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El experimento que convirtió a niños en nazis en 4 días

Info2/28/2018
El experimento que convirtió a niños en nazis en 4 días

Hay una pegunta que casi todo el mundo se hace cuando se habla del nacionalsocialismo ¿Cómo pudieron los ciudadanos alemanes (sobre todo los no judíos) permitir que avanzara el movimiento nazi? En 1967 un profesor quiso mostrarlo en la práctica. Por supuesto esto es aplicable a cualquier régimen totalitario.

Segunda Guerra Mundial


Ron Jones, un profesor de ciencias sociales de 25 años natural de Palo Alto, California, se dispuso a enseñar a sus alumnos de secundaria los eventos que condujeron al Holocausto. Ocurre que nada más iniciar la clase, el hombre descubrió que muchos de los críos no podían superar la cuestión (muy lógica) acerca de cómo los alemanes comunes habían sido coaccionados en complicidad con el régimen.

Jones, por cierto, tenía fama de buen profesor, un tipo carismático y muy querido por sus alumnos, así que aprovechando que se sabía un “pequeño” líder, decidió que la mejor manera de enseñarles a los estudiantes lo fácil que la gente puede ser influenciada por líderes temibles o arrastrada por la ideología, era demostrarlo, un caso práctico en la vida real.

El hombre llegó a la casa y comenzó a idear la “práctica”. Al día siguiente, nada más entrar, le dice a sus alumnos que iban a comenzar un experimento. Los alumnos se miraron extrañados mientras Jones pasó a explicar parte del misterio.

El Cajon de Grisom


Así dio comienzo a lo que denominó como el movimiento de “La tercera ola”. Les dijo a sus estudiantes que el movimiento apuntaba a eliminar la democracia. La idea de que la misma enfatiza la individualidad fue considerada como un inconveniente de la propia democracia, y Jones enfatizó este punto principal del movimiento con un lema: “Fortaleza a través de la disciplina, fuerza a través de la comunidad, fuerza a través de la acción, fuerza a través del orgullo”.

Desde el principio, el profesor comenzó a actuar con más severidad de lo habitual, además dio a conocer un nuevo conjunto de reglas por las cuales esperaba que permanecieran en el aula. Fue discordante pero, al igual que ocurre con cualquier otra distracción en la monotonía de una escuela de secundaria, también fue divertido para los alumnos. Al menos al principio.

Ese primer día comenzó con cosas más o menos simples, tales como permanecer sentados y atentos hasta la segunda campana, o que tenían que levantarse para hacer preguntas, las cuales debían estar formuladas en tres palabras o menos y siempre empezando con “Sr. Jones”. De esta forma, el profesor procedió a imponer una estricta disciplina erigiéndose como una figura autoritaria “para mejorar la eficiencia de la clase”.

Nazis


Lo cierto es que el hombre pensó que el experimento solo duraría un día, pero cuando llegó al día siguiente, todos los estudiantes ya estaban sentados perfectamente en sus escritorios. “¡Buenos días, Sr. Jones!”, dijeron al unísono, como les había dicho el día anterior. El experimento debía continuar, pensó Jones.

Los primeros días, la Tercera Ola fue un pequeño juego. Los alumnos tenían muchas reglas y cosas que hacer. Por ejemplo, saludarse unos a otros con un gesto al estilo nazi, pararse para hacer preguntas (que tenían que plantearse en esas tres palabras o menos que comentaba) y trabajar en un proyecto un tanto extraño para “eliminar la democracia”.

La unidad era central en el espíritu de la Tercera Ola , y el grupo hizo pancartas con su logotipo: “Fuerza a través de la participación” y “Fuerza a través de la disciplina”. También se prohibió a los estudiantes reunirse en grupos mayores de dos. Por cierto, a los chicos se les dijo que si aceptaban el experimento, obtendrían un aprobado. Si trataban de derrocar a Jones de alguna manera, obtendrían un suspenso. Y si se negaban a participar, quedarían “desterrados” a la biblioteca.

La Ola


Es posible que uno de los grandes aciertos del profesor fuera obligarles a que la participación en la Tercera Ola abarcaba todo: las reglas aplicadas en clase y en la escuela, pero también fuera de ella e incluso en casa. Si alguno veía a un compañero y no lo saludaba, podría ser denunciado y juzgado por ello. Una condena por infringir las normas significaría que te enviarían a la biblioteca, es decir, que estabas expulsado de la Tercera Ola.

Así, y casi sin darse cuenta, los alumnos se adentraron en un terreno peligroso. El segundo día ya se había instalado un clima de temor que se desarrolló rápidamente entre todos los estudiantes, los rumores lo eran todo, y había que evitarlos a toda costa.

