Parece demasiado lindo para haber sido obra de un ataque de ira. Pero, según cuenta la leyenda, el Kavanagh, el edificio de hormigón que supo ser el rascacielos más alto de América latina y que hoy festeja sus mas de 80 años, tuvo un origen tormentoso, con una historia de amor nunca consumada.
Las malas lenguas dicen que Corina Kavanagh, mujer que pertenecía a una familia adinerada pero no patricia, lo hizo construir para vengar un romance no aceptado entre ella y un joven de la familia Anchorena, Aaron, uno de los apellidos más ilustres de la Argentina.
Contrariada por la oposición de los Anchorena, Corina, algo resentida, quiso ensombrecer una hermosa obra arquitectónica que también hoy deleita a los turistas y transeúntes que pasean por Retiro: la iglesia del Santísimo Sacramento, que los Anchorena habían construido hacia 1920 para utilizarla como sepulcro familiar.
Corina Kavanagh Lynch
El único pedido que les hizo a los arquitectos Gregorio Sánchez, Ernesto Lagos y Luis María De la Torre fue que el edificio, cuya entrada principal se encuentra en Florida 1065, tapara la basílica. Hoy, para mirar de frente a la iglesia, la única alternativa es pararse en el pasaje Corina Kavanagh, que también pertenece al edificio. Venganza consumada.
En la actualidad, los 105 departamentos, que tienen la particularidad de ser todos distintos y de tener su palier privado, están habitados por personalidades de la cultura, la historia y la política nacional. Muchos de los vecinos pertenecen a opuestas banderas políticas, diferencias que suelen trasladarse a las reuniones de consorcio. Para darse una idea, los departamentos más chicos tienen 140 metros cuadrados.
Entre los habitantes del Kavanagh se encuentran el ex ministro de Economía durante el último gobierno militar José Alfredo Martínez de Hoz; la ex diputada y gremialista Alicia Castro; Roberto Devorik, el hombre fuerte de Polo Ralph Laurent en la Argentina, quien fue visitado en su casa por Madonna cuando vino a filmar a la Argentina, y el periodista y columnista de LA NACION Joaquín Morales Solá.
También residen allí importantes empresarios nacionales, como los Rocca, del Grupo Techint, y de miembros de la familia Perez Companc, y reconocidos arquitectos, como Ignacio Lopatin, director de Planeamiento Interpretativo de la ciudad de Buenos Aires.
El piso 14
Corina Kavanagh se reservó para ella el piso 14. Sólo tuvo que esperar 14 meses para habitarlo, ya que ése fue el tiempo que demoraron los constructores para finalizar el rascacielos, todo un récord para la época. En 1948, Corina le vendió su propiedad al banquero Henry Roberts.
El mismo año de su construcción, que terminó en 1936, el Kavanagh obtuvo el Premio Municipal de Casa Colectiva y de Fachada y, en 1939, recibió similar distinción del American Institute of Architects. Por sus características técnicas, compartió un galardón con la Torre Eiffel, con la Represa de Assuan y con el Canal de Panamá, otorgado por la Sociedad de Ingenieros de los Estados Unidos.
El millonario Lord Alain Levenfiche, su tercer y actual dueño, pide 3,9 millones de dólares por el edificio más emblemático de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Es una propiedad de 740 metros cuadrados, con 475 metros cuadrados cubiertos y 251 metros cuadrados otorgados a espacios abiertos que simulan la "proa" del edificio, su marca de diseño. De los 31 pisos y 105 departamentos, el 14 "A" es el más icónico. Es la única propiedad del piso: se distingue por su extraordinaria vista abierta de 360 grados al Río de la Plata, Retiro, el puerto, la Plaza San Martín y al corazón de cemento porteño.
Paga $45.000 de expensas y $13000 de ABL. Un vuelto.