InicioInfo7 libros argentinos que nunca te recomendaron
Hola amigos de Taringa, les traigo una selección personal de 7 libros de autores argentinos que a mi parecer siempre faltan en las recomendaciones. Cada título viene con un comentario de la obra y el comienzo, para que se tienten y se animen a leerlos. Las obras en general de género realista, pero cada autor tiene su impronta, por lo cual lo que en apariencia pueda parecer una descripción de la realidad, en verdad puede ser algo meramente simbólico o poético. Muchos de los libros eran difíciles de conseguir hace tiempo, pero ahora muchas editoriales las han rescatado en su mayoría, tal vez el único que no contó con esa suerte es el primero de la lista, pero aun se puede conseguir usado a muy buen precio. Opte por usar reseñas ajenas en lugar de escribir las propias, porque tal vez fracase en dar una opinión más descriptiva y acertada sobre los libros. Espero que disfruten del post. ¡Saludos! La comparsa de Joaquín Gomez Bas Sobre la novela: "La Comparsa" de Joaquin Gomez Bas es un desfile denso, sorprendente, de tipos expuestos sin más artificio que el necesario para convertirlos en figuras de interés novelístico. Son ejemplares elegidos en los ambientes del Buenos Aires suburbano, en los cafetines siniestros, en las peñas de arte y letras, en el trasfondo de las noches porteñas donde el hervor de la crápula entrega lo más característico de su pintoresquismo sombrío. Más de un centenar de individuos configuran el bloque viviente de "La Comparsa", cada cual con la anécdota que lo define. Conectados a la funámbula existencia de Calixto Rivas —relator y principal protagonista—, éste los presenta unas veces con realismo sin clemencia, otras con ternura comprensiva, sin apartarlos de la línea que les concierne, fiel a su propósito de ofrecer un pedazo de humanidad palpitante. Comienzo: "Me llamo Calixto Ribas. 48 años Soltero. Desde siempre, vivo en la zona maloliente de la ciudad de Avellaneda. Mi domicilio, calle Colón al cien, está situado a menos de una cuadra de la Compañia Sansinena de Carnes Congeladas, y a cuatro, cuando mucho, del Riachuelo. En cualquier momento del día o de la noche, y de acuerdo con la dirección del viento, el aire se hace espeso, nauseabundo, mezclado el tufo de los extraños cocimientos que realizan en el frigorífico con el que se levanta de las aguas pútridas del cercano riacho. Pero tan acostumbrado estoy al asco de estas casi permanentes emanaciones que me asombra, y hasta me resulta hostil, descubrir que alguien frunce el rostro molesto cuando de paso por la ciudad absorbe irremediablemente la hediondez suspendida." La piel de caballo de Ricardo Zelarayán Sobre la novela: La piel de caballo, novela escrita en poco más de un mes, entre diciembre de 1974 y enero de 1975, fue el resultado de una crisis sentimental, laboral, económica, ideológica, personal y nacional. Los que nunca leyeron a Zelarayán quizás deban ser advertidos: esta novelita corta no es del todo una novela (en el sentido narrativo tradicional del concepto), tampoco es del todo un libro de poesía, ni de cuentos, ni de crónicas, ni un ensayo... es todo eso y mucho más. al vez antes de empezar esta novela les convenga saber que Zelarayán es uno de los grandes poetas argentinos, que pertenece a esa generación de escritores malditos que orbitaban en torno a la revista Literal (O. Lamborghini, Luis Gusmán, Germán García...) y que ejerce el realismo, no desde la representación o reconstrucción de la realidad, si no desde su destrucción a través del lenguaje. Tal vez deban saber también que lo que tienen entre sus manos no es un pequeño libro si no un pequeño artefacto minucioso y demoledor, construido con los restos y retazos del lenguaje cotidiano de diversas regiones del país, descartes que la "Literatura" desprecia. Un pequeño artilugio literario