De la misma forma, la confianza entre los estudiantes, incluso entre aquellos que habían sido amigos toda la vida, rápidamente se erosionó. El énfasis tan fuerte en la “unidad” del grupo fue socavado por la atmósfera de sospecha que las expectativas de Jones habían creado sobre los jóvenes.

Experimento


Quizás así se entiende cómo en dos días había conseguido convertir la clase de historia en un grupo con profundo sentido de disciplina y comunidad, aunque dudaran en su interior de lo que estaban haciendo. Llegado el tercer día, el experimento comenzó salirse del plan establecido por el profesor.

De repente, el movimiento de la Tercera Ola había tomado vida propia, todos los alumnos de la Cubberley High School se unieron a él, incluso muchos se habían colado en la clase del profesor para asistir en vivo al nuevo orden instalado. Jones estaba perplejo y quiso confirmar sus teorías con una serie de pruebas y exámenes en el tercer día.

Todos los estudiantes mostraron una gran mejora en sus habilidades académicas y una gran motivación. Antes de acabar la jornada se les otorgó una tarjeta de miembro del movimiento, y cada uno de ellos recibió una asignación especial, por ejemplo diseñar una pancarta de la tercera ola o evitar que los no miembros ingresaran a la clase. Además, el profesor les enseñó a los alumnos cómo iniciar a nuevos miembros, y para el final del día, sorprendentemente ya contaban con más de 200.

Escuela


Jones se vio sorprendido de que algunos de los miembros le reportasen si otros no cumplían las reglas del movimiento. Cuando llegó a casa no supo qué hacer. El hombre creía que debía seguir con el “entrenamiento”, pero por otro lado estaba comenzando a ser algo peligroso.

Al cuarto día, Jones sintió que estaba perdiendo el control del experimento. Había atraído la atención de otros estudiantes y el movimiento había crecido de forma vertiginosa, incluso había una resistencia activa contra el mismo. El hombre decidió que tenía que terminar con todo. Anunció a los estudiantes que la Tercera Ola era parte de un movimiento nacional y les pidió que asistieran a una manifestación la tarde de día siguiente en la que se anunciaría un candidato presidencial.

Cuando los estudiantes llegaron al auditorio al día siguiente, en lugar de un discurso televisado de su líder, el profesor reveló una pantalla de televisión donde solo se escuchaba un extraño ruido blanco. Después de unos minutos casi en silencio, reveló a los estudiantes que habían sido parte de un experimento para plantar las semillas del fascismo. Terminó la reunión con una película sobre el movimiento nazi.

El experimento que convirtió a niños en nazis en 4 días


Cuando aquello terminó los estudiantes sintieron alivio. Muchas de las entrevistas que han tenido lugar con los años a aquellos que formaron parte del experimento cuentan situaciones muy parecidas. Algunos se horrorizaron de haber interpretado tan cuidadosamente una transición al pensamiento y el comportamiento fascista. Otros, simplemente confirmaron que sus corazonadas sobre el nuevo ambiente espeluznante que estaba adquiriendo el aula eran correctas.

La tercera ola se convirtió en ficción, tanto en obra de teatro como en una película alemana de 2008 con el mismo nombre. Con el tiempo, el experimento de Jones tuvo muchos detractores, entre ellos algunos padres y profesores que pensaron que estaba aprovechando su poder para adoctrinar injustamente a una audiencia cautiva e inmadura, en lugar de simplemente educarlos sobre el adoctrinamiento.

No les falta la razón a los padres, al igual que a Jones y el aterrador éxito que supuso su experimento. La simulación del fascismo, ese placer de pertenecer y ser miembro, la escalofriante emoción de la exclusión o la comodidad de la disciplina y las reglas que sintieron durante varios días los pequeños, era la mejor respuesta a la gran pregunta, ahora sin interrogantes: por qué los alemanes permitieron el nazismo.

Segunda Guerra Mundial

En mi opinión. Mucho más inquietante es un experimento de esta clase pero a la inversa; fomentando la convivencia plural y pacífica, la diversidad de opiniones y estilos, la confianza en la capacidad individual del prójimo y no tanto en una disciplina obligada. Nada de chivatazos sino diálogo con quien obre mal. Seguramente algo así tendría pocos resultados. Ni en una semana ni en un año.

El experimento obliga a una disciplina obligatoria, impuesta por el régimen. Eso es muy distinto de cuando la disciplina se la debe autoimponer cada uno, con lógica, con coherencia, con honradez y humildad, sin molestar, escuchando y considerando opiniones ajenas. Eso cuesta mucho más.

¿Que opináis?


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