16 años viajó a Japón a realizar una sesión fotográfica, pero allí fue víctima de un engaño. “Querían que me quitara la ropa y posara desnuda. Me entró el pánico y acudí a la embajada de Canadá, que me ayudó. Estuve allí unos días y después me fui a casa. Después de eso, no quise nunca más tener nada que ver con el mundo de la moda. Fue una pesadilla. Estuve dos años apartada de todo hasta que mi agente me convenció para que volviera a los concursos de belleza, donde John Casablancas, director de Elite, me vio y me contrató”.
Sin embargo, sus primeros contratos no fueron lo que ella esperaba. Según relató en varias entrevistas, cuando tenía 16 años viajó a Japón a realizar una sesión fotográfica, pero allí fue víctima de un engaño. “Querían que me quitara la ropa y posara desnuda. Me entró el pánico y acudí a la embajada de Canadá, que me ayudó. Estuve allí unos días y después me fui a casa. Después de eso, no quise nunca más tener nada que ver con el mundo de la moda. Fue una pesadilla. Estuve dos años apartada de todo hasta que mi agente me convenció para que volviera a los concursos de belleza, donde John Casablancas, director de Elite, me vio y me contrató”.
Linda Evangelista se mudó a Nueva York en 1984, donde cosechó cierto éxito como modelo, pero ella quería algo distinto a lo que consideraba como “trabajos mediocres”. Por consejo del fotógrafo Peter Lindbergh se cortó en 1988 su largo cabello y ese fue el principio de su éxito. Aunque de la casi veintena de contratos que tenía apalabrados se cancelaron 16 por su repentino cambio de look, de un día para otro todas las revistas la querían tener en portada. “Todos hablaban de mi nuevo corte de pelo y de pronto estaba en las portadas de Vogue de todo el mundo. Y a todos les encantaba el pelo corto”.