1. Deja de buscar tu destino
Solo unos pocos de nosotros saben desde la infancia lo que quieren hacer durante toda su vida. La mayoría no comprende a qué se quiere dedicar ni en la adultez, y percibe su trabajo como temporal, hasta que aparezca aquello para lo que “han nacido”. Los psicólogos aconsejan dejar de buscar una vocación mítica, a la que se supone que debamos dedicarnos, y destinar nuestro tiempo a aquello que nos gusta hacer (aquello que no nos cansa y podríamos hacer durante mucho tiempo). Generalmente, son varias cosas que pueden ir cambiando, y eso es normal.
La consultora de carrera, Emilie Wapnick, identifica dos tipos de personas: especialistas y multipotenciales. Los especialistas eligen un área y se esfuerzan por lograr la perfección en ella. A los multipotenciales no les gusta hacer una sola cosa durante mucho tiempo, tienen muchos intereses y pueden dominar varias profesiones. Ambos tipos son absolutamente normales. Lo principal es no sentarse a esperar la iluminación que te diga de pronto cuál es tu propósito en la vida. Escucha tu voz interior y no tengas miedo de probarte en diferentes esferas.
2. Elegir es difícil, pero necesario
El psicólogo Barry Schwartz en su libro La paradoja de la elección describe el siguiente experimento: en una tienda había dos estantes con mermelada. En uno había 6 tipos de mermelada y en el otro, 24. El 30% de las personas que probaron la mermelada del estante con 6 tipos, compraron un frasco, y solo el 3% de las personas que probaron la mermelada del estante con 24 tipos se decidieron por una compra. La abundancia de oportunidades agrada, pero al mismo tiempo causa estupor, y muchas veces terminamos no eligiendo nada. Y esto no solo sucede en las tiendas, en las salas de cine, por ejemplo, cada semana aparecen tantas películas interesantes que a veces pasamos más tiempo eligiendo qué película ver, que viendo la película. Lo mismo ocurre con las parejas amorosas: ahora hay tantas maneras de conocer a alguien que muchas veces pensamos que podremos encontrar a alguien mejor.
Al elegir una sola cosa, nos vemos obligados a renunciar, al menos por un tiempo, y muchas veces para siempre, a otras opciones. Y eso puede ser triste, pero inevitable. En la toma de decisiones importantes y cruciales pueden ayudar algunas técnicas psicológicas especiales que se describen en detalle aquí.
3. Deja de considerarte especial
De jóvenes, nuestros padres tuvieron que trabajar duro durante años para lograr algo. En el mundo moderno, es extremadamente popular la idea del enriquecimiento veloz. Escuchamos historias de personas que se hicieron millonarias a los 20 años, y nos parece que nosotros podríamos hacer lo mismo. Este es el llamado “efecto del superviviente”. Internet habla elocuentemente sobre el éxito de unos pocos, pero no dice nada sobre los miles que han fracasado.
El psicólogo Paul Harvey escribe lo siguiente sobre el punto de vista de la generación Y: “Tienen expectativas poco realistas de la vida y una opinión irrazonablemente alta de sí mismos”, y “se resisten penosamente a la crítica”. “Sin esforzarse lo suficiente, este tipo de personas continúan esperando grandes recompensas de la vida y siguen decepcionándose”.
La amarga verdad es que, al comienzo de nuestro viaje, todos somos jóvenes inexpertos que todavía no tienen nada que ofrecerle al mundo. Uno no nace especial, sino que se vuelve especial como resultado de un largo y arduo trabajo en sí mismo.
4. No busques la aprobación permanente
Con el desarrollo actual de las redes sociales, todos los días vemos decenas de páginas de personas conocidas y desconocidas y nos comparamos con ellas. Los científicos llegaron a la conclusión de que las redes sociales reducen el nivel de pensamiento crítico. Cuanto más veas las noticias de los muros de tus amigos, menos dudas de la veracidad de lo que está escrito allí. Pero es bastante posible que la joven a la que envidias por sus bellas fotos simplemente sea muy hábil usando Photoshop.
Las personas con baja autoestima que ven las hermosas fotos de alguien tratan de embellecer su propia vida y subir fotos “para la envidia de todos”. Los psicólogos lo llaman “la espiral de la envidia”. Aunque la envidia también puede ser un sentimiento constructivo; determina de qué exactamente estás celoso, estos son tus valores ocultos. Piensa en cómo asegurarte de que haya más de ellos en tu vida real.
5. Al educarte, tus padres no sabían en qué época tendrías que vivir
Un trabajo estable, una familia, un departamento y un automóvil son los valores básicos de la generación de nuestros padres, pero ya no es suficiente para la felicidad de sus hijos. La postura de nuestros padres es comprensible: han experimentado tantos cambios de regímenes políticos, destrucción de ideales y otros cataclismos mundiales, que valoran enormemente el orden y la estabilidad. Intentaron educarnos en condiciones más cálidas que las de su infancia. Como resultado, los jóvenes se vuelven menos independientes y dependen de sus padres por más tiempo, incluso económicamente.
El proceso de alejamiento de los padres en psicología se llama separación. Apartarse significa volverse emocionalmente independiente. Dejar de cumplir sus expectativas, ser un “niño obediente” o, por el contrario, ofenderse con los padres, esperar de ellos ayuda incondicional. Una persona verdaderamente adulta se da cuenta de que sus padres no son dioses todopoderosos capaces de resolver todos sus problemas, pero tampoco son villanos que interfieren con su vida. Son personas comunes y corrientes que nos criaron y nos amaron lo mejor que pudieron. Solo después de pasar por el difícil camino de la maduración, nos reconciliamos internamente con ellos y con nosotros mismos y encontramos la fortaleza para seguir nuestro propio camino.
6. No te olvides del poder de los lazos débiles
Tus 500 amigos de Facebook, de los cuales a 400 los ves una vez al año, o incluso menos, siguen siendo potencialmente útiles si creemos en el concepto de los lazos débiles. Según la opinión de su autor, el sociólogo Mark Granovetter, hay lazos sociales fuertes (personas cercanas: amigos, familiares) y débiles (redes sociales, vecinos, conocidos, conocidos de los conocidos, colegas y otras personas con las que rara vez nos comunicamos y mantenemos distancia). Por extraño que parezca, los más beneficiosos son los lazos débiles, y no los fuertes, porque nos brindan información nueva y útil. Las personas con las que nos comunicamos todos los días, en muchos aspectos son similares a nosotros mismos, es decir que es poco probable algo nuevo nos llegue de ellos. Pero los lazos débiles (ex colegas, conocidos) pueden ayudarte en tu avance laboral (a menos, por supuesto, que tengas un papá influyente).