Aunque en la actualidad no es algo tan común, en algunos lugares todavía perdura la tradición de arrojar una moneda a una fuente o pozo y pedir un deseo. Si nunca has tenido la oportunidad, seguramente alguno de tus padres lo hizo. ¿Pero, cómo apareció esta tradición?
Como suele suceder en estos casos, la información disponible ha llegado hasta nosotros a través de las leyendas. Se dice que los indicios más antiguos de esta costumbre se remontan a un periodo en que el continente europeo estaba dominado por tribus nómadas. En aquella época, mucho antes de la aparición del cristianismo y del inicio de nuestra era, estos grupos sociales pasaban la vida recorriendo el continente, y nunca les resultó fácil localizar agua apta el consumo.
Cuando llegaban a encontrar una fuente del vital líquido, tenían la creencia de que era un obsequio de los dioses y tenían que agradecerlo de alguna forma. Así, se dice que lanzaban una moneda como pago por el agua. Sin embargo, incluso después que estos grupos nómadas se establecieron en pequeños asentamientos (que después se convertirían en grandes ciudades) en los que levantaron las primeras fuentes y cavaron los primeros pozos, la costumbre prevaleció.
Cada fuente con su deidad.
Para especificar cual deidad protegía a cada fuente, estas personas empezaron a dejar una estatua (que era la representación del dios en cuestión) en un lugar cercano, y después estos sitios fueron tomados como lugares de culto. Posteriormente se convirtieron en santuarios. Se llegó el momento en que no arrojaban más monedas para agradecer por el agua, pues ahora les resultaba más fácil localizarla, pero la costumbre seguía vigente como una forma de calmar la ira de los dioses o para que respondieran las peticiones de las personas.
Fuente dedicada a Coventina.
Restos del Pozo de Pen Rhys.
La fuente de la fortuna y el amor.
En nuestros días, esa creencia sobre los dioses ya está en completo desuso, pero las personas siguen arrojando monedas en fuentes o pozos para pedir algo a cambio. Sin lugar a dudas, el lugar donde este fenómeno puede apreciarse con mayor intensidad es la Fontana di Trevi – fuente de Trevi -, ubicada en Roma, Italia. Dado que es uno de los destinos turísticos más frecuentados del país, todos los días se extraen de esta fuente alrededor de 3,000 € en monedas.
Fontana di Trevi en Roma, Italia.
Escena de la película La fuente del deseo (1954)
Contando las monedas.
Evidentemente, recoger 3,000 € todos los días es un auténtico negocio en el que no se ha invertido prácticamente nada. Así, todos los días la fuente se cierra por un lapso de tiempo y las monedas que han arrojado aquí son recolectadas por una organización caritativa llamada Caritas, que pertenece a la iglesia católica.
Posteriormente, las monedas se secan, se limpian, se separan según la denominación y son depositadas en un banco a una cuenta utilizada para comprar alimentos para los necesitados y mantener refugios de personas enfermas de SIDA. Pero no todo es color de rosa: hace algunos años la policía romana aprendió a un grupo de personas que solía extraer el dinero de la fuente para ganar dinero sin esforzarse. Desde entonces, las colectas para la caridad se dispararon en un 30%.
Aunque en el pasado se creía que estas aguas otorgaban salud a las personas que bebían de la fuente, en la actualidad no es una práctica recomendable, sobre todo si tomamos en cuenta la cantidad de personas que circulan por estas áreas todo el tiempo. Lo más sano es evitarlo.