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Tragedias submarinas hasta el ARA San Juan [parte 4]

Info12/13/2017
Tragedias submarinas hasta el ARA San Juan [parte 4]

En ocasiones la negligencia o el relajamiento de las costumbres contribuyen a un desastre. Así ocurrió el 21 de octubre de 1981 cuando el submarino diésel eléctrico soviético S-178 de la clase Whiskey colisionó con un mercante en la entrada del puerto de Vladivostock; como el sumergible regresaba a casa varias escotillas entre compartimentos estancos estaban abiertas, lo que provocó el inmediato hundimiento de la nave en apenas 31 m de profundidad. Once tripulantes salieron despedidos del puente; 18 murieron en la inundación, pero 26 de ellos sobrevivieron en los compartimentos de proa y cuatro quedaron atrapados en la popa, que acabó inundándose.

Buques de rescate se posicionaron sobre el submarino hundido el día 22 pero tardaron más de 17 horas en encontrar su casco; después varias inmersiones de un sumergible de rescate fueron incapaces de acoplarse con la escotilla de emergencia. Entonces se descubrió que los supervivientes habían comenzado a huir a escape libre desde el submarino naufragado; tres murieron como consecuencia del ascenso y otros tres nunca fueron hallados. Los capitanes de ambos barcos fueron condenados y encarcelados por su responsabilidad en el accidente.



Obviamente muchos submarinos de diferentes nacionalidades fueron hundidos en combate; cañoneados, embestidos por buques enemigos, ametrallados, torpedeados o bombardeados por aviones, víctimas de minas o atacados con cargas de profundidad. La mayoría de los submarinos alemanes perdidos durante las dos guerras mundiales probablemente cayeron víctimas de ataques enemigos. Pero incluso en la guerra algunos tuvieron verdadera mala suerte como el Gemma italiano, atacado durante la Segunda Guerra Mundial a quemarropa en la oscuridad por el buque de su misma nacionalidad Tricheco que desconocía su presencia en aquellas aguas por un problema en las comunicaciones. O el también italiano Macallé, que encalló en el Mar Rojo por un error de posición, como le ocurrió al HMLNS O-19 holandés en el Mar de China Meridional, al USS S-39 junto a Papúa Nueva Guinea, al USS Darter en Palawan y al USS S-27 en las Aleutianas.

Aunque la palma a este respecto la tienen varios submarinos estadounidenses que se las arreglaron para torpedearse a sí mismos durante la Segunda Guerra Mundial: el USS Tullibee y el USS Tang cayeron víctimas de torpedos disparados por ellos que realizaron una trayectoria circular. Se cree que también el USS Grunion resultó víctima de uno de sus propios torpedos, que aunque no explotó chocó contra los periscopios del submarino iniciando una cadena de acontecimientos que acabó con el naufragio del buque en julio de 1942.



También víctima de una explosión de sus propias armas fue el submarino nuclear de misiles ruso Kursk en en año 2000, cuando la detonación de uno de sus torpedos estando sumergido provocó la explosión secundaria de varios torpedos más que mató a buena parte de la tripulación y hundió el navío durante unas maniobras. La marina rusa tardó casi un día en darse cuenta del accidente y en localizar los restos del buque; varios intentos de acoplar campanas de salvamento fracasaron y no fue hasta 7 días después del accidente que un equipo noruego consiguió alcanzar el buque hundido. El barco se reflotó más tarde, descubriéndose que al menos 26 tripulantes sobrevivieron a la explosión inicial durante unas pocas horas, hasta que otra explosión acabó con el oxígeno de la zona donde estaban: toda la tripulación de 116 marinos resultó muerta.

Los sumergibles que más merecen ser considerados en ‘Patrulla Eterna’ son los que simplemente se desvanecen sin que se llegue a conocer su destino. O los que son encontrados años o incluso décadas después de su desaparición, a veces a tales profundidades que resulta casi imposible averiguar qué ocurrió exactamente, no digamos recuperar los restos de sus tripulaciones.

El primer ejemplo es muy antiguo; nada menos que un representante de la clase Plunger estadounidense, la misma conocida como clase-A en Gran Bretaña que tan mala suerte acarreó. Se trata del Som de la armada imperial rusa, antes USS Plunger estadounidense, que naufragó en 1916 tras colisionar con un mercante; sus restos fueron encontrados en 2015 cerca de la costa sueca, y fue identificado tras una serie de inmersiones y análisis. El HMAS AE1 de la clase- E fue el primer submarino de la Armada Real Australiana y se perdió en septiembre de 1914 en alguna parte cerca de Papúa Nueva Guinea; sus restos no se llegaron a encontrar nunca a pesar de una extensa búsqueda; se piensa que pudo colisionar con un arrecife.



En febrero de 1943 el sumergible británico HMS Vandal (P64) desapareció con sus 37 tripulantes a pocos días de ser aceptado por la armada. Sus restos fueron encontrados en 1994: tiene el récord de carrera más corta de un submarino en la Royal Navy. El submarino crucero británico M1, armado con un gran cañón para atacar buques desde una posicion semisumergida, se hundió en maniobras en el Canal de la Mancha al chocar con un mercante en noviembre de 1925. A pesar de la relativa poca profundidad de la zona sus restos no fueron hallados hasta 1994, descubriéndose entonces señales que indican que parte de su tripulación intentó escapar, sin conseguirlo.

Uno de los casos más conocidos es el del USS Thresher (SSN-593), primer submarino nuclear de ataque de su clase, que el 10 de abril de 1963 se hundió con sus 129 tripulantes (incluyendo personal civil del astillero constructor) durante unas pruebas de inmersión profunda en el Atlántico a unos 350 km de las costas de Massachusetts. El naufragio se produjo durante una inmersión reglada en la que se mantuvieron las comunicaciones con el buque nodriza, un barco de rescate de submarinos, hasta casi el final; los restos fueron hallados en seis grandes piezas poco después a una profundidad superior a los 2.600 metros.

Análisis efectuados con batiscafos sobre el patrón de dispersión, los propios restos y fragmentos recuperados permitieron concluir que diversos fallos de construcción provocaron la pérdida del Thresher, desde soldaduras defectuosas a errores de diseño en el sistema de soplado de emergencia para vaciar los tanques y emerger en caso de dificultades. La tragedia del Thresher hizo que la marina de EEUU se replanteara todos sus sistemas de construcción y mantenimiento de submarinos con la vista puesta en la seguridad.







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