Una primera cita suele ser siempre algo complicado; los implicados están nerviosos y las expectativas suelen ser muy altas; florecen las inseguridades y el miedo a estropearlo todo invade nuestro consciente. Pero de ahí a acabar lanzando nuestras propias heces por la ventana… hay un gran trecho.
Agarraros bien a vuestra silla, porque la historia que os contaremos hoy viene con curvas (y excrementos).
Liam Smith, estudiante de la Universidad de Bristol, decidió concertar una cita a través de Tinder a principios del mes de Agosto. Vamos, algo muy habitual en los jóvenes (y no tan jóvenes) actualmente.
Quedó con la chica para picotear algo, tras lo que se dirigieron a casa de Smith para ver un documental sobre la cienciología (¿de verdad, hermano?).
“Después de un poco de Louis Theroux y calma, mi cita se levantó para ir al lavabo”, explica Liam. “Pero al poco tiempo volvió con una mirada de pánico y dijo que tenía algo que explicarme”.
Al parecer, la caca de la chica era tan larga, que el inodoro era incapaz de tragársela completa. Ante esto, la chica entró en pánico y decidió coger el excremento con papel sanitario y lanzarlo por la ventana.
Después, arrepentida, fue a confesarle igualmente a Liam lo que había hecho.
El problema, según Smith, era que esa ventana no daba a un patio interior, sino que apenas si estaba separada de la ventada de enfrente por una pequeña brecha de unos 20 centímetros de profundidad, por lo que la caca se quedaría ahí de por vida.
El chico propuso romper la ventana para retirar los excrementos, pero la chica tenía una “mejor” (ejem) idea: se colaría a través de la pequeña obertura de ésta para retirar manualmente los desechos. Pero acabaría siendo una muy mala idea…
La pobre chica se quedó totalmente atascada, al punto de no poder salir y tener que llamar a los bomberos para remediar la complicada (y vergonzosa) situación en la que se habían metido.
Su cita fue rescatada, pero los bomberos, en su labor de rescate, tuvieron que romper la ventana, lo que le supuso a Liam un gasto para repararla de 300 libras (unos 330€). Sin duda la cita más cara que había tenido este chico hasta la fecha.
Al no poder afrontar los gastos, Liam inició una campaña en internet para poder recaudar el dinero necesario. En apenas unas horas ya había recaudado el equivalente a casi 1800€. Con total humildad (y algo de humor), el noble chico donó el 60% del dinero restante a una ONG que se dedica a instalar retretes en países subdesarrollados. El resto lo donó al departamento de bomberos.
“Es una chica muy cariñosa, -no estoy seguro de que pasará- ahora mismo estoy muy ocupado con mi tesis, pero sinceramente estoy abierto a volver a verla”. Si es que es un amor este Smith.
Agarraros bien a vuestra silla, porque la historia que os contaremos hoy viene con curvas (y excrementos).
Liam Smith, estudiante de la Universidad de Bristol, decidió concertar una cita a través de Tinder a principios del mes de Agosto. Vamos, algo muy habitual en los jóvenes (y no tan jóvenes) actualmente.
Quedó con la chica para picotear algo, tras lo que se dirigieron a casa de Smith para ver un documental sobre la cienciología (¿de verdad, hermano?).
“Después de un poco de Louis Theroux y calma, mi cita se levantó para ir al lavabo”, explica Liam. “Pero al poco tiempo volvió con una mirada de pánico y dijo que tenía algo que explicarme”.
Al parecer, la caca de la chica era tan larga, que el inodoro era incapaz de tragársela completa. Ante esto, la chica entró en pánico y decidió coger el excremento con papel sanitario y lanzarlo por la ventana.
Después, arrepentida, fue a confesarle igualmente a Liam lo que había hecho.
El problema, según Smith, era que esa ventana no daba a un patio interior, sino que apenas si estaba separada de la ventada de enfrente por una pequeña brecha de unos 20 centímetros de profundidad, por lo que la caca se quedaría ahí de por vida.
El chico propuso romper la ventana para retirar los excrementos, pero la chica tenía una “mejor” (ejem) idea: se colaría a través de la pequeña obertura de ésta para retirar manualmente los desechos. Pero acabaría siendo una muy mala idea…
La pobre chica se quedó totalmente atascada, al punto de no poder salir y tener que llamar a los bomberos para remediar la complicada (y vergonzosa) situación en la que se habían metido.
Su cita fue rescatada, pero los bomberos, en su labor de rescate, tuvieron que romper la ventana, lo que le supuso a Liam un gasto para repararla de 300 libras (unos 330€). Sin duda la cita más cara que había tenido este chico hasta la fecha.
Al no poder afrontar los gastos, Liam inició una campaña en internet para poder recaudar el dinero necesario. En apenas unas horas ya había recaudado el equivalente a casi 1800€. Con total humildad (y algo de humor), el noble chico donó el 60% del dinero restante a una ONG que se dedica a instalar retretes en países subdesarrollados. El resto lo donó al departamento de bomberos.
“Es una chica muy cariñosa, -no estoy seguro de que pasará- ahora mismo estoy muy ocupado con mi tesis, pero sinceramente estoy abierto a volver a verla”. Si es que es un amor este Smith.