Mónica Mares es una mujer de 36 años que vive en Clovis, Nuevo México (EEUU). Con apenas 16 años tuvo a su hijo Caleb, al que llamó Carlos, pero decidió dar en adopción nada más nacer.
19 años más tarde, Mónica y Caleb se reencontraron en la pasada Navidad después de ponerse en contacto a través de Facebook. Mónica fue a buscarlo a casa de su padre. “Me pidió que lo fuera a buscar, sentí mariposas en el estómago”, relata ella.
“Lo vi fuera y supe que era él cuando vino hacia mí. Estaba llorando y me dio un abrazo. Fue casi amor a primera vista, pero al principio era amor de madre. Me dio un abrazo maternal”, explica Mónica. “Vino a vivir conmigo y ambos estábamos felices como madre e hijo”.
Mares explica que al principio no pasó nada y después empezó a sentir unos sentimientos “locos”. “Sentía como si hubiera conocido a alguien nuevo en mi vida y me enamoré de él. Al principio le dije: Lo siento, no sé cómo vas a reaccionar ante esto, soy tu madre y eres mi hijo, pero me estoy enamorando de ti”.
Mónica le preguntó: “¿Saldrías con tu madre?”. Y él dijo: “¿saldrías con tu hijo?”, a lo que ella dijo” La verdad, sí lo haría”. Mónica dice que Peterson es lo mejor que le ha pasado en los últimos 19 años y quiere estar con él por el resto de su vida.
Además de Caleb, Mónica tiene otros nueve hijos, con los que vivían al principio de la relación. Mantenían la relación en secreto, los niños comenzaron a llamar a Caleb “papá” pero la policía los descubrió. Fueron detenidos en abril y puestos en libertad bajo una fianza de 5.000 dólares hasta septiembre, fecha del juicio. Mientras, Mónica tiene prohibido ver a ninguno de sus hijos y ponerse en contacto con Caleb. Eso sí, afirma que estaría dispuesta a dejar de verlos si la obligan a elegir entre ellos y Caleb.
Su amor está prohibido según las leyes estadounidenses, por lo que tienen prohibido comunicarse y tener cualquier tipo de contacto. La madre se enfrenta a una pena de 18 meses de cárcel acusada de un delito de incesto, contemplado en los 50 estados aunque con penas variables.
La pareja ha sacado a la luz su relación en un intento por tener una relación sexual entre ellos y dar visibilidad al fenómeno de la atracción sexual genética, aquella atracción sexual que se da entre parientes cercanos unidos genéticamente, ya sea entre hermanos o hermanastros, un padre y un hijo o entre primos. Para ello están recaudando fondos por todo el país.
“Es el amor de mi vida y no quiero perderlo. Mis niños lo aman, mi familia también. Nada puede evitar que estemos juntos: ni los tribunales, ni la cárcel, nada. Tengo que estar con él. Cuando salga de la cárcel, si voy, me mudaré a un estado que nos permita estar juntos”, explica Mónica entre lágrimas.
19 años más tarde, Mónica y Caleb se reencontraron en la pasada Navidad después de ponerse en contacto a través de Facebook. Mónica fue a buscarlo a casa de su padre. “Me pidió que lo fuera a buscar, sentí mariposas en el estómago”, relata ella.
“Lo vi fuera y supe que era él cuando vino hacia mí. Estaba llorando y me dio un abrazo. Fue casi amor a primera vista, pero al principio era amor de madre. Me dio un abrazo maternal”, explica Mónica. “Vino a vivir conmigo y ambos estábamos felices como madre e hijo”.
Mares explica que al principio no pasó nada y después empezó a sentir unos sentimientos “locos”. “Sentía como si hubiera conocido a alguien nuevo en mi vida y me enamoré de él. Al principio le dije: Lo siento, no sé cómo vas a reaccionar ante esto, soy tu madre y eres mi hijo, pero me estoy enamorando de ti”.
Mónica le preguntó: “¿Saldrías con tu madre?”. Y él dijo: “¿saldrías con tu hijo?”, a lo que ella dijo” La verdad, sí lo haría”. Mónica dice que Peterson es lo mejor que le ha pasado en los últimos 19 años y quiere estar con él por el resto de su vida.
“Nunca he tenido a nadie que me cocine platos o me dé algo. Nunca he tenido nada en mi vida y ella se ha complicado la vida para hacerme feliz. Después de una semana más o menos empecé a tener sentimientos hacia ella, y supongo que me enamoré”, ha explicado Caleb.
Además de Caleb, Mónica tiene otros nueve hijos, con los que vivían al principio de la relación. Mantenían la relación en secreto, los niños comenzaron a llamar a Caleb “papá” pero la policía los descubrió. Fueron detenidos en abril y puestos en libertad bajo una fianza de 5.000 dólares hasta septiembre, fecha del juicio. Mientras, Mónica tiene prohibido ver a ninguno de sus hijos y ponerse en contacto con Caleb. Eso sí, afirma que estaría dispuesta a dejar de verlos si la obligan a elegir entre ellos y Caleb.
Su amor está prohibido según las leyes estadounidenses, por lo que tienen prohibido comunicarse y tener cualquier tipo de contacto. La madre se enfrenta a una pena de 18 meses de cárcel acusada de un delito de incesto, contemplado en los 50 estados aunque con penas variables.
La pareja ha sacado a la luz su relación en un intento por tener una relación sexual entre ellos y dar visibilidad al fenómeno de la atracción sexual genética, aquella atracción sexual que se da entre parientes cercanos unidos genéticamente, ya sea entre hermanos o hermanastros, un padre y un hijo o entre primos. Para ello están recaudando fondos por todo el país.
“Es el amor de mi vida y no quiero perderlo. Mis niños lo aman, mi familia también. Nada puede evitar que estemos juntos: ni los tribunales, ni la cárcel, nada. Tengo que estar con él. Cuando salga de la cárcel, si voy, me mudaré a un estado que nos permita estar juntos”, explica Mónica entre lágrimas.