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Flak 88: el monstruo que pulverizaba a los tanques aliados

Info12/30/2017


«Allí estábamos, en lo alto de aquella loma. Un 88 milímetros hizo seis disparos y voló cinco tanques. Las balas salían a 1.000 metros por segundo, veías los obuses silbando por el cielo. Llegaban como un rayo». El testimonio que el carrista Robert Watt (del «3rd Royal Tank Regiment») desveló en el documental «Grandes batallas de tanques, El Alamein» pone de manifiesto lo letal que era el «Fliegerabwehrkanone» de 88 milímetros. Un arma que, a pesar de empezar sus días haciendo las veces de cañón antiaéreo, terminó convirtiéndose en el terror de los carros de combate aliados.

Esta pieza de artillería era tan terrorífica que hacía incluso que el compañerismo de los tanquistas se esfumara. Y es que, en el momento en que veían el cañón del letal «Flak 88» (su denominación abreviada), sólo podían pensar en salvar la vida. Así lo desvela, a su pesar, el propio Watt: «Tras el disparo, de repente algo llamaba tu atención. Era el tanque de un compañero ardiendo. Y respirabas aliviado. Era horrible, alguien había muerto en aquel tanque, pero tú estabas aliviado. Sabías por tu experiencia como artillero que, medio grado más en la mira, y habrías sido tú. Y eso es algo con lo que cuesta vivir, se hace difícil».
Segunda Guerra Mundial

Así en la tierra como en el cielo, el «Flak 88» fue un enemigo intratable. «Cuando usaron el cañón de 88 como cañón antitanque nos vimos en el bando perdedor», explica Watt.

El popular investigador de la Segunda Guerra Mundial, Antony Beevor, es de la misma opinión en su obra «Día D. La batalla de Normandía», donde lo llega a calificar de «formidable». «Las tripulaciones de carros británicas y americanas tenían muchos peligros a los que temer. El antiaéreo de 88 mm, usado contra objetivos de tierra con una puntería terrorífica, podía acertarles incluso a una milla de distancia».

El origen de este cañón hay que buscarlo en los años 20. Tras el fin de la Gran Guerra, el Tratado de Versalles prohibió a Alemania poseer cierto tipo de armamento», entre el que se encontraban los cañones antiaéreos.

Deseosos de seguir evolucionando militarmente, los ingenieros germanos se trasladaron en secreto a Suecia para desarrollar (de manos de la firma Bofors) una pieza que fuera capaz de derribar aviones. Aunque el resultado no llegó a fabricarse en masa, sí sirvió para sentar las bases del futuro «Flak 88».

El Cajon de Grisom


La llegada de la década de los 30 llevó a los expertos alemanes a desarrollar el «8,8 cm FlugabwehrKanone 18». El arma, ideada para proteger aeródromos, contaba con una dotación de ocho hombres y debía ser trasladada de un emplazamiento a otro con la ayuda de un tractor semioruga, aunque a su favor tenía el haber sido elaborada con una tecnología puntera. Con su calibre y excelente velocidad inicial, podía combatir todos los blancos presentes y futuros y el cierre semiautomático aseguraba una buena cadencia de tiro.

Esta versión fue la que arribó a España durante la Guerra Civil de manos de la Legión Cóndor tras terminar de desarrollarse en 1933. No pudo llegar en mejor momento para los sublevados, pues estos se las veían y se las deseaban para hacer frente a la aviación republicana. Con todo, y a pesar de su efectividad, la empresa Krupp (encargada de su desarrollo) mejoró sus prestaciones e ideó el «Flak 36» (también de 88 milímetros).

El potente cañón alemán antiaéreo “88” (Flak 36 de 88 milímetros), se convirtió en la columna vertebral de la defensa alemana desde el momento en que empezó a usarse por primera vez en España en el invierno de 1936-1937. La experiencia española permitió a los germanos mejorar los «Flak 88» e idear dos versiones posteriores, la del 37 y la del 41.

