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Duelo Criollo. Cómo era?

Info5/31/2018
La intención en duelo no era matar al contrario, sino marcarlo con un cicatriz, en la cara, que denote por siempre su derrota, pero a veces en el fragor de la lucha uno de los contrincantes encontraba la muerte, podía ser un corte abajo “a las tripas”, o tal vez a la cabeza “ y al grito de “Dios te guarde” parecido a como decían los españoles del s.XVII “Dios os guarde”. Pero una muerte era “cosa seria”, ya que había ocurrido una “desgracia”, el gaucho que muchas muertes provocaba, que por estas muertes era “mentado”, se convertía en un gaucho matrero, mal visto por la sociedad y perseguido por la partida policial. Una curiosidad, el gaucho practico una especie de eutanasia, “hacer la obra santa” cuando la herida anticipaba una muerte sufrida. Nunca fue amigo de las armas de fuego, no demostraban hombría, así como en la pelea o duelo, nunca reculaba, no vaya a ser que parezca que tenía miedo… “el gaucho se vale de su cuchillo tanto para matar un animal, como para cerrar una discusión” La llamada esgrima criolla, que derivaba en el clásico duelo a cuchillo del gaucho, implicaba una técnica que no era definida en una escuela formal, como en el caso de la esgrima europea, sino que respondía a un criterio instintivo, desarrollado con el juego del “visteo” y una rara habilidad para dirigir los lances, desviar los golpes contrarios con quites o sacando el cuerpo para evitar un corte o la herida mortal. El visteo era un juego de niños que se practicaba, incluso, cuando se llegaba a la adultez. Era una preparación para la pelea con cuchillo, en la que se adquirían la velocidad de la vista y la habilidad para adivinar el destino del golpe contrario, y cómo evitarlo. Moviendo velozmente el cuerpo o efectuando un quite con rapidez. Se practicaba con palitos, con vainas vacías o, simplemente, “a dedo tiznao”, pasando el dedo por el fondo de una olla, con el objeto de “marcar” al contrario, preferiblemente en el rostro. Así se haría con el cuchillo, en caso necesario. El arma elegida para el duelo era el facón o la daga (muchas veces de hasta 70 centímetros de largo), pero eventualmente cualquier cuchillo servía, si la habilidad de quien lo empuñaba era suficiente. El duelo se desarrollaba en la “cancha“, un espacio limitado en el cual dos hombres se enfrentaban armados solamente con su cuchillo y algunas veces con el poncho enrollado en el antebrazo que no manejaba el arma. La habilidad consistía en dirigir los lances y esquivar los del contrario; realizar quites o “esquivar el bulto” sin demostrar temor y mucho menos cobardía. El duelo era ante todo, una cuestión de honor y de valentía. Una vez que había comenzado, el motivo que lo había provocado era secundario. En el duelo criollo, todo estaba permitido: pisar al contrario y tratar de hacerle perder el equilibrio; tirarle tierra en el rostro a punta de cuchillo para menguar su visión, o dirigir un flecazo del poncho con idéntico fin, eran algunas de las tretas utilizadas. Como también “hacerle pisar el poncho” y provocar la caída del distraído. Un poncho enrollado en el brazo podía servir como escudo. Era lo más habitual y servía para “parar” o “abarajar” algunos golpes. Ponchos hechos jirones atestiguan su efectividad. Pero algunas veces se solía utilizar también el rebenque como arma secundaria. Un golpe dirigido a la cabeza del oponente, podía poner fin al enfrentamiento, en forma efectiva y sin derramar sangre. Hemos dicho que, en general, no se buscaba matar al contrario, sino “marcarlo”, preferentemente en el rostro. Una afrenta mayor, que podía enardecer a quien recibía el “benteveo”, al punto de decidir que únicamente la muerte del contrario podría salvar su honor. El amago era una táctica que intentaba confundir a oponente: se pretendía lanzar una estocada a un lugar, pero en realidad, se la dirigía a otra zona del cuerpo. Y si el contrario no advertía el engaño, un peligroso corte afloraba en su piel Las puñaladas recibían distinto nombres según la forma de dirigirlos o el lugar al que llegaban: “a punto alto”, o “barbijo”, era una cuchillada tirada al rostro. El vientre era una zona buscada solamente cuando se pretendía matar al contrario. Un lance muy difícil y peligroso, pues uno debía descuidar su propia guardia y estirarse para llegar a esa zona del oponente más protegida mediante el poncho, la posición ligeramente agazapada, y la presencia de la rastra, que oficiaba casi como un escudo metálico de esa parte del cuerpo. Pero cuando se lograba la peligrosa y temida puñalada que se conocía como “la que baja las tripas”, el efecto era contundente y definitivo, tal como lo gráfica su propio nombre. Cabía también un golpe muy peligroso, dirigido a la cabeza, con toda la furia, de arriba hacia abajo: el golpe de hacha o “Dios te guarde”, nombre que proviene de la esgrima española con espada, también así conocido. Un golpe parecido era “el planazo”, aunque en este caso solamente se intentaba atontar, o al menos humillar al contrincante, golpéandolo con los planos laterales de la hoja. Menos sangriento, pero igual de efectivo y contundente. Cada uno de estos lances o golpes, tenía su contrapartida. De un hábil y veloz “quite” y de la efectividad con la que se efectúe y el conocimiento de las reacciones del adversario, dependía la supervivencia del duelista. A continuación, agregamos un texto que nos fuera enviado `por el señor Jorge Prina: “cada tierra tiene sus costumbres y la esgrima criolla es una de ellas. Se define como una técnica con golpes definidos: planazo, chuzaso, bajatripas, un entrenamiento riguroso para el “visteo”, y con diferentes versiones, pie con pie, destreza a la mano, a primera sangre. Es una disciplina en fin, que identifica y une el tradicionalismo gaucho,
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