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Apostatar o cómo renunciar a la iglesia católica

Info•3/30/2018
GIF ¿Qué es apostatar? apostatar. (Del lat. apostatāre). 1. Negar la fe de Jesucristo recibida en el bautismo. Tal y como indica el diccionario de la RAE, el acto de apostatar o apostasía implica renunciar a la fe católica, a la Iglesia y a todos sus preceptos. Así la define también el canon 751 del Código de Derecho Canónico. En la práctica, significa anular el sacramento del bautismo, por el que se nos declara católicos de facto, y romper todo lazo con la Iglesia católica. ¿Por qué apostatar? Las razones por las que una persona querría apostatar son de lo más variadas. Dado que la Iglesia Católica cuenta como católico a todo bautizado, hay ateos que sienten que es su obligación darse de baja para mantener una coherencia. También hay quien apostata por no estar de acuerdo con las doctrinas de la Iglesia aún cuando cree en Dios, entonces, apostata para que su nombre no sea parte de esa institución. La Iglesia Católica para ser escuchada argumenta que casi el 90% del país es católico (boletín AICA Nº 2500) e indirectamente apoya sus doctrinas. Es decir, se erigen en la voz del pueblo, y vos, que fuiste bautizado, sos contado como parte de ese 90%. La realidad es que el 90% del país fue bautizado, y que ni siquiera la totalidad del pequeño porcentaje de practicantes está de acuerdo con sus doctrinas Si apostatás, se anota al lado de la anotación de tu bautismo que abandonaste la fe católica, el modo católico de darte de baja. Si vos no querés ser parte de ese 90%, entonces hacé el trámite. Apostatar es tu derecho. ¡Que no hablen en tu nombre! Los ingresos de la Iglesia Católica La Iglesia católica recibe por parte del Estado financiamiento para el salario de algunos de sus miembros. Para 2016 el monto fue de $134 millones, de acuerdo con el Presupuesto aprobado por el Congreso en 2015. (177M en 2018) Estos fondos responden a la obligación del Gobierno federal de sostener al culto católico apostólico romano, como está estipulado en el segundo artículo de la Constitución. Estas transferencias se regulan a través de diferentes leyes. Una de ellas, la Ley 21.950 (marzo de 1979, ) establece que el Estado debe hacerse cargo del salario de arzobispos y obispos, que corresponden al 80% del salario de un juez nacional de primera instancia. La Ley 22.162(febrero de 1980), por otra parte, dispone la obligación de subsidiar a los sacerdotes que se encuentren en zonas de frontera o muy desfavorecidas y la Ley 22.950 (octurbe de 1983), a seminaristas.(Todas estas leyes fueron propuestas y aprobadas por el gobierno de facto de Videla y Bignone) Esto implica que en el Presupuesto de 2016 está previsto que se sostenga a 132 obispos y arzobispos, 568 sacerdotes y 1.120 seminaristas. Trámite de Apostasía ¿Cómo? Enviando una carta informando de la decisión de dejar de pertenecer a la Iglesia Católica y por lo tanto exigiendo que se modifiquen los registros donde figuramos como católicas o católicos. La carta no debería tener demasiadas justificaciones dado que la decisión de dejar de pertenecer a la institución es íntima y no es necesario dar explicaciones de ello.De todas maneras de aquí se puede descargar la carta modelo que proponemos, a la que por supuesto se pueden hacer todas las modificaciones que consideren necesarias. Es importante que la carta contenga datos del bautismo (parroquia y fecha aproximada, al menos el año). ¿Dónde? La carta debe ser enviada a la diócesis a la que pertenece la parroquia donde fueron bautizados. Aquí puede encontrarse el detalle de las diócesis y arquidiócesis de todo el pais, sus zonas de cobertura, domicilio postal, responsable y algunos datos de contacto. Puede ser enviada por correo postal o entregada personalmente, pero en todos los casos conviene tener alguna constancia de entrega. Si se envía por correo es mejor hacerlo al menos certificada, y si se entrega en persona conviene llevar una copia para que sea sellada a modo de acuse de recibo. ¿Y luego? La carta exige una respuesta favorable en el término de cinco días. Lamentablemente no conocemos ningún caso en los que se hayan respetado este plazo, pero si en el transcurso de los 15 días se han recibido respuestas informando de que se estaba tramitando la modificación de los registros. Si no llega ninguna respuesta hay dos caminos posibles. Intentar un contacto informal con la diócesis para verificar el estado del trámite y en todo caso apurarlo, o bien hacer una denuncia en la Dirección Nacional de Protección de Datos Personales. No son opciones excluyentes y bien se puede consultar primero y a falta de respuestas proseguir con la denuncia, pero para la segunda va a ser necesaria la constancia del envío y