InicioSalud BienestarCuentos cortos para reflexionar (Parte 2)
LAS ENTRADAS DEL MINIGOLF Un día soleado de verano, un padre decidió llevar a sus dos hijos a jugar una partida de minigolf. Los pequeños estaban muy emocionados, ya que era la primera vez que lo hacían. Cuando llegaron a la taquilla, el señor preguntó el precio de las entradas y el encargado le contestó: «Son 5 euros para los adultos; 3, para los niños de entre 6 y 12 años, y para los menores de 6, es gratis». El padre calculó lo que tenía que pagar diciendo: «Mi hijo pequeño tiene 3 años y el otro, 7. Así que yo pago mis 5 euros y los 3 del mayor». Entonces, el vendedor, asombrado y sin disimular un tono de burla más que evidente, le dijo: «Usted es muy bobo... Podría haberse ahorrado los 3 euros de su hijo diciendo que tiene 6 años porque yo no habría notado la diferencia». Sin inmutarse y con mucha amabilidad, el padre de las dos criaturas respondió: «Sí, podría haberlo hecho, pero, aunque usted no habría notado la diferencia, mis hijos, sí. Y el ejemplo que les habría dado no sería nada bueno y permanecería grabado en su memoria para siempre». Y añadió: «Debería usted seguir los consejos del filósofo romano Cicerón, que dijo que la honradez siempre es digna de elogio, aunque no reporte utilidad, recompensa ni provecho». EL MONO Y EL PEZ Un buen día, un mono, que jamás había salido de la selva en la que vivía y no conocía más animales que los de su alrededor, decidió salir a pasear y llegó hasta un río. Se quedó asombrado, ya que nunca había visto tanta agua corriendo por un cauce. Hipnotizado, no movió los ojos del río hasta que un pez lo sobresaltó. Como nunca antes había visto a un animal respirando bajo el agua, creyó que se trataba de una extrañísima especie que había caído al agua y que se estaba ahogando. Así, no dudó ni un instante y se puso a correr paralelamente al río, siguiendo al bicho que se «ahogaba». En cuanto tuvo oportunidad se subió a un tronco que cruzaba el río y logró atrapar al pez y rescatarlo del agua. Una jirafa que pasaba por allí, le preguntó: «¿Qué estás haciendo, mono?». «¿No lo ves? Estoy salvando a este pobre bicho de morir ahogado», respondió. Evidentemente, el pez ya no era pez sino pescado y la «salvación» del mono le había provocado la muerte. Esta historia nos enseña que, antes de actuar, deberíamos valorar las consecuencias de nuestras acciones, aunque estén hechas con la mejor voluntad. Es necesario respetar que cada uno vive según las reglas de su propia naturaleza, por lo que no siempre lo más correcto es intervenir. ¿SERA UN HUEVO? Un sabio envolvió un huevo en un pañuelo, se colocó en el centro de la plaza de su ciudad y llamó a los que pasaban por allí. «¡Quién descubra lo que está envuelto en este pañuelo recibirá de regalo el huevo que está dentro», dijo. Las personas se miraron, intrigadas, y respondieron: «¿Cómo podemos saberlo? ¡Ninguno de nosotros es adivino!». Él insistió: «Lo que está en este pañuelo tiene un centro que es amarillo como una yema, rodeado de un líquido del color de la clara, que a su vez está contenido dentro de una cáscara que se rompe fácilmente. Es un símbolo de fertilidad y nos recuerda a los pájaros que vuelan hacia sus nidos». Todos los habitantes pensaban que lo que tenía en sus manos era un huevo, pero la respuesta era tan obvia que ninguno quiso pasar vergüenza delante de los otros. El hombre preguntó dos veces más y nadie se arriesgó a decir algo impropio. Entonces, el sabio abrió el pañuelo y mostró a los allí presentes el huevo. «Todos vosotros sabíais la respuesta y ninguno osó traducirla en palabras», dijo. Y concluyó: «Así es la vida de aquellos que no tienen el valor de arriesgarse». Moraleja: Arriésgate, incluso cuando la solución parece sencilla. Hay personas que buscan explicaciones más complicadas y terminan no haciendo nada. LOS TRES DESEOS Un dios estaba tan harto de las continuas peticiones de uno de sus devotos que un día se apareció ante él y le dijo: «He decidido darte las tres cosas que desees. Después no volveré a concederte nada más». Lleno de gozo, el hombre hizo su primera petición sin pensárselo dos veces: que muriera su mujer para poder casarse con una mejor. Ésta fue inmediatamente atendida, pero cuando sus amigos y parientes se reunieron en el funeral y comenzaron a recordar las buenas cualidades de su difunta esposa, el devoto cayó en la cuenta de que se había precipitado. Ahora reconocía que no había sabido ver las virtudes de su mujer. ¿Acaso era tan fácil encontrar a otra tan buena como ella? De manera que rogó a su dios que la volviera a la vida, con lo cual, sólo le quedaba un deseo más. En esta ocasión, para no errar, solicitó consejo a los demás. Algunos le sugirieron que pidiese la inmortalidad, pero otros respondían: «¿De qué sirve la inmortalidad sin salud? ¿Y la salud sin dinero? ¿Y el dinero sin amigos?». Así que, al no decidirse, le suplicó a su dios que le aconsejara, y éste le dijo: «Pide ser capaz de contentarte con todo lo que la vida te ofrezca, sea lo que sea». Moraleja: hay que aprender a valorar lo que uno tiene y no estar siempre pendiente de aquello de lo que se carece. LEE LA PRIMERA PARTE AQUI
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