Detrás de todo un andamiaje entramado entre especulaciones, mentiras y exceso de optimismo se encuentra la cara de la realidad que sacude un territorio poblacional deprimido, cada día más extenso.
No hace falta imaginarse nada, el clima de incertidumbre se refleja en la vida diaria, en nuestro andar cotidiano.
La matiné en el súper mercado, dejo de ser un paseo de compras para ser el palacio de encuentro con nuestras limitaciones.
Un claro marcador da muestra acabada de que se quebró un límite: bajo de forma exponencial la venta de leche al mostrador. (https://www.clarin.com/sociedad/lacteos-lideran-inflacion-consumo-cayo-minimo-crisis-2002_0_ByPEhpuJW.html
Esto tiene una lectura muy triste y reveladora, pues abarca un abanico de interpretaciones desesperanzadoras. Nuestro futuro está en manos de gente que relativiza el empobrecimiento de la sociedad.
No encuentro en esta gestión un rasgo de sensibilidad, y eso en la política se paga.
El tarifazo es hijo propio de esa desmesura de confianza, y no del gobierno anterior, cuando intentan evadirse. Pero la tolerancia tiene un límite y tiene nombre: el hambre.
Es difícil entender que en dos años y medio, nos endeudamos a más no poder, y cada día tenemos más necesidades. ¿Cuál es la parte que no entiendo?
Cada vez que emiten un comunicado es para anunciarnos algún ajuste, pero los brotes verdes ya están llegando te escupen con una sonrisa casi burlona. Estamos por el buen camino, repiten hasta el cansancio.
Ya entramos en el sexto semestre y la gente está razonablemente desesperada.
Pero para oscurecer aún más la cuestión, no dan muestras de tener un plan B para no suicidarse.
Después de la simbólica derrota en el senado, era el momento de aplicar alguna fórmula que oxigene la economía de manera inmediata, y de esa manera ganar tiempo y confianza en la población.
Eligieron el shock, vetaron la voluntad de los representantes del pueblo y se expusieron a ser los únicos responsables de lo que suceda.
Un futuro, por mucho optimismo que le ponga, bastante oscuro, si observamos que muchos de sus aliados huyeron y que la gente tiene un pie en la calle por fuerza de la necesidad.
Le queda un mapa político diezmado, una sociedad enfrentada con el poder y mucha miseria. Un panorama tristemente sombrío y poco alentador.
Concertar una emergencia económica, es una buena ficha para comenzar a dibujar un nuevo camino. Caso contrario las consecuencias pueden ser inesperadas.
No encuentro gestos de grandeza en los líderes del gobierno, para la clase media y baja, silencio de misa.
Señor presidente, con todo respeto, el pueblo quiere un mimo de dignidad, solo algunos pocos quieren desestabilizar, reorganice sus prioridades y levante la copa de los más pobres.
Dios y la patria se lo agradecerán.