Nuestro país está lleno de leyendas y misterios. Los antiguos pueblos del Perú tienen una rica tradición oral de historias que no siempre aterrorizan, pero que pueden dejar turbado a más de uno. Con ánimo de difundir algunas de estas historias (y picar tu curiosidad), te dejamos cinco criaturas de la mitología amazónica. Como para que sepas con qué te puedes encontrar si algún día te pierdes en la selva peruana.
1. La Yacumama
Una boa —o anaconda, dependiendo de quien lo cuente— gigantesca, muy grande, que habita los pantanos de la selva profunda. Su nombre significa “madre del agua”. Se cree que su cuna es la laguna de Yarinacocha (Ucayali). También se le identifica como el espíritu protector del río Amazonas. Se dice que solo deja su cabeza fuera del agua y usa sus poderes de atracción para llevar a sus víctimas hacia ella. Si la miras a los ojos, es más que seguro que terminarás devorado.
2. El tunchi
Puede ser un ave, un brujo o un espíritu. Las versiones varían. Lo que es seguro es que vaga por las noches entre la espesa selva. No es un ser ni bueno ni malo, de hecho parece ser, mas bien, un juez. Si se encuentra con una persona mala, le hará pagar por el daño hecho. Se dice que quienes se enfrentan a él acaban muertos o locos. Si por el contrario se topa con una persona buena, la dejará proseguir. Debido a su falta de forma específica, se conoce su presencia por el silbido penetrante que lanza en la oscuridad. Si se escucha sobre el techo de una casa o en los alrededores de un pueblo, es significado de mala suerte, enfermedad y muerte.
3. El yacuruna
El demonio del agua. Vive en las profundidades de los ríos y los lagos de la selva. Se dice que los chamanes y curanderos lo invocan durante las sesiones de ayahuasca. Hace el bien y el mal. La leyenda dice que se traslada por el agua sobre un enorme lagarto negro. Tiene el poder de adoptar forma humana. Algunas historias incluso señalan que se puede convertir en un delfín rosado que seduce mujeres, atrayéndolas hacia el agua para nunca más dejarlas salir.
4. El chullachaqui
El duende de la selva. De estatura pequeña. También puede transformarse en lo que desee, sea persona, animal o cosa. Quienes más posibilidades tienen de toparse con él son quienes se pierden en la selva. Se ofrece a ayudarlos, pero eventualmente los deja abandonados a su suerte. Incluso adopta la forma de familiares o seres queridos para atraer a sus víctimas. Una manera de reconocerlo es mirando su pie izquierdo, que es un pie humano volteado. Se dice también que tiene chacras en lo profundo de la selva, donde cultiva sus propios alimentos y que quienes cayeron en su trampa trabajan para él.
5. El bufeo colorado
A diferencia de las otras criaturas en esta lista, esta historia sí se basa en un animal real. Se trata del delfín rosado del Amazonas. Según la leyenda, el bufeo puede transformarse en un hombre blanco que seduce jóvenes (aquí se mezcla la leyenda con la del Yacurama). Se presenta como un viajero de paso que baila, enamora a mujeres y se gana la simpatía general invitando tragos a todos. Sin embargo, él no come ni bebe. Se dice que una vez que consigue una mujer, la “visita” todas las noches y se marcha al amanecer. Esto hará que ella empiece a comportarse de manera extraña hasta arrojarse al río. Otras versiones señalan que quedan embarazadas y arrojan a sus hijos al agua para que el bufeo los críe.
1. La Yacumama
Una boa —o anaconda, dependiendo de quien lo cuente— gigantesca, muy grande, que habita los pantanos de la selva profunda. Su nombre significa “madre del agua”. Se cree que su cuna es la laguna de Yarinacocha (Ucayali). También se le identifica como el espíritu protector del río Amazonas. Se dice que solo deja su cabeza fuera del agua y usa sus poderes de atracción para llevar a sus víctimas hacia ella. Si la miras a los ojos, es más que seguro que terminarás devorado.
2. El tunchi
Puede ser un ave, un brujo o un espíritu. Las versiones varían. Lo que es seguro es que vaga por las noches entre la espesa selva. No es un ser ni bueno ni malo, de hecho parece ser, mas bien, un juez. Si se encuentra con una persona mala, le hará pagar por el daño hecho. Se dice que quienes se enfrentan a él acaban muertos o locos. Si por el contrario se topa con una persona buena, la dejará proseguir. Debido a su falta de forma específica, se conoce su presencia por el silbido penetrante que lanza en la oscuridad. Si se escucha sobre el techo de una casa o en los alrededores de un pueblo, es significado de mala suerte, enfermedad y muerte.
3. El yacuruna
El demonio del agua. Vive en las profundidades de los ríos y los lagos de la selva. Se dice que los chamanes y curanderos lo invocan durante las sesiones de ayahuasca. Hace el bien y el mal. La leyenda dice que se traslada por el agua sobre un enorme lagarto negro. Tiene el poder de adoptar forma humana. Algunas historias incluso señalan que se puede convertir en un delfín rosado que seduce mujeres, atrayéndolas hacia el agua para nunca más dejarlas salir.
4. El chullachaqui
El duende de la selva. De estatura pequeña. También puede transformarse en lo que desee, sea persona, animal o cosa. Quienes más posibilidades tienen de toparse con él son quienes se pierden en la selva. Se ofrece a ayudarlos, pero eventualmente los deja abandonados a su suerte. Incluso adopta la forma de familiares o seres queridos para atraer a sus víctimas. Una manera de reconocerlo es mirando su pie izquierdo, que es un pie humano volteado. Se dice también que tiene chacras en lo profundo de la selva, donde cultiva sus propios alimentos y que quienes cayeron en su trampa trabajan para él.
5. El bufeo colorado
A diferencia de las otras criaturas en esta lista, esta historia sí se basa en un animal real. Se trata del delfín rosado del Amazonas. Según la leyenda, el bufeo puede transformarse en un hombre blanco que seduce jóvenes (aquí se mezcla la leyenda con la del Yacurama). Se presenta como un viajero de paso que baila, enamora a mujeres y se gana la simpatía general invitando tragos a todos. Sin embargo, él no come ni bebe. Se dice que una vez que consigue una mujer, la “visita” todas las noches y se marcha al amanecer. Esto hará que ella empiece a comportarse de manera extraña hasta arrojarse al río. Otras versiones señalan que quedan embarazadas y arrojan a sus hijos al agua para que el bufeo los críe.
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