Muchas veces hemos escuchado hablar del “rompimiento del tejido social”, pero quizá en pocas ocasiones hemos tenido la oportunidad de verlo con la claridad necesaria como es el caso de la banda de los Cahori en Acapulco, Guerrero, México.
Formada por nueve universitarios quienes ejecutaron a 39 compañeros de su escuela, a los que secuestraron y mataron por el simple afán de conseguir dinero fácil para comprarse sus caprichos en ropa, autos, motos y vacaciones....
De acuerdo con las investigaciones los nueve adolescentes que no tomaban alcohol ni drogas, reconocidos como buenos estudiantes del Instituto Tecnológico de Acapulco, entre ellos la jovencita Leslie Cahori Jiménez García –de ahí el mote de la banda de los Cahori–, formaron una banda que se dedicaba a secuestrar a compañeros de su colegio para pedirles rescate a su padres por hasta 800 mil pesos (40,000 dólares), que luego se repartían para gastarlo en sus caprichos.
Los nueve integrantes del grupo no se caracterizaban por ser disfuncionales entre sus compañeros; al contrario, tenían buenas calificaciones y hasta algunas instituciones religiosas les habían dado cartas a algunos de ellos de buena conducta, en las que se ponderaba su honestidad y principios católicos. En suma, parecía buenos muchachos.
Pero en sus celulares ocultaban su otra faceta, su otra personalidad, una que sólo ellos sabían y compartían cuando atrapaban a otros de sus compañeros para llevarlos a alguna casa de seguridad para secuestrarlos y luego ejecutarlos porque los reconocían.
Durante el periodo del 2010 al 2013 la “Banda del los Cahori” secuestró y asesinó a unos 39 estudiantes del Instituto Tecnológico de Acapulco.
Su modus operandi era de la siguiente manera: primero escogían a alguno de sus compañeros, lo invitaban a salir, lo llevaban a una casa de seguridad y ahí lo secuestraban. Luego de obtener el rescate lo ahorcaban con un cable de luz, lo descuartizaban con un hacha y tiraban los restos en algún lugar. Solían ir a los funerales de sus víctimas para dar el pésame a las familias...
Dicen algunos filósofos místicos que la razón de esta actitud negativa del criminal se debe a que el sujeto tiene el corazón sucio, la conciencia bloqueada y la razón manipulada.
Tras la desaparición de uno de sus compañeros del instituto que fue encontrado ahorcado en las calles del puerto de Acapulco, a pesar de que su familia había pagado el rescate exigido, la policía dio con la banda al seguirle la pista a Leslie Cahori, con quien el joven estudiante había tenido su última conversación telefónica.
Al detener a los muchachos, descubrieron que habían grabado en sus celulares las ejecuciones que cometían con algunas de sus presas: los torturaban, los ahorcaban con un cable de luz y a algunos los descuartizaban con un hacha.
Los grados de descomposición social han rebasado los límites llegando a la “normalización” de la violencia, donde ya no se distinguen valores o principios de conservar la vida, porque ya no existen.
Mientras los gobiernos estatales y el federal siguen empeñados en seguir una estrategia frontal de combate al crimen organizado mediante el uso de la fuerza, mientras mantienen su tarea de socavar las funciones sociales del Estado, por el otro lado existe una crisis de todas las instituciones que han sido abandonadas desde hace muchos años por los partidos políticos, más preocupados por atender los intereses económicos particulares que los de la sociedad.
Los más abandonados en estos años han sido los jóvenes que viven un presente de desempleo, corrupción, pobreza y violencia institucional, aparte de falta de espacios educativos y nulos proyectos sociales que los ayuden a tener mejores herramientas para enfrentar un futuro carente de oportunidades.
El estudio psicológico que le hicieron a la muchacha involucrada llamada Lesly Cahori Jiménez García se le señaló que posee una preocupación exagerada por si misma, ansiedad, dependencia, inseguridad, aislamiento, agresión, preocupación ambiental, persona con defensas insanas, con angustia, con sentimientos de inferioridad, timidez y desvalorización, teniendo una actitud atenta, participativa ante la entrevista, coherente y congruente con lenguaje adecuado.
La muchacha viene de una familia disfuncional, actualmente vive con su mamá, ocupa el cuarto lugar de cinco hijos, no toma ni se droga.
Los familiares de las víctimas veían a Leslie Cahori la veían como una “jovencita tierna y cariñosa” que solía ir a visitarlos a sus casas.
Todo esto me hace reflexionar que el importantísimo movimiento de despertar conciencia por algunos escritores humanistas, tiene por objeto salvar a la sociedad de la muerte de la conciencia.
¿Cómo es posible que en un Centro Tecnológico Universitario se desarrolle el virus del mal en su máxima expresión? En donde las acciones negativas de los estudiantes hacen parecer a avezados criminales como meros principiantes...
Pero claro, surge la pregunta ¿qué clase de conciencia se desarrolla en los Tecnológicos y en las Universidades? Como en el caso del Tecnológico de Acapulco es fácil de ver que ese centro “educacional” estaba cultivando una conciencia hipócrita, es decir parecida a la mercadotecnia política.