al que volverán inmediatamente apenas den vuelta la última página, tras la primera lectura y luego una y otra vez a lo largo de los años. Comienzo: ¡¡¡Agárrenme que lo mato!!!... El petiso manoteaba hacia atrás buscando o invocando la patota raleada que se había hecho humo. ¡Sin patota y con mina! ¡Puy, puy, puy! A caballo desbocado no se le miden los trotes, me dije. ¡Mentira! En ese momento me sentí un poco el petiso de la calle en medio de la algarada de la madrugada tenebrosa. ¿Quién sería el petiso? ¿Jorge Sobral? ¿Por qué no Piazzolla? Además mi mujer andaba o anda queriéndome matar y yo no quiero saber nada. Quiero salvar el cuero. Entonces el petiso ese casi era yo. ¿Estamos? Yo trataba de dormir ¿insensible? a ese juego sin pelota que se desarrollaba en la cortada oscura. Yo no era mirón, era escuchón. ¿Estamos? Escuchar sin mirar era el verso, el mío. Mirar y escuchar o mirar sin escuchar no tenía fragancia, no tenía fragancia de viejo patio con parra. Troilo, ¡verde gusano de parra! ¡Lástima, che mandolión! Mandolión troileano, verde gusano sobre la parra del tango... Todo eso era mentira entonces y verdad ahora. ¿Qué ha pasado? ¿Qué me anduvo? ¿Eh? Lo de siempre. El traductor de Salvador Benesdra Sobre la novela: Ricardo Zevi traduce para Turba -una editorial de izquierda y de las últimas que a comienzos de los 90 aún tenía un traductor en planta- a un filósofo liberal y racista que estaba terminando de remover las pocas coordenadas ideológicas que le quedaban. Había caído el Muro de Berlín y la URSS colapsaba dejando. En eso pensaba Zevi cuando en un bar conoce a Romina, una salteña adventista que recorría las mesas llevando la palabra del Señor. Romina resulta ser justo lo que necesita, alguien capaz de vivir las aberraciones e inclemencias del destino como una estratagema de Dios, pero junto con el amor surgen también los obstáculos. Los problemas sexuales abren la puerta a la perversión y la violencia. Mientras en Turba, ese reducto hasta entonces inmune a la explotación debido a las ideas progresistas de sus dueños, comienza a operar el remedio milagroso de la flexibilización laboral. Comienzo:Me dije que tal vez era cierto después de todo que las ideologías están muertas; me regodeé mirando por la ventana del bar cómo el sol caliente de la primavera de Buenos Aires comenzaba a fundir todas las convicciones del invierno. Sospechaba por primera vez que podía haber un placer en el vértigo de flotar en ese caldo uniforme que se había adueñado hacía tiempo de todos los espacios del planeta. El sol volcaba su fiesta de distinciones sobre todos los objetos de esa esquina, pero yo sentía que por todas partes estaba drenando una noche gris de gatos universalmente pardos, una apoteosis de la indiferenciación que por primera vez no lograba despertarme miedo. Nosotros dos de Néstor Sánchez Sobre la novela: Nosotros dos es la novela con la que Néstor Sánchez irrumpe en la literatura argentina y con ella se inaugura la `"escritura jazzística": ese estilo inigualable que trata a la frase de la novela como los grandes improvisadores del jazz hacen con los "standards": un comienzo convencional y una progresiva expansión que fuga del sentido para instalar su propio ritmo y retomar finalmente `lo que se quería decir´, como si el idioma fuera su instrumento musical. Para comprender el aporte que implicó su obra en una década obsesionada por el realismo crítico y el compromiso de cuño sartreano, basta decir que Sánchez incorporó a la novela algunas de las experiencias claves en la cultura popular del siglo XX como el tango, el jazz y el cine. Pero no lo hizo desde la óptica del referente; lo importante no es que sus novelas hablen de tango, de jazz o de cine, sino que son tango, jazz, cine. Comienzo: La tarde en que me asomé definitivamente a esta ventana una mujer sola con una malla roja tomaba