Según la Convención sobre municiones de racimo, las municiones convencionales destinadas a esparcir o liberar submuniciones explosivas que pesen menos de 20 kilogramos se consideran municiones de racimo. Estas armas se consideran letales para los civiles debido a su amplio radio de destrucción.
iferentes modificaciones de estas bombas se encuentran en el arsenal de los ejércitos de varios países del mundo y han demostrado ser armas baratas y extremadamente efectivas.
Sus 'ancestros' son las municiones shrapnel explosivas, rellenas de balas de plomo. Aparecieron a principios del siglo XIX. Ahora, estas municiones se usan en artillería, fuerzas de misiles y aviación.
Las armas de racimo permiten resolver muchas tareas, incluido el minado a distancia y la neutralización de vehículos blindados y fuerzas enemigas.
La convención sobre municiones de racimo obliga a todos los países que se adhieran a ella a destruir sus arsenales durante los 8 años posteriores a la admisión como Estado firmante.
Junto con otros grandes fabricantes y usuarios de armas de racimo (como China, la India, Brasil, Pakistán e Israel), Estados Unidos se negó a firmar la convención, aunque el Pentágono prohibió casi por completo el uso de este tipo de municiones en 2008.
En algún momento se planteó el uso de armas pequeñas y ultraprecisas, pero resultó ser extremadamente improductivo bombardear los vehículos de los yihadistas, en su mayoría autos descacharrados, con costosas armas controladas a distancia.
La industria armamentística fue incapaz de proporcionar al Ejército esas armas en un corto período de tiempo y a un precio asequible.
Rusia tampoco se unió a la convención. La mayoría de lanzacohetes múltiples del Ejército ruso son capaces de disparar municiones de racimo, incluidos los sistemas de misiles tácticos Tochka-U e Iskander, así como el proyectil de artillería de 52 y 203 milímetros. En la foto: el lanzacohetes Smerch en funcionamiento.
Sus 'ancestros' son las municiones shrapnel explosivas, rellenas de balas de plomo. Aparecieron a principios del siglo XIX. Ahora, estas municiones se usan en artillería, fuerzas de misiles y aviación.
Las armas de racimo permiten resolver muchas tareas, incluido el minado a distancia y la neutralización de vehículos blindados y fuerzas enemigas.
La convención sobre municiones de racimo obliga a todos los países que se adhieran a ella a destruir sus arsenales durante los 8 años posteriores a la admisión como Estado firmante.
Junto con otros grandes fabricantes y usuarios de armas de racimo (como China, la India, Brasil, Pakistán e Israel), Estados Unidos se negó a firmar la convención, aunque el Pentágono prohibió casi por completo el uso de este tipo de municiones en 2008.
En algún momento se planteó el uso de armas pequeñas y ultraprecisas, pero resultó ser extremadamente improductivo bombardear los vehículos de los yihadistas, en su mayoría autos descacharrados, con costosas armas controladas a distancia.
La industria armamentística fue incapaz de proporcionar al Ejército esas armas en un corto período de tiempo y a un precio asequible.
Rusia tampoco se unió a la convención. La mayoría de lanzacohetes múltiples del Ejército ruso son capaces de disparar municiones de racimo, incluidos los sistemas de misiles tácticos Tochka-U e Iskander, así como el proyectil de artillería de 52 y 203 milímetros. En la foto: el lanzacohetes Smerch en funcionamiento.