Flak 88


Además de un cañón importante para la época, contaban de un buen blindaje.
A pesar de que el uso del «Flak 88» como arma anticarro se generalizó a partir de la campaña de África (su máximo valedor sería el popular Erwin Rommel) parece ser que fue en los años 40 cuando demostró ser idóneo para destruir a los blindados enemigos.

Corría la invasión de Francia cuando a algún iluminado se le ocurrió disparar este antiaéreo contra los Matilda II británicos. Su idea no pudo ser mejor, pues logró traspasar su blindaje (uno de los más gruesos de entonces al llegar hasta los 78 mm.).
El Matilda era uno de los mejores carros de los inicios de la contienda. El problema era que estaba basado en una idea de la Primera Guerra Mundial: la de que los tanques debían servir como apoyo a la infantería. Es decir, acompañar a los soldados a pie, y no funcionar de forma autónoma. Por eso era sumamente lento y muy pesado. Su gran robustez hacía que los cañones anticarro germanos de la época (los Pak 36) no pudiesen dañarle.

Fue a partir de la campaña de África, y de manos de Rommel, cuando este cañón se convirtió en un auténtico monstruo para los tanques aliados. En el norte de África el «Flak 88» fue mejorado con placas frontales y, favorecido por el terreno, hizo las delicias de los germanos.

Alemania


En una de las contiendas en las que demostró su efectividad fue en la operación «Battleaxe» (junio de 1941). Una sola de estas piezas, la del cabo Hübner, destruyó en esta acción 9 carros. Más tarde en la batalla de Bir-Hacheim, antes de la toma de Tobruk, los ingleses perdieron 298 carros de los cuales 153 fueron víctimas de los 88.

Después de ser utilizado en África, el «Flak 88» llegó a Europa como arma idónea para destruir carros de combate. Su efectividad fue tal que su cañón se adaptó a vehículos blindados.
Al final de la guerra casi todos los cañones eran del 88. El "Pak 43", que era un cañón antitanque, portaba un cañón de 88, y el mítico carro de combate "Tiger" también. Era casi omnipresente. Y todo, gracias a aquel primer "Flak 88" antiaéreo, que fue el padre de todos ellos. Por si fuera poco, los germanos diseñaron de nuevo la pieza dividiéndola en más partes para «diversificar la producción», no cargar de trabajo a la Krupp, y sacar de la cadena de montaje cuantos más, mejor.

A partir de entonces empezaron a verse versiones del «Flak 88» en todos los teatros de operaciones. Entre ellos destacó Normandía, donde los americanos tuvieron que enfrentarse a ellos. Los “Sherman" no podían hacer nada contra ellos. Si un 88 les disparaba estaban muertos. Solo había una posibilidad: que la inclinación del blindaje hiciese que el proyectil fallase y rebotase. Algo, por cierto, que ocurría en pocas ocasiones. Es cierto que existía la opción gracias al blindaje inclinado, pero normalmente estaban “fritos” si recibían el impacto de un 88.

Africa


¿Porque fue posible que un cañón antiaéreo fuese tan efectivo contra objetivos en tierra?

El 88 usaba un proyectil de unos 10 kilos que salía del cañón casi a 900 metros por segundo. La velocidad y el grosor del proyectil hacían que fuese letal para los blindados.
Tenía un gran alcance. Estaba pensado para disparar a aviones. Es decir, poder llegar hasta los 2.000 - 3.000 metros. En tierra eso supone disparar a un objetivo que está muy lejos y casi ni se ve. Poder hacer fuego a un objetivo tan lejano con precisión, cuando las primeras batallas de tanques se libraban a 500 metros, era una ventaja increíble.
En África fue muy útil porque era un mar de tierra. Eso permitía a las dotaciones ver al enemigo a grandes distancias y disparar sin temor a impactar en un obstáculo. En Europa fue diferente. Las batallas se libraban a menos distancia, pero no por eso era menos efectivo.


Rommel


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