sol entre las sábanas recién tendidas; lo supuse porque había aire y no se movían en la soga. Tenía una toalla de colores vivos atada a la cabeza y en la misma terraza un perro ovejero parecía muerto de un tiro. Me asomé, tuve el mismo miedo de siempre a la altura, e mismo desasosiego ante la posibilidad y tentarme. Ahora busco la manera de acomodar mis libros -les descubro señales de otro tiempo-, colgué el mismo Klee del final que se te resistía, y poco a poco la pieza en este quinto piso imprevisible va cobrando un olor que reconozco a fuerza de Particulares Livianos y la yerba dentro del plato que siempre me olvido de sacar. Todavía hoy puede ocurrir que me acerque a la ventana y apenas comprenda de qué forma han pasado todos estos años; por una especie de juego demasiado sutil, de fidelidad al recién llegado, algo en mí se resistiría a terminar con tus enaguas puestas a secar sobre la cocina de kerosén, con el sonido de tu orín en el bañito compartido. El fiord de Osvaldo Lamborghini Sobre la novela: Brillante, revolucionario, inagotable. Este texto neobarroco de Osvaldo Lamborghini de 1966-1967 es fundacional de una corriente literaria argentina que se encuentra hoy en plena vigencia. Desde aquí retoman César Aira, Sergio Bizzio, Ariel Magnus y Ricardo Strafacce, entre tantos otros escritores viscerales de la narrativa actual que va y vuelve del underground al centro de la escena pública. La lucidez extrema con que Osvaldo Lamborghini sobresalta al lector se encuentra en pocos escritores de gran talento como Samuel Beckett, James Joyce, Hermann Broch y Franz Kafka. Las palabras emergen de fondos muy profundos en los que no hay palabras. El Fiord es onírico, inconsciente, irreverente, viscoso, mortal, desesperado. No existen criterios que permitan encerrarlo en una interpretación fija. Más que un texto, parece comportarse como un ser diegético vivo, un animal, con todos los fluidos, la carne, la sangre, el dolor y la muerte que se logran apenas entrever detrás de las máscaras habituales de la literatura del buen comportamiento. El Fiord rompe todo, se rompe a sí mismo. Creo que se trata de una experiencia estética de gran impacto. Nos lleva a leer como leía Roland Barthes, como lee Luis Gusmán, es decir, en clave dialéctica, incierta, en carne viva. El Fiord deja en evidencia la miseria del lenguaje, los deslizamientos ficcionales de cualquier voz, las ilusiones banales de toda asertividad. No creo que se trate solamente de un texto pensado para espantar al burgués. Eso sería trivial e inmaduro en el mejor caso, irrelevante y estúpido en el peor caso. Por el contrario, creo que a pesar de ser un texto vivo, abierto, en cierto modo también se cierra sobre sí mismo como un soliloquio mágico de un chamán. No le importa que otros se iluminen. Si tal efecto ocurre, corre por cuenta del lector. Pienso que leer El Fiord en sentido fuerte se parece a la impresión terrible que tendría un vegetariano en una carnicería, o mejor aún, directamente en el matadero. Comienzo: ¿Y por qué, si a fin de cuentas la criatura resultó tan miserable -en lo que hace al tamaño, entendámonos- ella profería semejantes alaridos, arrancándose los pelos a manotazos y abalanzando ferozmente las nalgas contra el atigrado colchón? Arremetía, descansaba; abría las piernas y la raya vaginal se le dilataba en círculo permitiendo ver la afloración de un huevo bastante puntiagudo, que era la cabeza del chico. Después de cada pujo parecía que la cabeza iba a salir: amenazaba, pero no salía; volvíase en rápido retroceso de fusil, lo cual para la parturienta significaba la renovación centuplicada de todo su dolor. Entonces, El Loco Rodríguez, desnudo, con el látigo que daba pavor arrollado a la cintura -El Loco Rodríguez, padre del engendro remolón, aclaremos-, plantaba sus codos en el vientre de la mujer y hacía fuerza y más