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Pedofobia,Androfobia etc.

Info7/24/2009
En psiquiatría, la androfobia es una fobia que produce un anormal y persistente miedo a los varones. No debe ser confundido con la misantropía (odio a los humanos) ni la misandria (odio a los varones). Las posibles causas de esta patología pueden tener origen en un evento traumático en edad temprana con un hombre o un niño. Pedofobia proviene del griego "pais" (niño) y "phobos" (fobia o miedo). Significa: miedo o temor a los niños. Es un miedo anormal y persistente a niños o bebes. La persona afectada sufre de episodios de ansiedad aun cuando es consciente de que ese temor no tiene ningún fundamento. Criar a un niño o tener niños alrededor puede producir ansiedad. La androfobia está considerada trastorno mental tratable, a diferencia de la misandria, que es desarrollada en paisajes formativos (ya sean culturales o sociales). Un ejemplo de Misandria es el Manifiesto de SCUM, escrito por la feminista radical Valerie Solanas,3 famosa por disparar contra Andy Warhol. El Manifiesto ha sido traducido al castellano y comentado por Diego Luis San Román.4 La tesis fundamental del Feminismo de la Emancipación, que tiende a la vindicación de la igualdad entre mujeres y hombres, tiende también a pretender anular las diferencias de naturaleza entre los sexos, en contraposición al Feminismo de la diferencia. Este posicionamiento junto a la tesis central de que es el hombre, como sexo (y no las condiciones estructurales, sociales, psicológicas, económicas, biológicas, etcétera) el que ha mantenido a lo largo de toda la historia de la Humanidad a las mujeres dominadas y sometidas, lo que se conoce como Patriarcalismo o Falocentrismo, ha llevado a que en diversos grados se exprese, experimente y cultive la misandria en el Feminismo. Identificar al varón como el sujeto del mal y la causa de los dolores y los sufrimientos de las mujeres de todos los tiempos es, en cuanto punto de partida y nudo central de ciertos tipos de feminismo, un posicionamiento misándrico o que puede generar misandria. Las mujeres cuya identidad sexual se ha forjado en la dirección de buscar como compañeras a otras mujeres, las lesbianas (nombre que procede de ser frecuentes ese tipo de relaciones en la isla de Lesbos, de la antigua Grecia) pueden caer en la misandria como consecuencia del proceso de reafirmación dialéctica de su identidad. Así como el varón heterosexual se ha definido en relación a su identidad sexual por oposición al homosexual (proceso que puede conllevar a caer en la homofobia u odio a los homosexuales) la mujer lesbiana, identificada con el padre y en rechazo de la madre que no es dominante (considerada como sumisa, obediente y dominada) tiende a fortalecer su identidad sexual en detrimento de la del varón y la mujer heterosexuales, ya que el proceso edípico está cruzado y es el sujeto dominante (madre o padre) que desempeña los roles tradicionalmente asumidos por el varón el que determina la orientación sexual. Dicha forja de identidad lesbiana (y también la homosexual) en la edad moderna o a partir de la llegada del cristianismo (recuérdese que en la Grecia clásica la homosexualidad, la bisexualidad y la heterosexualidad no entraban en conflicto y eran identidades socialmente respetadas, admitidas y bien extendidas) fue vista como una anomalía o enfermedad, pero en la actualidad vuelve a ser admitida como un proceso de constitución y desarrollo de la personalidad y la identidad sexual. La misandria, al focalizar el principio y las causas de todo malestar de las mujeres en el varón heterosexual, bajo la rúbrica de la existencia de un falocentrismo a lo largo de la Historia, puede asemejarse con fenómenos como el racismo o la xenofobia, según se pretenda reafirmar la identidad social en virtud del color de piel que se tenga o según se quiera reafirmar la identidad nacional en virtud del nacimiento en un determinado lugar. La misandria es un fenómeno que ya empezaba a explicar el fundador del psicoanálisis, Sigmund Freud, en su estudio “Sobre la psicogénesis de un caso de homosexualidad femenina” (1920), en el cual, investigó un caso de lesbianismo: "Ya mucho antes del nacimiento de su hermano menor y, por tanto, también de las primeras reprimendas paternas había mostrado un vivo interés por algunas mujeres. Su libido seguía, pues, desde época muy temprana dos distintos cursos, de los cuales el más superficial puede ser considerado, desde luego, homosexual, constituyendo quizá la confirmación directa e invariada de una fijación infantil a la madre. Nuestro análisis se ha limitado a descubrir probablemente el proceso que en una ocasión favorable condujo la corriente libidinosa heterosexual a una confluencia con la homosexual manifiesta. El análisis descubrió también que la muchacha integraba, desde sus años infantiles, un «complejo de masculinidad» enérgicamente acentuado. Animada, traviesa, combativa y nada dispuesta a dejarse superar por su hermano inmediatamente menor, desarrolló, desde la fecha de su primera visión de los genitales del hermano, una intensa «envidia del pene», cuyas ramificaciones llenaban aún su pensamiento. Era una apasionada defensora de los derechos femeninos; encontraba injusto que las muchachas no gozasen de las mismas libertades que los muchachos, y se revelaba en general contra el destino de la mujer. En la época del análisis las ideas del embarazo y del parto le eran especialmente desagradables, en gran parte, a mi juicio, por la deformación física concomitante a tales estados" En contra de lo que muchas hiperfeministas piensan, Sigmund Freud no compartía los prejuicios de su época sobre la homosexualidad, como demuestra su famosa Carta del 9 de abril de 1935 a la madre de un homosexual en la que dice: La homosexualidad, desde luego, no es necesariamente una ventaja, pero tampoco es nada de lo que haya que avergonzarse. No es un vicio, ni un signo de degeneración, y no puede clasificarse como una enfermedad. Más bien la considero una variación de la función sexual, originada en una detención del desarrollo sexual. Sin embargo la psicogénesis de la homosexualidad y el lesbianismo resultan de gran importancia para poder desentrañar y comprender el surgimiento a nivel psicológico del fenómeno de la misandria, ya que se conforma como la inversión de la misoginia, como el movimiento dialéctico de sentido contrario. Fuente:http://es.wikipedia.org
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