posiblemente se vuelva todo un poco más engorroso. Posibles respuestas: >Invitación a presentarse a la diócesis para demostrar su identidad o hacer la renuncia en forma personal. Si es posible asistir es recomendable porque seguramente agilizará el trámite >Invitación a hablar personalmente con un obispo/vicario/sacerdote para reconciliar posiciones. No es necesario ya que no tenemos que dar explicaciones de nuestra decisión y ellos deberán actualizar sus registros. >Aviso de que la carta debe ser enviada a la diócesis del domicilio actual del interesado y no a la diócesis correspondiente a la parroquia de bautismo. No todas las diócesis se manejan de esta manera, pero hemos visto casos en los que así sucede. En principio parece una traba burocrática más, pero también puede facilitar el trámite si es que va a ser necesario ir personalmente luego. Nada se pierde intentando. >Aviso de que se cursa el pedido a la parroquia respectiva. Todo marcha bien y el pedido está en curso >Fotocopia de la partida de bautismo con la notación de renuncia al margen. Feliticaciones! Estás fuera de la Iglesia Católica Fuente principal Por algunos comentarios, voy a agregar algunas cosas que figuran en la página de apostasia.com.ar Si yo no creo en la Iglesia Católica, ¿Por qué debería someterme a sus estatutos para apostatar? Si bien el trámite de alejarse de la Iglesia Católica tiene nombre propio (apostasía), conceptualmente no tiene ninguna diferencia con dejar cualquier otra institución. Si uno se afilia a un partido político, y luego por la razón que sea decide retirarse, seguirá un procedimiento interno para darse la baja, independientemente de que ya no adhiera a él. Sin la baja formal, poco importará lo que uno piense internamente, ya que en los papeles uno forma parte y la institución lo cuenta a la hora de mostrar sus integrantes para negociar poder. Quienes no confiamos en la Iglesia Católica o no apoyamos sus acciones, vemos a la Iglesia como una institución más, y nos damos de baja por las mismas razones que nos damos de baja de todos aquellos lugares a los que ya no queremos pertenecer. ¿Apostatar es una forma de hacerse ateo? De ninguna manera. Lo mismo que desafiliarse de un partido político no implica necesariamente descreer de la política, apostatar es renunciar a una fe religiosa o salir de una institución religiosa en particular sin que de ello se desprenda la no creencia en Dios. Se puede renunciar al catolicismo porque uno se convierte a cualquier otra religión lo mismo que se puede apostatar del islam para hacerse católico. Ciertamente muchos de los que apostatan son ateos o agnósticos, pero también muchos otros tienen ideas de Dios o de la moral distintas a la católica y por ello deciden apostatar de esa fe. Sabemos de seguidores de religiones afroamericanas o incluso de cristianos que han decidido salirse de la Iglesia Católica, y por supuesto esto no los convierte en ateos. ¿Qué sentido práctico tiene apostatar? Vivimos en un país donde la representatividad otorga poder. Imagine que una institución dice representar al 10% de la comunidad (con los votantes que esto implica) no se va a sentar a negociar de la misma manera que lo haría un particular que no representa a nadie más que a si mismo. Si sospecha que ese 10% da poder en una negociación, ahora piense el poder que pueda dar un 50% de representatividad. A todo esto, la Iglesia Católica sostiene que casi el 90% de los argentinos somos católicos basados en el solo hecho de figurar en sus libros de bautismo, por lo que no es difícil imaginar la enorme ventaja que esto supone a la hora de negociar cualquier cosa con, por ejemplo, el gobierno nacional. Pero la realidad es bien distinta: Las encuestas recientes muestran que sobre los temas de mayor preocupación de la Iglesia, el nivel de representatividad es muy bajo: la sociedad en su mayoría no condena a la homosexualidad, no está contra el aborto, acepta la educación sexual en las escuelas, aprueba la utilización y de hecho utiliza métodos anticonceptivos, tiene relaciones sexuales por placer y sin necesidad de casarse por iglesia, etc. Queda claro que la Iglesia no representa a la mayoría de los argentinos en estos temas, pero aún así habla por todos. Apostatar es una forma contundente de decirle a la Iglesia Católica: ¡No hablen por mí, no me representan! ¡Bórrenme de sus registros! ¡No me usen para presionar a nadie! ¿Qué se gana con mi apostasía solamente? En este sentido, apostatar es como votar. Un voto no cambia el rumbo de un país y una apostasía tampoco pretende hacerlo, pero sumando varios aportes individuales podremos hacer más fuerza. Y sino, al menos habremos sido coherentes entre nuestro pensamiento y nuestras acciones.
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