fuerza. Sin embargo, Carla Greta Terón no paría. Y era evidente que cada vez que el engendro practicaba su ágil retroceso, laceraba -en fin- la dulce entraña maternal, la dulce tripa que lo contenía, que no lo podía vomitar. Zama de Antonio di Benedetto Sobre la novela: Publicada por primera vez en 1956, Zama está considerada de manera unánime como una de las grandes novelas del siglo veinte en lengua española. Con una escritura bella y precisa, Antonio Di Benedetto narra la existencia solitaria y suspendida de Don Diego de Zama, un funcionario de la corona española en Asunción del Paraguay que, víctima de una interminable espera, aguarda ser trasladado a Buenos Aires a fines del siglo XVIII. La de Zama no es cualquier espera, se trata de una condición existencial, angustiosa y reflexiva, en un territorio caracterizado por la lejanía, la ajenidad y la disposición para el recuerdo. Zama es la novela de un exiliado castizo, con un lenguaje intemporal y arcaico, por momentos cercano al del Siglo de Oro. Se trata de un libro perfecto, donde la cualidad filosófica se desprende naturalmente de una prosa deslumbrante. “Di Benedetto pertenece a ese tipo infrecuente de escritor que no busca la reconstrucción ideológica del pasado, sino que está en ese pasado y, precisamente por eso, nos acerca a vivencias y comportamientos que guardan toda su insensatez, en vez de llegarnos como una evocación.” Julio Cortazar (...) Comienzo: Salí de la ciudad, ribera abajo, al encuentro solitario del barco que aguardaba, sin saber cuándo vendría.Llegué hasta el muelle viejo, esa construcción inexplicable,puesto que la ciudad y su puerto siempre estuvieron dónde están,un cuarto de legua arriba.Entreverada entre sus palos, se manea la porción de agua del río que entre ellos recae.Con su pequeña ola y sus remolinos, sin salida, iba y venía, con precisión, un mono muerto, todavía completo y no descompuesto.El agua, ante el bosque, fue siempre una invitación al viaje, que el no hizo hasta no ser mono, sino cadáver de mono, el agua quería llevárselo y lo llevaba, pero se le enredó entre los palos del muelle decrépito y ahí estaba él, por irse y no, y ahí estábamos. Ahí estábamos, por irnos y no. Las ratas de José Bianco Sobre la novela: Las ratas es una nouvelle de 1943 prologada ni más ni menos que por el propio Borges que la compara con las obras de Henry James por la estricta adecuación de la historia al carácter del narrador, y por su rica y voluntaria ambigüedad. Inscripto dentro de lo fantástico, pero no a la manera de Poe, el relato trabaja con la incertidumbre, con la imposibilidad de conocer la verdad o, por lo menos, con la imposibilidad de conocer una sola verdad. En este sentido, el uso de la técnica del punto de vista, muy jamesiana, no hace más que corroborar esa afirmación. Ricardo Piglia decía que “un cuento siempre cuenta dos historias. El efecto de sorpresa se produce cuando el final de la historia secreta aparece en la superficie. El cuento es un relato que encierra un relato secreto”. Esto mismo puede aplicarse a esta nouvelle: hay una historia de superficie que es el suicidio de Julio, el hermano del narrador, Delfín Heredia, y hay toda una narración que nos lleva por ese camino. Sin embargo, el lector poco a poco va descubriendo que debajo de esa cáscara está el secreto que habrá que develar. Comienzo: Nuestra casa estaba menos silenciosa que de costumbre. Algunos amigos de la familia nos visitaban todas las tardes. Mi madre se mostraba muy locuaz con ello, y las visitas, al salir, debían de creerla un poco frívola. O pensarían: "Se ve que Julio no era su hijo". Julio se había suicidado. Espero que les haya gustado. Si conocen más libros de autores argentinos que sienten que no son recordados como merecen por favor ¡comentenlos! ¡Gracias por pasar!
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